Baby, if you're done with love, who's gonna hold you tonight?
Are you done with love so they can't hurt you tomorrow?
Mi cerebro se concentra en la canción que sigue sonando en la radio dentro de casa, pero la voz es interrumpida y opacada cuando mi padre cierra la puerta a nuestras espaldas.
Mi papá las llaves de su limusina en mis manos, con una sonrisa de satisfacción. Se cruza de brazos y me mira con el mentón bien arriba y una ceja enarcada. Yo rasco mi frente, nerviosa.
- Pa, ya te dije que lo sentía - mi voz es un martirio, como yo.
Mi papá encoje sus hombros y menea la cabeza, elevando su dedo índice al costado de su rostro.
- Las disculpas no solucionan todo en esta vida, niña - me regaña -. Este será un buen escarmiento.
Se ríe cuando miro a la limusina sobre mis hombros y hago una mueca de dolor.
- No me molesta tomar el bus. - intento convencerlo, aunque sé que será imposible.
Ayer por la noche, cuando llegamos de dejar a Adler en su casa, tuve que contarle a papá lo del accidente. Incluso aunque no se hubiera dado ni cuenta, porque Penelo... Porque la limusina quedó sin ningún rasguño, la culpa me consumiría si no le contaba la verdad de lo que había sucedido.
Debo decir que pocas veces vi a mi padre exaltarse, y pocas veces lo escuché regañarme tan severamente como ayer. Por supuesto que, después de unos cinco minutos de rabieta, se preocupó más por el hecho de mi responsabilidad a la hora de conducir, y de lo que podía habernos pasado.
Todo eso lo llevó la conclusión de castigarme, lo cual es justo y entendible. No le discutí al respecto. Hasta que esta mañana, no se le ocurrió mejor idea de castigarme que hacerme pasar vergüenza en el instituto.
- Pues a mí si me molesta que lo hagas. - me sonríe maliciosamente y yo cierro los ojos, soltando un suspiro, vencida.
Los brazos de Bea me rodean los hombros y me pega a su cuerpo con un entusiasmo que me pone de malhumor.
- No te preocupes, Cornell, cuidaremos de Penelope como si la hubiésemos parido. - dice mi amiga, con una gran sonrisa.
Por supuesto que Bea está encantada con la idea de llegar en una maldita limusina al instituto. Por supuesto que lo está.
Mi padre frunce el ceño, confundido, mirando a mi amiga y luego suspira.
- Okey, andando... no querrás llegar tarde, ¿no, hija? - con una sonrisa falsa y una palmadita en el hombro, acomoda su camisa y vuelve a entrar a la casa.
Bea suspira y toma mi mano, empezando a arrastrarme hacia Penelope.
- Presiento que será un gran día.- dice ella, feliz.
- Un gran día para tirarse frente a un camión.
Bea me mira con una mueca horrorizada, muy exagerada y revolea los ojos.
- Tú y tu bendito humor de las mañanas - niega con la cabeza -. Sigo sin tolerarlo.
Ya en el auto, conduciendo hacia el instituto, no dejo de pensar en el hecho de que no solo entraré al parking lot de mi instituto en una limusina, sino que, como obviamente tendría que sucederme aquel era el bendito día en el que tendría que enfrentar a los chicos de BHAD.
Muerdo mis uñas con nerviosismo y cubro mi rostro haciendo una cortina con mi cabello, mientras acomodo la capucha de mi sudadera perfectamente bien en mi cabeza, para que cubra lo más posible todo mi cráneo.
Bea bufa a mi lado.
- Eres una exagerada, Beck - dice, mientras aplica gloss en sus labios distraídamente -. Todos se volverán locos cuando nos vean llegar en Penelope.
- Si, locos de la risa.
Obviamente no iba a decirle que una de las tantas razones por pasar extra-desapercibida era la mínima posibilidad de evitar ver a Adler, Henry, Dylan o, peor, Blake. Definitivamente no podía volver a verlo a la cara después de lo que le dije la noche anterior.
"Blake, tu nombre combina con el mío". Dios, soy una ridícula.
Bea revolea los ojos y yo rasco mi frente con fuerza, en un acto nervioso. Estamos en el último semáforo antes del instituto y no estoy preparada emocional o psicológicamente para que todos me vean llegar en una limusina.
- Estás loca de atar - dice Bea -. Por cierto, ¿Qué pasó con Cameron esta mañana? ¿Por qué no pasamos por él? - me enderezo y paso la lengua por mis labios ante su pregunta, pero mi amiga no me presta atención -. No es que extrañe su presencia precisamente, pero... ¿Qué? ¿Por qué esa cara?
Suspiro y vuelvo los ojos al frente mientras el semáforo cambia a verde de nuevo.
- Me dijo que Bill iba a pasar por él - suspiro, como por décima vez en diez segundos -. Aunque creo que quiere ignorarme.
- Oh, ya veo - Bea se acomoda mejor en el asiento cuando doblo hacia la izquierda para entrar al parking lot del instituto, sonriendo emocionada y acomodando su cabello -. Quizás solo está asustado.
Bufo mientras acomodo mejor la capucha en mi cabeza.
- ¿Asustado? ¿Y qué hay de tenebroso acerca del sexo?
Mi tono sarcástico vacila cuando, por el parabrisas, noto como todos los alumnos se giran a observar la limusina por mucho tiempo mientras avanzo, buscando un lugar para aparcar de una vez por todas.
A diferencia de mí, Bea disfruta la atención que recibe, pues acomoda su cabello e incluso baja la ventanilla, mostrando su sonriente rostro a todo quien se nos queda observando.
- No me refiero al sexo en sí - dice entonces mi amiga, mientras sonríe, hermosa -. Quizás le tiene miedo a tu amiga.
La miro con los ojos bien abiertos.
- Ok, no tengo idea de lo que estás hablando.
- Ya sabes, Beck - revolea los ojos -. Quizá tiene miedo de que tu v****a sea mágica, y que una vez después de probarla no pueda desear otra cosa además que estar contigo.
- Pues espero que mi novio desee solo estar conmigo. - respondo con obviedad y Bea bufa incrédula -. ¿Qué?
- Todos saben que las relaciones de la preparatoria nunca duran - me mira con una ceja enarcada -. Te guste o no, tú y Cameron fueron hechos simplemente para terminar y ser un buen recuerdo de un crush de secundaria.
La miro ofendida, y algo dolida incluso para luego volver mi vista al frente y empezar a aparcar a Penelope. Intento acomodar mis sentimientos lastimados para poder responderle a mi amiga, así que no me sorprende que ella espere pacientemente por mi respuesta mientras me mira.
- No creo que tengas razón - le respondo al fin y ella suelta una risita. Saco la llave del contacto y la miro dolida -. Bea, Cameron es mi novio. Lo quiero.
- Exacto, lo quieres - apunta de nuevo y su mirada se suaviza un poco -. No me digas que esperabas durar para siempre con él.
- Normalmente, cuando empiezas una relación, lo haces con la sensación y el deseo de que sí, de que sea para siempre - mi tono es duro y la miro fijamente, ella asiente de a poco y comprende que se ha pasado un poco de la raya.
- Va, lo siento - asiento ante sus palabras -. Pero, esta noche irás a su casa. Ahí tendrán toda la privacidad del mundo para ciertas cosas - me guiña un ojo y me empuja por los hombros, con el intento de hacerme reír, y lo logra -. Y, si quieres también, para hablar de tus dudas.
- Si, tienes razón.
Me tira un beso, haciéndome reír y entonces sube y baja las cejas rápidamente varias veces, emocionada, antes de abrir la puerta de la limosina y bajarse, moviendo su cabello a sus costados como si estuviera en una película.
Entonces, vuelvo a la realidad. Suelto un gruñido, que suena doloroso, reflejando como me siento, y tomo la capucha de mi sudadera con fuerza, llevándola todo lo que me permite hacia adelante.
Siento todos los ojos encima de mi y eso me hace encoger de la vergüenza. Bajo la cabeza y camino rápidamente hasta estar junto a Bea, quien se muestra orgullosa y feliz. La tomo por el brazo y ambas empezamos a avanzar por el estacionamiento del instituto, pasando entre muchos estudiantes que nos observan, según yo con una mueca de gracia, y según Bea con una cara de sorpresa y admiración. Y estoy segura de que la que tiene razón soy yo.
- Vamos, camina más rápido - digo entre dientes, tomándola de la mano e intentando arrastrarla junto conmigo. Pero su altura y fuerza me limitan mucho.
- Sácate esa capucha, Beck - me susurra -. Deja que todos vean tu cara hermosa.
- Noup, gracias. Mi cara hermosa está cómoda en la oscuridad de mi cabello. - le sonrío con los labios apretados y ella revolea los ojos.
- Pero, Beck...
- ¡Hey, chicas! - una voz masculina, que viene desde atrás, interrumpe la oración de Bea -. ¡Beck! ¡Bea!
Abro los ojos como platos al reconocer esa voz y cuando intento acelerar el paso, la mano de Bea apretando con fuerza la mía me detiene por completo. Observo las escaleras que guían al interior del instituto con añoranza y tristeza, rendida. Lentamente, me giro sobre mis talones.
- ¡Hola, chicos! - dice mi amiga, feliz, demasiado feliz.
Mis ojos se encuentran con el rostro de Adler y el de Dylan. Están de pie frente a nosotras, luciendo una sonrisa amigable y siendo malditamente irresistibles sin siquiera esforzarse un poquito.
Los ojos de Adler se encuentran conmigo y frunce el ceño, sonriendo divertido y confundido.
- ¿Por qué el disfraz? - me pincha. Da un paso hacia mi y, haciendo una mueca divertida toma los costados de mi capucha y me la quita -, ¿Vienes en cubierto ahora, Beck? ¿Estás intentando esconderte de alguien? - entrecierra los ojos y sonrie encantadoramente.
Mi corazón casi se detiene en ese instante, pero de alguna forma me logro mantenerme en pie.
Acomodo mi cabello con mis manos y suelto un suspiro.
- Solo intento ocultarme de la vergüenza inevitable que conlleva conducir una limusina. - contesto, sonriendo con los labios apretados.
Adler suelta una risita.
- Ya estaba pensando que planeabas evitarnos. - dice, en un tono aliviado.
- Oh, eso también.
Adler eleva las cejas en sorpresa.
- ¿Evitarnos? - Dylan me mira con el entrecejo fruncido -, ¿y eso por qué?
- Por la vergüenza de haber asesinado a José - Bea dice y se ríe. Los chicos asienten y ríen a su vez, entonces, noto el cambio en la mirada de Bea, y la forma distinta en la que sonríe a Dylan -. Dylan, ese color de cabello te queda increíble. Te ves genial.
Entonces sucede algo que no me venía venir para nada: el rostro de Dylan se torna rojo, tan rojo como el color carmesí de las uñas de Bea. Traga saliva un segundo, abriendo y cerrando la boca repetidamente, sin poder articular una palabra coherente.
Adler lo mira con una ceja enarcada y el ceño fruncido, mientras niega ligeramente con la cabeza, con una expresión de sorpresa y algo de decepción. Bea sonríe entretenida y feliz de haber causado algo en Dylan. Mientras que el pobre acomoda sus gafas una y otra vez.
- Um, g-gracias, Bea - sonríe, mirando al piso un segundo y luego la encara de nuevo -. A mí me gustan tus... - vacila -, tus zapatos son bonitos.
Adler presiona el puente de la nariz y mira al piso, negando con la cabeza lentamente. Yo sonrío, conteniéndome para no emocionarme de más y miro a mi amiga, quien tiene una expresión de felicidad y halago en su rostro, mirando coqueta y algo embobada a Dylan.
- ¡Gracias! - dice, emocionada, mirando sus botas -. Fueron muy costosas y estuve horas intentando escogerlos.
- Fueron una buena elección - Dylan le sonríe y acomoda sus gafas de nuevo, para luego pasar una mano por su cabello -. Le van a tus pies.
Adler mira confundido a su amigo y bufa exasperado, palmeando la espalda de Dylan con más fuerza de la necesaria.
- Okey, ¿Cómo esta charla terminó en pies? - agita la cabeza y encoje sus hombros después -. En fin. Beck, a la salida iremos a tu casa. - dice, recordándomelo.
Nuevamente, rasco mi frente, ansiosa.
- Sí, sí. Lo recuerdo - suspiro pesadamente -. Supongo que... nos veremos al horario de salida, entonces.
Una sonrisa pícara se extiende por el rostro de Adler y pasando una lengua por su labio inferior, da un paso hacia adelante y me mira desde arriba, con una expresión petulante que le queda, por desgracia, divina.
- Incluso puede ser que antes - dice, con sus ojos sin apartarse de los míos. Yo trago saliva -. Nos vemos, chicas.
- Chau. - Dylan agita su mano algo tímidamente, pasando su mirada de Bea al piso una y otra vez. Ella le sonríe, y yo estoy demasiado conmocionada como para reaccionar de alguna manera en específico.
Cuando ambos están lo suficientemente alejados, logro divisar a lo lejos a Henry y a Blake. Ambos están recostados contra un auto. Henry abraza por los hombros a una morena y ambos se ríen. Mientras que Blake tiene sus manos en la cintura de la chica frente a él, quien le habla animadamente, pero él no la mira exactamente. Tiene los ojos fijos en el piso.
En el momento en que Dylan y Adler se acercan lo suficiente, Blake levanta la mirada y hace una seña con la cabeza a Adler, quien se encoje de hombros y supongo que le dice algo, porque Blake se ríe y niega con la cabeza.
Por alguna razón, me le quedo mirando unos segundos. Mirándolo de verdad.
No cabe duda de que es demasiado atractivo para su bien. Tampoco cabe duda que sabe que lo es. Como sonríe, como toca su cabello, la forma en la que mueve sus manos, la misma forma en la que simplemente está de pie. Todo eso refleja su extremada confianza.
Tiene el porte de un artista. Eso sí. Sabe que es uno, y que es bueno.
Me le quedo mirando unos segundos más antes de dar media vuelta y caminar hacia el interior del edificio. Me siento un poco decepcionada por el hecho de que no me ha mirado ni un segundo, pero tampoco era algo que esperaba que hiciera.
BLAKE JACOBS
- A Dylan le han dicho que está guapo y casi se mea encima de los nervios - bromea Adler, riéndose mientras se acerca a nosotros.
Suelto una carcajada y niego con la cabeza, riéndome.
No me sorprende la noticia. De todos nosotros, a Dylan es al que más le cuesta acostumbrarse a la atención. No es que sea inseguro, pues si lo fuera ni siquiera tendría las bolas para subirse a un escenario. Es simplemente tímido.
- Pues tú te veías ridículo intentando coquetear con Beck. - se defiende Dylan, apoyando su espalda contra su auto, colocándose a mi lado.
Niego con la cabeza otra vez y coloco mis manos en la cintura de Cintia, quien no deja de tirárseme encima. Está como una sanguijuela hoy. Pero no me molesta demasiado. Estoy de buen humor.
- Créeme, Dylan, ni siquiera he empezado.
Elevo las cejas y miro a uno de mis mejores amigos. Adler tiene una sonrisa de suficiencia en su rostro. Me río internamente por su extrema confianza y entonces mis ojos buscan a la tal Beck.
La observo mientras sube los peldaños de la escalera del instituto. Está de espaldas, pero igualmente se nota a leguas que es atractiva. No el tipo de "atractiva" al que estoy acostumbrado, pero tiene lo suyo.
Cintia frunce el ceño y sigue mi mirada, protestante. Sé que tengo que apartar mis ojos de Beck, pero no quiero hacerlo, y ni siquiera me interesa lo que Cintia tenga para decirme.
- ¿La conoces, Blake? - me pregunta, rodeando mi cuello con sus brazos.
Obligadamente, aparto mis ojos de Beck cuando la puerta se cierra a sus espaldas.
- No.
Cintia hace una mueca.
- Yo sí - me sonríe maliciosamente -. Mi hermana cursa biología con ella. Ha ido varias veces a casa. - enarca una ceja y tuerce los labios.
Asiento.
- Ah. - sin pretenderlo, alargo la vocal.
- ¿Lo dices en serio, Cintia? - Adler se une a la conversación e inconscientemente revoleo los ojos. Cintia le sonríe y asiente efusivamente -. ¿Y qué tal, eh? ¿Algún tipo de información que puedas brindarme?
- Pues... - empieza, pero la interrumpo.
- No te esfuerces mucho, Ad. Tiene novio - le digo, mi tono es despreocupado, al igual que la expresión de Adler, quien bufa.
- ¿Y? - se ríe -. Eso siempre puede cambiar. Puedo hacerlo cambiar.
- No querrás ir a arruinar su relación simplemente por pasar una noche con ella. - mi tono de reproche, y algo enojado incluso, me molesta hasta a mí.
Adler suelta una sonora carcajada.
- ¿A caso estoy frente al rey de la moralidad o qué? - bromea y me mira con los ojos entrecerrados -. ¿Me corregirás a mí cuando tú literalmente te la pasas arruinando relaciones? - lo miro mal -. Y psiquis femeninas, debo agregar.
- Y eso no me ha traído más que un mal temperamento y un par de costillas rota - miro entretenido a Cintia, quien me observa un segundo con mirada de "lo siento".
Claro, la última pelea que tuve con un ex despechado, fue exactamente con el de ella, así que entiendo su expresión.
- Tú tienes tu fama, Blake - dice Adler, restándole importancia -. Además, quién sabe a dónde irá todo.
Contengo una risa y lo miro incrédulo.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- ¿No andas viendo sus historias de i********: recientemente? - Henry se une a la conversación, apartando sus labios de los de la amiga de Cintia, cuyo nombre no recuerdo, y rodeando los hombros de Adler con un brazo -. Todas esas frases de "si tan solo tuviera a alguien a quien abrazar a la hora de dormir..." - suelta una carcajada -. Ad está muerto de ganas por una novia.
Y entonces, suelto una verdadera carcajada.
- Ya, como si Adler Mickels fuera a asentar cabeza en cualquier futuro cercano - Dylan dice en tono burlón.
- Hey - Adler lo señala con un dedo -, los milagros ocurren.
Me río.
- Ni la conoces. - le recuerdo.
Adler se encoje de hombros.
- Eso se puede solucionar - se cruza de brazos, sonríe ampliamente. Yo lo miro hastiado y él bufa -. Es guapa. Parece buena gente y le gusta nuestra banda.
- Te aseguro que puedes encontrar veinte más así en cualquiera de nuestros conciertos.
- Oh, vamos Blake - se acerca y me sacude un poco por los hombros -. No seas un amargado.
- Solo está celoso porque él morirá de una sobredosis, soltero y en un apartamento rodeado de mujeres desconocidas cuando sea grande - pongo los ojos en blanco ante las palabras de Henry -. Mientras que tú, hermano - palmea la espalda de Adler -. Tendrás una esposa e hijos.
- Pobres niños. - Dylan hace una mueca de horror.
Me río negando con la cabeza y vuelvo mi atención a Cintia de nuevo. Ella me mira fijamente, con los ojos algo entrecerrados. Pero cuando mis ojos vuelven a los suyos, su mirada me recuerda a miradas que ya he visto mil veces antes, en los ojos de otras personas. No hay nada más que simple interés superficial, y por como mueve su cabello de un costado al otro, sé que lo hace para llamar la atención de las personas que pasan a nuestro lado.
Todo es vacío e insulso en ella.
Pero está buena.
Cuando sus ojos miran mis labios, no dudo un instante en inclinarme hacia adelante y besarla Su boca es pegajosa por su brillo labial y sabe a chicle de frambuesa.
Odio el chicle de frambuesa. El de menta es mil veces mejor.
A lo lejos escucho la voz de Henry.
- Quizás yo también tengo ganas de tener una novia. Una de verdad. Oficial.
Me aparto de Cintia al instante y lo miro con los ojos bien abiertos, al borde de una risotada. Los tres lo miramos incrédulos y Henry se cruza de brazos, incómodo ante nuestra forma de mirarlo.
- ¿Qué? - pregunta, como si nada.
- Henry, la única novia que podrías tener sería tu guitarra. Y a veces ni siquiera ella te tolera. - dice Dylan.
- Eso y tu mano derecha. - Adler le da un codazo, bromista.
Henry revolea los ojos.
- ¿Qué les pasa a todos hoy? - Dylan nos mira confundidos, yo enarco una ceja -. ¿Por qué de pronto están con el tema de tener novias?
Henry se encoje de hombros y observo a Adler pensarse la respuesta un segundo. Cuando abre la boca para hablar, es interrumpido por la voz de Cintia.
- ¿Y qué hay de ti, Blake? - todos la observamos, ella sonríe pícara y juguetea con el cuello de mi campera -. ¿Tú no quieres una novia? - me mira a los ojos y sube las cejas, mordiéndose el labio inferior.
No pasa ni un segundo hasta que los chicos empiecen a reírse como locos. Yo suelto una pequeña risita nasal y niego con la cabeza, acariciando de manera reconfortante la cintura de Cintia, quien observa confundida y ofendida a los tres monos a nuestro alrededor riéndose como los idiotas que son.
- No, linda - le respondo en el mejor tono que puedo, aunque me aguanto la risa. Aparto el cabello de su cara decepcionada y niego con la cabeza -. Las correas de cachorro no me van.
Y es cierto.
Soy una persona demasiado inestable como para empezar una relación. Lo que menos deseo es echar a perder la estabilidad mental o emocional de alguien más. Nadie se merece eso. Nadie se merece una bomba nuclear como Blake Jacobs.
- Hoy es el día de los chistes - Dylan se ríe y limpia una lágrima falsa de su ojo.
- Créeme, Cintia - empieza a decir Henry -. Este muerto antes que en pareja.
- No te lo tomes personal, eh - agrega Adler -. Si Blake quisiera una novia, ya la tendría. Pero ese mártir que tienes enfrente tuyo - chasquea la lengua, negando con la cabeza -. No estará listo jamás para una relación.
Cintia frunce el ceño y me mira fijamente, haciendo un puchero.
- ¿Por qué? - me pregunta.
Suspiro y ladeo la cabeza.
- Demasiados traumas infantiles - le contesto.
Se queda pasmada ante mi respuesta, pero mis amigos se ríen. Y en verdad todo lo que necesito es que mis amigos se rían de mis bromas de mal gusto y sarcasmo inevitable, aunque es eso todo lo que cualquier persona necesita en serio.
Cintia se ríe, aunque la noto algo incómoda, pero cuando se inclina de nuevo hacia adelante para besarme, la aparto de mi tomándola por la cintura de nuevo. Eleva una ceja y me mira enfadada.
Chasqueo la lengua.
- Tenemos clases - y, como Dios estuvo de mi lado una vez, en ese momento la campana sonó -. Ahí tienes. Nos vemos después, Cin.
Tomo mi mochila del piso y la cuelgo por mi hombro. Henry, Adler y Dylan empiezan a seguirme el paso, pero siguen riéndose entre dientes hasta cuando entramos al instituto.
- Ya. El chiste pasó. - los miro sobre mis hombros y Henry literalmente está al borde de las lágrimas.
- Bro, no te volverás a acostar con Cintia nunca más en tu puta vida - Henry dice, para luego soltar una carcajada.
- O al menos yo no lo haría después de eso. - agrega Dylan.
Bufo y revoleo los ojos.
- Claro que me la volveré a follar - encojo mis hombros -. Quedamos esta tarde.
- Cancelará. - me advierte Adler, entretenido.
- No lo hará - chasqueo la lengua -. La buscaré luego del primer período y nos besaremos un buen rato. Se le pasará después de eso y unas cuantas palabras bonitas - encojo mis hombros, despreocupado -. Después de todo, es solo...
Detengo mi oración.
Solo... solo, ¿qué? ¿Solo una chica? ¿Solo sexo? ¿Solo Cintia? ¿Solo qué?
No tengo ni la menor idea.
- Yo no estaría tan seguro. - comenta Adler.
- Pues yo lo estoy - lo miro mal y luego me giro hacia Henry -. Me prestas tu casa, ¿no?
Bufa, exasperado y envía su cabeza hacia atrás.
- ¿Otra vez? - se queja. Asiento.
- ¿Por qué no la llevas a tu casa, Blake? - indaga Dylan.
- Mi tía y primas están ahí - me revuelvo ante el escenario de Cintia entrando en mi casa y teniendo que saludar a mi tía de camino a mi habitación -. Ya saben que no me gusta esa situación.
Se miran un segundo entre ellos, pero al final Henry solo termina asintiendo.
- Claro, no hay problema - dice y coloca una mano en mi hombro -. Iremos luego de pasar por la casa de Beck.
Miro de reojo a Adler, quien frota sus manos y luce una sonrisa demasiado emocionada, incluso para él. Me muerdo el interior de la mejilla y camino hasta el final del pasillo. Dylan y yo entramos a nuestra clase y ocupamos nuestros lugares la tercera fila, junto al ventanal.
El profesor no tarda en llegar, y aunque intento prestarle atención a lo que dice, me es imposible sacarme la imagen de Adler emocionándose y hablando respecto de esa chica tan... tan emocionado, como si estuviera a punto de correr una maratón para la que se ha estado preparando.
Pero lo entiendo. Adler es así. Cuando conoce a una chica que le gusta lo suficiente físicamente, se enfrasca en una sola cosa: acostarse con ellas. No lo juzgo por eso, todos somos así en el fondo, tanto hombres como mujeres. Hoy en día nadie se pierde la oportunidad de follar, jamás. Es normal.
Solamente esperaba que estuviera bromeando con eso de querer una novia. Beck no lucía como el tipo de chica capaz de tolerar a alguien como Adler. Nadie con sentido común toleraría a ninguno de nosotros, no podrían vivir con la idea de que la idea de la infidelidad estaba demasiado normalizada. Bueno, excepto Dylan, él es el único de nosotros que se salva.
Pero, Adler, Henry, y yo... esa es otra historia.
Henry ha tenido novias. Muchas novias. Le gusta estar en pareja. Le gusta tener a alguien y decir que tiene a alguien. Le gusta la idea del amor y de todos nosotros, es quien más rápido se enamora. De hecho, terminó con la mayoría de sus exnovias porque cuando encontraba a otra chica, juraba volver a enamorarse. Entonces las dejaba y luego empezaba de cero con alguien más. Henry disfruta todo eso de las parejas. Pero también disfruta demasiado el hecho de que, mientras mejor nos va con la banda, más posibilidades tiene. Entonces, todas sus últimas relaciones terminaron porque a Henry empezó a hacérsele difícil mantenerse cuerdo y fiel.
Ahora, dejó atrás ese mal hábito de ser un novio infiel, y solamente se involucra con chicas que saben que de una noche, o unas cuantas noches, no pasará a más.
Adler es como él. En ciertas facetas. Pero lo que de verdad le encanta a Adler, es el antes. La emoción de la persecución, el poder seducirlas y saber que tenía el control y la posibilidad de salirse con la suya. Lo que sí, no es deshonesto. No les promete un mundo de flores, bombones y finales felices. Se muestra como lo que es con orgullo y claridad: un fanático de la seducción.
Por último, estoy yo. Y lo único que sé como hecho acerca de mí es que me gusta follar. Pasé demasiado tiempo de mi vida sin sexo y no planeo perder un segundo más. Ser el cantante de BHAD ha ayudado muchísimo con mi cometido y no puedo estar pasándola mejor. Y no es que le tema al compromiso... simplemente, jamás lo he intentado. Ni quiero hacerlo. Demasiadas cosas saldrían mal. Y estoy seguro de que el noventa por ciento de esas cosas serían por mí culpa. Y no quiero arruinar la vida de nadie cuando lo peor suceda.
- Hey, Blake - miro a Dylan cuando me despierta de mis pensamientos -. ¿Crees que Adler lo diga en serio?
- ¿Qué cosa?
- Lo de Beck - parece algo aturdido -. Lo de intentar algo con ella.
- Claro que lo dice en serio - envío mi cabello hacia atrás con mi mano -. La parte de tirársela, al menos. Esa sí la dice en serio.
- Ya, sí. Pero, ¿Y la parte de intentar llevarlo más allá? - se ve preocupado.
- Es Adler - le digo con obviedad -. No le sale llevar nada más allá. Follarán y ya. Con suerte.
- Se veía bastante emocionado con respecto a ella.
- Se le pasará en unos días - le aseguro -. Además, ni siquiera tiene posibilidad con ella. Tiene novio.
Un novio que no quiere tener sexo con ella, por muy imposible que eso suene.
- Eso nunca ha sido un impedimento para ninguno de ustedes.
Suelto una risita.
- ¿Y para ti sí? - enarco una ceja y él revolea los ojos -. ¿Por qué estás tan preocupado, de todas formas?
- Es solo que... - duda un segundo -. Beck parece agradable. No me gustaría que terminara por odiarnos solo porque Adler hizo algo malo - vacilo -. Hemos visto la pasarela de chicas que terminan con el corazón roto. Ninguna de ellas volvió a nuestros conciertos jamás.
- Bueno, pues vete acostumbrando a no verla más entre el público, porque Adler definitivamente hará algo malo, así que... - rasco mi nuca y anoto lo que el profesor escribe en la pizarra -. Si tanta mala espina te da, ¿Por qué no hablas con ella?
Dylan casi se queda pálido.
- ¿Q-que hable con ella? - asiento. Traga saliva sonoramente -. No, no. Eso sería humillante. Las cosas podrían malinterpretarse y además, me has dicho que tiene novio. Quizás no haya nada de qué preocuparse.
- Si. Quizás.
Intento volver mi atención al profesor, pero no logro retener una sola palabra de lo que dice. Apenas si soy capaz de escribirlas en la hoja. Lo único para lo que mi cabeza parece tener espacio es para Adler y la sola idea de que las cosas con Beck no terminarán bien.
Aunque quizás, con mucha suerte, no lo tome personal después de que suceda. Bueno, si es que sucede.
La he visto varias veces entre el público. Tiene toda la pinta de una de esas groupies. Así que quizás no rechazará a Adler en su momento, pero, ¿y ese noviecito suyo, qué? ¿Será capaz de dejarlo por Adler, o de engañarlo con él? Eso sería jodido de verdad. No quiero tener que meterme en una pelea después.
¿Por qué pienso tanto en toda esta mierda, de todas formas? No tiene sentido. No tendría que meterme o preocuparme al respecto. Y no lo hago. Es más, seguramente ella y Adler terminen acostándose en una fiesta después de alguna presentación y entonces él se daría cuenta de que ni siquiera le atraía demasiado. Quizás y ella de verdad sea una fan algo desquiciada y quiera pasar a otro de nosotros luego de Adler. Quizás vaya con Henry o Dylan después. O quizás conmigo.
Me revuelvo al considerar la idea.
No estaría tan mal.