Ni bien había amanecido cuando los rumores de una muerte pasional se oía a través de los pasillos.
Sandy era buena en lo que hacía y ya había tenia a sus respectivos reemplazos para cubrir cualquier indicio que las llevara a ellas dos. Esta era la forma que tenía de esconder sus huellas.
El resto de gánsters les tocaría saber de ellas, pero a su debido tiempo, aún no les llegaba la hora de cobrar a estos, pero eso sí, sus vidas ya estaban escogidas.
A las dos chicas con parecidos físicos a ellas, ya se les había preparado con antelación, las contexturas de estas eran tan semejantes que nadie dudaban de que eran ellas las que acompañaron la noche anterior, fueron muy creíbles, inclusive la noche anterior ellas mismas estaban con hombres parecidos a los ya marcados para recibir el regalo del más allá.
Cuando se pasó la voz de que querían saber cuántas chicas habían quedado ofreciendo servicios la noche anterior.
Estas dos mujeres que eran los reemplazos aparecieron en un closet encerradas, ellas dijeron que fueron encerradas ahí por sus respectivos galanes, al revisarse el chat en sus celulares, había una conversación reciente de la noche anterior, todo indicaba que así había sido, no había cabos sueltos.
En el caso del Italiano cara de buldog y el Petrosky malencarado. Nadie pudo refutar que entre los dos había un idilio vergonzoso y tema tabú. Su reputación de macho alfa fue colgado en el olvido y sacado a la luz su nueva faceta de hombre a medias. Todos sus compinches se negaban a creer, aunque tenían las evidencias claras ante sus ojos.
A una semana de la muerte súbita de los dos hombres mafiosos, el resto de gánsters no sabían qué pensar, o a quien culpar de esta situación tan desconcertante que había sucedido.
Ambos hombres tenían reputación de mujeriegos, les encantaba la vida de calle y por la misma razón eran dueños de los burdeles más visitados de la ciudad, ellos mantenían y eran los reyes de este tipo de negocios de prostit¥ución.
Esto era así, porque ellos eran los primeros consumidores de esta mercancía, y ni hablar del Italiano Alejo Ciamo, no se templaba la mano a la hora de contratar u obligar a mujeres hermosas para ser esclavas, trabajadoras de la profesión mas antigua en sus casas de placer.
El ruso, así lo apodaban y lo llamaban a este hombre, quien se había emigrado desde su natal país Rusia cuando tenía 12 años. Era oriundo de Samara, una ciudad bastante grande en población. Aunque deba decirse que el ruso se había adaptado muy bien a Nueva York, el ruso Petrosky había vivido para contar toda la vida mundana que había llevado aquí y en donde iba.
—¡ Vladimir, Vladimir ! —llegó llamado uno de sus subordinados de más confianza, que por cierto era latino. Hablaba bien el Spanglish, pero también le atinaba al hablado ruso, con su ya acento de apretar los dientes.
—¿ Qué pasa ? ¿Porque llegas gritando así ? —regañó Vladimir, quien era otro de los rusos, en total en la organización ellos eran tres; Petroscky, que en paz descanse, Vladimir Savackosk, y de último el hermano menor de Savackosk, un hdp que vivía en en Rusia, pero que de vez en cuando venía a visitar a su hermano Vladimir.
— Murió Petrosky y Ciamo, murieron jefe, nadie sabe cómo es que sucedió algo así, los dos al mismo tiempo y el mismo día y estando juntos … —dijo el aprendiz de la mala vida.
Si Bartolomeo Cartago estaba aprendiendo a como ser un Ceo de la vida mala, la que se lleva por debajo del tapete, no sabía que aquí se perdía lo mas importante, “La Paz” y algo mas si continuaba en su faena de aprender a ser un gánster.
—Ya se todo eso. Así que cállate y vete de aquí — ordenó. El tipo no estaba de buen humor.
Vladimir Savackosk era un hombre que no dejaba pasar ni el más mínimo detalle en todas las cosas que pasaban a su alrededor. Él había puesto la cara de la incertidumbre desde el momento en el que ese hombre de la mafia cayó tieso delante de él y de todos sus compinches.
“La verdad es que Friiman era un hombre muy débil” pensó Vladimir Savackosk”
“ ¿ Como es que esperaba ser el número uno cuando no protegía ni su propia vida ? Un pelele total era ese hombre.” Quedó pensando para sus adentros el Vladimir, cuando se trataba de hacer observaciones, él era rudo.
—Oye Jefe, le tengo una mamacita —dijo de repente Bart , quería alegrar el humor oscuro de su Jefe, pero … él era así. Nadie lo cambiaba, o mejor dicho, nadie, excepto Sakura.
—¿ Si ves que lindo culito tiene ? —dijo el colombiano.
A Bart le gustaba degustar de las entrepiernas de las mujeres, decía siempre, “es la mejor medicina que hizo papaíto Dios para nosotros los hombres” este pana Suramericano por nombre Bartolomeo, le achicaban el nombre y lo llamaban como a Bart Simpson.
Era un tipo carismático y le gustaba bromear con Vladimir porque para el latino, su jefe y mentor era muy solo, y se perdía de lo mejor de la vida, por supuesto en gancho de las mujeres.
« Yo pagaba una fortuna para saber en qué piensa esa cabecita » Le gustaba decir Bart a su Jefe Savackosk, y apenas el hombre mostraba una sutil sonrisa de acachimba.
—No quiero conocer mujeres así —respondía cada rato que el otro ofrecía.
— ¿Porque Jefazo? Si son las criaturas mas ricas y sabrosas que Diosito nos ha dejado para olvidar las penas debajo del sol —decía Bartolo.
El ruso le sonrió ante las palabrerías de su hombre de confianza, su subordinado y como era su carácter no dejar mostrar nada de él a nadie, le tomó por sorpresa lo que dijera Vladimir a continuación.
—Una vez hubo alguien en mi vida. —dijo y se hizo un largo silencio, el aire parecía generar una sinfonía, pero de tristeza.
—¡ Ay mi pana ! , ¿ La cagué cierto ? —dijo el hombre con ese acento colombiano imperdible.
—No —dijo pensativo, era un hombre que no se sabía en qué pensaba cuando lo hacía, su carácter era como el de un laberinto en el que fácilmente te perdías.
Vladimir Savackosk siempre estaba pensando mal de todo el mundo. No que pensara mal en el aspecto de ser malas personas, sino en que él sospechaba de todo el mundo, peormente de las mujeres.
Y él ( Vladimir Savackosk ) estaba en lo cierto, porque la loba ya iba por él.
Él era el siguiente en la lista de Sakura, estaba en su mira.
Lo que Sakura no sabía era que Vladimir Savackosk no participó en la decisión de borrar a su familia de la faz de la tierra. Él dijo en ese momento crucial.
«“¿ Tanto temen a un solo hombre y que al final eligió retirarse del inframundo, tanto es su miedo ?” » Al hacer este comentario, todos lo habían visto como una probable ofensa.
Sin embargo, Vladimir había continuado en su rutina de trabajo, por supuesto siempre teniendo ojos hasta en la espalda y las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.
Para sorpresa de Bart, Savackosk respondió a su invitación con un si.
—Vamos
Aun no podía creer Bart que había logrado que este hombre distante y presumido le diera el si. Sin perder mas el tiempo Bart dijo:
—Vamos a la taberna de Moe.
Con una sonrisa sutil Savackosk siguió a su hombre de confianza, más que alguien de confianza, lo consideraba su amigo.
Al llegar a la famosa Casa donde había mujeres lindas, súper encantadoras y preciosas. El hombre se aburrió rápido. Chasqueó su lengua hacia un ruido de insatisfacción, oyéndolo Bart ya sabía que era cuestión de tiempo que su Jefe querría marcharse, pero entonces algo pasó, sobre la pista se vió bailar a una mujer, está se movía, no a la manera alocada, sino que sus movimientos atraían seductoramente a quien la mirase bailar.
Bart se dio cuenta que Savackosk se había quedado mirando por largos segundos a esta persona, él quiso sacarlo de su distracción diciendo.
—Vamos amigo, la chica que te presentaré nos espera. —Savackosk se detuvo y volvió a ver a Bart, le dijo sin pelos en la lengua.
—No quiero conocer a nadie. Me quedaré aquí —enseguida sus ojos se posaron sobre la mujer en la pista bailando.
Como era la primera vez que su amigo miraba con interés a una mujer, Bart quiso saber de quien se trataba. La miró y también quedó prendado de la mujer que se movía como si no tuviera una espina dorsal.