Capítulo#3 •• NO ES MILI, ES MILAGROS ••

2901 Words
#3 ••No es Mili, es Milagros•• «¡Mademoiselle Albertina se ha marchado!» ¡Que lejos va el dolor en psicología! Más lejos que la psicología misma. Hace un momento, analizándome, creía que está separación sin habernos visto era precisamente lo que yo deseaba, y, comparando los pobres goces que Albertina me ofrecía con los espléndidos deseos que me impedía realizar, había llegado, muy sutil, a la conclusión de que no quería volver a verla, de que ya no la amaba. Pero aquellas palabras —«Mademoiselle Albertina se ha marchado»— acababan de herirme con un dolor tan grande que no podría, pensaba, resistirlo mucho tiempo, había que cortarlo inmediatamente. Antes de seguir con la lectura la maestra Asli me detuvo. —Su compañera ha leído un de los primeros fragmentos de "Albertina la fugitiva" —antes de seguir hablando la profesora se aclara la garganta y se pone de pie. —, allí demuestra a un Proust desesperado por la huída de su amante, ustedes porqué creen que Albertina huyó. La profesora lanza la pregunta pero al parecer todos huyen como Albertina, por qué nadie responde. Y sin darme cuenta mi brazo cobra vida y alza la mano. —Si Azul. —¿Porqué realmente no lo amaba? —toda me queda mirando mientras la profesora analiza mi respuesta. —Algo hay de eso, pero no Albertina huyó porqué ya no soportaba el encierro de Proust. El amor va más allá de los malos tratos, si te sientes ahogada eso significa que no es el tipo de amor que necesitas. La profesora comenzó a escribir algo en el pizarrón y después continúo. —Amar va más allá del egoísmo, va más allá del bienestar de uno mismo porque el que ama realmente desea tu bien y felicidad antes que la de él, para mañana quiero un resumen de lo que opinan sobre Albertina y Proust, que tengan un lindo día. Ella recoge todas sus cosas y luego se marcha. Sus palabras quedaron clavadas en mí como una daga; así que yo podría ponerme en los zapatos de Albertina pero... ¿Sería capaz de huir de mi Proust?... Guardo mis cosas y me doy prisa para llegar a tiempo al ensayo. Me cambio rápidamente y después me dirijo a la cancha del gimnasio donde ya deben de estar las chicas. Cuando llego, en efecto ya están todas reunidas pero lo que roba mi atención no son ellas sí no un enorme y feo grafiti en la barda blanca más grande de la escuela. «PERDÓNAME MOCOSA» las enormes letras son de color azul, al leerlo casi me me da un infarto y una sonrisa se asomó en mi rostro, no puedo creer que él lo hizo. —Pero que cosas más ridícula —dice una de mis compañeras. —Por supuesto que no es ridículo, yo pienso que es súper romántico y creo que la mocosa debería perdonarlo. —Esta vez es la otra chica quien le contesta. —Pues yo pienso que si llegan a pillar al responsable el director lo matara, de eso estoy segura. Me quedo observando el letrero mientras escucho los comentarios de las chicas; creo que es un poco ridículo pero también romántico. Al escuchar eso me reprendi, no debía pensar de esa manera. —¿Qué piensas Afro? A mí parecer, creo que es un poco descarado el tipo. —Jenna señala el letrero y luego que mira intrigada. —Ridículo, muy ridículo —me doy la vuelta para que no vea mi cara de emoción. —, y ahora dejen de perder el tiempo y comencemos el ensayo. Las chicas se pusieron en posición y comenzamos a ensayar. En todo el ensayo no pude evitar sonreír cada vez que veía el grafiti, Alex no iba a parar y yo no sabía si era lo suficientemente fuerte para plantarme frente a él y despreciarlo de nuevo. Me quedé mirando una vez más aquellas letras, «PERDÓNAME MOCOSA», será que eso era suficiente para perdonarlo. Y como en los cuentos de hadas el príncipe llega a ver a su princesa, Alex llegó a verme, mi príncipe apareció de la nada y justo estaba a un lado de la barda con la sonrisa más hermosa que he visto en mi vida, Alex me se me quedó mirando y en ese momento puedo jurar que mi cuerpo ardió por él. —Vamos Azul ve con Alex, vamos no seas cobarde. —Susurré muy despacio. Iba a dar un paso pero en ese momento llego Michelle, me estrecho en sus brazos y me dió un beso en los labios. —Mi pequeña te extrañe mucho, —Michelle puso sus manos en cada una de mis mejillas y después las beso. —¿Sucede algo peque?. A lo lejos ví como Alex se dió la vuelta y se fue. Y está era mi realidad, yo era novia de Michelle y no podía hacerle lo mismo que Alex me hizo a mi, debería de olvidarme de él a como diera lugar. —No, no pasa nada. —Fingí una sonrisa para que me creyera. —Okay como digas. —Si quieres saliendo del instituto podemos ir a comer o hacer algo juntos, ¿que te parece? —le propuse y el asintió. —Es perfecto peque, ahora vamos a cambiarnos para irnos. —Okay vamos. Tomé su mano y nos marchamos sin mirar atrás. Dicen que hay muchas maneras de amar, de dañar y de odiar, creo que ya he pasado por ambas. He cambiado, por supuesto que sí y he dañado a personas inocentes que están a mi alrededor. *********** Camino lo más lento que puedo, todo me da vueltas y siento unas enormes ganas de reír. Al parecer me pase con las bebidas, pero que hago si yo soy la chica más popular del instituto y por lo tanto tengo que ser divertida. Me doy un poco de prisa al subir las escaleras y entonces mis pies se enredan y caigo al piso, me veo tan chistosa que no puedo evitar reírme de mi misma. —Azul, ¿que sucede?. Al escuchar aquella voz levantó la mirada y me encuentro con Valeria, quien me mira muy rara. —¡Estoy feliz hermanita, muy feliz! —alzo un poco la voz y comienza a reír nuevamente. —Estas borracha Azul, y por favor guarda silencio que nuestros padres están adentro y no le va a gustar verte en este estado. —Pero hermanita, estoy muy feliz tan solo mírame —le doy una sonrisa y abro mis brazos para que ella me de un abrazo. —Vamos Azul, ven conmigo. Valeria se pone a mi altura y me ayuda a pararme para después llevarme a mi habitación, no he parado de reír desdé que caí al piso. Pero de repente al ver a mi hermana a mi lado y ver todo lo que está haciendo por mí, la culpa me invade y esas sonrisas se transforman en llanto. —¿Azul y ahora que pasa? —ella me quita los zapatos y se sienta frente a mi. —Soy muy mala Val, te he hecho daño y tú aún sigues aquí. —No puedo evitar llorar y las lágrimas comienzan a caer. —Tranquila okay —Val me limpia un par de lágrimas y me toma de la barbilla para que la mire. —No pasa nada Azul sabes que te quiero y por ti haría los ir sea, tonta eres mi hermana. —Gracias y me perdonas por ser una perra conmigo. —Ella al escucharme asiente. —Por supuesto que sí pero ya no seas tan perra. Valeria abre sus brazos y no dudo, voy a ella y la abrazo. —Porqué no puedo ser igual de buena que tú. —Ya lo eres, solo que ahora estás confundida y ahora duerme. —Valeria se levanta de la cama para irse pero entonces yo la detengo. —Quédate conmigo, como cuando éramos niñas y tenía esas feas pesadillas, quédate y abrázame como antes. —Cada una de las palabras se lo dije suplicando. —Dale, me quedaré con mi hermanita y haré de hermana mayor. A veces al final del día lo único que necesitaba era un abrazo sincero para hacerme ver que aún habían personas a las cuales les importaba. A veces es lo único que necesitamos. ********** Me desperté con una horrible cruda, al bajar a desayunar me encontré con toda la familia reunida; mis padres y todas mis hermanas, me hubiera quedado a desayunar pero solo al ver a Emily, el estómago se me revolvió y preferí irme ya que el dolor de cabeza que tenía era horrible. —Cariño a donde vas, no piensas desayunar. —No pa' tengo algunos trabajos que recoger con Jenna y voy a desayunar en su casa. —Okay pero desayunas, sabes que no me gusta que tengas el estómago vacío. —Si pa'. Estaba apunto de irme pero mamá me detuvo. —Azul tienes la cita con el doctor hoy a medio día, no llegues tarde. —Mamá me extendió la nota del doctor y la tomé. —Y en la tarde tenemos el ensayo de la pasarela. Si ella supiera a que iba al ginecólogo, me mataría. ¿O no?. —Vale mamá pero no grites, que me estallará la cabeza. —La corbata Azul, cuántas veces tengo que decirte. —Ven cariño que yo te ayudo. —Papá se levantó de su lugar para hacerme el nudo de la corbata. —Listo. —Nos vemos más tarde. No les di tiempo de que me dijeran algo más y salí corriendo. Cuando llegué a donde estaba mi auto la sorpresa que me lleve fue que; dicho auto estaba cubierto por papelitos de colores pero cuando digo cubierto, es cubierto. Cada uno traía frases distintas pero cero románticas; "ya perdóname" "sé que soy un cabrón pero debes perdonarme" "Azul mi mocosa la preferida y mi eterna niña" "oye no seas bruja y perdonamos a ambos". Cada vez que leía una frase reía, al parecer mi chico no era de palabras románticas pero si era un lindo. Pero de todo esto, lo que había llamado más mi atención había sido el enorme panda que había tras el auto (era enorme, incluso sobrepasaba mi estatura). —¿Que es esto? —la voz de mi madre casi hace que me dé un infarto. —Amm, es... —No pude hablar, no podía decirle lo que pasaba. —No me digas que te peleaste con Michelle y hizo esto para que lo perdones. —La cara de asco no se le borraba de la cara. —Claro, eso es. —Creo que debes perdonar a ese chico y si hizo esto para que lo perdones, es porque te ama realmente. —¿Estas segura?, ¿Crees que debo perdonarlo?. —Por supuesto cariño él te ama realmente y ahora me voy, por favor no lleves el auto así. —Ella de despidió y se fue. —Creo que tienes razón y debería perdonarlo. Cuando llegue al instituto no ví a Alex, quería verlo y no se, quizás hablar. —Por Dios Azul, que rayos te pasa, recuerda que tienes novio. Borre cualquier inquietud de mi mente y me concentre en mis clases. En la primera hora tuve una discusión con Liana, ella seguía dándome guerra apesar de que la había desacreditado y que aquí todos la despreciaban por zorra. La única de sus "amigas" que había permanecido a su lado era Adriana, las otras chicas habían entendido que estando con ella su vida se iría al infierno y por eso se unieron a mi. A la hora del almuerzo pedí permiso al director para irme, le dije lo de la cita con el médico y accedió y me dejó salir. Estaba en el aparcamiento cuando ví a Alex con una chica, ambos estaban hablando muy cerca y ella parecía conocerlo desde siempre. Los celos me se apoderaron por completo de mi, él parecía muy cómodo a su lado, como era posible que hace unas horas estaba rogando mi perdón y ahora lo encontraba muy campante con ella y por su fuera poco ambos sonreían. No dude ni un instante y caminé hacia ellos, claro no fue tan literal, caminé enfrente de ellos he hice como si esperará a alguien. —Azul, —Alex me hablo pero hice como si no lo hubiese escuchado. —¡Azul! Hey te estoy hablando. —Dime. —Me dediqué a responderle y hacer como si su presencia no me importara. —¿Pasa algo? Porqué te vas tan temprano. —Si todo está bien, solo tengo una cita con mi doctor y se me hace tarde. —Volví mi mirada a la calle, fingiendo que esperaba a alguien. —¿Estás bien? ¿Estas enferma? —Alex se escuchaba preocupado, incluso él camino hacia a mi, dejando a la tonta de su acompañante. La verdad se sentía muy bien que él volviera a preocuparse por mi. —Si, es solo un chequeo de rutina. —Me aguante las ganas de reír, es que se miraba tan adorable. —Si quieres puedo llevarte. —Al momento en que dijo esas palabras quería gritarle que si, pero me negué. —No gracias estoy esperando el taxi que pedí. —Vamos Azul, enserio te llevo. —Alex me regaló una sonrisa y no pude negarme. —Okay pero tu amiga, la dejaras sola. —No te preocupes que Mili entiende, ¿cierto Mili? —él se dirigió a ella y ella asintió. —Vez. La manera en que esa chica le sonrió, me entraba enojado mucho más. —Okay entonces vámonos que no quiero llegar tarde. —Como usted diga señorita. Alex me llevo esta su auto y por lo visto era nuevo; un convertible de color n***o y por si fuera poco me abrió la puerta. Le di la dirección y comenzó a conducir, pasamos los primero 5 minutos en silencio; no aguantaba más y quería preguntarle acerca de esa chica. —¿Quien era ella? —no quise sonar como si me importara mucho. —Amm, ella es Mili una buena amiga —él solo se dedicó a decir eso y después guardo silencio. —"Amiga" —lo dije con doble sentido —es genial que tengas "amigas". —Si muy buena amiga. Pero que le pasaba a este idiota, con esas respuestas me volvería loca. —Me imagino que "buena amiga", —seguía hablándole pero a él parecía no importarle. —Y desde cuándo la conoces porque se suponía que acabas de salir de la cárcel y allí no tienes "amigas". —Pregúntamelo ya vale, sin rodeos. —¿Qué? Que quieres que te pregunte. —Lo que estás repitiendo en tu mente una y otra vez, dilo ya y yo te responderé lo que quieras. —Casi casi, lo dijo burlándose de mi. No podía creer que él estuviera burlándose de mí, y encima que yo lo aguantará. —Detén el auto voy a bajarme. Alex hizo caso omiso a mis palabras y siguió conduciendo. —¡Que detengas el auto voy a bajarme!. Él al escúchame freno de repente el auto y se quitó el cinturón de seguridad, yo iba a bajarme pero el me sostuvo del brazo. —¡¿Que te pasa?! ¡Suéltame!. —No voy a soltarte y mírame. —Yo había apartado la vista pero él me tomo de la barbilla e hizo que lo viera a los ojos. —Ella era una amiga y solo eso, la conocí en la cárcel porque Mili era... —MILAGROS, —le dije de repente, para que él guardara las distancias con ella. —Okay Milagros —me dijo el muy tonto con una sonrisa en los labios, —era enfermera voluntaria en la cárcel y allí nos hicimos amigos. —Ella va a la misma universidad. —Si, mi padre le ayudo a conseguir una beca. No podía creer todo esto, así que ella era su nueva amiga y para colmo un ángel. —Que bien por ella. —Deje de verlo y fije mi vista enfrente del auto. —Si pero Mil... Milagros es solo una amiga, porque te cuento un secreto. —Asentí ante su pregunta. —Yo estoy enamorado de una chica preciosa y jamás podré querer a nadie más, ella única y espero y pronto me perdone por mis idioteces. Casi me derrito con cada palabra que dijo Alex, él había sonado tan romántico que podría tener un colapso de amor aquí mismo. —¿Enserio?. —Si, te cuento que en la mañana le di una sorpresa y espero que le haya gustado. Quería sonreír con sus palabras pero me aguante. —Pues yo creo que no, además las frases eran horribles. —Pues yo veo que debería gustarle, ya que nos esforzamos mucho escribiéndolas y Mike casi se queda sin dedos. No pude seguir aguantando y sonreí, tan solo imaginar a Alex y a Mike escribiéndolas me mataba de risa. —¿Que es tan divertido? —dijo Alex y entonces comenzó a acercarse a mi, pero lo detuve. —Creo que deberías darte prisa, que llegamos tarde. —Okay como usted quiera y por cierto, te vez muy hermosa. —Gracias.
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