Había pasado varias semanas desde que Sakura buscara a Savackosk. Ese encuentro no fue la mejor, ella y él solo se dieron cuenta de lo mucho que se sentían atraídos el uno del otro, así también, ella entendió que acercarse a Savackosk sin fines de venganza, podía traerle muchos problemas.
Ella no había previsto los sinsabores que le traería el hecho de que este hombre fuera en su posición, tener enemigos hasta para regalar.
Se dió cuenta que ella podía ser fácilmente confundida como cercano a él y así sufrir acoso de sus enemigos.
Pensaba con profundidad en eso cuando entró Sandy a su habitación, y le puso al tanto acerca del siguiente en la lista de sus mandados al infierno.
—Hola Saky — ella la miró a Sandy con una sonrisa en el rostro.
— A este lo apodan el vengador —dijo Sandy. Como Sakura hiciera silencio, Sandy volvió a hablar.
—¿Sabes porque lo apodan así?
— ¿Porque? — preguntó.
— Porque no deja vivo a nadie que se mete con él — los ojos de Sandy se pusieron vidriosos, ella también añadió.
—Creo que es inteligente en su decisión, después de todo, sabemos lo que revierte los cabos sueltos — Sakura sabía que hablaba de su padre y de lo que pasó , ella endureció su mandíbula afilada.
Eso era precisamente lo que Sandy buscaba, que Sakura dejara de lado la obsesión que tenía con Savackok, quería que lo aniquilara de una vez y así sucesivamente acabar con el resto.
La conversación no llegó a nada, porque Sakura no hizo más comentarios. Días después empezaron a planear el abatimiento de otro de los gánsters de Nueva York.
Sakura, empezó a trabajar en su plan, esta vez cambió de objetivo.
Y prácticamente dio la orden a Sandy de no acercarse al señor Savackosk. Petición que dejara a Sandy demasiado insatisfecha, porque para Sandy, o era servir a Dios o al diablo, pero no a los dos.
Ella realmente no estaba segura de matarlo, no cuando todavía sentía que él era el misterio sin resolver que tenía ante sí, era como lo emocionante al descubrimiento de América por Colón, pero sin saber que era otro mundo. Aunque a juzgar por su actitud, si sabía que este hombre le movía el tapete debajo de los pies.
« La única forma que encuentro de sacarlo de mi cabeza, es ir en contra de mí misma » se dijo Sakura llegado la noche, que había sido tormentosa.
La nieve caía desde lo alto, la noche se revestia de una túnica blanca, y hacía mucho frío, aunque deba decirse que el corazón de Sakura sentía mas frío de lo normal, no era por el clima en sí que ella se sintiera así, era por el dolor de haber perdido su vida pasada, la que gracias a Dios había sido perfecta.
En donde ella era la reina de su corazón, la que era su amor, al notar sus propias lágrimas que eran tibias caer de sus ojos, ella se limpió rápidamente, no es que no le gustara recordarlos, era que se sentía mas devastada que nunca, y en ese justo momento, pensó con odio hacia todos los culpables.
“Los mataré con mis propias manos” gimió con el dolor latente en su pecho.
No sabía Sakura que podía usar el camino del perdón, el de dejar en manos de Dios, quien dice en su palabra, “mía es la venganza” sin embargo, como bien se dijera, que “recordar es vivir” ella acabó por recordar, esos valiosos momentos tan hermosos al lado de su familia, recuerdos de su tiempo con sus hijos y su esposo, sus padres, su hermano y toda su familia.
En tiempos como este, con un clima salvaje, frío y en el que sus hijos corrían entre las nieves, su esposo Farich detrás, ella lloró a plena noche, su voz se escuchó con soltura, dejó salir de su garganta el llanto, ese lloro con dolor, con mezcla de culpa y rabia, el enojo contenido de varios días.
«Te vengaré mis amores» se dijo entre sollozos. Dio la vuelta para entrar a su habitación y se acurrucó entre un rincón cerca de la chimenea.
«Yo lo tenía todo» murmuró en queja consigo misma o bien se quejaba ante Dios.
«Me quitaron lo que más quería, oh que dolor tan grande, Dios mío » dijo Sakura en voz alta.
Entró Sandy a su habitación y dijo:
—Sakí, ¡¿Qué pasa?! Si quieres, vamos y acabamos con ese mendigo miserable —se refería a Savackosk, no sabía que los caminos del destino tenían trazos no entendibles y que Dios tenía maneras desconocidas de moldear las vidas de los seres humanos.
— ¡ Sal de aquí Sandy … al menos, deja que sienta mi dolor a solas, deja que me desahogue y deje que haga salir mis penas, no molestes por favor!
— Pero Sakí, lo que quiero es ayudar — respondió Sandy con algo de incomodidad —, está bien. Has hecho mucho, pero este es mi espacio, ¿puedes dejarme llorar la pena que tengo dentro , por favor?
Sandy salió de la habitación y dejó sola a Sakura quien se pusiera a llorar en voz al cuello.
La soledad era la que carcomía a Sakura. «“¡ Oh Farich jamás debiste dejarme atrás, sola sin ti y sin nuestros hijos!" »
En un arrebato, la mujer se puso de pies y salió al balcón de nuevo. Respiró aire profundamente, sufría como nunca, pero esta vez, no solo era por perder a su esposo e hijos, sino también porque se negaba a hacerle caso a sus nuevas emociones.
Sandy quien no se había ido de la habitación de Sakura, llevaba varios segundos observando nada mas.
Se dijo Sandy para si, “es lo mejor, ese individuo debe morir lo más pronto posible”
Cuando Sandy al fin salió de la habitación, Sakura volvió su mirada en su dirección, luego saltó la barda del balcón y cayó en una pequeña llanura de nieve, no se lastimó y salió corriendo a pie. Iba sin rumbo fijo. Quizás buscando respuestas a su turbulento corazón.
Justo en el momento en el que acabara una reunión de negocios, Vladimir miró hacia afuera, solo para ver a Sakura de pies, era ella misma, pudo reconocerle por la mirada penetrante de ella.
Caminó hacia ella ante las mirada sorprendida de sus compañeros de negocios y dijo:
—Llegaste, Amor.
Sakura quería patalear, quería decir que ella no era su amor, pero al toque de las manos del hombre a las suyas, sintió una tranquilidad infalible, un calor suave y cálido. Ella musitó.
— ¿Farich? — y aunque ella lo dijera bajito, el hombre sí pudo escuchar claramente el nombre de otro hombre, enseguida apretó su mandíbula, se había sentido celoso, y estaba a punto de rechazarla, pero supo de inmediato que no podía, porque era mucho mas grande lo que sentía en ese momento que su ego, que su amor propio.
Ante la mirada atónita de todos los presentes, Vladimir cargó a Sakura, quien estaba expuesta ante el ojo de muchos enemigos suyos, la subió en su Maybach neg.ro y salió en una vuelta de segundos, donde solo quedara el chillido agudo de su mofle.
Sakura estaba delirando, lo veía ante sus ojos como si él fuera su querido a Farich.
—Hazme el amor Farich, te deseo y te extraño mucho — dijo la mujer aturdida y con la mirada perdida, ella tenía una botella de vino en la mano.
—Suelta eso —dijo Vladimir. No sabía por qué es que le dolía tanto su corazón. Se sentía vacío y por primera se permitió pensar en ella, esa traicionera, pero ¿de qué la culparía? ¿Por no amarle? Pensó con tristeza.
Ella solo era la mujer que le había roto el corazón. Anna Konnasovba.
Y el corazón frío de un hombre, también alguna vez tuvo su linda estación de primavera, seguida de un invierno sin tregua.