Capítulo 5

3811 Words
—¡Wow! te ves del asco, nena. —Gracias por el apoyo, Krista —suelto sarcástica, estoy hecha un ovillo sobre la cama, hace unas horas que Adam se fue del lugar y me siento fatal, es la primera vez que estoy tan confundida, pero no puedo comentarle a Krista, es capaz de ir al bar y traer a Adam a rastras; se acerca y se sienta en el borde de la cama, me toma por el brazo. —¿Qué pasa? —pregunta con cierta preocupación, la miro a los ojos y las lágrimas me traicionan de nuevo, pero decido que es mejor mentir. —Extraño mi casa, a papá, a mamá como era antes, es muy difícil, Krista. Ella solo me mira cómo me desmorono y luego presta atención a otro punto del departamento. —¿Me esperabas para comer? Cambia el tema, recuerdo que la mesa quedó lista para Adam y para mí, pero al irse me quedé sin hambre y dejé todo tal cual. —Sí, no me gusta comer sola, de hecho, hice tú favorito, sopa de verduras. —¿Enserio? ¿La hiciste para mí? Gracias, Hayley, ¡Oh santo Jesús! no has comido. Esta última frase la dice más alto de lo normal, a cómo puedo me levanto de la cama y camino arrastrando los pies. —Tranquila, estoy bien. —Te vas a enfermar sí te mal pasas, Hayley. —En verdad estoy bien, me enfermaré más si sigo pensando idioteces. Noto que me pone los ojos en blanco, llego a la cocina y decido calentar mi fracaso de comida, ahora será cena. —Hayley, todo saldrá bien, pronto cumplirás veintiuno, tendrás tu herencia, te devolverán tu casa y no olvides tu sueño, ya casi nos graduamos, tu prácticamente tienes tu puesto asegurado en el hospital. —Eso no quita que esté sola. —Hayley, no seas tonta, me tienes a mí, somos como hermanas —dice tomándome por el hombro, yo me giro y con más lágrimas y voz quebrada no me queda más que explotar. —¡Tú tienes una vida! yo no, ni siquiera tengo un novio y ni se diga que un chico me invite a salir, no sé si sea por fea, por tener poca personalidad o por tener la gracia de un oso cojo, manco y tuerto, tu sales, te diviertes, te has detenido de unirte al grupo de las chicas populares por mi durante años, soy un maldito lastre incluso para mi mamá—gimoteo. Krista me mira dolida y se acerca un paso más. —¿Ya terminaste? —cuestiona cruzándose de brazos. —Krista… —¡Nada de Krista! —interrumpe—. Se supone que eres mi mejor amiga, mi hermana, sí te he defendido es porque yo he querido, no me fui con las populares porque sabes que no soporto a Eva Turner desde el jardín de niños y ni se hable del nido de víboras que dicen ser sus amigas, ¡Santo Cristo, crecimos juntas! deja de pensar en tu maldito dolor, no lo vas a revivir si te quedas encerrada llorando, entiéndelo, tu padre está muerto. Siento un dolor en mi pecho, las lágrimas son más constantes, camino a pasos firmes hasta la cómoda, tomo un par de vaqueros y una sudadera, sin quitarme mi supuesto pijama me visto y me calzo un par de zapatos deportivos. —¿A dónde demonios vas? —Necesito pensar. —Hayley es tarde, por el amor de dios, llueve a cántaros afuera. —Deja de meter a dios en esto, necesito estar sola, este es tu departamento, así que yo debo salir a aclarar mi mente. Camino deprisa hasta la puerta abriéndola, salgo y al cerrar solo escucho que Krista me llama, pero la ignoro completamente, me pongo el gorro y corro escaleras abajo, salgo del edificio caminando por la acera, la lluvia no tiene piedad de mí, cae aun con más fuerza y el frío es peor que antes, paso por el bar y miro por la ventana, Adam está en la barra, su semblante es divertido, yo solo suelto un suspiro y de pronto sus ojos se clavan en los míos, yo decido que es hora de irme, pongo mi vista en el camino y vuelvo a correr, me limpio el rostro, lágrimas de pintura manchan mis mejillas, no tengo ni idea a donde ir, dejaré que mis pies me guíen. Minutos después estoy en la entrada del cementerio, se ve un tanto tenebroso de noche, más aun con la lluvia y los truenos, entro y camino hasta el único lugar familiar en el cual me considero bienvenida, el mausoleo de la familia Roux, me quito la capucha y llevo mis manos a mi cuello buscando la cadena que siempre me acompaña, me la saco por la cabeza y abro la puerta, entro cerrando tras de mí, lo bueno que el lugar es bastante seguro, camino hasta uno de los extremos a ciegas y tanteo con mis dedos hasta que encuentro la caja de fósforos de emergencia, enciendo uno y busco una vela, al encontrarla la prendo y me siento en el suelo. —Papá, ya no quiero estar así, no soporto todo esto—sollozo rompiendo en llanto, me froto los brazos, la sudadera está algo húmeda, pero es lo que menos me importa, lo que más desearía es que papá estuviera aquí y me dijera que todo estará bien, siempre lo hacía y casualmente todo marchaba bien. —Adam—susurro, recuerdo sus ojos, tienen un hermoso tono azul, es como una mezcla de Ian Somerhalder y Jared Leto, más parecido a Jared que a Ian, en fin, es sexy, pero jamás se fijaría en mí, dos veces nos hemos besado y siempre se aleja, aun no logro comprender por qué, no me creo el cuento de que sea peligroso, es más probable que simplemente no soy lo suficientemente atractiva, jamás seré Eva Turner. Me levanto del suelo, recorro todo el mausoleo leyendo los nombres de cada uno de mis antepasados, al parecer mi bisabuela se llamaba Elizabeth, ahora sé porque mi nombre. —Papá, debo irme, no tengo ni la menor idea de qué hora es y seguro Krista me dará un sermón. Apago la vela y camino de nuevo a la puerta, salgo y cierro con la llave, acomodo la cadena en mi cuello y nuevamente me acomodo la capucha. —Hayley. Escucho una voz un tanto distorsionada, un escalofrío me recorre de pies a cabeza y me giro rápidamente, el tipo de la cazadora está justo frente a mí, su rostro está cubierto con un pasamontaña. —¿Q-qué quieres? —balbuceo mientras el pánico me invade—. ¿Cómo sabes mi nombre? —Es hora de cenar. Sin pensar, solo atino a correr lo más rápido posible, pero cuando llego hasta la entrada, siento un fuerte golpe en las piernas, caigo contra el fango, a cómo puedo me giro. —Por favor, déjame ir.   Suplico, pero solo escucho una carcajada de su parte. —Pobre niña tonta, te he perseguido por semanas, pero ya eres mía, pobre Adam, no pudo cuidarte esta vez. —Por favor. Mi visión se vuelve un tanto borrosa por las lágrimas, él se acerca peligrosamente a mí, me toma por la sudadera y me levanta, solo veo sus grandes ojos verdes. —Tú tienes algo valioso para mí. —En verdad no tengo nada, déjeme ir por favor. Niega lentamente con su cabeza y de un ágil movimiento se las arregla para levantarme con una sola mano y con la otra me suelta un golpe en el estómago, me encojo del dolor. —Me divertiré contigo antes. Me arroja contra el suelo, el dolor se expande aún más, escucho los pasos del tipo aproximándose, la lluvia no para de caer, si llego a morir creo que sería lo mejor, por lo menos así le quitaría un peso de encima al mundo, suspiro. —Eres bastante bonita, Hayley…—paladea mi nombre haciéndome estremecer—. Lástima que Adam no te aprovechó. Escuchar el nombre de Adam me resulta doloroso, aunque no sé por qué me afecta, no es nada mío, ni siquiera me quiere cerca. —Sí me vas a matar, solo hazlo y ya. Se agacha hasta mi altura y se retira uno de los guantes de cuero n***o que cubren sus manos, sus pálidos dedos se acercan a mi rostro y me roza una de mis mejillas. —O eres muy valiente o quizás demasiado tonta. —¿Quién eres? —Solo digamos que no es necesario ese dato, hoy morirás, tienes que morir como todos los de tu familia. Mis ojos se abren como platos, ¿Morir como mi familia? ¡Dios! ¿Sabrá algo de la muerte de papá? sus dedos bajan hasta mi cuello, trago en seco y de pronto me sujeta con fuerza obligándome a sentarme, el agarre hace que apenas pueda respirar, escucho mi pulso en mis oídos. —¡Suéltala! Escucho una voz varonil conocida, más no logro verlo, si mi oído no me falla, la fuente de la voz está justo detrás de mí, sé que no es Adam, lo hubiera reconocido enseguida. —¡Vaya! tenemos invitados a la cena —se regocija con cierto tono de gracia, no afloja para nada el agarre, se levanta y me obliga a hacer lo mismo, escucho un paso al frente del que supongo es mi salvador. —Deja a la chica. —No te la pondré tan fácil, ella tiene algo que yo quiero y que por derecho me pertenece, además, no debes de cuestionar a tu creador, Hank. Me pongo rígida al escuchar su nombre, ahora entiendo de donde reconozco la voz. —No la metas en esto. —No durará mucho, puede enterarse de nuestro mundo, a fin de cuentas, morirá antes de que pueda decírselo a cualquiera. Estoy aún más confundida, pero su agarre es cada vez mayor y el aire me falta aún más, siento que me desmayaré, no aguantaré mucho tiempo, mis párpados comienzan a pesar y mis manos yacen frías colgando a mis lados, lo último que logro percibir es una gran sacudida y el sonido de un golpe antes de caer contra el suelo inconsciente.    ~~~~~~                  ~~~~~~   —¡Maldición! ¿La tenías que traer aquí? Escucho una voz algo hueca, mis ojos aún están cerrados, no recuerdo lo que pasó exactamente, mi cabeza duele un poco. —¿Qué querías que hiciera? la iban a matar. —¡Eso es lo que debió haber pasado! De pronto abro los ojos más no me muevo, reconozco las voces, Adam y Hank discutiendo, ¿Adam quería que muriera? eso duele, aprieto mis manos que en estos momentos se encuentran en mi pecho; noto que estoy sobre una gran cama de sábanas negras, al parecer son de seda, esto es bastante fino, el aroma a madera invade mis fosas nasales y la habitación tiene cierto toque victoriano, lo poco que puedo ver es de fina madera tallada; trato de hacer que no noten que he despertado. —¿Qué no se supone que sientes algo por ella? ¡Santo Cristo! no pasará lo mismo que con Isabella. —¡No te atrevas a mencionar a Isabella de nuevo! sabes bien que no se le compara, además, él no se detendrá hasta tenerla y por tu maldita culpa rodarán nuestras cabezas. ¿Quién es Isabella? a cada segundo que escucho a Adam me hace sentir aún más miserable, no quiero seguir escuchando. —Pues a mí sí me interesa y sí tú no la quieres, yo sí, la haré mi compañera. Suelta Hank en tono serio, suspiro y comienzo a incorporarme quedando sentada, una lágrima cae, pero trato de restarle importancia, escucho unos rápidos pasos acercarse hasta donde me encuentro, justo frente a mí, se arrodilla Hank, su rostro denota preocupación, sus impactantes ojos se clavan en los míos.  —¿Dónde estoy? —pregunto un tanto confundida, él estrecha el puente de su nariz con sus dedos pulgar e índice. —En mi hogar, te encontré en el cementerio, un tipo intentó hacerte daño, ¿Lo recuerdas? Paso una mano por mi frente, las escenas aparecen en mi cabeza rápidamente, ahora entiendo por qué siento todo mi cuerpo lastimado. —Sí, no recuerdo haberle visto el rostro, pero si sus ojos, eran verde esmeralda. Suelta una pesada respiración. —Sí, ¿Cómo te sientes? —Adolorida. Me da una sonrisa de alivio, estira su mano y acaricia mi mejilla, la verdad me parece tierno de su parte, desearía que fuera Adam y no él, a decir verdad, Hank es bastante bien parecido, pero hay algo en Adam que me atrae aún más, pero quizás tenga que comenzar a dejar de ser tan tonta y fijarme en quien me quiera, digo, jamás he tenido un novio decente, por lo regular solo salgo con chicos y a las dos semanas se alejan.  —Me alegra que estés bien —dice en tono dulzón, de pronto viene a mi mente que no tengo ni idea de la hora.  —¿Qué hora es? —Las dos de la madrugada. —¡Demonios! Krista debe estar preocupada. Escucho que se aclaran la garganta, me imagino que es Adam, me vuelvo para mirarlo, pareciera estar molesto, definitivamente, me quiere muerta. —Ya la llamé, no te preocupes. Estoy molesta, un sentimiento se concentra en mi interior, me levanto de la cama, paso de lado a Hank y cuando estoy lo suficientemente cerca de Adam le suelto una bofetada. —Sí no me querías cerca, solo lo hubieras dicho sin estarme humillando o, mejor dicho, sin desear mi muerte. Él me mira con el ceño fruncido. —Te dije que no era el tipo de chico que creías que era. —Sabía que eras un grano en el culo, más nunca pensé que fueras tan idiota—lo confronto empuñando mis manos a los costados. —¡Basta! —grita Hank—. Parecen un viejo matrimonio ¡Por dios!, Hayley te llevo a casa, al parecer escuchaste suficiente. Dejo de mirar a Adam y me acerco a Hank. —Por favor, no quiero estar con este imbécil. —No te preocupes, yo ya me iba, Elizabeth —responde Adam dolido, al escuchar ese nombre me hace girar en mis talones, con mi dedo índice lo apunto llegando incluso a pegarlo en su pecho, las lágrimas caen, no de la tristeza, sino por la ira que me invade en estos momentos. —¡No me llames por ese nombre jamás!, sí guardas un poco de respeto a las personas, o por lo menos, sí tienes palabra y honor, no mencionarás ese nombre de nuevo, solo un hombre podía llamarme así y está muerto, bastante miserable es mi vida como para que tú me jodas más Adam. Me toma de la muñeca y me obliga a bajarla, me acerca a él. —Yo te llamo como quiera, Lizzy, además tú me has llamado Lui y la única que me llamaba de esa forma era Isabella en momentos muy especiales y yo no reacciono como tú, al contrario, te besé o, ¿Ya no lo recuerdas? Me zafo de su agarre. —Eres un maldito sinvergüenza, cretino, sé que no soy la mujer más atractiva del mundo, pero ¿Tienes que humillarme de esa manera siempre? —No te humillé y a pesar de que te auto desprecies, a mí sí me pareces bastante atractiva, pero no soy un buen chico —responde sujetándome por los hombros, mis lágrimas empañan mi visión, solo puedo percibir la silueta frente a mí, con mi manga limpio mis lágrimas, el rostro de Adam refleja dolor, pero es difícil entenderlo, ¿Cómo es que refleja ese sentimiento si él me odia? doy un paso al frente y hago algo que jamás creí hacer después de tanta humillación, me paro de puntas y beso su mejilla. —Adiós Lui —susurro en su oído, para inmediatamente separarme de él, camino pasándolo de lado hasta llegar a la puerta de la habitación. —Espera Hayley. Me llama Hank, me detengo, pero no me atrevo a mirar, bajo mi rostro, el flequillo cubre mis ojos ocultando mis ya llorosos ojos, escucho los pasos acercarse a mí y me pasa un brazo por la cintura, abre la puerta de la habitación. —Yo te llevo a casa. A pesar de su amabilidad y su suave voz, el dolor que siento no cede, sin alzar la mirada solo logro asentir, salimos y cierra la puerta tras de sí, caminamos por un largo pasillo, esto es tan diferente, me hace sentir en una película antigua, largos pasillos con pisos de madera pulida y de color rojizo, grandes ventanas cubiertas por gruesas cortinas, no percibo el color exactamente debido a la obscuridad del lugar, pero puedo notar que hay algunas pinturas colgadas en la pared, bases de granito con esculturas antiguas sobre estas y puertas, muchas puertas, todas de madera obscura; Llegamos hasta unas escaleras, los detalles de la barandilla están labrados finamente, o de eso puedo percatarme al rozarla con las yemas de mis dedos, es asombroso, bajamos hasta la primera planta la cual es una especie de salón amplio sin muebles. —Sorprendente, ¿No? es el salón principal, estás en mi mansión, te llevaré a casa. —No es necesario, Hank, bastante haces por mí. —Es muy tarde, Hayley, además llueve, no puedo permitir que te vayas así. —Está bien, te debo una —respondo amablemente, él se detiene y yo lo miro arqueando una ceja. —¿Qué? —pregunto, él se frota la barbilla. —Sí ese es el caso, quiero que me acompañes a cenar —responde. —¿Cenar? —Sí, mañana, después de tu jornada, no te preocupes, será informal, te llevaré a un lugar bastante bueno. —Hank. —Por favor, Hayley. —Está bien, acepto solo porque me caes bastante bien, pero debo aclararte algo. —Dime. —No soy como las demás, así que no esperes que sea una chica fácil. Me da una amplia sonrisa, sus perlados dientes se muestran y percibo un par de caninos sobresalientes. —¡Oh Hayley!, sé que eres diferente a las demás, es por eso que me llamas bastante la atención, siempre tan firme y correcta, otra en tu lugar ya estuviera sobre mí, en cambio tú estás ahí escuchando y estableciendo límites, eso es lo que busco, tener una plática profunda y entretenida con alguien, es por ello que quiero que me acompañes a cenar. —Bien, entonces estás advertido, sí haces algo que no me parezca, te patearé las bolas. Suelta una risotada mientras abre una de las puertas interiores y me hace pasar, noto que es una gran cochera en la cual hay cinco autos, reconozco un jeep, un volvo, un jaguar, Audi y el otro no alcanzo a mirar la marca, además de estos hay una docena de motocicletas en diferentes modelos aparcadas. —¡Wow! ¿Son todos tuyos? —En realidad son míos y de Adam. Saca una llave de su bolsillo y pulsa el pequeño mando a distancia, un par de faros parpadean, los seguros del jaguar n***o se desbloquean. —Vamos, seguro tu amiga espera. Asiento y camino hasta la puerta del copiloto, entro al auto, los asientos de piel denotan lo lujoso de este, además de estar impecablemente limpio; de pronto recuerdo la advertencia de Krista respecto a Hank y el hecho que se acostó con él, me sonrojo. —¿Que sucede? —pregunta sorpresivamente mi acompañante, parpadeo un par de veces y muevo mis pulgares un tanto inquieta. —Este, yo, pues... —balbuceo nerviosa. —Anda, soy de mente abierta, puedes confiar en mí —responde poniendo una mano sobre las mías mientras saca el auto de reversa de su plaza, me sonrojo aún más por su toque, lo miro y me da una linda sonrisa, si, linda, el acceso se abre y salimos de la dichosa cochera que es mucho más grande que el departamento de Krista y suelto una pesada respiración. —¿Es cierto que saliste con Krista? Sus ojos están en el camino, pero me da una sonrisa de medio lado. —No salimos precisamente, fue más una historia de una sola noche, ya sabes, me acosté con ella. Mis ojos se abren como platos y me sonrojo al máximo, me da una mirada rápida antes de volver su vista al camino. —Perdón por contestar tan fríamente, pero es la verdad, no quiero que lo tomes a mal, pero tu amiga es de la clase de chicas que buscan pasarla bien. —Creo que no está bien que me hables de eso. —Tú lo preguntaste, yo te respondo, aunque puedo asegurarte que a ti no te tocaré ni un solo cabello, a menos de que tú lo desees. Ya no sé qué está más rojo, si la luz de alto del semáforo frente a nosotros o mis mejillas, escucho que ríe. —¡Oh Hayley!, eres tan adorable cuando te sonrojas. Me limito a no contestar, al fin veo que estamos cerca del departamento, suelto una pesada respiración, aparca el auto. —Bueno, ya estás sana y salva en casa. Lo miro y asiento, él solo me devuelve una sonrisa. —Hank, yo —levanta una mano silenciándome. —Tranquila, en verdad, Hayley, me interesas, eres un respiro de aire fresco para mí, no pretendo dañarte y sé que escuchaste todo lo que hablé con el idiota de Adam, voy enserio contigo. —Pero es muy pronto. —No tengo prisa, Hayley, tengo toda una eternidad para conocerte —asiento, saber que me tiene paciencia me da una razón más para darle una oportunidad, aunque me sienta confundida por un imbécil de ojos azules. —Está bien, te veo esta noche. —Estaré ansioso. Me acaricia la mejilla con el dorso de su mano, está fría, veo su mirada enternecida y una chispa de ilusión, sonrío y noto que se acerca aún más a mí, no quiero jugar con sus sentimientos, pero quizás él pueda quitarme a Adam de la cabeza; cierro los ojos y siento el roce de sus labios contra los míos, el beso es suave, algo bastante agradable y tierno, se separa de mí y besa mi frente. —Gracias preciosa, Hayley —susurra, estoy sonrojada, sin embargo, le beso la mejilla y procedo a salir del auto, cierro la puerta y noto un gesto divertido, me muerdo el labio, me dispongo a caminar de vuelta al departamento, entro y al cerrar la puerta, el auto arranca, ¿Será que Hank me conviene? 
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