Miré el diario en el suelo, luego a él, y finalmente a la puerta que conducía a las sombras. —Vamos a ese maldito sótano, Cillian. Pero si muero hoy, te juro que seré el fantasma que te joda el resto de tu miserable eternidad. *** —Esa es mi chica —sonrió él, sacando una daga que brillaba con una luz antinatural—. Vamos. El precio de la sangre se paga hoy. —¡Suéltame de una puta vez, Cillian! ¡Me estás asfixiando con tanta intensidad de héroe trágico! —le grité, dándole un empujón mientras intentaba recuperar el aire. El sabor de su beso aún quemaba mis labios, pero mi mente trabajaba a mil por hora—. ¿Consumación? ¿Portal? ¿Sangre ajena? ¿Te das cuenta de lo loco que suena todo esto? Cillian se echó hacia atrás, apoyándose en la mesa de roble, y soltó una risa amarga. Se pasó la mano

