Un estúpido héroe

1325 Words
El día ha sido largo y algo pesado para Fernando, ha buscado a como de lugar otro lugar donde le den alguna informacion sobre donde podría estar Edward, pero nada parece intentar, pero el dia se va, la noche llega y agotado llega a su hotel. Acostado en la cama con la mira al techo, lo único que puede pensar es en la voz y el olor de la chica que lo atropelló. Era absurdo, no era algo morboso ni romántico, pero desde que la vio no podía sacarla de su cabeza, y empezaba a rendirse con su búsqueda, ya que después de varios días y varios lugares en los que intento encontrar información, no aparecía funcionar. ─Señor. ─tocan la puerta. ─pase. ─dice sentándose sobre la cama. El camarero entra con un carrito de comida, un par de platos son descubiertos mientras él se levanta saca un billete de veinte de su billetera y se lo entrega al camarero, ─Gracias, señor. ─dice y se retira dejando la comida. Carne, un poco de pasta y vino. Su comida olía delicioso, una vez más el olor a rosas invadió su mente. Su mirada triste, su fragilidad de llorar por la culpa, su insistencia y preocupación volvieron a su cabeza, con su suave voz e insistente de eco. Da un par de bocados, pues su estómago empieza a rugir, ya que no ha comido nada en todo el día. Satisfecho y cansado por andar todo el día fuera entra a darse una ducha, después de todo, ¿qué sentido tenía seguir buscandola?, ¿y si es ella la que no lo quiere ver?, no era un hecho irrefutable, pero era una posibilidad, después de todo, ella se fue con él y teniendo su número de teléfono no ha llamado, no ha preguntado por él con Sabrina, o su hermana ya se lo hubiera dicho. Acostado presionando una y otra vez la tecla del control remoto del televisor mira sin mirar una y otra vez, su mente está en blanco, pero su dedo pulgar continúa presionando la tecla, y eso sigue cambiando hasta que una llama su atención. "Anastacia Argento, una vez más haciendo de las suyas" ─dice una presentadora de televisión muy entusiasta, mientras muestra en la pantalla fotografías que fueron tomadas después del accidente. ─¿Anastasia Argento? ─musitó viendo las fotografías. Incluso en fotografías improvisadas después de un accidente se ve bonita. ─pensó al ver las fotografías. "Poco o nada se sabe del héroe que aún después de ser atropellado, por la joven que se ha visto en el ojo del huracán por el reciente escándalo en el que se la vincula a un político que además está casado, la ayudó a huir del lugar cuando fue invadida por los paparazzi. ¿O es que también es uno de los tantos guardaespaldas de la nada polémica familia Argento? ─dice a tono de sarcasmo, mientras hace comillas con sus dedos. ─Al parecer este ha sido el año de la familia, ya que corrupción, sobornos, atropellos y más podemos ver de ellos, y ya ni hablar de la aún desconocida "esposa" del heredero, misma que se ha dado a la fuga, o eso se presume... Los cortes comerciales aparecen cortando la transmisión tras esas declaraciones, y Fernando pierde todo el interés en el televisor, así que lo apaga sin más. ─Así que ella es una Argento. ─musitó para sí mismo en la soledad de su silenciosa habitación. Sacudió su cabeza y salió de la cama, tan pronto como se cambió, tomó sus llaves y salió de la habitación. Quiere dar una vuelta, su cabeza da vueltas con las mismas preguntas ¿dónde está Ángel?, ¿por qué no ha llamado?, estará bien?, pero ahora lo invade otra pregunta, ¿porqué no aceptó el pago por su moto?, de haberlo hecho podría haber hablado con ella y tal vez sacarle algo de información que nadie más le ha querido dar. Da vueltas por las calles de la ciudad, las más habitadas que están llenas de personas que van en todas las direcciones, así como las más desoladas que apenas y tienen un par de personas sacando a pasear sus perros, no hay nada que le llame lo suficiente la atención, por lo que decide regresar a su hotel despues de un par de horas de estás fuera. A un par de calles de su hotel, en uno de los callejones, al detenerse en un semáforo, alguien que parece discutir dentro de un auto llama su atención. Está un poco oscuro dentro, pero puede distinguir a una mujer y un hombre, o eso cree ya que uno de ellos tiene el cabello largo y brilloso, mismo que resalta pese a la oscuridad. Voltea su mirada al semáforo y pese al ruido de los autos, y algunas personas por el lugar escucha un grito, un casi de inmediato un golpe. Por instinto, o sentido común regresa su mirada al auto que ha visto ante, y ve bajar a una joven que parece tener dificultad para caminar. entrecierra los ojos intentando agudizar su vista mientras apaga su moto, dudando si es necesario que él intervenga, pero al ver que la mujer que camina con la cabeza inclinada al suelo dejando que su cabello cubría su rostro a tan solo dar unos pasos es sorprendida de nuevo por el tipo del auto que se baja y tira de su brazo con fuerza, baja del auto y corre al recate de la mujer. El hombre levanta la mano dispuesto a golpearla con el puño cerrado en cuanto ella levanté la mirada, Fernando lo empuja con todas sus fuerza y lo hace caer al suelo. ─¡¿que demonios?! ─ve sus manos sucias el hombre, no puede creer que ha sido tirado al suelo. Al tenerlo así, en el suelo, él se ve desconcertado, pero no es un chico, no es joven en realidad, es un hombre algo mayor con traje. Volteó a ver a la joven y para su aún mayor sorpresa, la joven es Anastasia Argento, se ve asustada, sostiene su mejilla izquierda con ambas manos, sus ojos están rojos y está temblando. ─Mira nada más. ─sonríe quitándose los guantes de conducir con la mirada amenazante. ─todo un político golpeando mujeres. ─enarca una ceja. El hombre se levanta rápido y arregla su ropa. ─Esto no es tu asunto. ─ladea su cabeza de lado de Fernando, pero mantiene su mirada fija en Anastasia, que se ve muy asustada. ─No te lo diré de nuevo. ─señala con el dedo amenazante.- ─Largo de aquí. ─ordena Fernando poniéndose frente a Anastasia, quien no se ha movido, ni ha dicho una sola palabra. ─Ella viene conmigo. ─se acerca amenazante. ─No lo diré de nuevo. ─gruñe devolviendole las palabras que él le ha dicho a ella. ──¿quién te creés que eres?, ¿un estúpido héroe? ─bufa de manera burlona. ─Ya vendrás, siempre lo haces. ─dice subiendo a su auto y saliendo del callejón de reversa, para irse por una calle menos iluminada. Los autos suenan el claxon sin parar, pues la moto de él ha quedado a mitad de la calle varios minutos después del cambio de color en el semáforo. ─Estás... ─intenta acercarse, pero ella retrocede asustada. ─mírame. ─dice y ella continúa en una especie de shock. ─Soy el hombre al que atropellaste, mírame. ─dice y esta vez ella levanta la mirada, mientras baja lentamente sus manos. El labio hinchado, su rostro sangrando y la mitad de su rostro enrojecido. ─Te llevaré... ─No pueden verme así. ─solloza atemorizada. ─por favor, nadie puede verme así. ─insiste y rompe en llanto. Como si alguien hubiese alertado de su presencia, una trifulca de fotógrafos empiezan a llegar. Rápidamente Fernando se quita la chaqueta de cuero marrón, el casco cerrado y se los coloca a ella. ─Ven conmigo. ─dice tomando su mano y subiendo con ella en la moto, perdiendo rápidamente a los fotógrafos en el tráfico.
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