En uno de los días más calurosos de la ciudad, una chamarra de cuero oscuro, y andar en moto todo el día no parece buena idea, pero a Fernando no le agrada tampoco la idea de irse de la ciudad sin antes ver a Ángel, y lo ha intentado un par de veces, pero es claro que ella no está recibiendo el mensaje, ya que de ser así, ya estaría hablando con ella, y no al pie de uno de los edificio que pertenecen a la familia.
─Señor, lamento decirle que el señor Argento no está en la ciudad, pero puedo hacerle llegar su mensaje. ─dice el gerente de uno de sus hoteles.
─Eso ya se lo he dicho, señor. ─dice una de las recepcionistas algo preocupada por lo que podría llegar a pensar su jefe.
─¿Y sabe cuando va a regresar? ─pregunta hastiado por el calor, quitándose la chaqueta gruesa que lleva puesta, dejando a la vista músculos bien definidos, pues su camiseta celeste se ha adherido a su cuerpo.
─Es información no la tengo, pero si me deja su mensaje...
─Gracia Mario. ─dice una chica sumamente hermosa, con un exquisito y envolvente perfume de rosas, dejando una tarjeta al gerente.
─Gracias por honrarnos con su presencia. ─añade él asintiendo ligeramente mientras le dedica una sonrisa, pero al voltear ella, este vuelve su mirada fría e inexpresiva a Fernando.
Él no pudo evitar voltear a verla, era imposible no hacerlo, más allá de su belleza, era su olor, su tono suave de voz, y sobre todo, esa bonita sonrisa que casi lo hace sonreír a él, y ni siquiera la conoce.
─¿Algo más en lo que le podamos ayudar? ─pregunta con su cara fija en él.
─Es todo, gracias. ─sale de vuelta en busca de otro de los hoteles o alguna otra propiedad que ha heredado Edward para preguntar por él, o por su esposa, que al final sería exactamente lo mismo.
Pese a lo abrazador de la ciudad Charles vuelve a ponerse su chaqueta y sube a su moto, tras revisar su libreta y tachar el nombre del hotel del que acaba de salir, emprende la marcha en busca de otra dirección, avanza un par de calles sin perder de vista la calle en la que va, ya que hay mucho autos, pero cuando apenas ha recorrido un par de manzanas un auto lo tumba, y la misma fuerza del choque lo deja sobre el parabrisas.
─¡Oh por Dios! ─suelta un grito ella la conductora desde dentro del auto, sale corriendo a ayudarlo. Los escoltas no tardan en acercarse. ─Lo siento, no...
─Joder... ─se puede escuchar dentro del casco que lleva puesto.
─¿Está bien señor? ─se para frente a su auto intentó ayudarlo a levantarse. ─le juro que no lo vi, lo lamento, es solo que... ─se cubre la cara con ambas manos avergonzada y presa del pánico está a punto de estallar en llanto.
Fernando, sintiendo que todo su cuerpo ha sido brutalmente sacudido, y algo mareado por no saber de dónde o porqué vino el golpe, voltea intentando levantarse, ve a la misma mujer que ha visto en el hotel.
─Lo lamento en verdad, le juro que no lo vi. ─dice ya casi sollozando.
─Señorita. ─se acerca uno de los escoltas. ─debe volver al auto. ─dice guiandola con un ademán, pero ella no se inmuta, está genuinamente preocupada por el hombre que acaba de atropellar en su moto.
Fernando, pese a su dolorido cuerpo, y aturdida cabeza, lo primero que hace al bajar el auto de la mujer es correr y ver su motocicleta, y al verla en el suelo trata de levantarla enseguida, pero aún está un poco aturdido por el golpe.
─¡¡ayudenlo!! ─grita ella a los escoltas y rápidamente lo hacen. ─déjeme llevarlo al hospital a que lo revise, yo cubriré los gastos, solo...
─Estoy bien. ─dice negando con la cabeza.
─No se ve bien... ─niega ella con la cabeza viéndolo aun un poco tambaleante.
─Yo estoy bien, es mi moto la que no lo está. ─dice y se quita el casco.
Ella al verlo le pareció alguien atractivo pese a ser alguien que acaba de ser atropellado por su auto al estar al teléfono con su madre.
─Déjeme cubrir con los daños, el choque fue mi culpa...
─Claro que fue su culpa. ─se voltea con el ceño fruncido al ver un par de raspones, pero al verla, ella está por llorar. ─pero no es nada que no se pueda solucionar. ─ladea su cabeza haciendo desaparecer su ceño fruncido.
─¿A dónde se dirige?, yo lo puedo llevar y podría arreglar su moto también. Confíe en mí. ─dice acercándose a él, pero un escolta interviene.
─Señorita, regrese al auto por favor. Deje que nosotros nos encargamos. ─dice intentando llevarla de vuelta al auto, pero ella lo aparta.
─¿por qué confiaría en alguien que me acaba de arrollar? ─pregunta viendo su ropa, revisando que no esté rota por el choque, pero su teléfono se ha roto.
─Por que no ha sido mi culpa, es solo que no ha sido un buen día para mi, y... ─voltea su rostro para que no la vea llorar, pero es tarde, su voz la ha delatado.
─Estoy bien. ─dice conmovido con ella, su curiosidad nació después de ver que era la misma chica que hace solo un par de minutos había sido un rayo de luz, pero ahora estaba muy conmovida, tanto que estaba llorando. ─no es nada que no pueda solucionar. ─dice volviendo a ponerse el casco.
De la nada un flash lo sorprende, y luego otro, rápidamente los escoltas se esmeran en cubrirla y regresar al auto, él la ve por unos segundos, ella se ve triste e indignada, pero aún así sube al auto. Él emprende la marcha al ver que varios fotógrafos se acercan al auto, por lo que es él quien se encarga de apartar a los fotógrafos, ayudando a que el auto salgo rápido de la trifulca de fotografos. Era absurdo, intentar rodearlo y sacaron tantas fotos de él como pudieron, pero se deshizo muy rápido de los fotógrafos y regresó a su hotel, ya que sin teléfono ahora tiene que conseguir un mapa.