Capítulo//05

1086 Words
Sophie miraba su muñeca, tenía la marca de sus uñas clavadas en su piel. Se masajeaba la muñeca, soltando algún gemido de dolor. La marca que le había dejado, le dolía. No podía entender cómo podía ser tan mala con ella, si no había hecho nada malo. Se sumergía en sus pensamientos, en aquella cocina, sola y con aquel silencio. —¿Sophie? — la voz de Derek, la sobresaltó. Tapó su muñeca y miró hacia la puerta. —¿Esta bien? —Si, muy bien. — sonrió levemente. —¿Desea algo? —No, bueno, creo que sí. — ella asintió. —Me iré de viaje un par de días, pero cuando regrese, espero que tenga una respuesta. — ella volvió asentir. —Hijo. — la madre apareció, interrumpiendo a los jóvenes. Ella bajó la mirada, cuando aquella mujer, la miraba con mala cara. —¿Cuando te vas? —En dos horas. — respondió. —¿Por qué? —Para estar un rato juntos. — le sonrió. —¿Te vienes? —Si, voy. — miró a Sophie y la guiñó un ojo. Sophie se había quedado sola, esa mirada, le había dado miedo. Esa mujer era mala, cruel y despiadada. Sería capaz de todo, incluso de matar. Después de un par de horas, la mujer apareció en la cocina. Sophie la miró, bajando la mirada. —Te diré, dos palabras muy sencillas de entender. — Sophie tragó saliva. —¡Estás despedida! Para Sophie, escuchar esas palabras, fue horrible. No tenía a donde ir y tampoco mucho dinero, para gastarlo en un hotel. ¿Donde iría? Esa mujer la echó a la calle, sabiendo que no era de Alemania. —Alteza, no sé a dónde ir. — suplicó la joven. —Eso a mi, no me importa. — respondió. —Puedes vivir debajo un puente y comer de la basura, eso a mí, no me incumbe. Solo quiero que te vayas de aquí y estés lejos de mi hijo. — Sophie dejó caer sus lagrimas. —Te doy una hora, para que te largues de aquí. Sophie limpió sus lagrimas cuando esa mujer se fue, la habia despedido y tenía a su familia lejos. Esa mujer tenía el corazón podrido y no tenía alma. Salió de la cocina y se fue hacia la habitación que ocupaba desde que trabajaba ahí. En la habitación, María no estaba, entró y cogió la maleta de debajo de de la cama. Hacia su maleta con los ojos llorosos, con pena y dolor. La dolía irse de allí, no volvería a ver a Derek. Pero lo más importante, es que no tenía a donde ir. Escuchó la puerta abrirse y entró María, la mujer al verle hacer la maleta y llorando, con preocupación se acercó a ella. —Muchacha, ¿pero que ocurre? — preguntó. —¿Qué ha pasado? —Esa mujer me ha despedido, me ha echado. — respondió y María la abrazó. —No sé a dónde ir, no tengo a nadie. —Esa mujer es una arpía, ¡Dios! Cómo la odio. — exclamó. —Espera. — se acercó a su cajón y cogió algo de ahí. —Toma, ve a mi casa. — Sophie, se había quedado incrédula. —No te voy a dejar en la calle. —Maria, no, es mucho. — se negaba a coger las llaves. —No digas tonterías, somos amigas y eres como una hija para mí. — ella sonrió. —Cógelo y ve a mi casa, te apunto la dirección. —Gracias, María. — ella negó —No la des, yo voy los fines de semana. — Sophie asintió cogiendo la nota. —Yo te veré y hablaré con Derek de esto. —No, no quiero problemas. — siseó. —Él está de viaje y ella se aprovechó para echarme. —Claro, es una cobarde y arpía. — exclamó con odio. —Vamos, te ayudo y el viernes te veo. Cuando hizo las maletas, salió de aquella casa con la cabeza en alto o al menos eso pretendía. Uno de los escolas reales, se acercó a ella y la cogió la maleta, se ofreció a llevarla. Muchos de ellos, eran bueno. Pero la mayoría, eran unos demonios. Se subió al coche y el escolta puso rumbo a la casa de María, al menos no se quedaría en la calle, Maria era una mujer maravillosa y tenía suerte de tenerla. Sophie miraba por la ventanilla, dejando caer sus lagrimas. Después de aguantar humillaciones, insultos y malos tratos, la echaban a la calle como un perro. Cuando llegó, el escolta, la abrió la puerta. —Siento mucho lo que te ha hecho la señora. — ella negó tras ese comentario. —No mereces eso, pero no se le puede llevar la contraria. Seguramente cuando el señor Derek venga y no te vea, te buscará. —No quiero que ellos discutan por mi, sé que la señora es mala. Pero no quiero problemas. — habló cabizbaja. —Gracias por traerme, Dominic. —Cualquier cosa, me llamas. — ella asintió. Por otra parte Derek había llegado ahora mismo al hotel de Eslovenia, él no sabía que Sophie, había sido despedida. Que su madre a sus espaldas, la echó. La madre sabía que iba a tener un conflicto con su hijo cuando se enterará. Sophie era una de las chicas que más cariño había cogido y a la que le había propuesto ser su esposa. Derek, se quitó la chaqueta y la dejó encima de una silla bien colocada. Se asomó a la ventana y miró el cielo. Jade llegó a su mente y no sabía porque, no quería pensar en ella. Sophie era mucho mejor, era más madura y tenía el corazón más puro. Cogió su teléfono y marcó el teléfono de Sophie, lo había cogido antes de irse y a escondidas. El tono sonaba, pero ella no lo cogía. Miró la hora y solo eran las nueve de la noche, ella siempre se acostaba tarde. Pero también pensó que tenía trabajo y que no tenía el teléfono a mano. "Ya estoy en el hotel y tenía ganas de escribirte, te he llamado, pero supongo que estás ocupada con cosas de la casa. En dos día iré y podré verte, descansa." Dejó ese leve mensaje a la joven y vio que lo había leído, pero no le contestó. Él arrugó su ceño, ¿ella estaba evitándolo? No, Sophie no era así, aquí pasaba algo y tenía que saber que la ocurría.
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