—Buenos días, señora —saludó Layla a la mujer en el mostrador de la tienda de comestibles. Sosteniendo fuertemente la correa de Maddox. No le gustaba para nada la atención que estaba recibiendo y quería salir de la tienda de comestibles lo más rápido posible. Maddox era un perro raro y muy caro. Estaba recibiendo atención de la gente debido a su rareza. Y eso era algo que Layla odiaba más que nada. ¡La atención! —¿Qué puedo conseguirle? —preguntó la chica del mostrador. —Cinco paquetes de Dog chow con trocitos y pedazos —pidió. —Y también tres paquetes de carne y ave… Eran los alimentos exactos que Maddox comía. Así que iba a conseguirlos para él. —Eso sería mil dólares —informó la mujer mientras colocaba los pedidos de Layla en una bolsa de plástico. —Aquí está mi tarjeta… —Layla

