Meses han pasado y el día del parto de Layla se acercaba. Se sentía como la mujer más feliz y afortunada de la tierra. Nolan era lo mejor que el cielo le podía haber ofrecido. El la apoyaba y se aseguraba de que estuviera cómoda durante todo su embarazo. Todavía le quedaban dos semanas antes de la fecha de parto y todos esperaban con ansias su llegada. Se volvió el hombre más dulce y se aseguraba de hablarle al bebé todas las noches antes de llevar a Layla a la cama. Nolan colocó suavemente su mano en el vientre hinchado de Layla, sintiendo al bebé moverse adentro. —Vas a ser una madre maravillosa —dijo, con voz llena de amor —.Nuestro hijo tiene mucha suerte de tenerte. Layla sonrió, su corazón lleno de alegría. —Y yo tengo mucha suerte de tenerte a ti —dijo, su mano descansando

