Layla corrió rápidamente de vuelta hacia Nolan después de encontrar el encendedor. —Señor... —se arrodilló frente a él mientras entraba en pánico. El color azul en su piel se estaba extendiendo lentamente. —He conseguido el encendedor —tartamudeó, colocando sus manos temblorosas en sus hombros. —Quémalo… —dijo él entre dientes. Layla necesitaba quemar el veneno. —¿Quemar qué? ¡¿Y qué hay de las balas que te dispararon?! —exclamó, respirando agitadamente. ¿En serio quería que quemara algo? ¿Cómo esperaba que quemara la piel humana? Literalmente se desmayaría en el proceso de hacerlo. —¡El veneno, por el amor de Dios! Nolan apretó los dientes del dolor. El veneno se estaba extendiendo rápidamente. —¿Cómo esperas que lo haga? —murmuró Layla, no sería lo suficientemente fuerte como

