UN CONFERENCISTA MENTIROSO

1070 Words
SAHARA —Lo siento, no puedo hacer nada por ti. Son órdenes del jefe —dice la de recursos humanos. Me han despedido, Santiago me despidió. Me quedé igual que el perro de las dos tortas. Pero no me arrepiento, es mejor así. Adrián forma parte de la vida de Santiago, y no quiero volver a verlo. Tampoco quiero saber de la triste vida de una infeliz pareja obligada a contraer matrimonio. Bueno, más bien, no quiero saber del estúpido e infeliz señor Miramontes que se casó con una bruja a cambio de una fortuna. Ese imbécil, perro desgraciado. Es más fácil hacerme a un lado por medio de sus empleados en lugar de darme la cara. Infeliz. Termino de recoger mis cosas para irme de Miracle. No necesito despedirme de nadie, de todos modos no tengo amigos aquí. Echo un último vistazo atrás antes de abandonar por completo mi trabajo y mi estúpido amorío con el jefe. Vuelvo a mi departamento con ganas de dormir y no despertar hasta que toda esta locura haya concluido, hasta que la noticia de un absurdo matrimonio se haya desvanecido. SANTIAGO Tomo mi maleta y salgo de mi departamento. Me miró en la ventanilla de mi auto, me doy vergüenza, soy un cobarde. La decisión que tomé no es digna de un hombre. De ahora en adelante ya no seré más un hombre, si no una mascota. Conduzco hasta el departamento de Sahara. Suspiro profundamente antes de tocar el timbre. Sahara me abre la puerta. —¿Santiago? ¿Qué diablos te pasa? No has respondido a mis llamadas ni a mis mensajes. ¿Dónde estabas y por qué traes esa cara de perro regañando? No pienses que te voy a perdonar después de lo que me hiciste. —¿Qué te hice ahora, ama? Me puedes castigar todo lo que se te antoje, ya te dije que soy tuyo. —Me despediste del trabajo y se supone que estabas en España para tu maldita boda. —Pues aquí estoy, listo para entregarme a ti por lo que me reste de vida. —¿De qué hablas, maldito loco? Vamos arriba, no quiero que mi madre escuche. Subimos a la azotea. Mi maleta pesa bastante, hoy no tengo fuerzas ni siquiera para arrastrar el equipaje hasta la azotea. Este edificio no tiene elevador como el mío. —¿Para que traes esa maleta? ¿Piensas despedirte de mí antes de irte a España? —No sé de dónde sacaste lo de España, y yo no te despedí. Ni siquiera he ido a la editorial. —Adrián me dijo que estabas en España, listo para casarte. —Eso es mentira. No me pienso casar con Aurora. He venido a vivir contigo. —¿Vivir conmigo? ¿Cómo? Mi madre no va a aceptar tan fácilmente que traiga a un hombre a vivir conmigo sin ningún tipo de compromiso. —Te voy a dar un regalo —saco de la bolsa de enfrente del equipaje un folder de plástico donde metí un documento que me acredita como suyo. Sahara lo toma y comienza a leer. —¿Contrato de por vida? ¿Qué significa esto, Santiago? —Es un contrato de por vida, seré tu esclavo, tu mascota y tu fiel sirviente por el resto de mi patética existencia. —¿Te has vuelto loco? —Puedo vivir del cereal que me ofrezcas con la palma de tu mano por el resto de mi vida. Se queda callada por un instante, analizando la propuesta, calculando cada momento de un futuro incierto. Introduce el documento en el folder y me mira. —Esto es... esto es muy tierno, aunque considero que no es la solución. Eres un hombre fuerte, y puedes hacer algo más que esto. —Tú querías que fuera tuyo, solo para ti y aquí estoy, cumpliendo tu deseo. He traído conmigo todos mis documentos, podemos casarnos en silencio si así lo deseas. También he traído conmigo lo que me queda de dinero —saco de la maleta una bolsa negra con el dinero que quedó de los ahorros que fui guardando en una cuenta bancaria que estaba lejos del alcance de la bruja—. Lo siento, no es mucho, pero también podemos vender mi auto y comprar una pequeña casa lejos de todo y todos. Ten, todo lo que me queda es tuyo —le doy el dinero y los papeles del auto. —¡Por dios, Santiago! ¿Qué clase de broma es esta? —Ah, ya entiendo. Tú querías tener la historia de Cenicienta, ¿no es así? Casarte con un hombre rico y prestigioso para vivir en una enorme mansión rodeada de lujos y sirvientes que hicieran todo por ti. Lo siento, eso no va a suceder. He decidido renunciar a todo. Lo hice para estar a tu lado. —¿Por qué me comparas con Aurora? Pienso que es más interesante una vida donde todos digan que Sahara, la chica plus size se robó a Santiago Miramontes para tenerlo de esclavo s****l y mascota personal. —¿Entonces aceptas? —Lo haré, por ahora. Después ya veremos qué pasa. Sahara me ayuda a llevar el equipaje hasta su departamento. —¿Estás listo? —¿Para qué? —Para recibir el fuerte sermón de mi madre. Asiento un poco preocupado. No sé qué le voy a decir a la madre se Sahara. La verdad no será lo mejor. Debo fingir que soy un hombre frente a ella. SAHARA Mi madre no lo tomó tan mal, es más, lo tomó mejor de lo que esperaba. Asegurando que ella no vive en los tiempos de antaño y que se ha modernizado. La vida de una pareja en unión libre ya no es escándalo en esta época. Eso o el tremendo discurso que se aventó Santiago, juro que parecía un conferencista mentiroso. —Me agrada tu madre, ojalá la mía fuera así. —No te burles, ella se tragó todas tus malditas mentiras. —Esto me produce mucha emoción, voy a dormir a tu lado por primera vez. Y lo mejor de todo es que ahora somos una pareja —se sonroja. —Mejor cállate, me haces sentir que estoy cometiendo un crimen. Debemos mudarnos lo antes posible. —Así será, ama. ¿Quieres que te dé un buen masaje? —Eso no suena nada mal, solo no hagas mucho ruido.
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