Habíamos bajado las escaleras tomados de la mano y nos encaminamos a la cocina, pasadas las dos de la tarde estuvo lista la comida, pasta carbonara acompañada por jugo de fresa, luego me sampe medio pote de helado de mantecado y aún tenía hambre, increíble lo famélica que me encontraba.
Pierre me trajo un tarro con frutos secos que fueron aplacando la ansiedad que tenía. Me dijo “Principessa intentemos con esto" y vaya que funcionó.
— Que pena contigo Pierre, me voy a acabar toda tu comida.
A mi comentario le siguieron carcajadas de parte de él que como cosa rara iniciaron las mías.
— Para mi es un placer verte así. — me pico el ojo — Si es por mi te diera de todo pero tú hermano me dijo que debes seguir cierta dieta así que...
— ¿Mi hermano? ¿Cuál hermano? ¿Cuando hablaste tu con el? — la ráfaga con la que solté las preguntas me dejaron sin aliento.
— Calma cariño, una pregunta a la vez. Tu hermano Christian me aclaro por decirlo de alguna manera que tienes una dieta y debes seguirla. Tus otros hermanos me han informado de algunas cosas que te gustan.
Tenía la boca abierta, me dejó sin habla. ¿Mi hermanos? ¿Desde cuándo mis hermanos son tan amistosos con Pierre? ¿En qué momento?
— Hablé con ellos mientras estabas dormida, llamé a tu papá y le dije que todo estaba bien pero que te había traído aquí porque querías descansar y que cuando lleguemos le explicaremos todo. Sin embargo, tus hermanos estaban cerca de tu padre y al escucharme decir aquello Connor agarro el teléfono. Con él hablé largo y tendido — dejo escapar un suplido — Luego Christopher y Christian. — una medio sonrisa se produjo en su cara — Te lo juro cariño lo sentí como las conferencias que hacemos en el trabajo, salvó que en esas no hay amenazas. — terminó diciendo.
— No lo puedo creer. — me dije tapándome la cara.
— Tranquila mi principessa, asunto arreglado. — decía mientras me quitaba las manos de la cara. — Entiendo su preocupación y sus molestias. Además admiro como te protegen todos, eres muy valiosa para ellos.
— Son sobreprotectores Pierre... Algunas veces se pasan de verdad. — le suelto en tono de reproche.
— Eso te demuestra lo valiosa que eres para ellos. — completa Pierre.
— Es que son unos grandulones. Nadie, absolutamente nadie se me acercaba por ellos. Salvó las mujeres que me buscaban a mí para acercarse a ellos. — Claro, quien se va a arriesgar a qué lo golpeen por una mujer con un gran historial médico.
— No digas eso Ámbar, el hombre que no vea la hermosa mujer que eres, no te merece.
Escucharlo me causo gracia — Pierre los pocos hombres que he conocido siempre ven es la hermanita pequeña que no puede hacer deportes, cosas extremas, ir de fiesta o lo que sea en realidad.
— Ámbar de eso no se basa una relación. La madurez es lo que determina la relación que tengamos. Un hombre que se la pasa en fiestas solo quiere una o varias mujeres que se consiga en esas fiestas. Un hombre que le encante hacer cosas extremas no necesariamente lo tiene que hacer su pareja. Y un hombre que desee centrarse en la vida se hará una mejor persona para la mujer que quiera, para crecer en pareja y enfocarse en los objetivos que deseen alcanzar.
— Eso suena bonito, Pierre. — alcance a decir. — ¿Y tú que deseas?
Pierre se quedó en silencio un momento y luego respondió — Verte feliz Ámbar — concluyó sin dudar. — Deseo verte feliz pequeña.
Los minutos pasaban y seguíamos en nuestro intercambio de miradas.
— Gracias — le digo honesta — Gracias por esto — hago una especie de señal que nos une a los dos — Por hacerme sentir especial, por tus atenciones y sobre todo por tu respeto.
Pierre tomo mis manos y las beso lentamente.
— No agradezcas nada Ámbar, la que me está salvando eres tú.
De regreso a casa, decidimos que contarles y sobre todo ponernos de acuerdo a las preguntas que nos llegarán a hacer. Pierre metió en la maleta varias cosas, entre ellas un gran tarro con frutos secos para mí. Me dijo que nunca me faltarían ya que es lo que me calma las ansias de comida y ayuda a no subir de manera exuberante de peso «cosa que no me puedo permitir en mi caso», compró comida para llevar de camino a casa y la pusimos al lado de las demás cosas.
Bueno eso de “pusimos" es más bien “puso" pues no me dejó cargar ni la cajita de cereal.
Del market partimos sin más distracciones a la casa y al llegar papá, mamá y mis hermanos salieron a recibirnos.
Mi casa es de un piso, no es tan moderna ni amplia como la de Pierre pero nos apañamos bien cuando todos vivíamos allí. Ahora Connor tiene su casa no muy lejos de esta y los gemelos se mudaron hace más de dos meses por lo que tenemos más espacio mamá, papá y yo.
Estaciona el carro frente a la casa y cuando voy a bajarme del carro, Pierre me detiene, es allí que volteo a verle.
— Déjame abrirte la puerta, antes en mi casa no pude hacerlo. Permíteme hacerlo de ahora en adelante.
— Está bien — Respondo tomando su mano en un pequeño intervalo de tiempo.
Lo veo bajar, rodear el carro por el frente y abrir la puerta para tomar mi mano.
Al estar por completo fuera del carro, papá y mamá llegan abrazándome, primero papá y luego mamá. Pierre nos da el espacio que necesitamos para esa muestra de cariño.
Mientras mamá sigue con sus besos veo a papá darle la mano en saludo a Pierre y este la toma con gusto. Detrás de mamá veo a los chicos, todos son altos, más altos que yo, incluso debo levantar la cabeza para poder verlos. Los saludo con una sonrisa en la cara y cada uno pasa a abrazarme, luego a saludar a Pierre con el varonil saludo de apretón de manos.
Cuando ellos me sueltan, Pierre se posiciona a mi lado casi que de inmediato.
— ¿Y bien, descansaron? — pregunta mamá.
— ¡Sí! - respondemos al unisono. — Nos ha hecho bien estás horas mamá, lo necesitaba. — le explico cómo habíamos acordado.
— Que bueno hija ¿Pasamos? — dice haciendo señal a la casa.
— Si, pero antes ¿Chicos? — digo llamando la atención de mis hermanos. — Creen que podrían ayudar a Pierre a bajar algunas cosas.
Gracias al cielo ninguno se opuso, más bien, se mostraron colaboradores con el. ¿Que rayos les habrá dicho Pierre para que actúen así? Raro... Muy raro.
Pierre abrió la maleta y entre todos bajaron lo que traíamos allí, mientras mamá y yo nos adelantamos a entrar y ella va contando por debajo lo que escuchó de la conversación de mis hermanos con Pierre.
— Hija esos muchachos se pusieron... Ufs furiosos cuando escucharon que no te venías directo a casa. Le dijeron de todo, por que tenías que ir a otra casa si está era tu casa y aquí tenías que llegar. Por que no les habían avisado antes... No hija, ese hombre aguanto como quien dice el chaparrón de agua con el genio que se gastan mis hijos.
— Se pasan de verdad... Tienen que entender que yo ya estoy grande.
— Si, pero debes entender tu también que para ellos eres su hermanita pequeña. Cualquiera diría que eres su talón de Aquiles hija. Hasta que se consigan sus parejas porque hasta ahora ninguno me ha presentado a una mujer.
— Ja' mamá. Si deben tener novias, no ves lo guapo que son. Que te digo yo, que los he visto en acción. Las mujeres se les pegan como el chicle o peor.
— Pues si hija, pero es que te les has adelantado mi niña. La mas chiquita que me hace abuela primero y después se me casa.
¿Casa? ... ¿Boda? ... ¿Matrimonio? Me lleva... Hablamos de todo, menos de la propuesta de matrimonio. Es que si seré... Cómo se me va a olvidar.
Mierda...
Busqué a Pierre con la mirada pero no lo encontré, fuí a la cocina y allí estaba papá con los gemelos colocando las bolsas de comida en la mesa, lo que significaba que Connor y Pierre estaban llevado las maletas y bolsos a mi habitación.
Diablos, no es que pueda ir a mi habitación y decirle “Pierre hablemos un momento" porque Connor sospecharía y lo conozco, si me ve incómoda o con malestar no se alejaría. Aunque pensado bien, debería respetar mis decisiones ahora ¿No?
No, que va. Ahora no se puede. Así que me lanzo pero a ayudar a mi mamá a guardar la comida.
— Hija ¡Cielos! ¿Tanta comida? ¿Es que pensaron que no había?
Su comentario me hace gracia, no fuí yo quien decidió comprar comida, fue Pierre quien se detuvo en el market y a pesar de todas mis negativas hasta el momento de pagar, me callo con un beso y pago la compras.
— No mamá, nada de eso — le digo entre risas — Pierre me dijo que de ahora en adelante se ocuparía de todo lo concerniente a mi. — Incluida la comida. — Que no le faltará nada a mi bebé y aunque le dije no hacía falta, simplemente hizo caso omiso a ello y la compro.
— ¡Caramba! Pero es demasiado hija. Ni que fuéramos un batallón por Dios.
Huy no mi mamá es que no se de dónde saca tantos dichos. En la cocina siguen estando los gemelos que se rien de los comentarios de mamá y mi papá, pues es papá así que se queda callado.
— Hija suelta eso, estás de reposo, siéntate.— me dice cuando voy a meter los vegetales a la nevera.
— Mamá, esto lo puedo hacer, no es una gran fuerza.
— Si hija, pero Jesús y el otro doctor dijeron que no puedes hacer ningún esfuerzo por mínimo que sea.
Ja' madre si yo te contará... Digo en mi mente.
— Ángel, mamá tiene razón. Siéntate, ya nos encargamos nosotros — interviene Christian.
— Que tercos, se pasan. — les digo ya cansada.
— Terca eres tú, anda. — suelta Christopher.
Los veo a todos y sus caras me dicen que no continúe.
Los amo
Pero se pasan de verdad.
Completando la escena entran Connor y Pierre que ya se habían tardado en regresar.
¿De que estarían hablando? Bueno, lo importante es que están los dos aquí sanos y salvos. Pierre se coloca a mi lado y me toma por la cintura. Se ve felíz, me contagia su alegría.
— Pierre — llama mi mamá — Por favor lleva a Ámbar a sentarse.
La cara de Pierre cambia por completo, pasa de estar irradiando felicidad a contraerse del susto. Rápidamente se voltea a verme, está confirmando si me pasa algo.
— Estoy bien — le aseguro con una sonrisa para que se calme.
— Es solo que quiere estar haciendo fuerza, la he mandado y no quiere. A ver si te hace caso. — sugiere.
Exagerada. No es que no quiera, ya me iba a sentar pero a mí tiempo.
Pierre me devuelve la sonrisa, algo traviesa creo.
— Huy suegra y si hubieras visto como se puso en el market... Quería cargar de todo.
¡Ah! Lo mató...
Mamá le cree, papá le creé, mis hermanos... Le creen.
Y así todos empiezan a caerme encima con sus comentarios.
Pierre disimula su risa y yo es que si las miradas matarán.
— Vamos chicos, ya paren, vean pues me estoy sentando. Ganaron.
— Gracias — respondieron todos.
— A ver si así haces más caso angelito. — dice de último Connor.
— Que pesados — les suelto a todos en general. — ¿Se van a poner más intensos conmigo? — les pregunto de nuevo a todos.
— ¡Sí! — responden como si estuvieran programados.
— Ya no solo te cuidamos a tí angelito. — dice Christopher.
— También cuidamos de nuestro sobrino. — termina Christian sonriente.
Que cambio... Hasta hace dos días tenía un miedo terrible de sus reacciones y ahora están felices y contentos con la llegada de un nuevo m*****o a la familia.
Claro es su sobrino ó sobrina, solo Dios sabe. Pero ¿Con Pierre? Llegó la hora de saberlo. Un nerviosismo invade mi cuerpo que difícilmente me muevo, si no es por Pierre me quedo sentada en la silla de la cocina cuando ya todos se han ido a la sala.
Respira, no estás sola, lo has practicado antes con Pierre, no hay nada que temer.
— Señor Jean Pierre — comienza mi padre cuando ya todos nos sentamos en la sala. — Cómo bien lo hablamos antes, sabe que para todos fue una sorpresa su presencia. No sabíamos nada de usted antes, ámbar no nos mencionó nada sobre usted.
— Comprendo señor Carlos, entiendo su preocupación por Ámbar, sin embargo yo no estoy aquí para jugar con ella, desde el principio la tomé en serio y quiero lo mejor.
Nos veían expectantes por las respuestas que daríamos, estando en el ojo del huracán teniendo a todos de frente. Mamá sentada junto a papá y Connor en el sillón, los gemelos cada uno en los muebles individuales y nosotros sentados en dos muebles tipo puff con espaldar juntos agarrados de mano «para darme fuerzas cuando flaqueara con alguna pregunta».
Al final, decido intervenir yo, tal como lo habíamos planeado, cómo ya a mamá le había contado cómo conocí al verdadero papá de mi hijo, no podía cambiar la historia, supondría más preguntas de las que no me gustaría responder, así que de la misma forma les conté a todos.
Los chicos tratando de recordar la fiesta en la playa fueron quienes hicieron las preguntas, que más eso, eran reclamos como: ¿Nos mentiste? ¿Por qué no volviste si no sabías quien era? ¿Todo ese tiempo te quedaste hablando con él? ... ¿Y cuando te llamamos que estaban haciendo?
Esa última pregunta no se las respondí tan libre como a mamá, es mi vida personal y tampoco necesito decirles todo. Al final y parafraseando la verdad les conté.
Pierre quien mientras hablaba permaneció callado, decidió intervenir.
— Las horas que pase con Ámbar a solas fueron y siguen siendo elixir de vida para mí, ella me llena de una manera indescriptible, es una mujer maravillosa, me enamore a los pocos minutos de hablarle y quise extender el tiempo con ella todo lo que podía así que dimos un paseo, y en ese instante supe que ya no podría alejarme de esta mujer y no me alejaré, me voy a hacer responsable por ella, por nuestro hijo y por su futuro. Es una mujer de hermosos sentimientos, está llena de virtudes y excelentes valores. La respeto y la amo.
Wow... Eso último no me lo esperaba. Miro a Pierre y con mi mirada intento preguntarle ¿Es cierto? ¿Me amas?
Su respuesta al contrario que la mía fue en voz alta y clara.
— Es verdad, la amo y no la dejare sola. — tomándome la cara me lo repitió mirándome a los ojos. — Te amo Ámbar y no me perderás a mi.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, esas últimas palabras que solo yo puedo entender me tocaron por dentro. Se porque me lo dice justo con esas palabras. No lo voy a perder así como lo perdí a él.
Me besó la frente y paso su brazo a mi alrededor, abrazándome, acercándome todo los centímetros que tenemos de distancia.
— Uhm uhm — nos devolvieron a la realidad con un sonido de garganta. — Pierre, no lo conozco mucho salvo lo que me ha dicho mi hija, así que me gustaría que nos hablara un poco sobre usted.
Quién hablo fue mi mamá, ella no ha tenido oportunidad de hablar con Pierre cómo los demás, sin embargo, no lo hace de modo acusatorio, más bien lo hace de la manera más neutral posible.
— Bueno señora Vivian, yo soy el dueño de la emisora de radio WR1, tengo acciones en una compañía de ropa y artículos deportivos bastante exitosa y recientemente compré junto a mi socio un local que queremos convertirlo en un café, lo estoy remodelando para la apertura que espero sea muy pronto.
— Impresionante Pierre, es usted todo un hombre de negocios. Ha aprovechado el tiempo pese a sus?
Mami mala memoria, ya te lo había dicho pienso yo, de igual forma dejo que Pierre conteste.
— Tengo 30 años señora Vivian. Sin embargo, estoy en este mundo desde hace siete años, no ha sido fácil pero he logrado tener lo que tengo hoy en día.
Mamá queda impresionada con lo que le cuenta Pierre, el ya me había contado de sus trabajos pero del local no tenía ni idea.
— Angelito, Pierre. Si me permiten quiero hacerles una pregunta — ese era Connor, a lo que ambos asentimos — ¿Cómo piensan llevar su relación ahora? Digo, Angel está embarazada y llevar su relación como noviazgo no es lo más indicado pienso yo.
— Connor tiene razón. — comento papá — Señor Jean Pierre ¿Cómo piensa establecerse usted con nuestra hija?
¡Cielos! ... Que pregunta, Dios mío. Mis manos creo que están por fracturar las de Pierre.
— Ámbar y yo queremos asentarnos como es debido y por ello si ustedes me conceden su bendición, quiero casarme con ella lo más pronto posible.
¡Qué pasó! ¿Cuando decidimos eso?
— Mi casa es bastante espaciosa, podremos vivir cómodamente.
— ¿Vivir juntos? ¿Tan pronto? — sobresalto mi hermano Christopher.
— Pues si ella así lo quiere sí. Yo me caso cuando ella quiera — soltó Pierre con sonrisa sincera en su cara.
A todos les pareció gracioso, yo también reí, sin embargo, mi risa fue de nervios. Pierre lo noto y me llevo hacia el
— Tranquila — soltó para que solo yo escuchará cuando beso mi frente.
— ¿Tu qué opinas angel? — dijo Christian en tono serio.
¿Yo?.. Yo que opino... Pues que te digo, que con quién me quería casar ya no está, pero llegó Pierre y a pesar de que amo a otro hombre se está ganando mi amor también.
— Yo... Pues, me gustaría que fuera en Agosto. Siempre me ha gustado ese mes para casarme.
Las miradas de sorpresa fueron espectaculares, ninguno se esperaba que dijera eso. Menos Pierre que su cara fue de total asombro.
— ¿Agosto? ¿Lo estás diciendo enserio cariño? — en sus palabras denotaba conmoción, felicidad, Pierre me miraba con ilusión.
— Si, si tú quieres nos casamos en Agosto. — le digo algo tímida.
— ¿Que sí quiero? ¡Claro que quiero! — Pierre se paró de inmediato y luego me puso de pie a mi, se mostraba tan feliz que me alzó en sus brazos y me dió un beso muy significativo. Suena loco, lo sé. Pero ese beso lo sentí más real, más sincero y más emotivo que el resto, parecía que los demás hubieran sido de mentira comparados con éste.
Todos se pusieron de pie y nos abrazaron felices como nosotros «porque yo también me alegre con mi decisión de permitirme amar y ser amada» mamá tenía lágrimas en los ojos de felicidad, “Mi pequeñita se me casa" dijo
Pierre recibía las felicitaciones de mis hermanos que al parecer ya lo aceptaron y mi papá se acercó a mi, me dió un emotivo abrazo. Los chicos pues son los chicos, Connor me abrazo hasta cargarme y los gemelos me tomaron a cado lado dándonos un abrazo grupal.
— Pequeña de haber sabido que me dirías que si, te hubiera comprado el anillo de una vez.
— Un hombre siempre debe estar preparado Pierre — sostuvo mi padre.
— Cuánta razón tiene suegro —le respondía el con bastante ánimo.
— Si es en Agosto, solo nos quedan tres meses. Debemos empezar con los preparativos. — dijo mi madre con emoción.
— Pues mami, necesitaremos tu ayuda — le respondí yo para alegría de todos.
Pierre no salía de su asombro con la seguridad que respondía.
— Me estás haciendo el hombre más feliz de la galaxia principessa — me dijo al oído mientras nos abrazamos.
— Pierre quiero que nos demos la oportunidad. — le confieso — Solo te pido paciencia cuando las cosas se pongan confusas.
— Todo lo que quieras cariño, sabiendo que serás mía me puedes pedir lo que tú quieras.
Cuando nos hubimos calmado de toda la alegría que desprendió nuestro compromiso, Christian preparó unos pasabocas que los hombres acompañaron con cerveza mientras que mamá y yo tomamos batido.
Llegando la noche tocó la hora de ir cada quien a sus casas. Connor, quien no había traído su carro ya que vive muy cerca, dejó que Pierre lo llevará. Los gemelos se fueron en sus motos y nos quedamos los tres fuera mientras los veíamos partir.
— Mamá, me gustaría quedarme hoy con Pierre, ¿Les incómoda si así fuera?
Tras una breve mirada de mi mamá con papá ella respondió — No hija, solo ve con cuidado.— respondió — ya hablaremos con calma mañana.
— ¡Si señora!— respondo de buena vibra.
— Anda, prepara tus cosas. — me contesta con su particular sonrisa.
Mientras voy entrando a la casa escucho como mamá susurra nada bajito como imagino que quería “Papi prepárate, tenemos la casa sola".
¡Wow! Mamá y papá, son adultos pero como se nota que no pierden su picardía. Me sonrojo al pensar en eso, hay quien dice que los 50 son los nuevos 20 y mira que cosa tan cierta con estos dos.
Con esa vibra entro en mi habitación, preparo un bolso con lo necesario, lo principal son mis medicinas, un camisón para dormír, pantalones y la camisa de tirantes que tanto me gusta. Mi cepillo, cremas, panties y listo.
Antes de salir tomo mis llaves y me encuentro en la sala con mis papás que ya andan acaramelados.
— Huy... — les digo interrumpiendo su beso — ¿Será que aprovecharán la casa sola par de tortolos?
Me encanta la confianza con la que hablamos, cómo nos hacemos broma. Son unos padres maravillosamente modernos.
— ¡No lo dudes! — contesta mi mamá.
Papá solo me guiño un ojo en respuesta.
Justo escucho el carro de Pierre estacionar afuera, al cabo de unos minutos entra en la casa.
— ¿Todo bien? — le pregunto con cariño.
— Si mi principessa ¡Todo bien! — responde para luego darme un beso en la frente.
— ¿Nos vamos? — suelto sorprendiendolo.
Su mirada me examina confirmando lo que acabo de decir.
— Si cariño, ¿Lista?
— Si. — respondo mientras le enseño el bolso en mi espalda.
— Vayan con cuidado, ya es tarde.
¡Mamá como te amo!
— Hasta mañana, Pierre llevas a mi tesoro, maneja con cuidado.
¡Papá eres el mejor!
Nos despedimos y caminamos al carro.
— Pensé que no te tendría para mí hoy, pero estoy fascinado con que te empieces a quedar conmigo .
Y justo así, felices y sonrientes nos montamos en el carro camino a lo que es el inicio de una nueva etapa para mí.
Era jueves por la mañana y estaba preparando el desayuno para los dos antes de ir a la consulta con el doctor Di' Maggio.
No era de extrañarse que Pierre lo llamara para confirmar la cita, este hombre se tomó en serio que se ocuparía de todo lo concerniente a mi, desde mis citas medicas, los antojos y demás cosas.
Pasamos la noche abrazados, salvó que en vez de colocarme mi camisón me puse una de sus camisetas y me resultó súper cómodo dormir así, abrazada a él. Pero, despertar con su m*****o clavándose en mí fué una novedad.
Termino de prepararlo y subo a llevarle el desayuno, el sigue dormido así que quiero darle una sorpresa.
Estoy abriendo la puerta de la que será ¿O es? Nuestra habitación y lo encuentro desarropado, estirando los brazos hacia donde minutos antes me encontraba yo. Veo la escena y la encuentro graciosa, tiene los ojos cerrados mientras sigue buscándome con el brazo, cuando siente que ya recorrió parte de la cama es que los abre y me empieza a buscar con la mirada.
Se sienta en un abrir y cerrar de ojos y me llama.
— ¿Ámbar? — cree que estoy en el baño.
Me aclaro la garganta desde la puerta donde aún sigo parada y es cuando voltea y me ve.
No sé, yo digo que mi revoloteado cabello hace más mella en la mañana todo enmarañado. Sin embargo, Pierre consigue que no dude de mi aspecto cuando me dedica su mirada.
— Principessa, eso debería hacerlo yo cariño.
— Para nada Pierre — aún no me sale llamarlo de una forma más cariñosa, pero el tono de mi voz lo compensa — Me encanta poder hacerte el desayuno. ¡Espero te guste!
Dios santo, que sabroso es... Y no me refiero a los panqueques que hice, si no el cuerpo escultural del hombre con el que dormí anoche. Así sentado se le detallan sus abdominales y los brazos tan voluminosos que tiene.
Juro que mi v****a empezó a hormiguear de nada más verlo.
— Si me sigues mirando así a quien comeré será a tí. — me suelta con picardía.
Yo más desprevenida no podía estar observando su cuerpo descaradamente.
— Ups disculpa Pierre. — no queda otra que asumir las culpas — Es que tú
No, más lenta imposible.
— Déjame decirte que luces mejor mis camisas que yo.
— ¿Si? Pues que te digo, me encanta la tela tan suave que tiene.
— Y es que te marca una figura tan deseable.
Su comentario me tomo desprevenida a tal punto que me hizo sonrojar y casi soltar la bandeja de la comida.
— Es la vista más exitante que haya tenido en mi vida pequeña. Cariño ¿Piensas quedarte en la puerta? ven aquí. — dijo con su hermosa sonrisa.
Mi camino de regreso a la cama está siendo un tortuoso proceso con su mirada fija en mí provocando que se me marquen los pezones a punta.
Sentados en la cama, terminamos el desayuno y luego Pierre se recostó en el copete llevándome a su pecho.
Eran alrededor de las 8:30 y aún sobraba tiempo para la cita con el doctor.
— ¿Te ha gustado?
— Me ha encantado cariño, aprecio esto que haces por mí, pero estás de reposo principessa así que no quiero que estés haciendo fuerza ni oficios.
— Pierre, hanii solo es el desayuno, te prometo que solo el desayuno. — le jure con las manos pegadas. — Quiero hacerlo, quiero hacerlo para tí. — mi voz bajó unos decibeles permitiendo sacarle las primera sonrisa del día.
— Está bien. Pero más allá de eso no. No quiero exponerte principessa. Prométeme que si te digo que pares, tu dejarás de hacerlo.
Huy pero que pesado se pone, se está pareciendo a mis hermanos con sus prohibiciones.
— Pierre, quiero sentirme útil. Voy a cuidar de mi bebé, pero quiero hacer algo y no estar todo el día en cama.
— Cariño Prométeme.
Nada que ver, este hombre ni porque diga lo que diga cambiará de parecer.
— Pierre — le digo en modo súplica, más no hace el mayor caso.
— Está bien, está bien. — claudique.
— Mejor así. — dice el muy descarado.
— ¿Así será todo el tiempo? Tu prohibiendo que haga cualquier cosa.
— Sí. — dice sin más.
— ¿Si? — repito incrédula.
— Si, si considero que te expones sí. Que no te quedé la menor duda.
Uhss estoy molesta, me tratan como si no pudiera levantar un plato. No quiero discutir, no quiero empezar el día discutiendo, eso sería peor tanto para mí, como para él y mucho más para mí bebé.
— Me voy a bañar — le digo tratando de liberarme de su agarre. Contrario a Pierre que me sujeta antes de que pueda moverme.
— Cariño no te molestes. — dice cerca de mi oreja. — No quiero que te pase nada a ti y al bebé. Entiéndeme. — me dice con suavidad.
Sus manos me toman, llevándome a sus piernas, quedando cara a cara.
— Entiendo, de verdad, quien más que yo para entender. Pero no pueden ponerme en una cajita de cristal todo el tiempo. Necesito hacer algo, lo que sea para distraerme, no quiero estar todo el día acostada en cama.
No le recriminaba nada, por favor ¿Como hacerlo? Si lo único que ha hecho es cuidarme desde que lo conocí. Pero es la verdad necesito hacer algo por mínimo que sea, necesito distraerme.
— Está bien. — me dice — Aprovecharemos la consulta con el doctor y le preguntamos que puedes hacer. ¿Te parece? — concluye confirmando conmigo si estoy de acuerdo.
Al final con su mano abrazándome y la otra en mis piernas haciéndome caricias que me derriten accedo.
— Pero...
Ahí está siempre hay un “Pero" de por medio.
— Si el doctor dice que no puedes hacer nada, entonces harás caso y te quedarás tranquila. Está bien.
Eso no fue pregunta, sonó más bien a una orden.
Cielos... lo que me espera si el doctor dice que no puedo hacer nada.