Capítulo 9

993 Words
Todos los ojos estaban puestos en Layla, que estaba asustada mientras se preguntaban curiosamente qué podría haberle hecho al presidente en el pasado si alguna vez se habían cruzado antes para hacerlo sentir tan furioso. —Xander, ¿quién es ella y qué está haciendo aquí?—preguntó de nuevo con una voz atronadora, sus ojos azules helados fríos como la muerte misma. —Nolan, esta es tu nueva secretaria, ¿la conoces? —Xander cuestionó, enfrentando a Nolan que dio un paso adelante. —Ven conmigo —le dijo a Layla, antes de arrastrarla hacia su oficina sin darle oportunidad de hablar. —¿Qué haces aquí? —preguntó inmediatamente después de cerrar la puerta detrás de él acorralándola contra la pared con las manos alrededor de su cuello. —Yo... yo... yo... —Layla tosió mientras luchaba por respirar. Nunca esperó encontrarse con él aquí o de esta manera, pero ¿por qué demonios estaba reaccionando de esa manera? ¿Había hecho algo para enfadarlo? —¡Respóndeme! —gruñó Xander y Layla sintió que su corazón se paralizaba. —Yo... —Layla tosió, ¿cómo esperaba él que hablara cuando la estaba estrangulando? —¿Quién te envió? Su aliento le acariciaba la cara y Layla de inmediato sintió ganas de llorar. ¿Qué quería decir con todo eso? Nadie la envió. Ella vino aquí a trabajar. —Por favor, déjame ir —logró decir o podría matarla antes de darse cuenta. —Habla —ordenó quitando las manos de su cuello empujándola a un lado como si fuera basura. —No te entiendo —tartamudeó Layla con ojos llorosos. —¿Quién te envió?, ¿o creíste que podrías entrar aquí porque tuvimos sexo una vez? No te preguntaré de nuevo, ¿por qué estás aquí? —No sé de qué estás hablando, nadie me envió y no estoy aquí porque tuvimos sexo —respondió Layla con respiración agitada. De hecho, él pensó que era una impostora plantada para espiarlo. —Lo juro, no tengo ni idea de ti, no te conozco, no sé tu nombre, tu estatus o nada, solo vine aquí a trabajar, nada más —dijo tratando de sonar convincente.  ¿Quién hubiera pensado que reaccionaría así? Solo significa que la mataría si le hablara del embarazo diciendo que es una impostora tratando de culparle dr un bebé. Estaba bastante segura de que él haría eso. —Mira, señor, lo que pasó fue una aventura de una noche y ya lo he olvidado, o siquiera ocurrió, así que por favor, créeme cuando digo que no tengo segundas intenciones aquí, solo vine a trabajar —dijo en voz alta mientras se frotaba el cuello lentamente, le dolía. —Tengo mis ojos puestos en ti, si alguna vez intentas algo estúpido, te mataré —juró en un solo aliento mientras se dirigía a su silla. Layla se encontró retrocediendo, no era solo una amenaza cualquiera, por la forma en que la miraba, realmente la mataría. —No lo intentaré... —Lárgate —ordenó y Layla rápidamente salió corriendo de la oficina sin pensarlo dos veces. Layla cerró la puerta detrás de ella y se apoyó en ella, respirando lentamente. ¿En qué lío se había metido? Ese hombre es aterrador, ¿cómo le dirá que está embarazada de aquella noche? Es posible que ni siquiera le crea. Por la forma en que la miraba, podía decir que la odiaba hasta el fondo, sus ojos solo destilaban odio como si fuera algún tipo de error. —Oh Layla, ahora estás en problemas —jadeó mientras se acomodaba el cabello y la ropa antes de ir a su oficina. .. .. .. Layla entró a su oficina y vio al otro hombre esperándola, Bertha ya se había ido. —Señorita Layla —la llamó al verla y Layla se quedó a unos metros de distancia, todavía sacudida por lo que había sucedido antes. —Felicidades por ser seleccionada como secretaria —dijo él y una sonrisa se esbozó en su rostro. —Gracias, señor —murmuró Layla mientras sollozaba con la cabeza gacha.  Se había prometido a sí misma que viviría como un fantasma en la oficina. Nunca miraría a nadie a los ojos, como si no existiera. Ahora entendía por qué Bertha la había advertido sobre el presidente, era tan hostil y por la forma en que reaccionó, sentía que no duraría ni una semana. —Aquí, este archivo contiene todo lo que necesitas saber sobre tu trabajo. También puedes pedirle a Bertha que te oriente y yo puedo ayudar cuando esté menos ocupado —ofreció mientras Layla se encontraba suspirando aliviada de que este no fuera tan hostil como el presidente, y parecía ser su amigo. —Gracias, señor. —Puedes llamarme Xander —me sonrió cálidamente. —Mucho gusto —dijo Layla nerviosamente mientras se estrechaban las manos. —Regan me dijo específicamente que cuidara bien de ti —informó mientras Layla asentía.  Él era el amigo del que hablaba Regan, el que la ayudó a conseguir el trabajo. —Gracias —agradeció, quería conocer a la persona que la había ayudado y agradecerle personalmente. —¿Por qué? Se rió y Layla no pudo evitar admirar lo guapo que era, de hecho, el presidente era guapo también, solo que tenía un aura peligrosa, mientras que Xander parecía agradable de estar cerca. —Por ayudarme a conseguir el trabajo. —No es nada, además el puesto estaba vacante y casualmente estábamos buscando a alguien. —Aun así, gracias —afirmó Layla. —De acuerdo, que tengas un buen día y disfruta tu primer día de trabajo —deseó mientras se dirigía hacia la oficina del presidente. Layla exhaló bruscamente, arrojándose al sillón como una estrella de mar. Adaptarse a ese lugar parecería difícil, pero lo haría bien si se aseguraba de evitar al llamado presidente. Pero, ¿cómo podría ser posible cuando trabajan en el mismo piso?
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