—Tenemos que irnos ahora —anunció Nolan levantándose de pie, al igual que Layla, preguntándose qué podría haber surgido que lo hiciera querer irse de repente. —¡Señor Alden! —exclamó sorprendido Hayes mientras él también se ponía de pie. —Tengo que ir a un lugar muy importante, puedes venir a verme a mi oficina... —dijo Nolan sujetando a Layla de la mano. Según él, ese lugar no era seguro. Hayes no era de fiar. —Pero señor Alden... —Hayes se rió con sequedad. —Acabas de llegar aquí, al menos siéntate y hablemos —trató de persuadir a Nolan. Pero la mente de Nolan ya estaba decidida. Ese lugar no era seguro para Layla. Hayes era un hombre lobo y sus hombres sin duda también lo serían. —Nos vamos —dice Nolan con un tono de determinación, y tomó la mano de Layla y ambos comenzaron a a

