Era muy cobarde para aceptar la realidad. Ahora él me veía como una amiga, y también como una empleada. O tal vez ni siquiera me veía como cualquiera de las dos opciones. Simplemente le daba pena y ya. Pero mi cabeza, se negaba a creer aquellas cosas. Prefería pensar que todo había pasado por algo. Un mes había pasado, teníamos una extraña amistad con Eduardo. Yo estaba inmensamente agradecida, por su apoyo durante todo el tiempo que yo lo necesites. Sin embargo, me engañaba a mí misma diciendo que solo éramos amigos. Porque muy en el fondo, aún lo amaba. Anhelaba ver sus ojos de cerca, sus manos entrelazadas con la mía, con el pretexto de estar asustada por alguna película de terror. Pero, yo amaba estar a su lado. No me había dado cuenta lo mucho que me hacía falta, desde el momento q

