─¿Sabes hace cuánto tiempo no había comido una de éstas? ─señala la bolsa de papel que cubre la hamburguesa.
─Sé lo que hace. ─dice sentado frente a ella. ─y sé que no es mi asunto, pero si sirve de algo... usted es muy hermosa. ─añade haciendo que las mejillas de Anastasia se tornen un poco rosa, y aunque podría pasar desapercibido, es su tez pálida lo que lo resalta.
─Ya estoy en su cama, no hace falta tantos halagos. ─espetó con cierto tono de sarcasmo, pero a él le resulta gracioso.
─Por esta noche, la cama es suya. ─se levanta y toma un poco de hielos y se acerca a ella.
─¿qué se supone que haga con eso? ─pregunta viéndose realmente desconcertada.
─Ponerlo en su rostro. ─niega confundido, ¿quién no sabría eso?. ─es lo mejor que hay para el rostro golpeado. ─explica sintiéndose un tonto, no se supone que debería explicar eso, amenos que ella realmente jamás lo hubiese hecho.
─parece un experto en el tema. ─lo ve algo nerviosa con su cercanía. ─¿lo golpean mucho, o muy seguido? ─mira el hielo en sus manos, pero genuinamente no sabe qué hacer con eso.
─¿puedo? ─pregunta señalando el hielo, esperando le de permiso de acercarse, y ella asiente.
Algo nervioso por la manera en la que ella lo ve fijamente cuando él no la ve, se acerca lentamente y se sienta junto a ella, coloca el hielo en el rostro con delicadeza, gemidos por el dolor y el frío no se hacen esperar,
─lo siento. ─susurra por su cercanía.
─no duele tanto. ─susurró mirando a Fernando más cerca. Él se ve mucho mejor de cerca, su rostro es limpio, un par de lunares en la mejilla, el arco de cupido marcado en sus labios al igual que su mandíbula, sus cejas pobladas, sus ojos café oscuro combinan a la perfección con sus pestañas oscuras y arqueadas.
─Sé que es mentira, pero...
─Duele demasiado... ─suspiró evadiendo su mirada cuando él la vió.
─Lo lamento, pero con los analgecicos se sentirá mejor mañana. ─sonríe.
Su olor es amaderado, con almizcle y algo de lavanda, eso era embriagante para ella, ¿eso era posible?, que alguien a quien acaba de conocer le atrajera tanto en todos los sentidos?, ni siquiera se había acordado del hombre que la había golpeado.
─¿sucede algo? ─preguntó ya un poco intrigado por la manera insistente en la que ella lo ve, no es que no lo notara desde el principio.
─¿qué?, ¿no? ─balbuceó nerviosa mirando para cualquier lado, menos a él.
─¿Sucede algo conmigo? ─pregunta algo engreído, la manera en la que ella lo veía era con cierta fascinación, lo que lejos de molestarlo, le gustó.
─Hueles bien. ─musitó arqueando hacia arriba las comisuras de sus labios. ─me gusta... ─suspiró descarada.
─usted también huele bien. ─respondió por cortesía, no le gustaba su perfume para nada, ella olía a rosas, pero había en el perfume de ella que no le gustaba, pero claramente no era algo que diría. Aunque tenía curiosidad en saber que perfume usaba, de esa manera sabría que perfume usaba para comprarle a su hermana, solo para molestarla un poco.
Ellos siempre se han jugado bromas pesadas, y después de haberse ido como se fue, un perfume desagradable parece una buena buena broma.
─¿qué perfume usa? ─preguntó ciertamente intrigado.
─"Le rosé mystic" ─dice con algo de vergüenza. ─me lo regalaron hace una semana.
─¿El hombre que estaba...
─Es vergonzoso. ─niega con la cabeza avergonzada.
─¿Es la primera vez que la golpea?, ¿o ya es algo...? ─pregunta hasta verla incomoda.
─Asistí a una oratoria en la universidad, yo era invitada al igual que él. Me invitó un café, luego fue un vino y me invitó a cenar en un departamento que tenía en el centro, dijo que se estaba divorciando y que yo le gustaba. Tonto o no, le creí, y después aparecí en los medios, y dio una conferencia de prensa diciendo que amaba a su esposa más que a nada y que jamás hubo nada. ─emula una sonrisa.
─¿Y después de todo eso, aceptó verse con él hoy en la noche? ─pregunta incrédulo, aunque lo hace con suficiente tacto para que ella no se ofenda, ya que es una pregunta muy personal.
─pasó por mí cuando iba a cenar con unas amigas, dijo que lo que había declarado era falso, que su publicista se lo recomendó, y que me amaba. ─sonríe con sarcasmo.
─¿Y esta vez no le creyó?, ¿por qué? ─preguntó aprovechando la raya de buena conversación, se siente cómodo haciéndolo con ella.
─Soy tonta, pero no tanto. ─bufó. ─no me gusta que me vean la cara de idiota. Le creí cuando dijo que le gustaba, le creí cuando me llenó de detalles, le creí la primera vez que me enteré que era casado y dijo que se estaba divorciando porque no pasaban tiempo juntos, pero después de esa conferencia de prensa, lo vi.
─¿No lo había visto con su esposa? ─insiste en saber más, ella se ve tierna al estar enojada, o eso fue lo que pensó él al verla.
─No. No así, no cuando lo vi frente a mí. ─sonríe avergonzada con sigo misma. ─hubo una conferencia de prensa, y yo quería verlo, quería verlo a los ojos cuando le preguntaran por su esposa, y él tomó su mano. Me miró con esa seguridad de que no importaba lo que hiciera yo estaría allí, ya había pasado una vez, ¿por qué no habría una segunda? ─preguntó irónica.
─¿Y aún así tuvo el valor de volverla a buscar? ─pregunta indignado.
─Después de ver la rueda de prensa y de que el abuelo me prohibieron verlo, no tuve más intención de volver a verlo, pero una vez más él pensó que se saldría con la suya, y... ─dejó salir un largo suspiro durante una pausa que aprovechó para acomodarse en la cama. ─envió flores, chocolates, joyas, y llamaba sin parar.
─Su abuelo realmente tiene influencias en usted. ─espetó
─No estaba enamorada, solo me gustaba la atención que el me daba. Más allá de mi gusto, está mi orgullo. ─masculló. ─fue humillante salir en la prensa como la tonta amante del político. ─musitó. ─decidí que se acabó, pero el no lo entendió.
─¿Pero subió a su auto...
─Le dejé claro que no quería nada con él, y dijo que quería hablar sobre los paneles solares... ─Fernando la ve sin poder entender nada, y ella lo nota, le causa un poco de gracia, pero lo disimula. ─Es un proyecto de la universidad, a petición de mi madre estoy apoyando varios proyectos y él también...
─Pero no fue así...
─No, hablamos un momento del tema, pero cuando intentó tomar mi mano lo detuve, y le dije que no quería volver a verlo, e intenté bajar del auto, pero él se metió al callejón, quise gritar, pero él dijo que me amaba y que dejaría a su esposa.
─Pero ya no le creyó...
─No solo eso, le dije que salía con alguien más, y él empezó a insultarme y me abofeteó, lo amenacé con decirle a mi primo, salí del auto y él volvió a golpearme, pero esta vez más fuerte.
─¿Y fue cuando aparecí? ─pregunta intentando concentrarse en lo que dice, ya que al decir primo le recordó que quería sacarle información, no ser su amigo.
─Sí, fue cuando apareciste y lo tiraste al suelo, ese tercer golpe me habría tirado al suelo. ─musitó. ─quién lo diría, que en algo así puedes conocer personas como tú. ─señala con la mirada.
─¿No haces muchos amigos así? ─bromea.
─¿somos amigos? ─pregunta algo sorprendida.
─Es nuevo para mi tambien, pero me agradas. ─asiente regresando al sillón.