— Me alegra que me eligieras a mi Ámbar — comentaba Jean Pierre mientras se sentaba junto a mi cama.
— Pierre — lo llame — Si dejé que te quedarás está noche es porque necesito aclarar unas cosas contigo que de no estar a solas sería imposible.
— Si lo sé. Sin embargo, me alegra de que sea así. — contestó con descaro. — Sé que debes tener muchas preguntas y estaré encantado de responderlas.
Ha, que bueno que está tan colaborador y no voy a tener que extraerlas con cucharita.
— Está bien, aquí va la primera — le suelto observándolo directamente. — ¿Que quieres lograr armando todo esto? Mi familia no tiene dinero en abundancia como para sufrir chantajes si es lo que piensas.
Al decir esto último, el rompió en risas... No lo voy a negar, está logrando sacarme de mis casillas el que se esté riendo con la primera pregunta... Para mí esto es serio. ¿Que pretende?
— Ámbar ¡Por favor! ¿Que locuras dices?... No estoy aquí por dinero.
— Bien ¿Y por qué estás aquí? — le replique yo, ya molesta.
— Estoy aquí por tí. Porque eres dulce, hermosa, honesta, cariñosa, de grandes sentimientos y buenos valores.
— Por favor Pierre, cómo sabes eso sí apenas me conoces.
— No hace falta tanto tiempo para saber eso de ti. — respondió serio.
— Anda dime la verdad. ¿Que quieres? ¿Que ganas haciendo esto?
— Gano a una excelente mujer. De verdad Ámbar, no soy mala persona. Puedes confiar en mí.
Me le quedé mirando... No parece mala persona. ¿Pero quién en su sano juicio se ofrece como esposo a una mujer que acaba de conocer?
Aunque en definitiva, más loca sería yo si de verdad me planteara esa idea como una posibilidad.
— Disculpa Pierre, pero me parece ilógico que un hombre desee ser el esposo de una mujer que apenas acabas de conocer, y si a eso le sumas que sufre de una discapacidad y aparte va a tener un bebé.... Oh por Dios ¿Es eso verdad? Quieres quedarte con mi bebé para hacer una asquerosidad... — le dije en tono acusatorio. — Te lo advierto, no te quedarás con mi bebé. Yo no lo voy a permitir. Y si yo no estoy entonces mi familia no lo va a permitir.
Jean Pierre se me quedó mirando como si estuviera fuera de quicio y después rompió en risas nuevamente.
— Ámbar te aseguro que esa no es mi intención. — Me decía entre risas e incredulidad. — Cómo te hago entender que solo tengo buenas intenciones contigo.
Su tono de voz parece sincero, pero es precisamente eso lo que me hace dudar más de él.
— Creo que hay algo más allá de lo que quieres admitir. Creo que aún escondes algo y quiero saber que es.
Su mirada me penetra el alma. Hay algo, algo que aún no logro descifrar.
— A parte, inteligente. — suspiró — En todo tenía razón. — soltó Pierre cómo hablando consigo mismo
— ¿Quien tenía razón? De que hablas Pierre. — ¿De que rayos está hablando?
— Antes de que lo diga Ámbar, recuerda que debes estar tranquila, así que prométeme que diga lo que diga, lo tomarás con calma.
Yo deliro con este hombre ¿Que se propone? Por qué no habla claro de una vez.
— Prométeme Ámbar. — suelta interrumpiendo mis pensamientos.
Mm cuando quiere se pone pesado.
— Ámbar... — me llama, haciendo un gesto para que haga lo que quiere.
— Está bien, está bien. Lo prometo. — levanté mi mano como juramento — Pero dime de una vez ¿De quién hablas?
— De él. El verdadero padre de tu hijo. Mi mejor amigo.
No puede ser verdad.
No, no puedo creerlo.
— ¿D-de que hablas? Si es una broma no es graciosa.
— No estoy jugando Ámbar. Me prometiste que estarías tranquila.
¿Tranquila? De verdad me está diciendo que debo estar tranquila.
— ¿Tu sabes dónde está el? Anda dime — le suplicaba a este sin la más mínima vergüenza.
— Ámbar antes de seguir hablando necesito que tomes aire y te calmes, me preocupas.
Cómo se supone que debo hacer eso... No ve que me está hablando de mi amor.
— Si no lo haces por tí, entonces hazlo por su bebé. — sentenció el.
Por lo visto no me dirá nada hasta que me calme. Vamos Ámbar cálmate, calma tu corazón, calma esas incontenibles ganas de llorar.
— Ok, ahora me vas a decir sin que te quede nada por dentro ¿De dónde lo conoces? Y ¿Por qué no está aquí?. — mis palabras salían como veneno disparado.
Jamás en mi vida pensé que le hablaría a alguien así.
El levanto uno de sus brazos hasta flexionarlo y posar su mano en la nuca, cómo tenía camisa se le veían sus formidables músculos. Pero no podía prestarle menos atención a ello, ante mi tenía una pista sobre el papá de mi bebé y no pensaba desaprovecharla.
— Dime de una vez, ¿Que pasa? ¿Que sabes? .
Se notaba como estába tratando de buscar palabras en su boca, porque así como la abría de inmediato la cerraba.
— Pierre dime de una vez, que me estás asustando. De verdad dime qué pasa, puedes decirme lo que sea. — estaba diciendo de todo con tanta calma con tal de que hablara, aunque no era mentira. Con su silencio lo que hacía era ponerme más y más nerviosa.
Este cuando al fin se movió de la silla, fue a buscar algo en su billetera. Lo ví sacar una especie de foto y ¿Que es eso? ¿Un papel?
— Ámbar esto no es fácil para mí decirlo, pero será mucho más difícil para ti escucharlo... — hizo una pausa, luego tomo mi mano y ella colocó el papel doblado y la foto después volvió a su sitio.
¿Que es esto?
¿Es el?...
¿Quien es la otra persona?
— ¿Eres tú? — lo señale cubriendo con la otra mano mi boca abierta.
Su asentimiento fue lento, pesado. Se ven en la foto más jóvenes, vestidos con uniforme militar y armados.
— Esa foto nos la tomaron hace mucho tiempo, cuando aún pertenecía a la milicia. Nuestros rangos son clasificados, bueno el mío ya no importa porque ya no pertenezco allí, pero el de él sí. — dice con admiración en sus ojos y pesar en su voz — Siempre mostró una destreza en todas las áreas y más en las armas. El puede disparar a la perfección a una distancia de más de dos mil metros.
No lo puedo creer... ¿El es militar? No.. eso no es lo que me está queriendo decir, es más... Pero ¿Cómo? ¿Cómo es posible?
— Yo estuve en la misma unidad que él, fuí el tirador designado. Pero el... Él es el puto maestro de las armas. Acero le decíamos en la unidad. — rememoró con una media sonrisa — Hasta que pasó a trabajar a parte, cubriéndonos desde la distancia. En muchas ocasiones nos salvó de ser atacados. Y a partir de ese momento se ganó el respeto de los demás, creció entre los mas antigüos. Yo lo admiraba, con una niñez tan difícil como la tuvo pudo crecer en el lado bueno.
— El me contó sobre ello — logré decir ante su relato. — En una de nuestras citas me contó como fué su niñez. Su madre murió en un accidente cuando él estaba pequeño y su papá se ocupó de el hasta que también murió en su adolescencia dejándolo con su abuelo paterno.
— Es increíble Ámbar.
— ¿Que es increíble Pierre?
— Que hablara de su vida privada. Nunca le gustó hablar sobre la muerte de su mamá, mencionarlo era para el algo muy doloroso. — escapó de Pierre un resoplido y continúo hablando — Aunque lo entiendo porque contigo es muy fácil abrirse, fíjate a solo minutos de conocerte te hablé de mi familia. Supongo que a él le pasó lo mismo que a mí. — termino diciendo.
— Claro, pero olvidó decirme algo que también es muy importante. — deje en el aire. Si a mí me pareció de lo más dulce, jamás y nunca hubiera pensado que pudiera matar a personas.
— No lo juzgues... Tú tampoco fuiste completamente sincera con el... ¿O si? — dijo Jean Pierre clavando sus ojos en mí.
Touché... Atacada con la misma arma.
No puede ser si hasta en mis dichos aparecen armas.
— Tienes razón. — fuí sincera — Pero se me hacía muy difícil contarle, nunca hallaba el momento, no quería que sufriera por mi, por mi insuficiencia. No quería que sintiera lastima por mi...
— Realmente no creo que hubiera cambiado lo que sentía por ti. Además no tienes por qué explicarme Ámbar, si estoy aquí es para contarte algo que se me hace muy difícil decirte.
Y así de repente en mi cabeza se instalaron imágenes de él, de lo que Pierre quería contarme.
Vacío... Eso es lo que hay en mi interior, un inmenso y doloroso vacío.
Ya se lo que quiere decirme.
Incontrolables lágrimas salen de mí.
Fortaleza Ámbar, que no se te forme el nudo en la garganta, me repito en mi mente.
Pierre me miraba pero su mirada solo confirmaba lo que ya intuía.
— ¿Está muerto? — solté en un hilito de voz.
Silencio.
Un silencio arrollador inundó la habitación.
— Está... — inspiro fuerte — Perdido en batalla. — confesó al final.
No hay nada, el vacío invadió mi cuerpo.
Mis piernas se sentían pesadas.
Mis lágrimas eran las únicas que se movían en caída libre hasta aterrizar en la sábana de la cama.
— Me informaron de su situación hace un mes, cuando dejaron de tener comunicación con el.
Estaba hablando pero no lograba poner en orden ninguna de sus palabras.
— El alto mando, por previa orden, se comunicaron conmigo para darle la respuesta a la familia y me dieron las pertenencias que había dejado. Entre ellas encontré esa carta dirigida a mi.
Qué... Que es esto señor, no, el no. No puede estar muerto. Perdido... Si... Muerto... No. De ninguna manera.
— ¿Esta carta es para ti? ¿N-no me escribió una a mi?
¿Es que sabía que algo pasaría? Por qué no me habló de ello, sabía que yo confiaba en él. Sabía que yo lo aceptaría, sabía que no me alejaría. Si yo lo amaba.
— A ti no Ámbar, supongo que le fue muy difícil decirte la verdad a través de una carta. Pero si me escribió una a mi dónde me explica porque me eligió para darle la noticia a sus familiares. Allí fue dónde me contó de ti y de su bebé.
Lo veía como dejaba su cabeza gacha, mientras hablaba. No podía mirarme mientras me explicaba.
Reuní el valor de no sé dónde para desdoblar el papel arrugado y con solo leer sus primeras palabras escritas mi vista se nublo por las lágrimas.
Esto es demasiado fuerte.
Me duele todo... El pecho duele mucho, los brazos, mis manos me tiemblan.
— Ámbar se que esto es muy impactante para tí, y debido a los acontecimientos de hoy dudaba entre si contarte o no.
— Pero como no me lo ibas a decir... — le grité furiosa — ¿Quien te crees? ¿Por qué no me lo había dicho antes? Si lo sabías en todo este maldito mes que no he sabido nada de él ¿Por qué no me dijiste?... ¿Por qué...? — Mis lágrimas caían sin poder detenerlas, que día de porquería es este.
Mi vista recayó en las palabras “Por favor cuida de la mujer de vida y mi hijo"
Eso termino de destruirme y son previo aviso Pierre me quito la carta de mis manos.
— No sabía cómo decirte la verdad, ni como acercarme a ti... — se notaba su desesperación que no era menor que la mía — Como llegar a la puerta de tu casa y decirte que el papá de tu hijo está desaparecido en batalla... Cuando ni siquiera sabías su verdadera ocupación.
— No me importa... Debiste buscar la manera y no dejarme pasar todo este mes sufriendo por no saber nada de él. — mi voz era un amargo despecho, no quería hacerle sentir mas mal de lo que se veía, pero lo único que hacía era culparlo.
Aunque el culpable era otro y no quería aceptar la verdad.
— Ámbar por favor cálmate, no quiero que te pase nada. Esto no es bueno para ti, por favor vamos a hablar calmados. No quiero hacerte más mal, pero por la promesa a la carta debo decirte toda la verdad.
No podía reprocharle eso, sabía que tenía razón.
— Aunque me abstendré de hacerlo si veo que te hace mal saberlo. — afirmó mirándome serio.
— No por favor, más mal me hará no saber. Por favor sigue. — suplicaba con mis palabras.
El tomo aire y después continuo.
— No puedo decirte el lugar donde estuvo porque ni yo mismo lo sé. En su carta solo me explico el porqué yo, lo que signifique para él y su más grande sueño. Ser papá... Te amó Ámbar, el te amó. Lo sé porque aquí — dijo levantando el papel que me quito de la mano — Me lo confesó. El quería decirte la verdad cuando regresará y después iba a tomar otro trabajo que no le hiciera alejarse de ti. Quería estar contigo y quería que estuvieras bien pasará lo que pasará — bajó su cabeza y lo que pude distinguir como una leve sonrisa apareció en su cara — Supongo que por eso lo hizo, por eso me dejó está carta a mi. Por eso me hizo prometerle que no te dejaría sola con su bebé. Porque sabía que yo no le fallaría.
No puedo creer que la vida sea tan miserable como para quitarme tanto.
— ¿Sabes Ámbar? Yo le debo mucho a el, gracias a él hoy estoy vivo, gracias a él pude salir del ejército con honor, gracias a él pude hacerme una nueva vida con la emisora y me apoyo bastante cuando mi madre también murió.
Escuchar esas palabras de Pierre me hacía sentir orgullosa de él, No lo dudo, él en el mes que pasamos juntos me demostró ser todo un caballero, humilde y generoso.
Estaba atenta a todo lo que decía, como una boba me le quedaba mirando.
— No pude despedirme de el, se fue sin decirnos nada.
— ¿Sin decirles? — le pregunté colocándome en posición más recta habiendo calmado mis lágrimas.
— A mi, a la familia. Solo se despidió de tí. Lo sé porque me lo contó aquí en la carta, ese día tu le revelaste que estabas embarazada verdad — me dijo en forma de pregunta, la cual asentí con mi mirada.
— Lo hiciste muy feliz con la noticia Ámbar, es verdad. Y también como te dije, me hizo prometer que no te dejaría sola con su bebé si el no regresaba. El siempre fue muy precavido y pensar que todos le hacíamos broma por ello. Ahora, lo admiro mas por eso. De no ser así, tú nunca te hubieras enterado de lo que le pasó y nosotros nunca hubiéramos sabido de tu existencia y la de su hijo.
Todo lo que él decía me había enmudecido. Solo podía asentir a sus palabras.
Ahora que sabía la verdad, me avergonzaba de mi misma por sentir algo cuando Pierre me besó. Yo no sabía que pensar, no creía que me había abandonado, pero tampoco me hacía feliz no tener noticias de el durante este último mes.
¿Que me había pasado? ¿Por qué cedí ante aquel beso? Mi amor le pertenece a él padre de mi hijo.
— ¿Entonces por qué me besaste? — pensé recriminandome a mi misma.
El se me quedó mirando.
¿Por que se me queda mirando así? Esa mirada me desconcierta. ¿Que me pasa?
¿Que le dije?
¡Oh por dios!
— ¿L-lo dije en voz alta? — le pregunté casi tartamudeando.
Su mirada se relajo, mucho... Bastante... Su sonrisa se amplio por su cara.
— Si. — respondió tranquilo.
— Hay por Dios, que vergüenza Pierre. No sabes lo culpable que me siento. No debí...
— ¿No debiste hacerlo? — me interrumpe el tomándome la mano — No Ámbar, no digas eso. Yo no me arrepiento.
— Que dices Pierre. Tu amigo es el papá de mi bebé. — le recriminé mientras me deshacía de su agarre.
El se acercó mucho más a la cama y se puso justo frente a mi, agarrándome la cara con sus manos haciendo que lo mirara.
— Ámbar entiendo porque mi amigo se fijó en ti hasta enamorarse por completo. — su cara estaba a escasos centímetros de la mía, no me dejaba mover. — Llevo dos semanas pensando en cómo acercarme a ti.
— ¿Y acercarte a mi fingiendo que te llame la atención fue la mejor manera que se te ocurrió? — replique tan cerca como me tenía.
— No fue fingido Ámbar, cuando me senté a tu lado en el parque, pude detallarte mejor y me llamaste mucho la atención. — me susurraba cerca de mis labios.
Cada vez se acercaba más a mi, su boca estaba a un centímetro de mi boca. Sus manos seguían sujetándome la cara y su mirada, esa perfecta mirada que me descolocaba me hacía flaquear.
Pero no, esta vez no podía ceder. Se lo debía a el, a nuestro amor de mes. Si el tiempo fuera justo, es más, si la vida no fuera una completa mierda, me lo devolverían y nos amaríamos todo lo que no pudimos.
Quite sus manos de mi cara y voltee mi mirada evitando a toda costa la de él. — Por favor Pierre, te pido que respetes a tu amigo y no vuelvas a besarme. No entiendo por qué haces esto. Yo lo amo a él, por favor respeta mi duelo.
El se alejo de mí, aunque solo unos pasos, no dándome toda la libertad de mi espacio personal. Pero estaba claro que ya no iba a volver a tomarme de esa manera.
— ¿Por que le dijiste a mis padres que tú y yo tendríamos un bebé? Si es por la promesa que le hiciste bien podías hacerlo de otra manera. No haciéndote pasar por el.
Se quedó varios minutos pensando en lo que dije, su silencio me inquieta de una manera espeluznante. Cuando iba a volver a hablar el se me adelantó, dejándome helada con su respuesta.
— No dije lo que dije por impulso, aunque me gustaría que así fuera. Ni hice lo que hice porque se lo debo como parte de mi promesa hacía él. Con su deseo. Fué porque aún cuando tú no lo creas, me gustaste hasta tal punto de querer hacer lo que sea con tal de no verte triste. — dijo, tomándose un momento para seguir hablando. — Si tú familia te hubiera preguntado quién era el padre y yo no hubiera aparecido ¿Que les habrías dicho?
Su pregunta me dejó en estado de shock por su directa. No había aclarado mis pensamientos al respecto, ni tenía remotamente idea de que decirles, le estaba dando largas al asunto dando chance a qué él llegara, y todo estaba funcionando hasta hoy que me tocaba mi consulta mensual con Jesús.
— No tengo respuesta Pierre. — fuí sincera — Es la verdad. Aún no sabía cómo decirles y más al no saber dónde estaba el. Pero eso no cambia el hecho. No debiste, ahora todo será más confuso ¿Y si mi familia se entera de la verdad? ... Que pasará si eso ocurre.
Mi voz volvía a estar llena de incertidumbre, no quería pensar en ello, pero sin duda era una posibilidad. ¿Y si se enteraban y yo no estaba? ¿Y si mi bebé se enteraba y no lo tenía ni a él ni a mí para explicarle?... Ya me estaba mareando con tantas dudas. Me recosté en la cama para sentirme mejor, sin embargo, todas las preguntas seguían en mi mente.
Cerré mis ojos con fuerza, la única que me quedaba pues mi cuerpo lo sentía débil.
— Descansa Ámbar, ya es tarde y hoy te enfrentaste a muchas emociones fuertes. — su voz era suave, me ajusto la sábana y se quedó acariciando mi frente con delicadeza.
— No quiero dormir, necesito respuestas. — más sus caricias aplastaban la poca energía que me quedaba. Estoy tan cansada que sus caricias me relajan.
— No te preocupes mi dulce principessa, tendremos más tiempo juntos. Todo el que tú quieras.