— Ámbar ¡Despierta! ... Pequeña despierta, ya la enfermera aviso que los doctores vendrán a hacer el chequeo de rutina.
— ¿Mmm? ... ¿Qué hora es?... — Que sueño tengo. Me están acariciando la cara. ¿Quien me está acariciando la cara?
— Son las seis principessa. Anda despierta, que están por llegar los doctores.
Abro mis ojos y Jean Pierre está cerquita de mi, inclinado de tal manera que su cara estaba a centímetros de la mía. Se veía muy guapo vestido con la misma ropa de ayer, pero tenía un aura distinta, más tranquila, diría que más descansado. Si es eso.
Que verg... Me estrujó los ojos para despertarme y mi mano pasó por mi cara. Tengo baba en mi quijada, tengo ... Baba ... En .... Mi... Quijada. Que mierd...
Nada tardo en quitarla como puedo pero es muy tarde para que el no lo notará.
— Tranquila principessa que hasta cuándo babeas te ves hermosa — le escucho decir mientras se aleja de mi. — No te preocupes, no hay nada de que avergonzarse.
¿Que diablos? Que le pasa a este. “No hay nada de que avergonzarse" repito las palabras en mi mente como si su voz fuera más sosa.
— No me avergüenzo de nada — le suelto yo. — Necesito asearme un poco antes de que lleguen los doctores, podrías — le decía yo haciendole señas a la puerta. — Dejarme un momento mientras me arreglo.
El miro hacia donde le estaba señalando y luego a mi y el muy descarado solo nego con su cabeza.
— Ni lo sueñes — me dijo con una sonrisa — No te dejare sola a partir de ahora.
Cómo que no me dejara sola. ¿Que rayos significa eso?... Mi expresión debe ser tal que descaradamente se me acercó y me besó en los labios respondiendo a mi pregunta no formulada.
— No me iré a ninguna parte principessa. Me voy a quedar aquí contigo. Siempre.
— ¿Siempre? ¿Cómo siempre? — logré decir a través de sus labios recién separados de los míos.
Yo no debería estar asiendo esto.
El no debería hacerme esto.
¿Dónde quedó todo lo que hablamos ayer?
Todas las verdades descubiertas, las palabras dichas. La culpa de besar al mejor amigo del papá de mi hijo. Pero es que acaso ¿El no siente culpa igual que yo?
— Siempre es siempre. — concluyo rozando mis labios.
— Pierre no me beses — mi voz apenas era un susurro entre los dos. — Soy la mujer de tu mejor amigo. Es que acaso ¿No te remueve la conciencia saber eso?
Jean Pierre me sostuvo la mirada por un tiempo, fueron solo unos segundos más lo sentí eterno. Creí que no se alejaría de mi en nuestra pequeña conversación.
Pero lo hizo.
Se alejó.
— Tienes razón — dijo dando unos pocos pasos lejos de mi.
— Gracias, Jean Pierre.
— Pero si me detengo ahora es porque fuiste la mujer de mi amigo. — me interrumpe el tomándome por sorpresa y más con esa palabra tan agresiva para mí.
«Fuiste»
No «soy» sino «fuí» .
Fuí su mujer por tan solo un mes. Un mes. Solo un maldito mes. Otra vez el tiempo jugando en mi contra y como siempre
Ganando las partidas.
— Pierre todo esto es muy reciente para mí, me resulta difícil entenderte. Se que tienes una promesa con él, qué de cierta forma es velar por nuestro bebé y por mí. Pero me confundes con las demostraciones de afecto que me das. Tus besos... Tus caricias... Tus palabras bonitas. Es... Innecesario que lo hagas.
Se bien lo que estoy diciendo y mucho más el porque lo estoy haciendo, sin embargo, tengo una punzada de dolor en mi interior.
Lo tenía a escasos pasos de mi, la expresión que tenía me mostraba su confusión. Unos minutos en silencio aumentaban la tensión entre los dos.
Cuando abría la boca para hablar escuchamos toques en la puerta.
«Los doctores»
— Buenos días Ámbar, — entraba Jesús a la habitación y tras el dos enfermeras — Pierre. — lo saludo con un apretón de manos.
Pierre respondió amigable al saludo con un “Buenos días doctor" para después volverse a mi lado.
— Ámbar ¿Cómo pasaste la noche? — me preguntaba mientras se colocaba el estetoscopio.
Las enfermeras se colocaron al frente de la cama teniendo la ubicación perfecta para observar y escuchar lo que el doctor les dijera.
Una de ellas, la más joven, se le quedó mirando profundamente a Pierre, lo que me hizo sentir incómoda. No dudo que Pierre no notará el cambio de postura que hizo la enfermera.
¿No se da cuenta de lo obvia que es?
— Pase muy buena noche doctor, no tuve ataques ni presión. — ¡Ja! que mentira más grande.
— Doctor, supongo que me puedo quedar mientras hace el chequeo verdad.
Ese era Jean Pierre, quien dirigiendo la mirada de mi hacia el doctor le preguntaba serio. Lo que hizo que llamará más la atención de aquella enfermera coqueta que cada vez se acercaba más al lado de Pierre para estar de frente a el.
Que falta de profesionalismo la de ella, de por sí su falta de respeto ya me molestaba pero esa actitud tan ligadora me sacaba de quicio.
— Claro que te puedes quedar Pierre, si todo está bien. Hoy mismo le doy de alta y se pueden ir a sus casas.
La cara de la enfermera regalona «cómo le empezaba a decir en mi mente a la fresca a aquella» se le iluminó cuando escucho al doctor decir aquello.
Claro... O bien podíamos ser “Prometidos" como todos «excepto ella» creían, o bien podíamos pasar como hermanos.
Con lo último que dijo Jesús “Sus casas" perfectamente creyó que éramos cualquier cosa menos pareja. ¡Bien hecho Jesús! Le dije con sarcasmo en mi mente. Alimentaste la ilusión de esa chica.
Ellos estaban más pendientes de mi que yo misma.
¿QUE DIABLOS ME ESTA PASANDO?
¿Desde cuándo yo siendo celosa? ... Y sobretodo ¿Por qué con Pierre?
Mientras Jesús me auscultaba, le daba indicaciones a la otra enfermera que tenía en su poder mi historial clínico. Sinceramente no entiendo para que servia la otra si no hacía más que insinuarse a Pierre.
Lo que agradecí mentalmente fue que este último no le hiciera ni caso. Su atención rondaba de Jesús a mi y viceversa.
No puedo decir lo mismo de mí, juro que si las miradas matarán ya esta chica regalona estuviera «como dice mi mama» en el pueblito de los acostados...
Jesús me sigue examinando y yo hago lo que me indica, estoy tan acostumbrada a esto que hago lo que me pide casi que por inercia, lo único que me importa escuchar es que mi bebé esta bien, que crece sano y salvo dentro de mi y que lo seguirá haciendo hasta que nazca.
— Bien Ámbar, no hay más dificulta salvó las que ya conoces. Pero el doctor Di' Maggio me aseguro que empezando con los medicamentos, teniendo reposo absoluto y nada de choques que afecten el corazón podrás tener un embarazo sin muchas complicaciones.
Jesús cómo si no bastará con decírmelo a mí, se dirigió a Pierre y con mayor severidad le dijo “Reposo absoluto Pierre, no podemos exponerla, ya que hacerlo significaría un mayor riesgo para ella y el bebé. Cuento con que contigo y los demás miembros de la familia la ayuden y no falte a su tratamiento".
— Jesús claro que seguiré con mis medicinas — le solté yo antes de que Pierre hablara — Mi mayor deseo es que nazca mi bebé y haré todo lo posible para que eso sea realidad.
— Me alegra escuchar eso Ámbar, aunque ya lo sabía. Tu determinación es impresionante.
— Eso significa doctor — dijo la entrometida de la enfermera regalona — Que se le puede dar de alta a la paciente para que vaya a casa con su hermano.
¡QUÉÉÉÉÉ!
La mato..
Nooooo...
La remato.
No es lo que dijo, ni siquiera como lo dijo.
Es lo que hizo al decirlo.
La miradas de todos se dirigieron a mí. Jesús se puso rojo de la pena.
La otra enfermera se tapo la cara con mi historia clínico de la vergüenza.
La estúpida de la putienfermera «apodo mas apropiado para lo que es esa» mientras Jesús me auscultaba y la señora mayor tomaba nota, esa se puso al lado de Pierre casi que montándose encima de él.
Pierre ya la había visto venir y el muy idiota dejó que se le acercara tanto como la otra quisiera.
Ha ese tambien lo mato... Primero anda de coqueto conmigo y luego se deja manosear con otra.
Cuando le pregunto a Jesús que si me daban el alta, la muy regalada le pasó el brazo por encima de los hombros de Pierre reposando su mano en el hombro que tenía cerca de mi cama... Cerquita de mí...
Mi cara no limito la expresión de molestia pero la muy puta ni se amilanó por ello, todo lo contrario, afianzó su agarre sin importarle nada. Pierre ya se empezaba a incomodar por tal indiscreto acto y yo ya no podía más.
Estaba molesta.
No, más... Mucho más que eso. Estaba furiosa.
Seguro Pierre y Jesús notaron mi reacción, pero más segura estoy que no se esperan ni en lo más mínimo que yo haga lo que se me está cruzando por la mente en estos momentos.
— Enfermera — le dije en tono mordaz llamando su atención — Le agradecería mucho que soltará a mi marido. Es más — le sujeté la mano que posaba en Pierre tan duro como pude y se la lance a un lado tan fuerte que chocó con la pared — Le agradecería que dejara de seducir a mi hombre de manera tan vulgar como lo está haciendo sin importarle que yo esté aquí.
Tras decir aquello, la muy puta solo se me quedó mirando como si estuviera loca.
¿Quien se cree?
— Si usted es tan regalada como lo hizo ver hoy aquí le agradezco que lo sea pero lejos de mi marido. Respete y aprenda a no ser tan fácil por lo menos un poco que su actitud dista mucho de ser profesional.
La enfermera mayor intervino poniendo fin a mis miradas asesinas con la putienfermera quien no se había alejado tanto como quería de Pierre.
— Disculpe el comportamiento de la pasante señora Ámbar.
— Ah y de paso pasante — le escupo sarcásticamente a la putipasante que me observa incrédula.
— L-lo siento señora. — dice está última por fin dejándose arrastrar por la más antigua de las dos hasta afuera de la habitación.
No sé de dónde me salió ese arranque de rabia, generalmente yo no soy así. Pero es que esa acabó con mi paciencia.
No me justifico pero tampoco me arrepiento.
— Ámbar ... Wow ahijada pareces una gata en celo mi niña. Es la primera vez que te veo así.
Jesús paso de estar completamente rojo a reírse conmigo por sus comentarios.
Pierre que hasta el momento se había quedado callado decidió intervenir habiéndose relajado un poco el ambiente.
— Jesús, ¿Ya Ámbar puede ir a casa? — preguntó claramente más relajado.
Jesús nos hizo señal afirmativa con su cabeza y continuo diciendo.
— Claro le voy a decir a la enfermera para que les realice el alta médica.
Mi expresión debió haber sido un poema porque inmediatamente Jesús me aclaro — Liliana, la señora mayor Ámbar... No te preocupes la pasante no se les volverá a acercar.
— Uhss que alivio. Esa mujer no la quiero ver ni en pintura.
Jesús y Pierre no aguantaron y rompieron en carcajadas los dos observando como me recostaba en la cama plácidamente.
— Bien Ámbar me retiro. ¿Quieres que llame a tus padres? O les avisas tú.
— ¿Me darán el alta antes de la hora de visita? — si es así tal vez los sorprenda allá en casa pienso algo conmovida.
— Si, es muy posible que ya para las 10:30 puedas salir. — responde Jesús viendo su reloj en la muñeca.
— ¡Perfecto! Entonces les daré la sorpresa allá. — le dije con una sonrisa extendida en la cara.
— Listo, yo me retiro. Si necesitas de algo más, solo avísame. — después de decir eso, salió por la puerta dejándonos solos una vez más.
— ¿Y bien? — dice Pierre con su sonrisa socarrona en la cara.
Dioooos me saca de mis casillas...
— Y bien ¿Que? — le respondo yo inocente. Mirándolo de reojo con la cabeza gacha.
Después de un rato de solo tener una sonrisa burlona en su cara, se me acercó, poniéndose de frente a mi, levantándome la cara con sus manos para cruzar nuestras miradas.
¿complices?
Si, nuestras miradas en sincronía reflejaban una complicidad que solo los dos podíamos entender.
Está mal, lo sé. Pero tener tranquilidad, estar acompañada, sentir esa conexión inexplicable «porque literalmente lo conozco hace menos de 24 horas» se siente bien empezar el día así.
— Y si... ¿Y si me ayudas a arreglarme y acomodar todo para irnos? — le pregunté.
El me sonrió, bajo su mirada a un lado y después volvió a mi. Eso he notado que siempre lo hace y es tan encantador, cómo consintiendo lo que yo quiero sin pedir nada a cambio.
Me dió un beso en la frente y luego dió la vuelta para buscar la maleta que mi mamá nos dejó anoche antes de irse.
— Solo quería ver cómo reaccionarias cuando vieras que otra mujer se me acercaba. — soltó en el aire, dejándome a mi descolocada.
El muy idiota lo hizo a propósito... Increíble... Y yo volví a caer... Más increíble aún...
— Me alegra haberlo hecho, ya se lo que piensas de ello. — me dice cuando se voltea a verme. — No te preocupes, no voy a presionarte, estaré aquí contigo pase lo que pase. — completa con serenidad.
No sé me ocurre nada que decirle, las palabras se esconden en mi subconsciente.
Lo veo y me ilumina su mirada, está tranquilo, sonreído, abriendo la maleta para buscar una ropa que ponerme. Su familiaridad y confianza me tienen sorprendida, hace todo tan natural, como si lo hubiera hecho muchas veces antes.
Me elige ropa cómoda, una camisa de algodón blanca, un leggins bombachos y mis confiables zapatillas de siempre.
— Pierre — lo llamo y se acerca a mi trayendo la ropa en sus manos. — Gracias, gracias por todo esto que haces.
Su expresión es dulce, suave, tranquila, le sonrió y me devuelve la sonrisa de la misma manera.
— ¿B-bueno y como quieres que te ayude? ... Si quieres te quito esa ropa — me dice — Y luego te pongo está. — colocando la que tiene en sus manos en la silla justo al lado de la cama.
— Ja Ja muy gracioso Jean Pierre. Pero nop. Primero voy al baño, necesito asearme. Honestamente, lo necesito con urgencia.
— Si, ya veo. Ufs ese aliento está mata dragones. — tapándose la nariz con una mano y con la otra soplando al aire...
Si es verdad, desde que desperté no me había dado chance de hacerlo... Oh por Dios...
— Ya, detente... — le dije dándole un leve golpe en el brazo para hacerlo parar sus risas. — Ayúdame a bajarme anda — mientras me tapaba la boca con una de mis manos. Eso hizo que soltará más carcajadas.
— Basta preciosa — dijo quitándome las manos de la boca — No ves que te estoy bromeando contigo.
Me alzó en sus brazos y me llevo en ellos hasta el baño.
— Recuerda que estás en absoluto reposo — dijo con voz suave. — Es que si fuera por mi te desnudara y te bañara yo mismo. — termino diciendo dejándome en blanco a mi. El me bajaba lentamente al frente de la ducha mientras su mirada intensa me recorría el cuerpo con lascivia.
Es la primera vez que me mira así. Pude sentir cuando me bajaba de sus brazos que aprovechaba cada segundo para tocarme, sus manos pasaron muy cerca de mi trasero, con ellas me apretaba más a su cuerpo cuando me colocaba en el piso. No llego a rozar los lados de mi pecho, pero si detuvo sus manos a cada lado de mi cintura. Levanté mi cara para poder verlo, sus manos subían y bajaban desde mi cadera hasta el inicio de mis pechos pasando sin tocarlos. No lo puedo negar, se siente muy rico al igual que exitante.
Debo parar... Es demasiado rápido. Solo me he entregado a una sola persona y resultó ser su mejor amigo. No puedo hacerlo.
— Suéltame Pierre, si seguimos así siento que lo traiciono. No... No puedo.
— Shhh — me colocó su dedo en la boca haciéndome callar. — Primero Ámbar, no lo estás traicionando. Segundo, no estamos haciendo nada malo. Y tercero, me gustas, me importas y no solo por la promesa que hice, si no porque de verdad me fascinas Ámbar. Pero no voy a presionarte, estoy contigo y será a tu ritmo.
— Gracias Pierre. Debo confesar que es recíproco — le aclare mirándolo a los ojos atesorando ese pequeño momento de intimidad — Dame tiempo Pierre. Dame tiempo para
— Tranquila principessa, tendremos todo el tiempo que necesites. Pero solo te voy a pedir una cosa.
— Si claro, lo que quieras. — le contesté bajito.
— No me alejes, yo quiero estar contigo. Permíteme hacerlo. Permíteme enamorarte. Permíteme consentirte y amarte.
— ¿Amarme? ... ¿Cómo puedes hablar de amor cuando apenas me conoces? — le pregunté más para mí que para el.
—Lo se, no me preguntes cómo. Pero es así, desde ayer que estuvimos hablando en el local pude sentir lo que hace mucho no sentía.
— Y ¿Eso que es? — le pregunté.
— Las ganas de vivir. — hizo una pausa significativa — Diría que los últimos ocho años han sido como una patada al culo, nada me había hecho sentir lo que tú provocaste en mi. Ahora que te conocí, me has devuelto esas ganas de vivir, te tengo y saber que tú sientes algo por mi por poco que sea — suspiró — Creeme no te dejare ir.
Esas palabras tan hermosas me flaquean mis fuerzas, lo veía en sus ojos, me decía la verdad. Esta vez fuí yo.
Fuí yo quien no se contuvo.
Fuí yo quien no le importo nada. Me incline hasta estar casi a su altura.
Y lo besé.