Perfecta mentira

1163 Words
Con el corazón latiendo a mil por hora, muerta de nervios caminando de un lado al otro esperando el momento por fin, vuelve a llamar por milésima vez a la cocina. ─¿La carne está en su punto? ─muerde sus dedos para no arruinar su uñas, le ha costado mucho mantenerla perfecta desde que se las arregló. ─bien, una hora después de ahora, a menos que yo llame para lo contrario. ─dice cerrando la llamada un poco brusco por los nervios. Se mira el vestido rojo de finos tirantes una vez más, clava su mirada en sus clavículas, sobresalen por mucho y eso le permite suspirar un poco aliviada, pero al girar y ver su perfil, se desanima un poco al ver su vientre, pese a ser plano ella no lo considera así. Considera la idea de llamar a Fernando y cancelar, pero justo en ese momento es llamada desde la recepción para avisarle que alguien planea entrar en el edificio. ─Déjelo pasar, por favor. ─dice sacudiendo sus manos muy nerviosa, se vuelve a ver una vez más al espejo, acomoda su impecable cabello liso, retoca su maquillaje y da un largo suspiro, jamás estuvo más nerviosa que eso, pero ya no tiene tiempo de retractarse. Toma mucho aire y la suelta, dejando un gran suspiro en la habitación antes de salir a recibirlo. Lo hace todo tan rápido, y tan diligente que aún le da tiempo de esperarlo en la puerta, con una pose coqueta, la más seductora que pudo pensar. Nerviosa y ansiosa por verlo de nuevo se apresura a abrir la puerta, pero él toca antes de que la mano de ella llegue a la perilla haciéndole dar un brinco. ─Hola. ─dice abriendo la puerta lentamente, lo que para ella es un suplicio, pero todo sea para no verse tan ansiosa como está. ─¿qué tal todo? ─preguntó abofeteando mentalmente por tal ridiculez. ─Esto es para tí. ─le entrega unos hermosos tulipanes rosas, acompañado del vino que le había pedido llevar. Verla frente a él, así, con ese vestido rojo de finos tirantes, dejando al descubierto gran parte de su cuerpo era bastante difícil de disimular la emoción, y aún más intenso cuando uno de esos tirantes cayó con sutileza por su hombro. Sin decir una sola palabra, ella se acercó a él y lo besó. ─bienvenido. ─ella susurró sobre sus labios. ─Ana. ─dijo por primera vez agarrando todo el valor que tenía para decirle bajo qué condiciones la conoció, pero ella lo volvió a callar besándolo con fiereza, presionando su cuerpo al de él con insistencia. ─Ana... ─volvió a decir y esto bastó para que ella se apartara de él con mucha dificultad. Muchas cosas negativas pasaron por su cabeza, ¿y si después de todo no le gusta?, ¿y si solo era amable?, ¿y si ella estaba siendo demasiado intensa?, ¿si él no quería tener sexo con él?, dio un paso atrás con cada una de las preguntas en su mente, quedando lo suficientemente lejos de él, abrazándose a sí misma, avergonzada por lo directa que estaba siendo. ─Lo lamento, yo creí que tu, y yo... ─niega con la cabeza bajando la mirada al suelo, no podía volver a verlo de frente, estaba muy avergonzada. ─Quiero hablar contigo. ─dijo acercandose a ella con lentitud. Anastasia no podía creer que él le dijera eso, ya lo había pasado, sus antiguas parejas lo había hecho también, siempre que alguien de la familia de ella se enteraba de alguna pareja, lo buscaban, lo amenazaba y lo alejaban po r lo s medios que sea, aunque esta vez solo lo sabía Edward, eso bastaba para arruinarlo todo, ya que él era sobreprotector con ella, y es por eso que tenían ese apego inusual con el resto de la familia. Pero el jefe de seguridad del abuelo también lo sabía, así que a ahora no sabía a quién culpar, con quien desquitarse cuando él le dijera que no la volverṕia a ver. ─Ok. ─dijo un poco desanimada, pero el repertorio de "no eres tu, soy yo", ya se lo sabía, o el "no es el momento", o peor aún, "vamos demasiado rápido y no quiero compromisos", ya se lo sabía, así que sin darle oportunidad a Fernando de decir algo más, continuó. ─No dirás nada, yo haré preguntas. ─dice con una falsa seguridad que se sacó de la manga. Él asiente y ella sigue. ─¿Alguien de mi familia te dijo algo? ─y él negó con la cabeza. ─¿te ofrecieron dinero por dejarme? ─volvió a preguntar impaciente. ─¿qué?, ¡no!, ─se apresuró a responder impulsado por ese dolor en el pecho al ver la manera en la que lo preguntó. No tolera verla así. Era absurdo lo mucho que odiaba volver a pasar por eso, ¿cómo su familia podía volver arruinar un momento especial para ella?, ¿acaso la odian demasiado? ─pasó por su cabeza antes de continuar con las preguntas. Él podía verlo, su rostro era radiante y su sonrisa enorme al verlo, y ahora, no había más de eso, intentó hacerlo, quería decirle la verdad, después de todo, jamás la buscó él, ni le sacó ningún tipo de información, entonces, ¿cual era el error?, ¿era realmente necesario decirle? ─se preguntó a sí mismo. ─Supongo que... ─intenta abordar las preguntas de nuevo tras un suspiro para mantenerse en pie, pero él la interrumpe. ─Lamento si hice pensar lo contrario. ─se acerca y ella no se aleja. ─solo quería decir que no soy vegetariano. ─mintió recordando lo que le ha dicho su hermana, y que Ana sólo comió ensalada. ─Entonces... ─se acercó a ella. ─¿eso es todo? ─preguntó sintiéndose una tonta por estar a la defensiva. ─Quiero estar contigo, no importa nada más. ─dice acariciando sus mejillas, pero ella lo volvió a besar, ý él ya no tuvo la fuerza necesaria para alejarse de nuevo, sin importar que ella le quite la ropa, y se aferrara más a él como jamás nadie lo había hecho, y ahora él tampoco quería hacerlo. Sentía una infinita culpa por estar enredado en las sabanas con ella, pero cada vez que la besaba, sentía esa sensación de satisfacción expandirse por todo su cuerpo, aún cuando empezaba en su pecho. Hallaría la manera, lo haría, le diría lo que pasó y como pasó todo, después de todo, conocerla fue fortuito, pero no ahora, no así, no con ella en sus brazos, con sus cuerpos sudados, cansados y entrelazados uno con el otro, no era capaz de hacer otra cosa que no sea besarla, de pronto su olor, sus besos, o el simple hecho de ver sus ojos era más de lo que un humano podía soportar. Era un hecho, estaba enamorado de Anastasia, y Ángel no ocupaba más su mente, ya ni siquiera se preguntaba por ella, simplemente ya no había nada de ella en él, solo está Anastasia y esa inusual sonrisas.
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