Capítulo 11.- La Primera Prueba

1088 Words
—¡Elara Ravenscroft, o como carajos te llames ahora, Duquesa de mierda! ¿Qué cojones haces bailando con ese monstruo enmascarado como si fuera tu puto príncipe azul? —La voz de Julian tronó sobre la música, cortándola como un cuchillo oxidado. Se plantó frente a nosotros en la pista, con la copa temblando en su mano y los ojos desorbitados de rabia pura. Me solté de la cintura de Cillian con un giro dramático, forzando una risa que sonó como vidrio rompiéndose. El puñal bajo mi liga ardía contra mi piel, tentándome a sacarlo ahí mismo. —¿Julian? ¿En serio? ¿Vienes a joderme la noche con tu cara de cornudo frustrado? —le espeté, alzando la voz para que toda la sala oyera—. Pensé que estabas ocupado follando a mi hermana en los rincones. ¿O ya te cansaste de su coño usado? La multitud jadeó, pero nadie se movió. Cillian se quedó quieto a mi lado, su máscara un muro de hierro silencioso. Julian se puso rojo como un tomate podrido, salpicando vino de su copa al gesticular. —¡Puta mentirosa! Lysandra me lo contó todo. Ese bastardo te tiene atada como una perra, fingiendo que eres feliz. ¡Admítelo, Elara! Estás muerta por dentro, y yo voy a sacarte de esta pesadilla. Cillian soltó una risa grave, metálica, que erizó la piel de todos. —¿Sacarla? ¿Tú, el maricón que no pudo pagar ni sus deudas de putas? —dijo, dando un paso adelante—. Tócame a mi esposa y te corto los huevos aquí mismos, delante de tu nueva corte de idiotas. Julian levantó el puño, pero antes de que pudiera moverse, un grito agudo cortó el aire. —¡Basta! ¡Dios santo, qué vergüenza! —Papá irrumpió en la pista, arrastrando a mamá del brazo. Detrás venían Lysandra, aún sollozando con el maquillaje corrido, y un puñado de parientes Ravenscroft con caras de funeral—. Elara, ¿qué carajos has hecho? ¿Humillar a tu hermana delante de la nobleza? ¡Eres una deshonra! Me giré hacia ellos, el corazón latiéndome como un tambor de guerra. Cillian me rodeó la cintura con un brazo posesivo, y juro que sentí su calor a través del traje. Fingir enamorados. Ahora o nunca. —¿Deshonra? ¡Ja! La deshonra es que mi propia familia me vendiera como carne barata para saldar vuestras deudas, papá —le grité, clavándole los ojos—. Y Lysandra, ¿vienes a lloriquear? ¿Después de robarme a mi prometido y reírte mientras yo sudaba frío por esta boda? Mamá se tapó la boca, pero papá avanzó furioso, señalándome con un dedo tembloroso. —¡Cállate, ingrata! Ese Duque es un asesino. Todos lo sabemos. ¡Y tú, enmascarado de mierda, suéltala! —Papá se lanzó hacia Cillian, pero mi marido lo detuvo con una mano en el pecho, sin esfuerzo. —Se queda conmigo, viejo —gruñó Cillian, su voz un trueno bajo la máscara—. Y si no cerráis la puta boca, os echo a todos de mi casa como a perros sarnosos. Lysandra se colgó del brazo de Julian, chillando: —¡Ves, Elara? ¡Te tiene aterrorizada! Mírate, fingiendo que lo quieres. ¡Admite que es un monstruo! El momento perfecto. Me pegué más a Cillian, alzando la barbilla y besándolo en la máscara, justo donde estaría su mejilla. El metal frío me quemó los labios, pero lo hice con hambre, gimiendo bajito para que todos oyeran. —¿Monstruo? —susurré alto, girándome hacia ellos con ojos brillantes—. Este "monstruo" me folla mejor que Julian en sus sueños más sucios. Me da joyas, poder, y un castillo que no apesta a pobreza como el nuestro. ¿Celosa, Lysandra? Porque yo estoy jodidamente enamorada. La sala estalló en murmullos. Mamá se desmayó en brazos de un tío, y papá balbuceó: —Imposible... Tú... tú lo odias... Cillian me apretó contra él, y en su oído, solo para mí, murmuró: —Buena chica. Sigue así, y quizás no sea todo fingido. Pero entonces, el giro. Julian se rio, una risa loca, histérica. —¿Enamorada? ¡Mentira! Lysandra me dijo que te vio huyendo de su cama la primera noche, gritando como una virgen asustada. ¡Y ahora esto! —Sacó un papel arrugado de su bolsillo, agitándolo—. ¡Tengo pruebas! Una carta tuya, Elara, pidiendo ayuda para escapar. ¡Léela, Duque! ¡Tú puta esposa te la está jugando! Mi sangre se heló. ¿Carta mía? Nunca escribí nada. Miré a Lysandra, que sonreía triunfante. La muy zorra la había forjado. Cillian la arrebató de un manotazo, leyéndola en silencio. La sala contuvo el aliento. ¿Suspenso? El mío era un abismo. —Interesante —dijo él, rompiendo el papel en pedazos que cayeron como nieve sucia—. Falsificación burda. Y firmada con la letra de tu hermana, Julian. ¿Pensasteis que no reconocería la caligrafía de una puta alfabetizada a medias? Lysandra gritó: —¡No! ¡Es tuya, Elara! ¡Júralo! Pero Cillian no terminó ahí. Se quitó la máscara de un tirón —primera vez en público—, revelando su rostro cicatrizado, hermoso y letal. La multitud retrocedió, pero él sonrió, besándome de verdad esta vez, su lengua invadiendo mi boca con una pasión que me dejó sin aire. Real. Demasiado real. —Mi esposa no miente —declaró, jadeando contra mis labios—. Y vosotros... fuera de mi baile. O la próxima carta que rompa será vuestro testamento. Papá tartamudeó: —P-pero... la familia... —Esta es su familia ahora —cortó Cillian, tomándome de la mano para seguir bailando—. Y si volvéis sin invitación, os recibo con balas. Se fueron arrastrados por la multitud, murmurando. Lysandra me lanzó una mirada de puro veneno, pero Julian la arrastraba, derrotado. Cuando la música volvió, Cillian me giró, sus ojos clavados en los míos. —No estuvo mal, Duquesa —susurró—. Casi me convences a mí también. Pero dime, ¿esa carta... era falsa de verdad? Tragué saliva. Giro final: en mi bolsillo, escondida, tenía una igual. No forjada por Lysandra. Escrita por mí, anoche, por si fallaba el plan. —Claro que sí —mentí, sonriendo—. Tú eres mi todo, monstruo. Pero mientras bailábamos, supe que la prueba real acababa de empezar. ¿Cuánto duraría esta farsa antes de que uno de los dos clavara el puñal?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD