Capitulo 5

3183 Words
— Mamá ¿Mi cadena dónde está? ... Madre yo tenía una cadena puesta. — asegure mirando a todos lados en busca de mi único recuerdo de él. — M-mamá esa cadena es especial, me la regaló esa tarde, es estilo militar de chapa negra, junto con una esfera que tiene forma de universo de un lado y por el otro está la luna rodeada de estrellas, esa luna con la que nos conocimos mami — le aclaré con mis ojos llenos de lágrimas. ¿Dónde está mi cadena? Estoy a punto de un colapsó nervioso. Mi taquicardia empezaba a hacer acto de presencia. — Mamá por favor ayúdame a encontrarla, la cadenita es de plata, además tiene — Hija cálmate, la vamos a encontrar. — me consoló ella — Cálmate que estás agitada y no es bueno. Piensa en el bebé. Mi bebé y lo único que tengo de su verdadero padre ya no está conmigo. Cada minuto que pasa sin que mi mamá la encuentre en la habitación me siento más devastada. Esa cadena mantenía mi ilusión de volver a verlo. Con mis ojos llorosos distingo ver la entrada y a Jean Pierre pasar a través de ella. Se me queda mirando y luego a mi madre. Está última decide explicar la situación en vista de que el nudo en mi garganta no me permite emitir palabras. — Señor De Lucca, gracias a dios que llegó. Mi hija ha extraviado el collar que usted le regaló. Me dice que es muy especial para ella.. ¿Usted lo ha visto? ¿Sabe dónde estará? — Señora Vivian por favor llámeme Jean Pierre ... O solo Pierre, cómo se le haga a usted más cómodo. — le contesta amablemente mientras se acerca a mi. — Mi principessa yo tengo tu collar, aquí está. — dice mientras lo saca de su bolsillo. — Una de las enfermeras me lo entrego después de que te atendieron. — Gra-Gracias, significa mucho para mí. — Siento cómo si su mirada me penetrara el alma ¿Que me pasa con este hombre? — No llores, por favor no llores. Cuando lloras me derrumbo pequeña, no quiero verte así. Mi madre se mostraba orgullosa con la muestra de cariño que Pierre me estaba dando. — Señor De Lucca debo decirle que me ha contado mi hija la manera en como se conocieron y me parece muy romántico todo, aunque también muy arriesgado. Me complace que usted sea un hombre de bien y que no haya engañado a mi niña con bonitas palabras. — Señora Vivian, por favor no sea tan formal conmigo. Llámeme por mi nombre por favor — le decía sonriendo — Si lo desea puede decirme yerno — le respondió este, dejando en el aire la palabra "Yerno" tratando de que mi mamá le tomara la palabra. — Por otra parte, he de confesar que las he estado escuchando todo este tiempo. — comenta al final. ¿Ehh? ¿Cómo que ha estado escuchando? ¿Que tanto estuvo escuchando? Que le pasa a este hombre. No puedo callar más. — Cómo que has estado escuchando... — le dije — ¿Que tanto has escuchado? Jean Pierre tenía una expresión de pena.. O tal vez ¿Ausencia? No sé... ¿Que pasara por su mente en estos momentos? me pregunto. — L-lo siento cariño. Es que escuchar la historia desde tu punto de vista, fue lo más hermoso que he escuchado en toda mi vida. — Huy que romántico señor Pierre. Oops lo siento Pierre. Eso es hermoso. — interviene mi madre. — Sígueme contando hija, todavía falta una parte. Dirigiendo su mirada a Pierre le pregunto — Dime Pierre que pensaste cuando te enteraste sobre la discapacidad de mi niña. ¿Estás dispuesto a seguir adelante con mi niña? Su situación no es fácil, eso ya debe saberlo. Está seguro de que podrá luchar por ella lo que le pase en el futuro Pierre que se había sentado en la silla al lado de la cama tomando mi mano dijo. — Suegra cuando me contó la verdad , me paralice por no se cuanto tiempo. Ok.. eso no es del todo mentira, fue lo que realmente paso cuando se lo revele en la tarde... Ya va, espera un momento ¿Suegra? ¿SUEGRA? — Luego me sentí impotente y abatido al mismo tiempo. Nunca me hubiera imaginado que Ámbar sufriera de eso. En realidad, de algo en general porque la veo y Wow — suspiró — Ella es hermosa, llena de vida y todo lo que transmite es luz. Es felicidad, eso es lo que pienso cuando la veo o cuando aparece en mi mente. Yo jamás la dejaría por nada, mucho menos por eso. Nos quedamos en silencio por un tiempo, hasta que el hablo de nuevo. — No la culpo por no decirme antes, supuso un gran esfuerzo para ella contarme la verdad. La admiro por lo valiente que es y lo que ha sido durante su vida. Por eso estoy más que seguro que no dejaré a Ámbar, para mi ella no es una carga por su discapacidad, estoy dispuesto a enfrentar lo que sea si es por ella. Esas palabras me descolocaron toda, de mi mente no salían los recuerdos de la última vez que ví a mi primer amor, el que se suponía iba a estar aquí cuando le revelaramos la verdad a mi familia. El me fue a visitar muy temprano y pasamos la mayor parte del día juntos, en la mañana caminamos por el paseo del solar, almorzamos juntos en el "Rincón del Grill" mi restaurante favorito y pasamos la tarde en una de las chozas del parque nacional rodeados de la belleza natural que abarca toda el área. Mi amor sentado en el banco de madera con una de sus piernas extendida en el banco y la otra flexionada, apoyando su espalda a una de las paredes de madera de la choza. Yo sentada en el espacio entre sus dos piernas, recostada a su pecho, sujetando sus manos con mis manos en mi vientre. Recuerdo cómo me lo dijo “Amor tengo que confesarte algo... Me resulta muy difícil decirte porque lo eres todo para mí"... Yo me sentía tan nerviosa que no me atrevía a moverme. El me sujeto fuertemente, era la primera vez en todo el mes que pasamos juntos que me apretaba tan duro, como si soltarme significaba perderme. “Me tengo que ir" Fué lo único que dijo después de un largo tiempo. Yo ilusa pensado que era por la hora le pregunté que si tomábamos un taxi o nos íbamos en bus. Que tonta fuí... El me giro solo un poco, para que mi cara quedará justo en la misma dirección que la suya, me besó tratando de desahogarse de todo lo que estuviera sintiendo en ese momento. Allí tome todo el valor que tenía, me voltee por completo y lo encare, se veía en sus hermosos ojos una lucha interna. « ¿A dónde tienes que ir? » Le pregunté yo tratando de sonar lo más serena que pude. “No puedo decirte" fue su respuesta... “Solo puedo decirte que a donde vaya siempre siempre estaré pensando en tí". «Pero... ¿Pero por cuánto tiempo te irás? » Le solté yo con mis lágrimas a flote. Fue devastador verlo así, fuerte pero abatido... Sincero con sus palabras pero con otras más guardadas en su interior... “No lo sé mi amor, no se cuánto tiempo durará está vez... Ámbar se que hasta ahora has confiando en mi ciegamente y eso es lo más hermoso que alguien me ha regalado alguna vez en la vida, su confianza. Por favor amor mío te pido que sigas confiando en mí aún cuando yo no esté. " “Por favor prométeme que seguirás confiando en mi" ... “Que no dudarás de este amor, de este mes que hemos pasado juntos" me sujetaba la cara haciendo que viera su desesperación. Mis lágrimas salieron como si no hubiera un mañana. ¿Que podía hacer?... Nada, salvó contarle la verdad. Ese día estaba predestinado para decir verdades. Lo besé fuerte, tendido, necesitado... «No me hagas esto por favor, no ahora» le decía pegada a sus labios «Yo también tengo algo que confesarte.» Me despegue de él y busque en mi bolso esos aparatitos que me habían atormentado todo el día mostrarle. El me miraba confundido, impaciente porque le contará lo que tenía que decirle. Cuando los sentí en mis manos cerré fuertemente los ojos. ¿Ámbar que sucede? Me preguntó serio. Saque las pruebas de embarazo que me había hecho dos días antes y se las mostré. Su cara no podía ocultar su sorpresa. ¿Voy a ser padre? Soltó sonando más a pregunta que certeza. Confirme su pregunta con un asentimiento de cabeza, luego un «Si» casi atragantado salió de mi boca. Su mirada estaba fija en las pruebas de embarazo... Después de un rato su mirada regreso a mí. ¿De verdad voy a ser padre? .. Me volvió a preguntar cómo una amplia sonrisa en su cara. «¡Siiiiii!» Le contesté yo, ya pasando mi ataque de nervios al ver su nueva expresión. “¡VOY A SER PAPÁÁÁÁÁ!" Grito feliz haciéndonos parar al mismo tiempo. Su agarre no me dió tiempo a reaccionar... Sus brazos me sujetaban con fuerza pero la justa como para no lastimarme. Me alzó hasta más arriba de su cabeza haciendo notorio sus más que musculosos brazos, dándonos unos giros en su mismo centro. «¡Bájame!» Le gritaba desde lo alto al papá de mi bebé con una resplandeciente sonrisa. El, al escucharme me bajo con cuidado para estrecharme de nuevo a sus brazos. Mi lugar favorito en todo el mundo. “Me has hecho un hombre completo mi Lucero" “Gracias por darme tu amor a mi" se sentó recto en el banco y me puso en su regazo. Recuerdo cuando saco de su bolsillo la bolsita que contenía el colgante. “Quería darte algo que te hiciera sentirme cerca cuando yo no esté, ahora que me has revelado que voy a ser padre, quiero que mi hijo y tú tengan en cuenta que yo siempre estaré para ustedes aunque no me puedan ver" fueron sus palabras. Yo abrí la bolsita conmocionada por tan hermoso detalle al igual que angustiada por eso último que dijo. “Aunque no me puedan ver" “Ves, es la luna de la mejor noche que he tenido en mi vida, la noche que tú y yo nos conocimos” me aclaraba el con una suavidad indescriptible en sus palabras. Volteó el dije y apareció ante mis ojos el universo. ¿Sabes que significa? Me pregunto él mirándome con sus ojitos brillosos. Yo negué con mi cabeza y me pegue más a su pecho sintiendo su corazón latir fuertemente. “Eso significa que aunque me encuentre a miles de kilómetros, nada impedirá que regrese a tí” Sollozos salieron de mí sin poder retenerlos. Desabrochó el colgante para colocarlo en mi cuello y yo levanté mi cabello para darle mayor libertad a su movimiento. Sus manos una vez abrocharon el collar a su nuevo y permanente lugar, aprovecharon su cercania para tocar todo el camino desde mi cuello hasta lo más bajo de mi espalda, reanudando lentamente su camino de regreso, luego pasando a mi pecho, su roce me exitaba, me hacía desear más. Me voltee y lo bese, su lengua jugaba con la mía, sus manos se metieron por debajo de mi camisa de algodón, recuerdo que hasta agradecí mentalmente que estuviéramos en la chozita más alejada del camino del parque. Allí no pasaba nadie porque pocas personas sabían que estaba escondida en ese recóndito lugar. Mis manos levantaron su camisa hasta quitársela por completo. El me besaba con devoción mientras desabrochaba mi sostén.. Nos tuvimos que separar por un momento para que sus grandes manos me quitarán por encima mi camisa acompañada por mi sostén... Se quedó admirando mis senos como queriendo recordar hasta el más mínimo detalle de mi lunar cerca de mi pezón derecho. Los tocó, chupó y succionó hasta ponerlos erectos, primero en el derecho mientras jugaba con su mano con el izquierdo. Nuestras camisas quedaron regadas en el piso de esa pequeña choza, allí fue dónde me recostó con ávida rapidez y el se posicionó a mi lado para continuar su juego con mis pezones ya erectos. Se que se puso a mi lado para no presionar mi vientre por los momentos plano, ese detalle me derritió completa por el amor que sentí por el. Se tomo su momento para consentir cada parte de mi cuerpo, acariciando mis no tan pequeños senos, mi respiración estaba agitada por su toque, lo deseaba tanto que tuve que poner todo mi empeño para no agitar mi corazón. Tomaba posesión de mi boca cada vez que quería, mi boca era suya, mi cuerpo era suyo, mi amor y mi razón... TODO era de Él... Yo no pude aguantar más y me monte encima de él. Le desabroche su correa y seguí con el botón de su pantalón. Bajo de mí sentía como se endurecía su pene, me parecía que iba a romper su pantalón, agarro cada lado de mi cintura y me presionó para sentirlo como se ponía cada vez más duro. Me quitó el mío con destreza y con su imponente fuerza rompió mis bragas, quitando los pedazos de esta para dejarme desnuda encima de él. Flexiono sus piernas para bajarse el pantalón acompañado del bóxer y como la primera vez que lo hicimos introdujo su grande y duro pene dentro de mi sin contemplación. Mi parte femenina lo acepto como si fuera parte de ella, lo sentía completo dentro de mí, grueso, largo. Hechos a la perfección el uno para el otro. Me faltaba fuerza para moverme, así que el me agarró por la cadera y me movió a su antojo, yo solo me dejaba hacer, me encantaba todo de el y sentirlo por completo dentro de mi era la gloria. En un rápido movimiento me puso con sumo cuidado en el piso colocándome de lado para no presionar mi vientre con su peso, con una mano hizo camino hasta los labios de mi v****a y los abrió introduciendo su erecto y delicioso pene dentro de mi tomándome por sorpresa, más prontamente su grosor volvió a ajustarse en mí, sus movimientos fueron más rápidos, más certeros, más placenteros. Mi cabeza estaba apoyada en su otro brazo, el cual paso a tocar mis senos, a endurecerlo, su mano suelta sujetaba el lado de mi cintura, haciendo que su falo entrara más a fondo, más duro, más rápido, ya no aguantaba mas, entre su pene con cada estocada que daba, me hacía perderme, mi clítoris palpitaba. Mis jadeos llenaban el lugar. “Nunca dudes del amor que siento por ti" “Te amaré por siempre" Ahhh, nos dejamos arrollar los dos... La explosión de nuestros orgasmos nos invadió el cuerpo entero. Menos mal que las camisas estaban en nuestra parte superior porque moje todo el piso de la choza con mis fluidos. Tomados de la mano salimos del parque, encaminados a la parada donde tomamos un taxi hasta mi casa. “Ámbar, mañana salgo de viaje y no se cuanto tiempo me tomé, pero cuando regrese no habrá nada ni nadie que me vuelva a separar de ti y de nuestro hijo". “Mi vida y todo lo que soy te lo diré a mi regreso. Por favor no dudes de mi cuando no esté. Porque aunque hay cosas que no te he confesado aún, lo que siento, mi amor y todo lo que he hecho y dicho en este mes a sido real". Eso fue lo que me dijo de camino a mi casa esa tarde de Marzo. La última vez que lo ví. Yo todo lo que hice en ese trayecto fué asentir con movimientos de cabeza. Mientras más nos acercamos a mi casa, el nudo en mi garganta se hacía más grande, más pesado, más siniestro. Cuando estábamos a solo 5 minutos de llegar a mi casa, me arme de valor haciendo a un lado mi temor para poder decirle «Te amo» Su mirada en ese instante flaqueaba todas mis fuerzas. «Prométeme que regresaras aquí... Prométeme que regresaras a mí» En ese momento el taxi se paró en la dirección que le dijimos, nos bajamos de el no sin antes decirle que lo esperara un momento. Caminamos solo unos cuantos pasos hasta divisar mi casa y de repente se paró hasta estar frente a mí y tomándome por sorpresa me llevo a sus brazos. «Siento que esto en una despedida, que te perderé» «No me sueltes nunca» “No me perderás cariño, estaré contigo pase lo que pase". Un suspiro largo por su parte, me devolvió al momento. Lo notaba cansado y yo quería llenarlo de todo el amor que pudiera para quitarle de encima eso que tanto le pesaba. Me soltó y alzó sus manos a su cuello, se quitó la cadena estilo militar de chapa negra y me la colocó a mí. “Esta cadena es muy especial, mi padre me la regaló cuando estaba pequeño, va de generación en generación". Me indico mientras me la colocaba. “Cuidala hasta mi regreso" me hizo prometerle. «La ausencia nunca forma parte del olvido» Estaba escrito en uno de sus lados. Nunca olvidaré la sensación de sus dedos acariciando mi piel cuando leí en voz alta esa frase. Recuerdo que la voltee y del otro lado estaba escrito su nombre, unos números y abajo de eso un determinado grupo sanguíneo. « ¿Porque si es una herencia tiene tu nombre? » Le pregunté. “Es una herencia amor, al igual que mi nombre. El primogénito lo lleva, cómo mi padre, mi abuelo y bisabuelo. Pensé que te lo había comentado" me dijo casi en modo gracioso. «Wow, ¿Que piensas tú de ello? » volví a preguntar. “Que pienso sobre si nuestro hijo es varón le pondría mi nombre... No sé dímelo tú. ¿Te gustaría? " Nuestras miradas estaban conectadas, me sentía completa con el. Sabía que no volvería a sentir lo mismo por nadie como lo sentía por el. Por eso le dije lo que le dije. «Si nuestro bebé es un niño, se llamará como tú, pero no por ser un legado familiar. Será por honor a ti, porque tú eres todo para mí. » — ¿Que dices Ámbar? — me pregunta mi madre sacándome de mi ensoñación. — Perdón ¿Que? ... — le respondí aturdida. — Disculpa madre no te escuché. ¿En qué momento llego la enfermera? — Les decía que ya se acabó la hora de visita y solo se permite a un familiar quedarse con el paciente. — nos comunicaba está última en tono cansado. — Si hija, te preguntaba si querías que me quedara yo, o si deseas que se quede Pierre. ¿Que deseás?
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