— Doctor, entonces ¿Mi bebé está bien? — la consulta ha sido completa, me ha examinado hasta lo más mínimo. No cabe duda de lo profesional que es.
— Si Ámbar, tu bebé está muy bien. Aunque no es para que te descuides, debes seguir cuidándote. Ya sabes cumple con el tratamiento y reposo absoluto.
Oh oh ... «Reposo absoluto» palabras que no pasaron desapercibidas por Pierre quien además en todas las cuatro horas que llevamos en la consulta ha estado pregunta que pregunta.
— ¿Eso significa doctor que mi mujer no puede hacer ningún tipo de actividad?
Wow «Mi mujer» sonó demasiado para mí.
*Acostumbrate* me recordó mi conciencia.
Es normal, estoy comprometida con el y dentro de tres meses seré su esposa legalmente.
¡Que nervios!
Por otra parte ya metió la punta... Que oportunista es mi niño.
—Oh claro — respondió el doctor — Ella puede hacer actividades que no generen estrés, ni agites o sobreesfuerzo. Cómo por ejemplo, dar pequeñas caminatas, pausas activas...
— ¿Y que tal hacer el desayuno, almuerzo y cena? — pregunto yo en un tono retintin.
Pierre me mira, no distingo si es risa, sorpresas o un ¿Que diablos piensas? Aunque todo eso junto lo que me provoca es reírme, no lo hago. Omito mi risa y la reemplazo por una inocente mirada.
Éste al sostenerme la mirada un momento empieza a reír conmigo.
El doctor se quedó callado, supongo que esperando a ver qué dice mi prometido.
— ¿Puede doctor? — dice rendido al final.
— Si, por ahora puede hacerlo. Claro está que siempre y cuando no cargue con peso, puede hacerlo. — responde viendo a uno y después al otro hasta que pasa su mirada a mi — No obstante, Ámbar solo tienes dos meses pero cuando tú embarazo este más avanzado, estarás cargando con el peso del bebé y eso generará más cansancio, por eso deberás evitar todo tipo de esfuerzo innecesario. Tu corazón necesitara más fuerza para bombear y si te recargas de actividad será perjudicial para tí y para tu bebé.
— ¿Más avanzado se refiere a cuánto tiempo doctor?
Esa pregunta no la hice yo, salió de Pierre que ya me imaginaba por dónde iba.
— Podría decir que en su cuarto o quinto mes, todo dependerá de cómo vaya presentándose Ámbar. Si considero que debemos aplicar nuevas medidas en las próximas consultas lo haremos. Eso implica, nuevos tratamiento y por supuesto chequeos. Es importante que Ámbar no se quede sola, ella debe tener un acompañante y cualquier cambio en ella me deben notificar.
— Entiendo, bueno muchas gracias doctor. Ámbar no se quedará sola mientras yo trabaje, eso ya lo había previsto antes. De igual forma gracias por rectificarlo.
— Perfecto, entonces los veo en la próxima consulta.
Ahh estoy agotada, salimos del consultorio y llegamos a casa de Pierre al cabo de unos 40 minutos, primero pasamos a comprar comida. Entramos en la cochera y pasamos del salón directo a la cocina, colocamos las compras en platos y nos sentamos a comer. Pollo a la plancha, Arroz basmati, ensalada César y para acompañar jugo de fresa. ¡Delicioso!
A medida que avanza nuestra comida, también lo hace la plática. La naturalidad con la que hablamos es Impresionante, pareciera que lleváramos años y no solo tres días juntos.
¿A dónde quedó mi pena? No lo sé. ¿Que paso con mi sentimiento de culpa? Lo deje a un lado para darme la oportunidad de ser feliz. La vida es corta y la mía pues está en un veremos... No me quiero arrepentir de no vivir.
No es que él haya salido de mi corazón, es que quiero amar y quiero permitirme ser amada. Por mi bebé, por su verdadero papá que la vida me quitó, por mi y por esta nueva historia con Pierre quiero vivir, vivir y Vivir más.
—Cariño ¿En qué piensas? — me interrumpe Pierre. — Anda dime qué tu sonrisa te delata — completo con su carismática alegría.
Sin darme cuenta se había implantado una enorme sonrisa en mi.
— Pienso en lo mucho que quiero vivir — le solté con más sinceridad que nunca.
Su expresión se timbró por un momento, mis palabras lo dejaron reflexivo ante qué respuesta dar.
— No me malinterpretes Pierre — le dije apretando su mano para que volviera a mi — Es que con mi bebé, con todo lo que pasó y esto que tengo contigo quiero vivirlo, me motivan a seguir, quiero ver crecer a mi bebé, quiero tener la oportunidad contigo de ser feliz y amarte como tú me amas a mi.
Minutos de silencio fue lo que dejó mi confesión.
Las palabras salieron de mi boca sin pensar, no fueron obligadas ni inventadas, es lo que realmente siento y se lo confesé sin miedo.
— No esperaba que me dijeras eso cariño. Tu vas a vivir, claro que vas a vivir y vas a ver a tu hijo crecer, seremos una familia. — respondió sin titubeos, lo que me dió más seguridad a mí.
— Eso quiero Pierre, se que ahora no soy completamente tuya pues todavía lo tengo a él en mi corazón. Pero dame tiempo para poder amarte sí.
— Ámbar ya te lo dije, voy a enamorarte cariño. Voy a ganarme tu amor, yo no te dejare sola.
Terminamos de comer en silencio cómodo, pasamos a la habitación y nos relajamos viendo televisión.
— ¿Sabes? Aún no hemos decidido la fecha. — comenta Pierre.
— Tienes razón. — le respondí inmediato. — Me gustaría que fuera un sábado ¿Que piensas?
— Perfecto. — sacó su teléfono y de una vez busco el calendario.
— ¿Que te parece este día? — mostrándome el teléfono con la fecha señalada.
— ¿25? ¡Me encanta! — respondo intensificando nuestra felicidad. — Así tenemos más tiempo de planificar.
Pierre parece que no sale de su asombro, estoy sentada a su lado en la cama pero no es suficiente para el, me alza hasta colocarme encima de frente a su cara, yo flexiono mis piernas a cada lado de las suyas y lo rodeo con mis manos, mientras el no pierde su agarre en mi espalda.
— ¿Si te quieres casar conmigo Ámbar? — su pregunta me saco de onda ¿Todavía lo dudaba?
— Si, claro que sí. — respondo con total seguridad.
Su beso intensificó su deseo, ya no sujetaba mi espalda sino mi cabeza, manejandola a su antojo, jugando con mi lengua, deteniéndose lo suficiente para que yo pudiera respirar.
El cuidado que tenía conmigo no lo perdía ni en sus más incontrolables ataques.
Su pene empezaba a removerse bajo mi v****a, la tensión s****l entre los dos era palpable. Las manos de Pierre bajaron hasta mi trasero, pasando al inicio de mi camisa de tirantes de la cual se deshizo con facilidad.
Quedé expuesta ante el con mi brassier de encaje que siguió el mismo camino de mi camisa.
Humedeció sus labios cuando me vio los senos al aire, no son tan grandes pero tampoco son pequeños.
— ¡Exquisita! — dijo antes de meterse uno a la boca.
Sujeta así como me tenía sentía la gloria de sus manos haciendo maravillas con sus dedos, me acariciaba la piel delicadamente, contrario a los ataques de su pene queriendo salir debajo de mi v****a. Las caricias y el movimiento de su m*****o me provocaban más de un jadeo.
Las caricias de Pierre me llevaron a abrazarlo pegando mi cuerpo desnudo al suyo cubierto por la camisa gris oscuro. Sus dedos seguían recorriendo con suave movimiento mi espalda parando solo cuando escuchamos mi teléfono sonar.
Me recostó en la cama antes de pasarme el teléfono. — ¡Mi mamá! — le dije al revisar el teléfono.
La expresión de Pierre no cambio. El teléfono seguía sonando mientras observaba a Pierre quitarme el pantalón, apenas reaccioné conteste el teléfono y cerré mis ojos quedando grabada en mi memoria la cara de chulo provocador indicándome que seguiría en lo que estábamos.
— Hola mamá — dije colocando el altavoz.
Pierre no desaprovechaba oportunidad para acariciar casa parte de mi cuerpo empezando por mi vientre.
Estaba llevándome al paraíso con cada caricia, yo solo me deje llevar por el momento.
— Hola hija ¿Ya llegaron de la consulta? ¿Cómo te fué?
Abrí mi boca para responder, pero la tuve que cerrar para ahogar el grito de sorpresa que provocaron los ágiles dedos de Pierre acariciando mi parte más sensible. Abrí mis ojos y su cara estaba a pocos centímetros de la mía, no dude en tomar su boca y deleitarme con sus besos y sus deliciosas caricias.
Suspire — BI-bien mamá, la consulta ha sido larga p-por eso no te había llamado, llegamos, comimos y ahora descansamos.
— ¿Te encuentras bien hija?
— S-si mamá. — fue lo único que logré decirle ante los besos esparcidos en mi vientre y los escalofríos que provocaban sus dedos consintiendome. — Mami te llamo ahora ¿Vale?
— Vale hija vale... Saluda a Pierre de nuestra parte — me respondió con cierto tonito burlón.
No le preste atención a su insinuación, en cambio aproveche para decirle de una vez nuestra decisión. — ¡Ah! Por cierto mami, aparta desde ya el 25 de Agosto ¡Que ese día nos casamoooooss!
— ¡Queee! — se escuchó desde el otro lado de la línea.
Pierre paró en seco al escuchar mis palabras, tomó el teléfono con la mirada más que iluminada y dijo.
— Si suegra, cómo lo escucha. ¡Ese día nos casamos!
Las risas se oyeron en ambos lados de la línea. Nos tomo tiempo tranquilizar las respiraciones.
— Bien, bien.. Los dejo para que sigan en su pre-luna de miel.
— ¡MAMÁ! — Le grite por el teléfono.
Pierre se atragantó y paso a reírse desmesuradamente.
— ¡Jua hija! Cómo si no supiera yo... — contesto ella — Es más, para qué les diré que se cuiden si ya mi nieto viene en camino.
— ¡MADRE!
Pierre no aguantaba la risa. Literal, se hubiera podido caer de la cama si yo no estuviera allí con el.
— ¡Adiós suegra! — dijo muerto de la risa.
— ¡Adiós Pierre! Cuida de mi hija. — soltó ella con un tono más suave.
Pierre puso el teléfono a nuestro lado. Lo que no había conseguido solo la llamada si lo hizo los comentarios de mi mamá. Los dos seguíamos riéndonos a rienda suelta.
— Cariño lo siento pero ya no puedo. — decía Pierre entre risa y risa.
— No, yo tampoco.
La calentura que teníamos fue suplantada por ataques masivos de risas incontrolables.
Las semanas pasaban volando con los planes de la boda y mi cambio como prometida de Jean Pierre De Lucca. Al principio, la mayoría de los días me dejaba en casa de mis padres, allí organizaba nuestra boda junto con mi madre pues yo no sabía ni por dónde empezar, dejándonos a Pierre y a mi decidir lo que queríamos.
Pero, a partir de nuestro segundo mes juntos, organizó todo para que pasáramos más tiempo en casa. Iba a la emisora cuando era necesario y con la apertura del café se apoyo en Christian para los detalles quien estaba más que encantado con la idea, y no nada más con el, estos meses se había vuelto bastante unido con los chicos. Por mi parte, me sentía más tranquila, Pierre me da una seguridad indescriptible. No se pierde ninguna de mis consultas incluso cuando estaba en el trabajo sacaba tiempo para acompañarme.
Estamos a tres semanas de la boda y hoy tengo mi cita para elegir mi vestido. Normalmente las novias irían con sus amigas y su madre a estas cosas, pero en mi caso, obvio que irá mamá y a cambio de amigas «las cuales no tengo» irán los gemelos. Nada más pensarlo me ganan las ansías. ¿Que vaya un hermano? Si, puede ser... ¿Dos? Tal vez... ¿Y que sean idénticos? A ver cómo me va.
Estoy a punto de contarle lo que pienso a Pierre pero me detengo al ver su expresión y no es solo eso, detuvo el carro a un lado del camino, le notaba nervioso, dudoso, no lo había visto así antes.
— ¿Pierre? — lo llamo para atraer su atención, desde que paro el carro no ha volteado a verme.
— Te amo — fué lo único que dijo y un aire profundo soltó tras decirlo.
Volteó a verme, y me repitió esas palabras con más sentimiento.
— No sabes cuánto significas para mi Ámbar. — la mirada que tanto me gustaba tenía un aura distinta, no del brillo alegre con el que me despierta todos los días. Hoy esta apagado, podría decir que agotado ¿Pero de qué si apenas salimos de casa? Hoy ni siquiera hizo sus ejercicios matutinos.
— Pierre, ¿Que te pasa hanii? — le respondí tomándole la cara con mis manos. — No me asustes por favor, tus palabras son hermosas pero te siento extraño. ¿Que tienes hanii?
Pierre no me sostuvo la mirada, desde ayer que llegó de la radio está raro, pensé que era por el exceso de trabajo, ¿Pero hoy por que? Prácticamente acabamos de despertar.
— La Ausencia nunca forma parte del olvido.
¿Qué? ... Su voz apenas era un susurro, ¿Eso fue lo que dijo?
No me dió chance a entender sus palabras, con furor me tomó la cara y atacó mi boca. Su desespero es tal que a medias me deja respirar.
— Hanii ... Amor... — me costaba decir palabra. — ¡Hanii!
— Ámbar — dijo al soltarme — Lo siento mi amor.
Calmé mi respiración poco a poco, en cambio Pierre, seguía nervioso, contrariado.
— Cariño, lo siento me deje llevar. Discúlpame.
Su tierna mirada recuperaba a paso lento la sonrisa, acariciándome la cara. Que raro estaba.
— ¿Estás así por la boda? — le pregunté temiendo su respuesta. — ¿Sigues queriendo casarte conmigo?
El silencio inundó el espacio entre los dos.
— No. — dijo al final.
— ¿No? Hanii por favor dame tiempo, se que es difícil para ti, pero te aseguro que...
— Ámbar temo que tú decidas no casarte conmigo.
Sus palabras me tocaron el alma, flaqueando todos mis sentidos. ¿Por qué me dice eso?
— ¿Eso es lo que tienes? ¿Dudas de mi decisión?
— No amor, dudo de si he podido ganarme aunque sea un poco de tu amor.
Oh cielos.
Su mirada era de súplica, ese era el cansancio, no físico si no emocional. Lo entendía, claro que comprendía su estado de ánimo. En los tres meses que hemos estado juntos, nunca le he dicho te amo.
Pero ¿Lo amo? Mis sentimientos por el son fuertes, en todo este tiempo se ha portado tan bien conmigo, respetando mi tiempo, cuidándome hasta en lo más mínimo.
Es amor, pero no uno completo.
Ese amor lo entregué hace mucho tiempo y no es tan fácil de soltar.
Mi largó silencio lo está atormentando, lo veo y no quiero hacerlo sufrir.
Me suelto el cinturón y con movimiento lento cuidando mi pequeña pancita me monto encima de él, este me ve e intuye lo que hago pues hecha para atrás su asiento.
— Si dudas en ¿Si tengo sentimientos por ti? La respuesta es sí. — respondo cerca de su boca. — Tengo fuertes, sinceros y profundos sentimientos por ti.
Estamos frente a frente, yo montada de rodillas encima y el sujetándome por la cadera, sintiendo hasta nuestras propias respiraciones.
— Si dudas que quiera casarme contigo, por favor quítate esos pensamientos de la cabeza, yo no dudo de querer hacerlo.
Coloco mi frente pegada a la suya y completo mi confesión en susurros.
— Si tienes miedo por lo que pueda pasar, créeme yo también lo tengo. Pero sé que lo podremos resolver juntos.
Mis palabras parecían retumbar en su cabeza, subí mis manos hasta colocarlas en su nuca y lo besé. Lo bese dulce, tierno, largo y tendido. Sus manos apretaron mi cuerpo.
Sentía como soltaba el peso que cargaba mientras seguía besándolo, su cuerpo se relajaba a cada segundo que pasaba, estaba logrando calmar sus ansias.
— Yo te quiero, te necesito, eres mi serenidad, tu me diste el valor para seguir, contigo me siento segura hanii. Cuando me diste este anillo — le decía mientras le enseñaba mi mano. — Nos hicimos una promesa. ¿Recuerdas?
Pierre asintió con movimiento de cabeza, más no habló.
— Prometimos confiar uno en el otro y ser felices. — hice una pausa — Confía en mí, en lo mucho que significas para mi. — porque es verdad, significa todo lo que le he dicho. Lo amo, pero es un diferente tipo de amor.
— Solo... Solo tengo miedo a perderte Ámbar. — dijo con los ojos cerrados, sus manos abandonaban mi cadera y tomaron mi cara.
— No me perderás Pierre.
Sellamos nuestra conversación con un beso lleno de pasión.
El resto del camino no me soltó la mano, en rápidos momentos volteaba a verme y yo cada que podía «es decir, en cada semáforo» me paraba y lo besaba. Estaba tranquilo, le había subido el ánimo y se había instalado un ambiente juguetón entre los dos. Me encanta ser la responsable de su cambio, el ha hecho en este tiempo tanto por mí que quiero hacerlo feliz como lo hace conmigo.
— Principessa, hoy voy a estar en la emisora hasta las cinco de la tarde. — me informo cuando paramos al frente de la casa. — Después vendré a buscarte.
—Esta bien Hanii, estaré esperándote.
Le dí un leve mordisco cuando separamos nuestros labios del beso de despedida.
— ¿Y eso que fue? — me dijo con notoria sorpresa.
— Para que me recuerdes todo el día. — le contesté alegre.
— Pequeña, lo que acabas de iniciar — respondió con su más pícara e exitante expresión.
— Te extrañaré... Desde hace tiempo no trabajas hasta tarde ¿Es necesario que lo hagas hoy? — dije haciendo pucheros mientras me ayudaba a bajar de la camioneta.
¡Oh dios! El subidón de adrenalina que me dió cuando sentí la mano de Pierre entrar por debajo de mi vestido e inspeccionar toda mi zona fué bárbara...
— ¿Hilos con este vestido? — haciéndome sobresaltar con la nalgada que me dió de lo más excitante.. — Oh pequeña, estoy por mandar el trabajo a la mierda para irme contigo.
— Me gustaría que lo hicieras. — le contesté para sonrisa de el.
— Me encantaría pequeña pero no puedo, hoy en la tarde tengo una reunión importante y no la puedo aplazar. — dijo dándome un beso en la frente. — Cariño lo que más deseo es llevarte a casa y meterme en ti hasta sasearnos los dos.
Ufss que calentón lo que acaba de decir, me ha mojado solo con sus palabras y mi cuerpo reacciona a su tacto, mi mente nos lleva al recuerdo de los dos casi haciendo el amor.
— Espérame, vendré por tí apenas terminé la ...
No dejé que terminara, arremeti contra su boca deseosa de acción. Él, por su parte, no me hizo esperar, me abrazo y besó de tal manera que me derritió de amor. Es que con las hormonas alborotadas y el éxtasis que me provoca además de mis sentimientos por él no doy abasto.
El lo sabe. Sabe que lo deseo, sabe que me exita, sabe que lo quiero y sabe que ambos queremos.
— Prepárate pequeña, vengo por ti a las dos. — me pica el ojo y yo me quedo perpleja ante el subidón de adrenalina que me recorre el cuerpo.
Cierra la puerta del carro y me acompaña a la puerta, una vez abrí la entrada de la casa, el avanzo hasta la camioneta y perderse en la esquina. Aún después de haber cruzado me quedo parada con una sonrisa boba que no se me quita.
Vamos caminando por el boulevard del centro, la tienda de vestidos de novia queda a unas dos cuadras, mi mamá me sostiene del brazo como dos amigas caminando y los chicos van atrás de nosotras, parecen nuestros escoltas en ves de mis hermanos.
Lo que no cabe en duda es como llamamos la atención de las mujeres a nuestro alrededor. Mis hermanos, nada más y nada menos que ellos para que las mujeres caigan bobas a sus pies. Es que hay que ver cómo son de regaladas las de hoy en día.
Cómo aún nos sobra media hora para que habrá la tienda, decidimos dar un paseo por el centro comercial que está cerca, mi mamá se mete en una tienda de electrodomésticos acompañada por Christian, allí los dos se entienden perfectamente. Y yo sigo caminando con Christopher a una dos tiendas más adelante, mi hermano es tan protector que me tiene el brazo por los hombros y se interpone cuando “A él le parece" que alguien podría tropezar conmigo.
Entramos a una tienda de bebés y me enamoro de todo lo que observo, baberos, coches, cunas y ropitas tan chirriquiticas como hermosas.
Todavía no se el sexo de mi bebé pero esto ¡Me emociona!
— Me encanta verte así angelito. — dice Christopher — Vamos, veamos que hay. Quiero regalarle algo a mi sobrino.
— Pero Chris si no sabemos que sexo es ¿Cómo vamos a elegir?
— No importa, veamos cosas que sean unisex y lo que te guste lo compramos.
Su energía tan positiva me contagiaba y con las cosas que veía se incrementaba mi ilusión.
— ¡Ok! — le contesté.
Recorrimos los primeros pasillos juntos pero al cabo de unos minutos ya me encontraba sola absorta del mundo con toda mi atención en los juguetes y ropas que habían. Pase un pasillo de solo niños y me quedé observando las pelotitas y los carritos que se encontraban allí. Sin darme cuenta mi mano fue a parar al collar que nunca me quitaba, ese que me había regalado él con tanto cariño.
«Ojala estuvieras aquí»
Fueron las palabras que salieron de mi boca sin pensar y un sentimiento extraño me recorrió el cuerpo entero. Seguí caminando y me pare justo al frente de un avioncito militar de goma, el juguetito cabía en mi mano, era perfecto para un bebé chiquito y antes de pensarlo mucho y echarme para atrás lo metí en el carrito para comprarlo.
— Me gustas... — dijo el y yo me reí de su cambio de tema tan drástico — No, es en serio, me gustas.
— Ya para, deja de verme así que van a pensar que me estás acosando — le solté yo de forma divertida.
— Ahh ¿Te da pena? — dijo juguetón.
— No. Fíjate que no — le contesté tratando de buscar una excusa — Es que estamos en plena plaza del centro comercial y la gente empezará a decir cosas.
— Cosas mmm ... — dijo colocando su dedo índice en la boca.
A unos cuantos metros de nosotros había una miniteca que ya empezaba a reunir gente a su alrededor, yo no le prestaba atención, mi interés estaba puesto en unos suéteres negros con plateado para parejas. Solo eso basto para que el se alejara de mi y no sé cómo rayos hizo para que su voz sonara por los altavoces.
— ¡Hola a todos! — escuché a lo lejos, inmediatamente al reconocer su voz lo busque con la mirada. — ¿Saben? Hoy me volví loco... ¡Realmente loco! — dijo con tono rockanrolero
— ¡Woow! — grito haciendo reír a la multitud — ¡Cómo me enloquece esta mujer!
¿Dónde está? Toda la gente no me deja ver... Busco por todas partes y no lo veo. Incluso encima del banquito seguía sin verlo. Mi corazón empezaba a latir rápido.
— Bien mi gente y que mejor manera de hacerlo saber que con música! Hey cariño, escúchala esta es para ti.
Ya había emprendido mi camino al escenario más al escucharlo me detuve, los acordes de la canción empezaron a sonar bajito y la voz del cantante sonó en los altavoces para mí sorpresa.
Estaba impactada, la letra de esa canción era hermosa, me encontraba escuchándola mirando a todos lados buscando a mi loco enamorado.
• Quiero decirte que te quiero aunque no sería el primero, quiero decirte que te amo y que este amor es verdadero. •
No sé dejaba ver pero podía escucharlo cantarme esa estrofa al compás de la canción.
• Quiero decirte tantas cosas y al final no diré nada. Lo que yo quiero está descrito en mi mirada Te amo más que a nada •
Lo escuchaba y no me lo creía, era demasiado hermoso lo que estaba haciendo, dedicándome esa canción. En mi cara no cabía la felicidad que me proporcionaba.
— Tu me salvaste amor — se escuchó cuando la música bajo de volúmen. — Me enamore de ti desde el instante en que te conocí. Nada más tu, yo y una noche de amor.
La música volvía poco a poco a su antigüo nivel pero no reconocía la canción, aún así recuerdo la frase que nos identificaba perfectamente.
• Dos extraños bailando bajo la luna, se convierten en amantes al compáááss de esta extraña melodía que algunos llaman destino y otros prefieren llamar casualidad....•
— ¿Y tú qué crees pequeña? — gritó como si desde donde estuviera no pudiera a escucharlo — ¿Fue el destino o la casualidad? Quien no unió.
La gente lo aclamaba, las mujeres reunidas gritaban de emoción, yo estaba felizmente conmocionada.
— ¿Sabes que creo yo? — uuuuuuhuuu uuuu sonaba a lo lejos el inicio de otra canción — Solo escucha.
• Y nadie lo buscaba y nadie lo planeo así, EN EL DESTINO ESTABA QUE FUERAS PARA MÍÍÍ . •
— Así es pequeña. — la gente se empezó a aglomerar más cerca del escenario, los gritos eran tantos que de no haber hablado con micrófono hubiera sido opacado de los escandalosos que eran. — ¡El DESTINO TE COLOCO PARA MI! . Ahora lo sabes mi lucero — La voz se escuchaba en movimiento. — ¡Cuánto te amo!
La gente se movía conforme al movimiento de su voz. Estaba cerca, pero ¿Dónde? Ya me había puesto en marcha aún sin saber dónde buscarlo, no había vuelto a hablar, sin embargo, mientras caminaba mi mirada iba de un lado a otro.
Debí suponer que, por como estaba actuando la gente sabría que era yo. Como tipo película me dirigía hasta el frente del escenario, salvó que allí no estaba él, me pare a mitad de camino y las personas se hicieron un círculo a mi alrededor.
— Se que a lo mejor me matarás por esto — volvió a hablar, no sabía por dónde estaba ni por dónde saldría, di vueltas en el mismo lugar buscando de dónde provenía el sonido de su voz — Pero yo ahora lo único que quiero es...
La canción, la que había escuchado tantas veces en la radio hasta el punto de aburrirme, allí en ese momento se volvió mi favorita.
El choque eléctrico que recorrió mi cuerpo fue indescriptible cuando sus manos tomaron mi cadera y lograron girarme para poder verlo.
• Yo solo quiero darte un beso y regalarte mis mañanas, cantar para calmar tus miedos, quiero que no te falte nada. •
Su mirada tierna y su sonrisa encantadora aparecieron frente a mi.
— Si tan solo pudiéramos volver a vivirlo...
— ¡Angel! ¿Solo eso te llamo la atención? — decía Christopher con un montón de ropa en sus manos.
Huy que recuerdos... Se reproducen en mi mente como películas de mi vida.
— ¿Hermanita?
— Ah si, este... Si, — dije volviendo en mi — Confío en que su tío ha sabido elegir la primera ropa de mi bebé. — contesté guiñandole un ojo.
— ¡Mi sobrino será el mejor vestido de la ciudad! — contesto él muy emocionado. — Ven, vamos a pagar que ya nos deben estar esperando.
Al salir de la tienda de bebés sentí un choque eléctrico recorrer mi piel justo como aquella vez.
— ¿Ángel? — me llamo Christopher cuando me detuve en la puerta — Que pasa hermanita Vamos.