Capítulo 2. -Esto aún no ha terminado-
—Ahora no podrás escapar de mi.
Sus palabras hicieron tanto daño en mi que desee por un momento olvidar todo.
¿El amor puede doler? Por supuesto que sí, el amor me había partido el corazón y la sola presencia de Alex me hacía daño.
Lo aparte de mi como pude y me puse de pie, apesar de la oscuridad podía ver sus ojos pero esta vez no supe describirlos.
—Azul. —Alex intento acercarse nuevamente pero yo retrocedi. —Azul.
—Alex, —queria decir muchas cosas pero un nudo en mi garganta se apoderó de ella y no me permitió hablar.
—Estas mojada, yo... —Alex no pudo hablar y se llevó una de sus manos a su barbilla.
Ambos no podíamos hablar y permanecimos en silencio un rato hasta que Alex comenzó a quitarse la chaqueta y me la extendió.
—Debes de tener frío.
No le respondí y rechacé su acto de caballerosidad.
—No quiero nada de ti.
Él al escucharme cambio su cara. —Azul no caigas de nuevo, —me repetía una y otra vez, —no te atrevas a mirarlo a los ojos, porque todo esto habrá acabado. No te atrevas a llorar por favor.
—Azul, tenemos que hablar. —Alex volvió a intentar acercarse pero entonces lo empujé.
—¡No quiero nada de ti, no que te acerques a mí!, ¡¡¡Entendiste!!!.
—¡No y no lo entiendo okay, no lo entiendo por qué jamás me alejaré de ti y eso entiéndelo tu!.
Sus palabras seguían haciéndome daño y estaba apunto de llorar.
—¡Te odio Alex! ¡Te odio y no te quiero cerca de mi!.
—¡Pues yo te amo, te amo Azul!.
Alex me tomó de los brazos y me obligó acercarme a él, su cercanía hacia que perdiera todo el control sobre mi. Él iba a besarme, él iba a besarme pero no lo hizo por qué a lo lejos escuché a Michelle quien me llamaba y Alex me soltó.
—Es tarde, muy tarde. —Le dije y él me respondió con una sonrisa estúpida.
—Para nosotros jamás lo será.
No podía seguir frente a él, así que me di la vuelta y comencé a alejarme de él, —no mires atrás Azul, no mires atrás. Hice uso de toda mi fuerza de voluntad para no mirar atrás, por qué si lo hacía corría el riesgo de ir a sus brazos y no soltarlo jamás.
Corrí lo más rápido que pude hasta llegar a donde estaba Michelle, y cuando estuve frente a mi novio lo abracé con todas mis fuerzas.
—¿Azul que sucede?, ¿Estás bien?.
Yo negué a todas sus preguntas y no deje de abrazarlo.
—No me preguntes nada y solo abrazame por favor.
—Okay cariño, jamás te voy a soltar.
Esa noche lloré hasta que mi ojos se secaron, lloré sola y con cada lágrima mi amor por Alex se hacía más presente.
En la mañana como cada sábado Michelle venía por mí para salir, en todo el día no dejo de hacerme preguntas de que había pasado en la fiesta y porque me encontraba mal, le inventé un par de cosas y me creyó todo. En todo el no supe nada de Alex y eso decepcionó a mi corazón, por un momento pensé que el me buscaría pero no lo hizo, debí de haber sido muy clara.
Dormí muy poco pensando en él y en el desfile que tendría la próxima semana; aún no estaba en el peso acordado y eso me preocupaba mucho.
—Buenos días nana. —Dije entrando a la cocina.
—Buenos días mi preciosa niña, estoy haciendo tu desayuno favorito y allí están tus donas de chocolate. —Mi nada me acerco la caja de donas y moría por comer una.
—No gracias no tengo hambre, solo comeré fruta.
—¿Segura?, No me digas que es por esa estúpida pasarela que tendrás en una semana.
—No, nada no es por eso.
Por supuesto que lo era, además esos desayunos tendrían muchas calorías y terminaría como una ballena, pero esas donas se miraban deliciosas.
—Azul, dime qué no estás obsesionada con el peso cómo estás modelos tontas.
—No, es más tú ganas; comeré una.
Tomé una dona y me la llevé a la boca, su sabor era tan delicioso que no me resistí y terminé comiéndomelas todas.
—Veo que si te gustaron cariño.
Ví la caja casi vacía y las palabras de mi madre volvieron a mi mente; la culpa se apoderó de mí y debía permitir defraudarla.
—Claro que si, ahora voy a arreglarme.
Salí corriendo de la cocina y llegué al baño de mi habitación. Comencé a vomitar, vomité hasta que no quedo ni una sola caloría en mi estómago y hasta que la culpa se fue.
Me lave la cara y después salí del baño, casi muero del susto al ver a Emily sentada en mi cama.
—Vaya, vaya, la pequeña cerdita es una bulímica. —Emily comenzó a burlarse de mi.
—Lárgate de mi habitación, ahora.
—Aunque haces bien sabes, estás subidita de peso y esta semana tendrás una pasarela y mírate, estás hecha una cerda.
—¡¡¡Que te largues he dicho!!!.
La tomé del brazo para sacarla pero ella se zafó.
—Por eso Alex te puso los cuernos conmigo, en todos los sentidos soy mucho mejor que tú. —Ella volvió a burlarse de mi —jamás serás como yo, por qué siempre te ganaré en todo Azul.
—Quiero que te vayas.
—Ayer nos vimos Alex y yo, ¿sabes? La pasamos genial incluso es...
No pude terminar de hablar por qué le di una bofetada.
—Te dije que te fueras.
La arrastre como pude y la saqué de mi habitación, ella iba tan furiosa pero yo lo estaba más.
Y no me importaba si ambos se seguían viendo, por mi podían casarse y tener muchos hijos.
Tomé mi móvil y le mandé un mensaje a Jenna para que nos viéramos y ella aceptó y me mandó su ubicación. Me vestí lo más rápido que pude y cuando baje el taxi me esperaba, le di la dirección y comenzamos a andar.
Después de unos minutos note que la actitud del taxista era muy extraña, el tipo no iba por la dirección correcta y desdé que me subí no había dicho nada.
—Oiga está tomando la ruta equivocada, le di la dirección y usted se va por otro lado.
El taxista solo movió la cabeza y no dijo nada, y yo estaba comenzando a ponerme nerviosa.
—Detenga el auto voy a bajar. —El taxista no hizo caso y siguió conduciendo. —¡¡¡Oiga le he dicho que detenga el auto!!!.
Nuevamente no respondió y lo único que escuché fue que se burlaba de mi. Este taxista estaba enfadandome y merecería una lección, me quite el zapato y le di un zapatazo en la cabeza.
Su gorra salió volando y entonces ví los caballos rubios del conductor. ¡Mierda, ahora hasta en la sopa me lo encuentro!.
—Oye me dolió —él se llevó una de sus manos a la cabeza.
—¿Qué crees que haces innombrable?.
—He dicho que me dolió —Alex se volvió a quejar pero lo ignore. —¿Y ahora soy el innombrable? Vaya.
—Detén el auto que voy a bajarme —Alex se negó hacerlo. —¡Te he dicho que me voy a bajar!.
—Y yo he dicho que no, vamos a hablar Azul y después podrás irte y no intentes saltar como en las películas por qué la puerta está asegurada.
Trate de abrirla pero en efecto, estaba asegurada.
—¿Te has robado el taxi?.
—No, lo he alquilado recuerda que ya ya estuve en la cárcel y no quiero regresar.
Sus palabras sonaron a un reclamo, yo había sido la culpable de que pasará 3 meses en la cárcel y se que me guardaba rencor.
—¡Detén el auto!.
—Grita todo lo que quieras pero no abriré nada, ahora no dejaré que escapes.
No dije nada, sabía que Alex no detendría el auto y si él quería hablar, lo haríamos. Nos diríamos todo de una vez por todas.
Alex condujo por un buen rato hasta que llegó llego a la playa, se detuvo justo en el lugar donde habíamos pasado la mejor noche de nuestras vidas, en la casa de la playa de mis padres.
—¿Que hacemos aquí?.
—Baja —Alex bajo del auto y me abrió la puerta pero no le hice caso.
En estos 3 meses no había vuelto por aquí y nada más al verlo, los recuerdos regresaban a mi mente.
—Azul ven conmigo. —Él iba a tomarme de la mano pero no se lo permiti —okay entonces vamos.
Baje del auto y lo seguí, Alex abrió la puerta cómo si nada y me señaló que entrará.
—Sabes que estos es un delito, estás invadiendo propiedad privada. —Le dije y él negó.
—No lo es, la duela está conmigo. —Alex volvió a señalarme, —entra o lo hago yo.
Entre a la casa y todos los recuerdos vinieron a mi mente, Alex estaba conmigo en este lugar y eso dolía. Ese día no le dije que mi primera vez no fue con él, ese día no pude decirle cuando lo amaba.
—¿Que hacemos aquí?.
—Aún recuerdo aquella noche, tu suave piel, tus besos, tus caricias, aún recuerdo todo. —Sus palabras salen tan fluidas de su boca como si no le costará nada hablarlas.
—¿Que pretendes?. —No me atrevo a mirarlo a los ojos así que desvío la mirada.
—Decirte que ambos nos equivocamos y destruimos esto que teníamos. —Alex me toma de la barbilla y hace que lo mire, —mírame Azul, yo te quiero.
Vuelvo a desviar la mirada para no verlo.
—Esa noche dijiste que me querias y que no me querías hacer sufrir, ¿Cierto?.
—Si lo hice y ahora te lo repito, te amo.
Cuando el termina de hablar comienzo a reírme y él se muestra confundido.
—¿De qué te ríes?.
—Te acostaste con mi hermana, tal vez tu amor no era real o miento. —Quiero que Alex me diga que miento y que no se acostó con ella, rezo porque sea una mentira. —Alex te acostaste con ella.
—Azul yo... —Las palabras se traban en su garganta y sé cuál será la respuesta.
—¡¡¡Solo dilo!!!, Querías hablar y lo vamos hacer. ¿Te acostaste con ella?.
—Si y fue un error.
Me do¡ una vuelta para que él no vea que he comenzado a llorar, en este momento ha vuelto a romper mi corazón; por más que quería aceptarlo una parte de mi tenía la esperanza de que fuera mentira y que Alex me dijera que no había pasado nada entre ellos y que había sido solo un malentendido.
—Azul esa mañana estaba muy enojado por qué me habías dicho que Michelle y tú eran novios, y entonces llegó Emily y paso eso.
Alex intenta acercarse a mi pero lo detengo.
—Sabes lo idiota que soy, una parte de mi seguía soñando con que me dijeras que no había pasado nada. —Me detengo porque la voz se me ha roto y las lágrimas no paran de salir. —Queria que me dijeras que me equivoqué.
—Azul lo siento.
—¡Déjame! Querías hablar pues lo haremos, —me limpió las lágrimas y tomo un respiro. —Tú eres así, ¿Cierto?.
—Cometí un error y lo siento, pero tú también fallaste.
—¡¿Qué?!.
No podía creer que él me estuviera culpando de algo, yo había hecho todo para que lo nuestro fuese realidad y Alex me falló.
—Te hiciste novia de Michelle, eso no es tu culpa.
—¡Crees que lo hubiera si no fueras un desgraciado!, ¡Me engañaste más de una vez!. —Las lágrimas no paraban de correr por los mejillas.
—¡Ahora yo soy el culpable! —ahora era Alex él que estaba gritándome.
—¡Sí y siempre lo fuiste! Apostaste por mi Alex, crees que valgo tan poco como para que alguien juegue conmigo.
—Por supuesto que no, y te pedí perdón y tú a cambio corriste a los brazos de Michelle.
No podía creer que me estuviera hechando en cara eso, cuando él siempre fue el del error.
—¿Y tú qué hiciste?, ¡¡¡Te acostaste con mi hermana!!!.
—¡¡¡Y TU ME ENVIASTE A LA CÁRCEL!!! ¡¿CREEES QUE DEBO PERDONARTE POR ESO?!. —Sus ojos estaban llenos de furia y su voz fue muy dura.
—Claro nada más eso faltaba Alex, bravo.
—Azul por favor, no quise decir eso. —Alex se dió la vuelta y comenzó a caminar de un lado a otro.
—Cada vez me decepcionas más Alex.
Tomé mi bolsa y me dirigí a la puerta.
—Pase 3 meses en la cárcel con mis amigos y créeme que cada segundo que pasaba no dejaba de pensar en ti.
—Ya es tarde, amo a Michelle.
—Eso no es cierto, tú me amas a mi.
—Estas equivocado.
—No lo estoy y ahora lo verás.
Alex me tomó de los brazos y me besó. Quería resistirme pero fue inútil, yo lo amaba pero aún me dolía lo que me había hecho.
Sus besos aún no eran suficientes para sanar las heridas que había hecho en mi. Nos separamos y sus ojos me perforaron el alma, tenía que irme por qué si me quedaba podría cometer una locura. Tenía que alejarme de Alex y no volver a meter más problemas en mi vida.
—Ya no te amo.
—Ese beso dijo lo contrario, pero no importa yo tengo amor suficiente para los 2.
—Aún no es suficiente y por favor déjame en paz.
Me di la vuelta y comencé a caminar, su beso me había dejado claro lo estúpida que era, aún seguía amándolo apesar de todo.
—No me rendiré Azul no voy a descansar hasta que estemos juntos de nuevo, lucharé contra todos incluso contra ti para obtener nuestra felicidad y eso te lo juro.
Quizás sus palabras eran reales pero juro que no eran suficientes para mí, no eran suficientes.