Emilia Schneider Niklas me mira con el ceño fruncido, su cuerpo entero irradia tensión. La puerta se ha cerrado tras los últimos en salir, dejándonos solos en esta habitación cargada de resentimiento y un deseo innegable de confrontación. —Dime que mierda ha sido eso —su voz es dura, autoritaria—. ¿Quieres joderme la vida, Emilia? Porque eso parecía una maldita declaración de guerra. Cruzo los brazos sobre mi pecho y alzo la barbilla con desafío. —¿Yo joderte la vida? ¡Eso es muy cínico viniendo de ti! ¿Cómo se te ocurre meterme en este burdel de mala muerte? ¡Y encima tener una zorra que se hace llamar tu favorita restregándomelo en la cara! Niklas suelta una carcajada sarcástica y se acerca, acortando la distancia entre nosotros con pasos lentos pero decididos. —¡Ah, claro! Pero lo

