— Bien ... ¿Que quieren? — dije nada más llegar a la cocina donde estábamos solos.
Antes de dar un show en frente de toda mi familia, preferí llevarlos lejos a los dos. Los únicos que sabemos lo que ha pasado estos últimos días somos nosotros, Connor y Leah y así quiero que se quede. Si le puedo evitar disgustos a los demás, lo haré sin miramientos.
Mamá, papá y los gemelos solo saben de la aparición de James el verdadero padre de mi hijo, quien además seguía en silencio junto a Pierre. No hallaban que decirme, se les notaba en la cara. Pensé que al verlos me ganarían mis emociones, que podría flaquear ante ellos, que no aguantaría y me dejaría convencer.
Que errada estaba, esta semana lejos me sirvió de mucho. Lo que siento ahora que los tengo cara a cara es enojo, irá, decepción... ¿Tristeza? No, eso no.
— Hablen... ¿Es que vinieron nada más a verme la cara? — estaba molesta, les soltaba cada palabra sin una gota de arrepentimiento.
Nada... Los dos se quedaron callados, sin decir una palabra. Aunque, sus ojos eran otra cosa, me miraban de arriba-abajo con descaro. Se que la braga se ajusta a mi cuerpo y me da “Cierta sensualidad" después de todo, lo que más se me marca aparte de mi panza son los senos. Anda, que como son de básicos, están embobados con su vista en ellos.
— Si no van a decir nada... — voy haciendo señas de Irme. A pesar de estar toda la tarde sentada, como me está cansando estar parada. Cada día me es más difícil mantenerme parada por mucho tiempo, me pesa mi barriga.
— ¡Espera Ámbar! — me llama James, no se atreve a tocarme. La última vez le dije que no lo hiciera, ahora veo que lo ha tomado muy en serio.
No me detengo, sigo caminando pero en dirección a la mesa del comedor y me siento. Cuando llego, un bufido sale de mi boca sin intención. Vaya que eso me canso... Ellos no desaprovecharon la oportunidad y se sentaron inmediatamente en las sillas de frente.
— Ámbar, lo primero que quiero decirte es que tienes toda la razón de estar molesta, no debimos mentirte, yo no debí haberte engañado, pero creeme que lo único que queríamos era protegerte.
Se callo cuando levanté mi mano. Esto es nuevo, haciéndome caso con un simple gesto, que cambios...
Por dentro, estoy impresionada aunque por fuera mi cara no demuestra ninguna emoción.
— Hablaré con uno primero y luego el otro. — solté muy seria y ellos que se miraron por un breve momento a la cara decidiendo con miradas, al final fue Pierre quien salió.
Una vez nos quedamos solos, el soltó aire y luego de una pausa me llamo. — Ámbar, no quiero hacerte más daño, así que voy a contarte que fué lo que realmente paso. ¿Me permites?
Asentí con la cabeza.
— Esa mujer fué mi — tardo unos segundos buscando palabra para describirla — compañera... Ya se que Pierre te dijo que yo trabajaba a parte, solo que, nosotros trabajamos en pareja, no...
Se le notaba que para él era difícil explicarse.
— Ámbar, esto... No es fácil. Nunca hablo de mi trabajo, ni con mi familia lo hago porque no es algo de lo que podría hablar con tranquilidad. Estoy en eso pues yo era un hombre solitario a pesar de estar con Pierre, la mayoría del tiempo estaba solo. No sé cómo explicarte, hasta hoy en día nunca había hablado con toda sinceridad como lo quiero hacer contigo. — estaba nervioso pero su mirada me decía que estaba diciendo la verdad.
— James — Llamé su atención. En ningún momento bajo la mirada, pero si se perdió en sus pensamientos. — No tienes que contarme todos los detalles, solo quiero saber unas cosas. — dije, aunque quería tomarle las manos y evitar su sufrimiento, no podía, aún no puedo. — ¿Tuviste elección de quedarte?
— Si — contestó, luego de unos segundos en silencio.
Yo me quedé de la misma manera, sentada derecha buscando las palabras para mi siguiente pregunta ignorando ese golpe bajo que provocaron esas dos simples letras.
— ¿Hasta que punto esa mujer formó parte en tu decisión de irte?
Las palabras me salieron en tono tranquilo, no acusatorio, todo lo contrario. El se quedó pensando hasta que llegó a una conclusión.
— Ella la conozco desde hace mucho tiempo, hemos trabajado en muchas misiones y es la esposa de Jean Pierre...
— Eso no fué lo que te pregunté — solté las palabras llenas de veneno al escuchar lo último.
— Sí. — dijo a secas. — Nos necesitaban a los dos ya que hemos trabajado juntos, así que fuí porque nos necesitaban a ella y a mí. Era una misión importante.
Wow... Ese “Si" rotundo me dejó sin aliento.
¿Entonces te importó más ella que yo? Me provocó decirle. Aunque no sé bien si sería justo preguntarle... ¿Acaso será así todo el tiempo? Ya no tengo ganas de nada, sin embargo, debo aclarar todas mis dudas.
— ¿T-tuviste algo con ella antes? — pregunté dudosa mirándole a los ojos.
— No. — respondió dándome cierta tranquilidad, que luego aplastó con lo siguiente que dijo. — Bueno hemos ... Nos acostamos una sola vez Ámbar te lo juro, solo una vez. No sé que me pasó, sinceramente no lo recuerdo bien.
— ¿Y eso sucedió antes o después que estuviera con Pierre? — le pregunté casi que de inmediato.
Allí no me pudo sostener la mirada — Después... — respondió de la misma forma.
No lo puedo creer... Me tape la boca inconscientemente tras escuchar aquella confesión.
— Pierre lo sabe. Fué en una ocasión, estábamos en una fiesta, yo había bebido, no recuerdo bien como paso pero
— ¡Ya! No quiero escuchar más.
— Ámbar no significó nada para mí... Te lo juro. Ni siquiera recuerdo cómo pasamos a eso.
— ¡Basta James! No quiero saber. —
Cómo es posible. — ¿Ella, que es lo que quiere? Y ¿Cómo supo dónde estaba? — le pregunté sin miramientos, eso lo tenía metido en mi mente desde que apareció y quería saberlo.
James levantó su mirada a mi y buscaba que palabras decir. — El cómo lo supo, seguramente por habernos seguido, a nosotros nos entrenan muy bien para avanzar sin ser detectados. Y lo que quiere no lo tengo claro. Quizás, causarte problemas con Pierre. Tiene una obsesión insana con el.
Perfecto, una loca detrás de mí.
— Una última pregunta. — le dije después de sopesar bien sus palabras. — ¿Volverás a irte?
— No, no lo haré. — respondió al final.
Se paró y salió de la cocina dándole oportunidad a Pierre de entrar. Este repitió los mismos pasos que minutos antes y se sentó frente a mí.
Nos quedamos mirando por unos segundos hasta que dijo.
— Lo lamento Ámbar. — me habló con honestidad. — Lamento haberte engañando y sobre todo lamento herirte.
— Pierre, detente. — sostuve antes de que siguiera. — Solo quiero que me respondas unas preguntas.
El asintió.
— Estás divorciado ¿Si o no?
— No. — respondió después de un rato. —Estoy separado. Yo ya he firmado los papeles, sólo falta ella, no me importaba antes de conocerte pero ahora...
— ¡Basta! — le corté y el silencio se apoderó de nuevo entre los dos.
— Si tú y yo nos íbamos a casar... Cómo es que seguías casado con otra Pierre. — le reclamé, aunque sonó más a lamento que a reclamo.
El se me quedó mirando con ojos tristes, — Ámbar, yo ... Yo si me quiero casar contigo. Solo falta que ella firme los papeles. No fué una boda religiosa solo firmamos los papeles.
¿Solo civil? ... Bueno nosotros si nos íbamos a casar por la iglesia, pero no, ese no es el hecho.
— ¿Por qué me ocultas la verdad Pierre? — sabía que esa pregunta era tonta hacerla, pero igual quería sacarla de mi.
El no halló como responderme.
— ¿Cuántas veces te viste con esa mujer a escondidas? — le pregunté con mas seguridad.
El por su parte, cerro los ojos y soltó — tres veces.
— ¿Seguro? — la bicha esa me dió la impresión de que habían sido más.
— ¡Si amor, seguro! — soltó de inmediato mirándome a los ojos. Luego se dió cuenta de lo que había dicho. — Disculpa, Ámbar.
Esa bicha, mala hora la que se cruzó en mi camino. — ¿Se seguirán viendo? — salió de mi sin contenerme.
— Si, pero solo para que firme el divorció.
— ¿La habitación que compartimos era donde tú dormías con ella? — las imágenes de ellos viviendo y durmiendo en la casa donde yo viví y dormí durante los últimos meses se paseaban por mi mente dejándome asqueada.
— No Ámbar, la casa yo se la deje a ella cuando nos separamos. Dónde tu y yo vivimos era la casa donde vivía solo con mi madre, esa casa es lo único que mi verdadero padre hizo por nosotros. Cuándo ella murió me quedo en herencia. Sabrina nunca ha entrado allí.
Nada más escuchar su nombre me provocan ganas de vomitar.
Ufss pero que tranquilidad saber que esa mujer nunca ha pisado esa casa... Me da una calma increíble.
— ¿La sigues amando? — le pregunté en un susurro... Intenté que la pena no se me reflejará en la cara, más me fué imposible viendo su reacción.
Su cara se relajo bastante luego de escucharme, allí estaban esos ojitos color miel que tanto adoro viéndome con ternura.
— No Ámbar... La única mujer que amo eres tú.
— Pierre...
El se acercó más a mi.
— No me vuelvas a mentir.
...
Las dos horas siguientes la pasamos junto a los demás, la sala aunque no es tan pequeña, con todos aquí se ve chiquita, yo estoy sentada en uno de los muebles, James y Pierre están frente a mi en los puffs, se ven graciosos los dos allí, Leah y Connor en el otro mueble más acaramelados que nunca, Christopher en el sillón al lado de Christian en el reposabrazos y en las piernas de papá como cuando eran jóvenes esta mamá.
Todos están tan naturales y parece tan surrealista, pero es así, ahora todos estamos teniendo conversaciones de lo más normales.
Al principio Connor se mostró receloso con la presencia de ellos, pero Leah se lo llevó un momento lejos de los demás, cosa que le agradecí pues lo pudo calmar, después me mandó un mensaje que desde que leí no paré de reír por un buen rato.
“Curruñis, hay que ver cómo es el genio de tu hermano para con esos dos.. Pero vamos que por hoy lo dejara pasar"
“Por cierto, ¡Que guapo son los dos! El bebé te va a salir hermoso sea quien sea el padre"
De momento, ví como los dos me estaban mirando cuando leía los mensajes, seguro se estaban preguntando ¿Con quién estará hablando? Ya que Leah seguía fuera de nuestros campos de visión.
El último mensaje antes de que saliera de su escondite con Connor decía “Curruñis, mañana Connor me llevará a la playa, pero cuando regresemos me cuentas que pasó, Por ahora te dejare para que los sigas torturando con las vistas que les estás dando. ¡Perfecta elección de braga! Mañana te pones el vestido que elegimos ¡Que se mueran de los celos! "
Está Leah... No tiene compón ... Y es que hay que ver la cara que tienen los dos, se están muriendo por saber con quién hablo.
Ya eran pasadas las diez de la noche cuando los gemelos se fueron, Leah y Connor iban por el mismo camino y yo me quedé en la sala mientras los despedían en la puerta. James y Pierre seguían allí conmigo esperando mi reacción, salvó que no hice ninguna. «A ver que hacen» me dije a mi misma.
— Ámbar, se que es muy precipitado pero si pudieras darnos la oportunidad, aún tenemos la casa. — James dió el primer paso.
— No. — le solté de lo más tranquila.
— ¿No? — repitieron los dos.
— ¿No ahora? ¿No... Nunca? — preguntó Pierre.
— No hoy. — respondí al final.
— Ámbar... — rogó James.
— No James — intervino Pierre.
El sabe que presionarme empeoraría las cosas. — Mañana tienes la consulta con el doctor Di' Maggio, te vendremos a buscar.
Cómo siempre, no es pregunta, si no un aviso.
Así como vinieron, así se fueron. Se despidieron de mis padres y nos quedamos nosotros tres en la sala. Ahora a descansar, mañana es otro día. Sólo espero que no se aparezca ninguna otra sorpresa por la puerta de mi casa.
Al día siguiente.
A pesar de haberme acostado tarde, luego de una extensa y esclarecedora plática con mis padres, hoy me desperté súper temprano. En parte, estoy emocionada ¡Hoy voy a conocer el sexo de mi bebé! La otra parte de mí está nerviosa, estaré a solas con ellos hoy y no sé porque presiento que no tendré la misma fuerza que ayer.
Me levanto, después de estar un rato viendo el techo de mi cama, voy directo al baño a asearme y siguiendo el consejo de Leah, me coloco el vestido y la verdad ¡Me queda fenomenal! es azul oscuro con pocas flores que caen delicadas, sin mangas, solo tirantes en V que se cruzan por toda mi espalda.
Así como es, no me permite utilizar brasier, pero ni falta que me hace, mis pechos gracias a mi embarazo se han hecho más grandes, lo que me permite modelar este vestido sin sentirme avergonzada.
Una cola de caballo para que me resalte el cruzado de tirantes en la espalda y un poco de brillo, eso es todo. ¡Lista para saber el sexo de mi bebé!
Salgo de mi habitación rumbo a la cocina, mamá ya se ha levantado para hacer el desayuno a papá antes de irse al trabajo.
— Hija ¡Santísimo! Si quieres darles más motivos para que esos hombres se maten lo vas a lograr... ¡Que guapa estás! — dice contenta.
Sus comentarios como siempre provocan más de una carcajada en mi.
— No mami, no digas eso. Es que hoy me siento extrañamente renovada. ¡Hoy sabré el sexo de mi bebé!
Allí soltó lo que tenía en la mano y me abrazo con gran ánimo. — Bueno ya ¿Que hay de comer? Muero de hambre — extiendo lo último exagerada a más no poder.
Ella me pasa el plato de la comida diciéndo — Hija mía recuerda mis palabras, esos dos van a terminar locos al final del día.
Toc toc toc...
Se escuchan golpes en la puerta y una extraña sensación se apodera de mí rememorando lo de hace días... Señor por lo que tú más quieras que no me arruine la mañana por favor...
Mi mamá sale disparada a la entrada dejándome con la palabra en la boca. La escucho abrir la puerta y — ¡Pierre! que susto nos has dado, no esperábamos a nadie.
— Lo siento señora Vivian, ¿Puedo pasar?
— Claro Pierre, pero vamos entra. Y que eso de ¿Señora?
«Mamá por favor te pasas» me digo yo en mi mente. La casa como es pequeña a pocos segundos ya están en la cocina. Primero entra mamá, seguido entra él y su reacción al verme fué más impactante de la que esperaba que tuviera. Me recordó a Connor cuando nos buscó ayer.
— Ámbar! ¡Estás preciosa pequeña! — ví como sus ojos me recorrían el cuerpo entero.
Gracias al cielo mi mamá estaba de espalda a el, porque esa mirada que me regaló la conozco muy bien.
— Pierre ¿Que haces aquí tan temprano? — Veo el reloj de mi muñeca y me afirma que aún nos quedan alrededor de dos horas para la consulta.
— Y-yo... Quería preguntarte si aceptarías salir a desayunar conmigo. — me daba risa por dentro ver cómo se había quedado pasmado.
Mamá, es que cuando digo que como ella ninguna, es porque lo es. — Vayan hija, ya Connor viene con Azalea y nos iremos de compras — dice, lo cual es una absoluta mentira. Connor llevo a Leah a la casa de la playa hoy en la madrugada.
Mira que pícara es...
Mientras, Pierre — ¿Que dices? ¿Te animas? — aprovechando la brecha que le dió mi mamá me pregunta con sus ojitos brillosos.
¿Cómo decirle que no? Ufss y con el hambre que tengo... No puedo rechazarlo.
Salimos de la casa y sin perder tiempo nos montamos en su camioneta y nos marchamos, pareciera que hubiera pasado una eternidad desde la última vez que estuve aquí con el. No hemos perdido toda la química que nos identifica, solo que ahora es un poco distinta. El es más cuidadoso en su manera de tratarme y en parte hecho de menos al Pierre juguetón, al que aprovechaba cualquier excusa para besarme, tocarme o sencillamente montarme en su regazo. Cómo cada vez que me sostenía encima su pene pinchaba por salir a hundirse en mí.
Cómo me acariciaba desde mi vientre hasta la comisura de mis senos... Un suspiro involuntario salió de mi boca al recordarlo.
Al parecer no fuí la única, Pierre tiene esa mirada que siempre coloca cuando quiere tomarme.
— Te extraño. — me dijo luego de un suspiro.
Su vista seguía al frente — Ámbar, te extraño y te amo. Estos días sin ti han sido un infierno para mí.
— Pierre... — mi voz salió en un susurro lamentable.
— No cariño, déjame decirte esto — paró el auto a unas cuantas calles de mi casa. — Ámbar, jamás en mi vida me había sentido tan miserable como lo he estado estos últimos días. Te amo Ámbar, te amo como no he amado a ninguna otra mujer. Y se que lo arruine, que no te dije toda la verdad, me daba terror solo pensar que te alejaría de mi por no decirte y cada vez se me hacía más difícil contarte. — se le veía la desesperación en su mirada. — Ella y yo no tenemos nada, nunca lo tuvimos, nos casamos porque creí que estaba embarazada de mi, pero no lo estaba y nunca lo estuvo, cuando supe la verdad le pedí el divorcio, pero ella siempre estaba fuera y por eso no había firmado los papeles. No entiendo porque está aquí ahora y que quería al decirte todo aquello, pero de verdad cariño yo no tengo nada con esa mujer... Todo es diferente gracias a qué te conocí a tí, tu me has brindado más paz de la que en toda mi vida había sentido.
Sus palabras estaban haciéndome flaquear, sabía que estar así a solas quitaría la rabia que sentía y se revelaría el amor que le tengo. Aunque quiera negarlo, no puedo.
— Ámbar, llevo este tiempo pensando en cómo decirte tantas cosas y ahora que te tengo aquí no logro poner en orden todo aquello. — Su voz, ya poco a poco iba desacelerando su ritmo. — Por favor, no me alejes Ámbar. Dame una última oportunidad y te juro que no lo voy a arruinar. Nunca más te diré una mentira y siempre, siempre hablaré contigo antes de tomar cualquier decisión. Pero por favor no me alejes.
— Pierre, Shh... — le callé su boca con mis dedos. — Para mi no es fácil lidiar con las mentiras, así que no lo hagas más. — contesté sincera. — Yo... Yo te sigo amando. — dije al final y el se alivio con mi confesión. — Aunque, no te niego que fué devastador conocer así la verdad. No me agrada esa mujer, no la quiero cerca de mi, ni de mi hijo y si es posible de tí. — aquí van de nuevo mis celos atacando. — No quiero que estes con ella, no quiero que la vuelvas a ver y menos que se encuentren a solas.
— ¡Hecho preciosa, todo lo que tú quieras! — dijo sin rodeos.
— No me siento con el derecho para exigirte que se divorcien lo más pronto posible — aunque me encantaría que así fuera. — Pues, no sé cómo llevaremos nuestra relación a partir de ahora. Pero no veo justo que si nos íbamos a casar tu aún estuvieras relacionado con esa mujer.
— Lo haré ámbar, voy a divorciarme de ella, es una de las cosas que más deseo.
— Por otra parte, no sé cómo resulté todo al final de mi embarazo pero por ahora lo único que quiero es disfrutarlo. — Al fin y al cabo, nadie me garantiza que seguiré viva después de dar a luz a mi bebé.
Debo pensar en mi bebé y en mi primero, luego el resto.
— Así será cariño, te prometo que no te expondremos más. Ni James ni yo queremos que tú sufras, por eso estamos mas que dispuestos a aceptar lo que tú quieras hacer y respetaremos tu decisión.
Muy bien, si es así, estaremos bien a partir de ahora.
Aunque todo es mucho más fácil decirlo que hacerlo, así que veremos cómo nos va.
— Por lo pronto Pierre, muero de hambre así que — haciendole pucheros — Me llevarías a comer.
Luego de la consulta tomaré una decisión, después de todo, uno con hambre no piensa bien ¿Cierto?
Escuchar a Pierre reir es una de mis mejores medicinas, tenía mucho tiempo que no lo escuchaba y aunque lo quiera negar, me hizo demasiada falta.
— ¡Todo lo que mi niña quiera! — me dijo con su buen ánimo implantado dentro de la camioneta.
Así seguimos hasta la plaza del sol dónde hay varios restaurantes y nos adentramos en uno donde no había mucha gente. Iba agarrada del brazo de Pierre para darme soporte y noté como todo el que nos pasaba por un lado se nos quedaba mirando, es más, las mujeres más descaradas no podían ser... Aunque por otro lado, hubo varios hombres que haciendo caso omiso de mi prominente barriga y del poderoso hombre que me sujetaba, me comían con la mirada y por el rabillo del ojo notaba cuando Pierre les lanzaba su mortífera mirada.
Me llevo a una de las mesitas más alejadas de la gente para disfrutar de la vista tranquila y el se fué a hacer el pedido como aquella vez en el parque. Así de la nada, una sonrisa se instaló en mi cara al recordar los bonitos momentos que hemos pasado juntos y no solo con Pierre también aquellos momentos que pase con James, cuando de repente haciéndome dar un brinco del susto se sentó en la silla vacía un muchacho bastante jovial y guapo.
— ¡Oh cielos, me asustaste! — le digo medio alzando la voz.
El chico anda con unos jeans con diseños, una camiseta de estilo hawaiana que no le queda nada mal y unos lentes de aviador.
— Lo siento. ¡No era mi intención! — se disculpa con una sonrisa. — Te vi sola y quería hacerte compañía. — dijo acercando más la silla hacia mi.
— ¡No, para nada! — suelto riéndome de su ocurrencia — No estoy sola. — le digo ya después de calmarme.
— Ah ya veo, ¡Estás embarazada! — dice al notar mi no tan pequeña pancita. — Bueno, no hay problema. ¿Que se te antoja? — seguía insistiendo el muchacho levantando el menú.
Mis risa fué en aumento con la expresión del chico. — No, me has malinterpretado... No estoy sola.
— ¡Exacto! — escucho esa voz modo matador tras de los dos. — Ella no está sola.
El chico ni se amilanó ni nada y aunque la situación a mi me parecía de lo más graciosa, para James que como por arte de magia apareció detrás de nosotros, demostró que no lo era.
— Te sugiero que te levantes. — le dijo amenazador, a lo que el muchacho le resto importancia, se levantó pero sin apuro.
Sin duda, colocar a James y a Pierre juntos no se nota mucha diferencia pues los dos son casi que de la misma complexión... Pero tener a James frente a este desconocido, sinceramente es considerable la desventaja para el muchacho.
James esta con unos pantalones negros estilo militar, una camisa blanca y encima una chaqueta como del mismo estilo que el pantalón pero con más diseños de colores militares. A parte de todo eso, se le notan los músculos que tiene...
Es que nada más verlo se me alborota toda la parte baja... ¡Dios! no aguanto más sintiéndolo aquí parado detrás de mi mientras yo permanezco sentada, sus manos en cada lado de mis hombros haciéndome cariñitos... ¡Que calor!
— Ah ¡Ya veo! — respondió el muchacho haciendo señas de cuando se le pasa una idea por la cabeza. — ¡Tu eres su hermano! — le dijo meramente para molestarlo por el tono de voz que usó.
Sentí las manos de James presionar mis hombros, por lo que me pare para evitar una desgracia, inmediatamente después James en su modo territorial paso su brazo por encima de mis hombros acercándome más a él.
— ¡James! — atrapé su atención colocando mi mano sobre su mejilla atrayendo su mirada a la mía, fué la única manera que desviará su vista de aquel desconocido a mí — No pasa nada, el muchacho solo se sentó aquí pensando que estaba sola.
No logré decir más, a los tres se nos sumo Pierre que viéndome así de pegada a James tuvo que armarse de paciencia para no hacer una escena. Bueno una más de la que ya estábamos dando.
Pierre paso por un lado de aquel muchacho y colocó la comida en la mesa. — James ¿Que está pasando? — preguntó con la única intención de que este último me soltará «lo cuál hizo». Y yo para aminorar la incómoda situación decido intervenir, colocándome en el medio de los dos.
— No pasa nada... Chico disculpa pero será mejor que te vayas. — le dije sin mayor interés. — Yo estoy con ellos — que parecían perros de caza por la cara que tenían. — Fue un placer conocerte y ¡Muchas gracias!
— El gusto fue mío preciosa. — respondió con guasa aquel muchacho a lo que Pierre sin titubeos se puso delante de mi evitando así que el chico me siguiera viendo.
— ¡Lárgate! — gruñó Pierre de brazos cruzados mostrando sus más que voluminosos músculos.
Pude ver entre los pequeños espacios que dejaban los lados de Pierre como al muchacho se le marcaba una cínica sonrisa en su cara antes de marcharse.
— Adiós preciosa. — soltó al final.