4 "EL VIAJE"

2819 Words
Despertar siempre había sido fácil para mí, jamás había llegado tarde a un lugar, y pensaba que esta no sería la excepción; pero me equivoqué. Llevo una hora esperando a los hermanos Barnett, habíamos quedado que saldríamos de camino al aeropuerto a las seis y media, pues nuestro vuelo salía a las siete y media, pero debíamos pasar por migración y toda esa mierda. —Tienen cinco minutos para salir, de lo contrario tendré que dejarlos aquí —demandé. —Tranquilo esperanzito, aún tenemos tiempo —comentó Evelin. —Me estoy poniendo de los nervios, se supone que debíamos salir hace media hora —troné los huesos de mis dedos, intentando tranquilizar mi mente y cuerpo. —A mi no me culpes, Ernesto y Mariana son los que están tardando —rodó los ojos. Saqué mi celular y volví a ver la hora, algo que hacía constantemente cuando no salía a la hora que había decidido. Un mensaje de mi madre diciendo que los padres de Emma vendrían a verme por mi regreso a la ciudad hizo que mi corazón se estrujara. En seis años he evitado ir a mi antiguo hogar por los recuerdos que traía consigo. Diego, que residía en una casa junto con Juliett, me comentó que la ciudad seguía igual que el dia en que me fui, con sus calles transitadas, tiendas de todo tipo, los parques llenos de niños... en fin, nada había cambiado. Y lo descubrí al bajar del avión, las luces de los edificios se alzaron en el horizonte, haciendo de que las vistas fueran maravillosas. Mariana tenía la boca abierta, asombrada por lo inmenso que era todo. Rascacielos en todas partes, taxis amarillos con cuadros negros iban y venían, la aglomeración de las personas en la entrada nos dificultó el salir del aeropuerto. Ernesto por su parte compraba compulsivamente, llevaba gorros graciosos, camisetas que decían "Los Ángeles", pulseras y comida por montón. Decía que quería llevarle muchas cosas a su madre para mostrárselas de recuerdo. Evelin tuvo que tomar mi antebrazo para guiarse, pues su hermano parecía un chico que jamás había visitado este lugar, siendo todo lo contrario. Mariana tampoco la ayudó, estuvo en todo momento grabando con su cámara para su blog. No me quejaba, para nada, de hecho; era bastante gracioso ver como la chica se encogía para evitar que chocarán con ella. Más de una vez apretó mi brazo porque alguna persona había chocado con ella, haciendo que perdiera el equilibrio. Su cabeza siempre iba gacha y algunos mechones de cabello se escapaban de su coleta. Media hora después, tomamos un taxi para poder llevar todas las cosas que los primos habían adquirido. La cajuela del taxi estaba a punto de explotar, incluso cuando todavía había algunas cosas en los asientos. Cuando llegamos a la calle en la que antes residía, vi que la casa de los Smith tenía las luces encendidas. Una lagrima traicionera logró bajar por mi mejilla, pero la quité de inmediato. Regresar resultó ser más doloroso de lo que creí. La casa de dos pisos color blanco entró en mi campo de visión, el jardín estaba bien cuidado al igual que la construcción completa. El chófer nos ayudó a bajar las cosas, mientras que yo tomaba la mano de Evelin para dirigirnos al interior de mi antiguo hogar. Al ya estar todas las cosas frente a la casa, toqué el timbre que resonó en todo el lugar. Mis nervios aumentaron, tanto que apreté la mano de la chica a mi lado con un poco más de fuerza. Los pasos de una persona se escucharon al otro lado de la puerta, segundos después la perilla giró y dejó ver a mi madre con una gran sonrisa. —¡Mi vida! —el abrazo fue tan inesperado que tuve que retroceder un paso para evitar caerme —. Que bueno que estés aquí. —Hola mamá, yo también te extrañé —tuve que soltar la mano de Evelin para poder corresponder el abrazo —. Ellos son mis amigos, Ernesto y Mariana. Mi madre se separó de mi para poder ver mejor a los dos chicos detrás mío, los cuales sonreían nerviosos. La señora que me dio la vida bajó las escaleras rápidamente para abrazarlos a ambos al mismo tiempo. —¡He escuchado mucho de ti, Ernesto! —dejó a Mariana para tomar a mi amigo con ambas manos —. Y dime, ¿qué tal se porta Roger? —Yo diría que demasiado bien, aunque es un poco aburrido —Ernesto volteó a verme con una sonrisa. —Oh, así ya ah sido siempre —aclaró mi madre —. ¿Tu cómo te llamas, corazón? —dijo dirigiéndose a la prima de Evelin. —Mi nombre es Mariana, un gusto conocerla señora —la chica extendió su mano, pero mi madre volvió a abrazarla. —Pero mira nada más que chica tan linda, y es influencer, estos chicos tan modernos. Dejó de abrazar como loca a los dos primos para posar su mirada en la chica a mi lado. Sus ojos brillaron y su sonrisa se ensanchó; si es que eso era posible. Subió nuevamente las escaleras y con voz dulce preguntó. —¿Cuál es tu nombre, hermosa? Evelin enrojeció por el apodo, tal vez no estaba acostumbrada a hablar con extraños. —Me-me llamo Evelin, un gusto conocerla —su cabeza seguía gacha. Extendió su mano, la cual estaba temblando a más no poder. Aunque, como era de esperar, fue a dar al lado incorrecto. Mi madre frunció el ceño. —Háblame de tu, no soy tan vieja —tomó su mano para jalar a la chica hacia ella para poder abrazarla. Con algo de pena, la chica le regresó el abrazo. Sus manos se posaron en la espalda de mi madre con nerviosismo. Al separarse, siguió teniendo la cabeza inclinada. —Ay mi niña, eres muy tímida, ¿no es así? No te preocupes, vayamos adentro para poder comer, deben estar hambrientos. —¡Si! —gritó la dupla detrás de mi. Se apresuraron a entrar al lugar, corriendo y empujandose entre sí. Tarde me di cuenta que las cosas que habían comprado estaban donde las dejaron, lo que significaba que yo tenía que meterlas. —Vamos Evelin —mi madre dio media vuelta, esperando a que la chica la siguiera, lo cual nunca llegó. Evelin tronó sus dedos y se meció de un lado a otro. Me acerqué para tomarla de los hombros, haciendo que se sobresaltara. —Mamá, Evelin no puede ver —dije sin rodeos. La cara de mi progenitora era de asombro absoluto. Sus ojos se abrieron de par en par, al igual que su boca. Por unos segundos no emitió sonido alguno, solo se escucharon los grillos. —Oh, yo... ay mi niña, lo siento, no lo sabía —se apresuró mi madre —. No quería ofenderte, lo siento muchísimo, en verdad. —No se preocupe señora —habló por fin la hermana de Ernesto —. No me he ofendido, usted no lo sabía, de verdad no son necesarias sus disculpas. —Roger, lleva las cosas de tus amigos a las habitaciones al final del pasillo, yo llevaré a Evelin, claro; si estás de acuerdo —se dirigió hacia la chinita. —Si, por mi no hay ningún problema —sonrió tímida. Mi madre la tomó de la mano –otra vez–, y comenzó a caminar con ella a su lado. Le hablaba de manera efusiva, haciendo ademanes y gestos muy graciosos. Cuando ellas estuvieron dentro, yo di media vuelta para tomar las cosas de mis amigos, cuando el sonido de la reja siendo abierta hizo que alzará la vista. Los padres de la chica con la que pasé muchos momentos hermosos, estaban fuera de mi hogar. Se veían un poco cansados y algo somnolientos. A su lado, una niña de unos nueve años cargaba a un oso de peluche. En mi garganta se formó un nudo que llegó a doler, mis ojos picaron y sabía el por qué. Los recuerdos llegaron como una cinta de película. —Roger... —habló la señora Ana —. Es bueno volver a verte, cielo. A paso apresurado, se acercó a mi para abrazarme. Yo no aguanté más y me derrumbé, me permití volver a llorar frente a ellos, como hace seis años, cuando entraron a mi habitación con el cofre en sus manos. La mujer a la que abrazaba también comenzó a llorar, y eso me partió más el alma. Saber que tu hija murió joven, sin poder cumplir las metas que tenía debía ser muy doloroso. —Te hemos visto en televisión —susurró la madre de Emma —. Estoy segura de que mi hija estaría orgullosa al ver hasta donde has llegado. Mis sollozos se hicieron más fuertes, mi cuerpo temblaba y me sentía débil. Me separé para poder saludar al señor Roberto, el cual tenía los ojos llorosos. —Roger, no sabes cuán feliz estoy de volver a verte —me dio un apretón de mano, para después abrazarme como un padre que no ha sabido de su hijo en años. —La extraño tanto —hablé con la voz rasposa —. Mis noches no volvieron a ser iguales, cada que veo su foto... me imagino a ella sonriéndome. Sé que estoy siendo egoísta, y que no solo a mi me duele... pero no sé qué más hacer para vivir sabiendo que jamás regresará. Su abrazo se volvió más fuerte, como si intentara que pudiera olvidar todos aquellos pensamientos que se pasaron por mi cabeza una y otra vez. —Roger —comenzó a hablar el hombre —. Sé que es difícil, que a pesar de que hayan pasado más de cinco años su recuerdo sigue vivo... pero es momento de seguir, ella no murió, solo se fue para dejar de sufrir. —Pudimos hacer algo para que su enfermedad no avanzara —respondí de mala manera. —Ella no lo quiso así —explicó —. El doctor le sugirió un tratamiento... pero dijo que solo retrasaría algo que era inminente. ¿Y sabes algo? Ella no sufrió, porque Emma siempre fue así, quería ayudar a los demás, así tuviera que dar su vida en ello. Sus palabras calaron en mi corazón, esa siempre fue mi duda; ¿ella había sufrido? Por lo que se hay distintos tipos de eutanasia, muchas de ellas son con dolor, pero si solo inyectaron algo para que durmiera, entonces no sufrió. —Gracias —respondí a las palabras del señor Roberto. El me dio una palmada en la espalda y se separó de mi. En sus mejillas se veía el rastro de lágrimas que habían caído por ellas. Aunque mantenía una sonrisa. —Bueno Roger, no te hemos presentado a la nueva integrante de la familia Smith —la mujer detrás mío, alzó su mano para que la pequeña de ojos verdes se acercara. Era diminuta a lado mío, su cabello castaño cortado a los hombros le daba esa aura tierna. Me puse de cuclillas frente a ella para detallarla mejor. Su piel era pálida y contaba con las mejillas sonrojadas. —¿Cuál es tu nombre, pequeña? —pregunté aún con la voz afectada por el llanto de hace un momento. La niña volteó a ver a su madre, la cual asintió, dando a entender que podía decirme información sobre su vida. —Me llamo Camila —sonrió, mostrando los pequeños orificios donde antes estaban unos dientes. —Que lindo nombre, yo me llamo Roger, un gusto Camila —le tendí mi mano y ella la estrechó. —¿Tu conociste a mi hermana? —preguntó con ternura. Su pregunta me tomó desprevenido, tanto así que mis ojos se abrieron con sorpresa y nostalgia. Era difícil hablar de Emma con alguien que no fuera sus padres. —Si, la conocí —contesté con una sonrisa triste. —¿Y cómo era ella? —Bueno —dije recordando a la chica de ojos azules —. Era hermosa, al igual que tu, su cabello era rubio y sus ojos tenían el color del cielo; ella era mi luz. ¿Sabes? Siempre lograba sacarme una sonrisa en los tiempos más difíciles. —¿Te gustaba? —siguió con el interrogatorio. —Eso es quedarse corto, ella me fascinaba, y no solo porque era bellísima, también porque tenía un gran corazón, todos los días eran increíbles, me contaba historias que vivió y cada vez que nos veíamos, comíamos a reventar. Camila comenzó a reír con ganas, tanto que sus ojitos se cerraron. Los espacios donde antes estaban sus dientes, hicieron que yo también comenzara a reír. —Papá dice que le gustaban mucho los dulces —comentó la niña, volteé a ver al señor a nuestro lado, una sonrisa de su parte me lo confirmó. —Uffff, ni te imaginas, había veces en las que ella sola se comía una bolsa entera de ellos. —Mi mami dice que no coma tantos dulces, porque me pueden salir caries, ¿verdad que si? —Camila se giró hacia la señora Ana. —Así es mi niña —la mujer acarició su corto cabello. —Me hubiera encantado conocerla, todas las personas hablan cosas muy bonitas de ella. —Créeme, a Emma también le hubiera encantado tener a una hermanita tan lindo como tu —dije, apretujando una de sus mejillas. Camila sonrió. —Pero entremos, hace demasiado frío aquí afuera —invité a los señores y a la pequeña a pasar. —¿Todas estas cosas son tuyas? —cuestionó la señora Ana. —No, son de unos amigos que conocí —informé. —Son demasiadas, Roberto —habló hacia su esposo —. ¿Puedes ayudar a Roger a meter todo? —No hace falta, no son tantas —mentí, era una pila de cosas sin sentido. —No te preocupes, Roger —aclaró el hombre —. No tengo ningún problema en ayudarte. —Gracias —respondí. —Bien, vayamos adentro Cami, no queremos que vuelvas a enfermar de gripe —la pequeña tomó la mano de su madre y emprendieron el camino a la entrada. Estando ellas dentro de la casa, el señor Roberto puso una de sus manos en mi hombro. Sabías lo que significaba aquel gesto, uno de compasión y tristeza entremezclados. —Camila me recuerda mucho a Emma de pequeña —comentó —. Siempre tan curiosa y con los ojos llenos de vida, y esos dientes... tal vez no sea mi hija de sangre, pero la quiero como alguna vez la quise a ella. —¿Cree que Emma nos vea? A lo que me refiero... si ella sabe cómo estamos —pregunté con tristeza. —Estoy seguro de que sí, ella está en cada momento en que viene a nuestra mente, en el azul del cielo... y aquí —dijo apuntando a mi pecho —. Roger; vive, ama y rompe murallas, vuelve a sentir la misma emoción al besar a otra persona, rómpete el corazón... sigue adelante, no esperes a que Emma vuelva; porque no lo hará. —Es difícil, ¿sabe? Fue mi primer amor... —fui interrumpido. —Pero no el último —aclaró —. Mi padre solía decir que no solo existía un amor, sino tres; el primero, el verdadero y el que estará en tu vida para siempre. —¿Y eso significa que son tres personas distintas? —Puede que si, puede que no. Emma fue tu primer amor, y puede que también el verdadero, eso solo tu lo sabes, ¿pero dónde está el que te acompañará para el resto de tus días? Tal vez en Indonesia, en China o incluso en esta misma ciudad, eso solo tu lo descubrirás, pero no lo encontrarás esperando a que una señal divina sea enviada. —¿Quiere decir que debo olvidar a Emma? —me negaba rotundamente a ello. —Quiero decir que aprendas a vivir solo con su recuerdo, quiero que cuando mires al cielo, lo hagas con una sonrisa, no con lágrimas ni con tristeza; sino con la certeza de que ella te ve, y que en el tiempo que compartieron, se amaron como dos adolescentes que esperaban tener un futuro juntos. —Pero que el destino les tenia preparado algo completamente distinto —terminé por el. —Exacto. Ahora, quiero que me prometas que no te estancarás, que intentarás buscar a esa chica que vuelva a acelerar ese corazón, no por mi; sino por Emma. —Será difícil... pero lo intentaré —respondí con una pequeña sonrisa. ◇●◇●◇●◇●◇ Holaaaaa, aquí de nuevo con el capítulo donde Roger vuelve a ver a los padres de Emma, ¿Me dolió? Si, pero me duele más un México corrupto ?
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