6Cuando Pablo les pidió datos sobre su padre, ninguno de sus compañeros de la agencia de espionaje quiso hacer averiguaciones. Él les mintió c*n cierta serenidad. Dijo que se trataba de un señor que vendía informaciones de escaso valor a varios países enemigos y que necesitaba tenerlo controlado. No tenían el mismo apellido. Su padre nunca lo reconoció legalmente. Ese detalle facilitó las cosas. Eso y que nadie podría imaginar que Pablo fuese capaz de poner en riesgo su cómoda situación económica por una averiguación doméstica. “Y sin embargo, el entusiasmo c*n el que acepté trabajar c*n espías quizás haya sido un modo de pensar que así podría volver a encontrarlo”, meditó mientras bajaba en auto desde el estudio hasta el centro de la ciudad. Ahora le prestó mayor atención al camino. Se

