Capítulo 3: Una aventura de una noche

1319 Words
Layla entró en el bar al aire libre lleno de mucha gente, así era más fácil perderse entre la multitud de personas. Layla caminó hacia el mostrador del bar donde ordenó bebidas. El barista le sirvió y de inmediato ella se tomó un vaso, frunció el ceño de inmediato cuando el sabor llegó a su garganta. Esta era la primera vez que probaba alcohol, pero Layla estaba vacilante ya que los recuerdos de Mike y Scarlett seguían surgiendo en su mente. Miró alrededor del bar y encontró a mujeres vestidas con ropa perfumada y reveladora que charlaban con delicadeza.  Mientras todas ellas se divertían y parecía que estaban pasándola bien. Sin embargo, ninguna de estas emociones le importaba a Layla, ya se sentía como muerta. Se tomó otro trago, jadeando fuertemente, ¿por qué la vida era tan cruel con ella? —Hola —una voz grave e intimidante resonó en sus oídos mientras ella giraba su mirada hacia la dirección de donde provenía la voz. —Hola —saludó con voz melancólica, cualquiera que la viera en su estado actual pensaría que iba a ser ejecutada en cualquier momento. —¿Quieres tomar algo? El desconocido ofreció mientras Layla lo observaba durante mucho tiempo, estudiando su rostro. Parecía un hombre muy alto con una actitud apuesta, sus rasgos eran únicos y atractivos, con unos hermosos ojos azules. Layla se enamoró de sus hermosos ojos en el momento en que los vio. —No, gracias —Layla respondió bruscamente, apartando la mirada de él. —Debo decir que te ves triste, ¿no te importaría compartir? —dijo él con elegancia, girando el vaso de cerveza mientras daba sorbos lentos. —No es asunto tuyo —Layla escupió maldiciéndose a sí misma interiormente. ¿Se veía tan despreciable ahora que incluso un desconocido lo reconocería? —Pero realmente pareces necesitar un amigo —razonó él mientras Layla lo miraba fijamente en blanco, gruñendo en su mente. —Muy bien, un desconocido incluso puede darse cuenta de lo patética que me veo ahora, bueno, si debes saberlo, soy solo el resultado de un affair que nunca debió haber ocurrido. No soy más que un error —murmuró Layla, bebiendo otro vaso. —No eres inútil —le dijo él, mirándola profundamente a los ojos. —Uhhh. —Bueno, eso si no quieres serlo —afirmó él apartando la mirada de ella mientras Layla se burlaba de él. —Bueno, solo estás diciendo eso porque no sabes nada sobre mí, así que si debes saberlo, soy el resultado de que mi padre engañara a mi madrastra con mi madre, que es amante.  —Entonces, esa es la cruz que debe llevar tu padre, ni siquiera habías nacido o concebido cuando cometieron el acto —razonó el desconocido mientras Layla suspiraba pesadamente, si tan solo Rosalie pudiera ver las cosas así, nunca fue su culpa haber nacido. —Si tan solo pudieran ver las cosas así, ¿sabes qué?—preguntó Layla, volteándose para mirarlo. —Descubrí a mi hermana, que ha sido tan amable conmigo todos estos años, durmiendo con mi novio, a quien también le importaba mucho yo. No estoy segura de que sepas cómo duele eso, el maltrato de mi madrastra es incluso mejor que esto, ¿sabes cómo se siente ser traicionada por las personas que amas? —Layla concluyó lanzándole una pregunta, a la cual él solo se quedó en silencio. 'Por supuesto, él nunca ha sido traicionado' pensó Layla mientras volvía a su bebida. —Claro que sí, todos tienen su propio pasado feo, todos lo tenemos —dijo él con una sutil sonrisa en su rostro, observando a la chica borracha frente a él. —¿No crees que ya estás bebiendo demasiado? —preguntó él mientras ella le lanzaba miradas asesinas, sus mejillas ya ligeramente sonrojadas. —Por eso vine aquí, para emborracharme y divertirme —respondió Layla mientras lo miraba de nuevo. Algo la afectó en el momento en que mencionó la diversión, estudió al desconocido a su lado, con quien había estado conversando, era muy guapo, incluso más que su supuesto novio Mike. Entre todos los hombres guapos que Layla ha conocido en su vida, este se destacaba. Y él iba a ser el mejor candidato que necesitaría, necesitaba vengarse de Mike y Scarlett por lo terrible que le hicieron. Los ojos azules de este hombre lo decían todo, ni siquiera sabía su nombre ni de dónde venía, porque nunca había visto a esta persona en Seattle antes. —Oye, ¿cuál es tu nombre y de dónde eres? —preguntó Layla tratando de saber más sobre el misterioso hombre. —No estoy basado aquí, vine por un viaje de negocios. Fue su respuesta cortante mientras él la miraba, enviando escalofríos por la espalda de Layla. —¿Y tu nombre? —No necesitas saber mi nombre, ¿verdad? —cuestionó él de forma indistinta acercándose más a Layla, haciendo que ella se sintiera incómoda. —Entonces te llamaré Señor Ojos Azules, hmm —propuso Layla mientras el extraño hombre asentía en aprobación. —Bien, la presentación ha terminado, ahora vayamos al grano, ¿quieres pasar un buen rato juntos?—preguntó Layla. —Claro —respondió el hombre sin demora mientras una pizca de travesura cruzaba sus ojos. Layla tragó fuertemente, nunca esperó que él aceptara tan pronto, pero ya se había aventurado por este camino y no había vuelta atrás. Dado que el Señor Ojos Azules no era de Seattle, eso facilitaba las cosas, después de esta noche seguirían caminos separados y olvidarían si algo alguna vez sucedió entre ellos. —Bien, reservaremos una habitación, pero ten en cuenta que es mi primera vez y no tengo experiencia —informó Layla de antemano ya que había escuchado que la primera vez suele ser dolorosa. Las pupilas del hombre se contrajeron cuando una corriente de calor lo golpeó, lo envolvió por completo. —Ven aquí —ordenó, su voz ya ligeramente ronca. El corazón de Layla estaba en pánico, pero tenía que ser valiente y terminar con esto. Se acercó a él con una expresión emocionada, levantó su mentón suavemente y le dio un beso ligero en los labios, divirtiendo al hombre. 'Qué chica valiente', pensó él. —Tus labios son muy suaves y me encantan tus ojos —susurró ella. .. .. .. Layla inhaló profundamente mientras el hombre la llevaba tiernamente a la cama, la colocó suavemente en la cama y se acostó junto a ella. Sentía su aliento en ella y olía a alcohol, ambos estaban borrachos. Ambos se miraron fijamente y Layla quedó cautivada por su mirada, como si se estuviera derritiendo en sus brazos. La tenue luz de la luna le permitió ver ligeramente su rostro y olía a deseo, deseo s****l. Pasó sus manos gruesas por su cuerpo, provocando gemidos suaves y sensuales de ella. Sus ojos se clavaron en los de ella y podía ver claramente que la deseaba, el deseo de dominarla. Layla no quería rendirse ante él, no debería estar haciendo esto, era un total desconocido y también emitía esta aura peligrosa a su alrededor. No quería entregarle su virginidad a alguien a quien ni siquiera conocía su nombre, pero cuanto más intentaba resistirse, más caía ante sus encantos. La electricidad parecía recorrer su cuerpo enviando una sacudida directo a sus pliegues ya húmedos mientras él pasaba sus manos por su cuerpo. El torrente de intenso placer la recorrió y pronto comenzaron a besarse salvajemente. Él le quitó el vestido con rapidez y ella jadeó anticipando lo que estaba por venir. Layla jadeó bruscamente mientras el dolor y el placer se unían y atravesaban su alma. Fue una sensación tan increíble que se perdió en la multitud de emociones que la envolvieron, con cada segundo que pasaba el dolor disminuía y el placer era tan intenso que pensó que iba a desmayarse.
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