Layla seguía dando vueltas en la cama, ya que le resultaba difícil conciliar el sueño. La noche era fría y además estaba lloviendo, pero ella se sentía inquieta. Podría haberse levantado hace tiempo y dar un paseo por la habitación, pero Nolan estaba cerca, ya que estaba trabajando en algo. Aún no estaba dormido. —¿Tienes problemas para dormir? —escuchó su voz y se tensó, él debió haber notado su incomodidad. —Sí... —respondió ella mientras soltaba un suspiro profundo. —¿Por qué? Tienes toda la cama para ti —bromeó él, ocupado escribiendo unos informes que debían entregar a los mayores al día siguiente. —No lo sé… —confesó ella al tiempo que se quitaba el edredón que la cubría y se sentaba recostándose en el cabecero. —Me siento inquieta... —musitó ella al levantarse de la cama y ace

