Joe se despertó y miró su vía intravenosa; quería sacarla del brazo. ¿Era un sueño? No lo sabía, pero esa vez se sentía un poco más consciente. Agarró la línea intravenosa y la liberó de un tirón. Salía un poco de sangre del lugar, pero no le importó. Agarró la barandilla de seguridad del lado de la cama. En lugar de pulsar los botones para bajarla, la arrancó entera y la lanzó por la habitación. Cuando golpeó el calentador bajo la ventana, se preguntó si las enfermeras habían oído el ruido. Tenían que haberlo hecho. Cualquiera que tuviera oído debería haberlo oído. Saltó de la cama, y sus pies descalzos golpearon las frías baldosas. Seguían siendo pies humanos, pero podía sentir cómo empezaba el cambio. Los antebrazos, las pantorrillas y los muslos le ardían, mientras se estiraban hacia

