Capítulo 8

4896 Words
Luego de asearme, me coloque la ropa que Pierre había elegido y salí del baño. Recorro la habitación con mis ojos pero no lo encuentro. ¿Dónde se habrá metido? Voy caminando a la cama y veo todo organizado, vaya que este hombre es ordenado. Las dos maletas pequeñas ya están recogidas y sobre la silla, de fácil acceso para tomarlas cuando nos vayamos de aquí, la cama extendida, el abrigo encima de una de las maletas y el desayuno que traen en la mesita al otro lado de la cama. Lo único que falta es él. ¿Dónde estará? Me estoy sentando en la cama cuando noto la puerta abrirse. — ¡Espere señor De Lucca! Esa voz... La maldita putienfermera otra vez. ¿Que diablos quiere ahora? No se da por vencida. Me paro de la cama y voy en silencio hasta la puerta para ver la escena. La muy puta está sujetando por el antebrazo a Pierre mientras el sostiene con su otra mano la puerta que permanece entreabierta lo suficiente como para ver cómo lo está mirando. El deseo y la lujuria es visible en sus ojos, se había arreglado más el cabello y renovado su maquillaje. No podía ver bien la expresión de Pierre porque tenía la cara volteada pero me molestaba que no se la hubiera quitado de encima o por lo menos que le soltará el agarre. — Enfermera si viene a decirnos alguna información por favor absténgase. Ya hablaré yo con Jesús directamente. ¡Bien hecho Pierre! Ahí lo tienes putienfermera eso te pasa por perra. Su expresión cambió paso de coqueta a sería por un breve momento. Después, paso de sujetarle el antebrazo al codo, es que la muy puta de verdad que no se daba por vencida. — Disculpe señor De Lucca solo quería disculparme con usted por lo sucedido hace un rato. — ví como ella colocaba una carita de perrita arrepentida cuando terminó de hablar. — Me siento muy avergonzada con usted y su esposa. Note como Pierre se tensó con ese toque. Cambio su postura cuando esa le hablaba y se puso totalmente recto, deshaciendo así el agarre de la putienfermera. — Con quién debería disculparse es con mi mujer señorita. — le cortó Pierre con su voz sería. «Mi mujer» se siente tan extraño oír esas palabras de la boca de Pierre. Reaccioné cuando lo escuche decirle a la putienfermera. — Ahora si me disculpa — volvía su mano a la manilla de la puerta para abrirla por completa. — ¡Esperé! — le sujeto de nuevo el brazo. Huy es que no me la aguanto más, abrí la puerta de par en par y me plante frente a los dos. Mi mirada asesina fulminó a la putienfermera. Vi de reojo a Pierre y se quedó atónito observandome parada allí. Su cara fue demasiado graciosa pero no me podía permitir reírme, por fuera estaba totalmente sería aunque por dentro esa carita de el me daba demasiada risa. — Creí haberle dicho que no se le acercará a mi marido enfermera. — así es, no pierdas la clase Ámbar. La putienfermera se quedó helada al verme. Mi voz fue como un cuchillo afilado en la llaga, mi vista fue a parar al agarre de ella en el brazo de él. Está inmediatamente soltó su brazo y los cruzó para ponerse derecha. «A mi parecer, se le veía en su interior molesta pero lo disimulaba muy bien» y para lo que a mí me importa, daba igual que se las agarrara o si se las metiera por el culo. Pierre se puso a mi lado y me abrazo por la cintura, ese movimiento reflejo su protección para conmigo. — Bien enfermera, ¿Tenía algo que decirnos? Porque de lo contrario, se puedes retirar. La putienfermera se me quedó mirando y luego paso su mirada a el, imagino que buscando apoyo y fracasando en el intento. — ¡Hey! — la llamé despectiva. — Le estoy hablando enfermera. ¿Tiene algo que decirnos? Su vista regreso a mí. Puso de nuevo su carita de perra arrepentida que no me creí ni un pelo y empezó a hablar. — Señorita Ámbar yo... — Señora — la corregí — Es señora Ámbar. Si se le olvidó ya estoy casada con el hombre que está a mi lado — sentí como Pierre apretaba su agarre en mi cintura, ese tacto me dió más seguridad para decir lo otro. — Y estoy esperando un hijo. — concluí. — Si señora, disculpe por lo sucedido hace un rato. Yo estoy aquí por eso. — Sinceramente enfermera — la volví a interrumpir — No le creo. No creo que esté aquí para disculparse conmigo ya que de lo contrario hubiera entrado a la habitación y hablado conmigo sin la necesidad de que mi esposo estuviera presente. Mucho menos, lo hubiera abordarlo en la puerta para estar a solas con el. — Yo... Eso no fue lo que pasó... — decía nerviosa. — Si, eso es lo que realmente está pasando. Ahora, si no tiene más nada que decir por favor déjenos a solas. Aunque no deje que hablara, tome a Pierre de la mano y lo lleve conmigo dentro de la habitación, dejándola parada le tranque la puerta en sus narices. Una vez dentro, Pierre y yo nos sentamos en la cama. — No me digas nada. — le solté molesta nada más sentarme. Se notaba que quería reírse a carcajadas pero no lo hizo. — Tranquila. — ocultó su risa volteando la cara a un lado — No diré nada. — Y que pasó esta vez ¿eh? Querías ver cómo reaccionaba escuchandote hablar con ella. Pierre no aguanto la risa, era tanta que me contagiaba, hasta que yo también rompí en risas. Nada que decir, nos relajamos mientras nos reímos. Por loco que parezca mientras nos reíamos sentía más fuerte nuestra complicidad. — Y bien — le dije después de tranquilizar mi respiración. — ¿Que hacías afuera? ¿Paso algo? — No, tranquila. Solo que ya nos dieron el alta. Ya podemos irnos — me respondió el, buscando mi mano con la suya. Cuando la encontró, la tomo y la beso. — Vámonos principessa. Vayamos a casa — sentenció con suavidad. Con mi bolso colgado de lado, jean Pierre tomó mi mano y la entrelazó con la suya. Del otro lado cargó una maleta en su espalda y la otra salió rodando por el suelo, así salimos del hospital. Llegando al estacionamiento, Pierre me dirige mientras seguimos caminando. No recuerdo cómo fue exactamente qué llegamos aquí, de hecho pensé que había pedido una ambulancia más no fue así. En el estacionamiento hay muchos carros, camionetas hasta motos y no se me hace ninguna familiar por más que intento recordar. Veo a Jean Pierre y se que se está burlando aunque intenté ocultarlo. — Y bien ¿Me dirás cuáles tu auto? — Inténtalo. — respondió nada más. Ja! descarado. — Si sabes que no recuerdo nada verdad Jean Pierre. Él me miró por un momento, soltó una risa burlona y luego me dirigió hasta una camioneta completamente negra. — Así que, una Toyota eh. — suelto admirando está impresionante camioneta. — Así que sabes de autos... Me sorprendes preciosa. — lo escucho decir maravillado. Allí voltee a verlo, encontrándome con su espectacular sonrisa. — En realidad no tengo ni idea de carros, mi papá tenía una de esta marca hace un tiempo por eso lo supe. Aunque sin duda era mucho más antigua que está. — le explicaba a Pierre mientras el abría la puerta del copiloto, me ayudó a subir y luego rodeando el auto entró el. Partimos del estacionamiento en cómodo silencio, la camioneta es espaciosa por dentro y muy cómoda. Pierre conducía, sin embargo, yo no le prestaba atención al camino, en mi mente pasaba todo lo ocurrido durante los últimos días, trataba de aclarar mis propios pensamientos, aquellas cosas que aún no hemos aclarado. De repente recordé algo que se me había pasado preguntarle. — ¿Pierre? — voltee la mirada hasta el lado del conductor — ¿Cómo supiste que Jesús era mi doctor? Por qué recuerdo muy bien que yo nunca te hablé de él. Pierre volteo a verme por un momento y luego regresó su vista hacia el camino, sonrió y con una de sus manos tomó la mía para besarla y colocarlas unidas en su regazo. — Cuando te desmayaste en el local tu teléfono estaba sonando, solo tuve tiempo de sostenerte en los brazos para que no te golpearas, el teléfono se te cayó cerca de mis pies, lo tome para llamar a tu madre y decirle que te llevaría al hospital pero ví en la marcación rápida que decía Doctor Jesús y no lo dude. Lo llamé y al minuto ya me estaba dando instrucciones de que hacer. Su mano dejo la mía en su regazo como si quisiera sentirme en todo momento, ahora acariciaba mi rostro de forma sutil. — Me puse nervioso cuando te ví desmayarte, lo único que se me ocurría era llevarte a urgencias pero también pensaba que si lo hacía y no conocían tu caso podía empeorar la situación, así que lo llame, le dije que yo era el papá de tu hijo y que te habías desmayado, el inmediatamente me dijo que te llevara al hospital que nos esperaría con su equipo. Y así fué. Cuando llegamos de inmediato te pusieron en la camilla y me dejaron a mí en la sala de espera. Después lo ví entrar en el lugar donde te tenían, el paso rápido así que no me vió pero yo supuse que era el. Aproveché cuando salió de preguntarle cómo estabas y allí mismo me presente como tú pareja. — Entonces, así fue como pasó. — me quedé sopesando la información. — Sí, yo me fuí con Jesús quién me explicó todo y me dijo sobre la posibilidad de que el otro doctor llevará tu embarazo. Cómo te escuche en el parque algo sobre una consulta pues até los cabos sueltos y le dije para ver si podíamos adelantar esa consulta ese mismo día. Entre los dos lo llamamos y este accedió a ir ayer. — Eso quiere decir ¿Que mi consulta de mañana queda suspendida? — le pregunté dudosa. — Se podría decir que si, aunque si quieres podemos igual ir mañana y que te chequee mejor, así abrirá tu historial en su consultorio. — Claro, claro. Bueno supongo que podemos preguntarle. Condujo por varios minutos hasta que llegamos a una encrucijada, quería ir a mi casa y ver mis padres, pero sé que al llegar me bombardearan con preguntas que no sabré cómo responder. ¿Que hago? — Ámbar, — me llamo el — Se que te gustaría ir a tu casa. Pero antes me gustaría que habláramos sobre unas cosas. — Justo eso pensaba Pierre, tenemos que aclarar este asunto antes de llegar a mi casa. — respondí honesta. — Bien, ¿Me dejarías llevarte a un lugar? Allí podremos hablar tranquilamente. — Si, me gustaría. — dije mientras me acomodaba en el asiento. — ¿Puedo poner música? — Todo tuyo — dijo con tranquilidad concentrado en el camino. Me incline hacia adelante y lo encendí, no era tan complicado manejar ese equipo. Estaba la conexión para teléfono puesta, así que busqué el mío y puse una de mis canciones favoritas. La canción es suave, es romántica, es hermosa. Empieza a sonar en los altavoces del auto y nos inunda de su romanticismo, con los primeros acordes. Late at night «Tarde en la noche» when all the world Is sleeping «Cuando todo el mundo duerme» I stay up and think of you «Me quedo despierta y pienso en ti» And I wish on a star «Y deseo en una estrella» That somewhere you are «Que en algún lugar tu» Thinking of me too «También estés pensando en mi» Canto bajito mi canción, dejándome llevar por la música, la letra de la canción remueve mis sentimientos. Pierre sigue con la vista al frente, conduciendo a velocidad moderada. No me habla, solo escucha. Cause I'm dreaming «Porque estoy soñando» Of you tonight «Contigo esta noche» Así pasamos un rato con la canción sonando, yo mantenía mis ojos cerrados mientras la cantaba. — Así que... — dice el aclarando su garganta y sacándome de mi ensoñación — Esta canción va dirigida a él. — comenta entre afligido y comprensivo. — ¿Por qué lo dices? — solté yo mientras la canción decía «No puedo dejar de pensar en ti» Justo paramos en un semáforo dándole el suficiente tiempo para lanzarme una mirada que dice “Oh por favor" «Mi amor, cómo te extraño» — Es obvio ¿No crees? — dijo al escuchar esa última frase. No debería sentir pena para contarle estas cosas, no debería. Pero entonces ¿Por qué me cuesta tanto decírselas? — Ámbar, tranquila. — me dió ánimo apretando la parte superior de mi pierna. Un suspiro salió de mi, tratando de quitarle peso a la situación. ¡Por dios! Es solo una canción. — Desde que se fue — empecé a decir — Todas las noches pienso en el. En si me había abandonado, si me había olvidado, si algún día regresaría... Me hace una falta enorme. — le confesé con lágrimas amenazando con salir. — Todos los días cuando la escucho cierro mis ojos y pienso que un día regresará aquí, conmigo... Pero cuando acaba y volvía a la realidad, me daba miedo pensar que quizás jamás lo volvería a ver... Ahora, se que ese miedo se volvió realidad. Aunque dice que está perdido en batalla, eso quiere decir que existe una posibilidad de que no este muerto verdad. — le dije esperanzada. El semáforo cambio, Pierre sostuvo por unos segundos la mirada en mí y luego volvió al camino. La canción terminó. Pero Pierre no dijo nada más durante el resto del camino. ... — Llegamos — soltó mientras estacionaba en carro dentro del garage de una casa muy bonita. Era de dos pisos, con una mini terraza, fue lo que detalle antes de entrar al garage, cuando bajamos Pierre rodeo el carro y entrelazó su mano con la mía. — Ven, pasemos. Esta es mi casa. Quería que la conocieras, además aquí podemos hablar sin interrupciones. Yo solo me dejaba llevar, pasamos por una puerta que daba entrada a una sala muy espaciosa. Estaba decorada con estilo moderno, las paredes eran de color champagne, los muebles a un lado de la habitación en forma de L de color marrón claro y los cojines de tonalidades marrón claro, oscuros y blancos. En el centro una mesita bajita de madera de un tono más oscuro, al frente una biblioteca con espacios de diferentes tamaños que ocupaban libros, lámparas, retratos «que me gustaría ver más de cerca», jarrones con diseños, entre otras cosas, y el techo estaba rodeado de bombillas en círculos, lo que daba bastante iluminación al lugar. Me encantó desde el principio, siempre soñé con tener una casa espaciosa e iluminada, lo único que agregaría para que fuera perfecta sería una ventana que diera entrada a la luz del día. — ¿Quieres ver el resto? — me preguntó Pierre mirándome complacido. No había notado que tenía la cara embobada con tanta belleza del lugar. Es que me imagino que si así es la sala ¿Cómo sería el resto del lugar? Respondí con un movimiento lento de cabeza en su dirección. Pierre estaba orgulloso, estábamos entrelazados de mano así que me jaló por un pasillo, al cruzarlo pude distinguir la cocina y Wow se me salió un suspiro ahogado, la palabra «hermosa» queda chiquita comparado con esto. Al fondo hay un gran sillón esquinero que se une con una isla larga con Bacha que separa la habitación. A la izquierda está la cocina y dentro a una esquina están los hornos, pegada a la pared que tenemos de frente hay 4 puertas «imagino que debe ser la nevera» y unida a la isla hay una especie de comedor con sillas bastante modernas. Lo que más me gusta es la ventana que está al fondo donde se puede ver la parte trasera de la casa, incluso con toda la modernidad que tiene, siento un aura familiar aquí. Seguimos recorriendo la casa, en la parte de abajo hay una oficina y un baño de uso común. En la parte de arriba hay tres habitaciones dos iguales con su baño y la del fondo es mucho más grande que todas las demás. La cama es grandísima, al frente tiene un pantalla plana inmenso como los que nos gustaría tener en casa, unos pasos después de la cama hay un mueble tipo biblioteca donde hay retratos y libros, en la pared del fondo hay una gran ventana cubierta por una cortina color blanco y a cada lado pliegues de color gris claro. Todo está prácticamente nuevo lo cual indica que no pasa mucho tiempo en su propia casa. Sin embargo, la casa me resulta acogedora y más por el aura familiar que tiene y que se incrementa con las fotografías en toda la casa, son de personas que no conozco pero fotografías hermosas al fin y al cabo. Salvó por una que está justo en todo el frente de la cama en la parte más visible del mueble. En la foto están dos personas abrazadas y felices. Está el y Jean Pierre. Se ve un poco más jóven de cómo estába la última vez que lo ví, y Pierre ni se diga, con el cabello más corto y vestido con una cazadora y unos jeans oscuros. La expresión que tienen demuestra cuan bien se la estaban pasando ese día. Se ven hermosos, no es solo que los dos tienen buen físico, si no porqué se ven felices. Eso es lo que le da la belleza a la fotografía, la felicidad que tenían. Ya la había tomado en mis manos y tarde me dí cuenta que acariciaba la figura de el en la foto. Pierre se había quedado frente a mi, le agradecí que me diera mi tiempo para asimilar todo. Salió una lágrima de mis ojos y el la limpio con su pulgar dejando su mano en mi cara por más tiempo acariciando mi mejilla. La tuve en mis manos un rato más hasta que la puse de nuevo en su sitio, llorar solo me alteraría y no quiero que mi embarazo empiece con tantas lágrimas, no es justo para mí bebé. — ¿Bajamos? — me preguntó con cautela. — Si Pierre, debemos hablar. Así como si nada, volvió su agarre a mí, me llevo por el pasillo hasta la escalera que bajamos con lentitud. — ¿Te gustaría que nos sentemos aquí? — preguntó cuando nos encontrábamos de regreso en la sala. — De hecho, me gustaría comer algo — contesté penosa. Para nada la reacción de Pierre, que enseguida me llevo a la cocina, me sentó en el pequeño comedor delante de la barra y fue a abrir la nevera. «Que sí, eran las 4 puertas de aluminio frente de nosotros» — ¿Que se te antoja principessa? — decía mientras las abría de par en par. — Tengo bananas, fresas, uvas... ¿Tal vez cereales? — terminó su sonrisa divina. Parecía un niñito chiquito cuando tiene invitados y ofrece de todo... Huy que tierno es. Nada más reírme se volteo a verme y una expresión de “De que te ríes" se le situó en la cara. — Pierre, Hanii, con una banana es más que suficiente. — le contesté tranquila. — ¿Hanii? — repitió el sonreído. ¡UPS! Que metida de pata la que estoy haciendo... — Lo siento Pierre se me escapó. — le contesté rápidamente incrementando la pena en mí. — ¿Y eso que significa? — dijo sorprendido. Me tape la cara evitando que viera mi vergüenza. — Significa mi amor, mi cariño. — luego lo escuché soltar carcajadas ruidosas. Cruzó la isla que nos separaban con un boll lleno de frutas en sus manos la cual puso en la mesa y se agachó frente a mi, colocó sus manos en mi cara y su hermosa sonrisa me invadió por completo. Su cara estaba al mismo nivel que la mía y su mirada atrapaba la mía. — ¡Hey! — dijo con suavidad — ¿Por qué te da pena?... Digo después de semejantes aclaratorias ante una enfermera de que soy tuyo y nada más que tuyo. No debería darte pena llamarme cariño. Su sonrisa y su mirada revelaban lo complacido que estaba al decir aquello. — No era una enfermera — le aclaré con desdén. — Ah si... ¿Era una pasante? — respondió ante mi aclaratoria. — No, era una putipasantenfermera. — seguí con voz baja. Su cara quedó en shock seguido de sorpresa y termino con risas enérgicas que inundaron la cocina. — ¿Una qué? — dijo después de las risas. — Si, una putipasantenfermera... — le contesté ya más relajada. Sus risas volvieron mientras se sentaba en la silla a mi lado. — Ok Ok así se quedará. — respondió — Y ¿De lo otro que? Lo otro. Se refiere a mi impulso de reclamarlo como mío, fue un impulso pero era justo y necesario para dejar las cosas claras con aquella regalada. — Bueno. — le empezaba a decir mientras metía un pedazo de la banana en mi boca. — No es justo para tí Pierre. Yo no estoy en posición de darte el amor que mereces. ¿Me gusta? Si, es la verdad. Pero ¿Poder darle todo mi amor? No, eso no puedo. Tengo a su mejor amigo viviendo allí dentro desde hace dos meses y medio. No puedo sacarlo tan fácil cuando a ocupado tantas partes de mí haciéndolas tan suyas. Es... Es muy pronto. — Entiendo. — soltó el — De verdad entiendo Ámbar. No pretendo ocupar su puesto en tan poco tiempo, eso sería imposible y yo no quiero. —Pierre, lo siento pero no puedo. Ahora no estoy preparada para darte todo lo que te mereces, es que siento que lo estoy traicionando. — Pero no lo haces, ni tu ni yo lo estamos traicionando. Fue su deseo el que yo estuviera contigo. — Cuidando de su hijo, no dejándonos desamparados. Pero no de la manera como lo estamos haciendo. — ¿Cuál es la diferencia Ámbar? El que yo esté contigo siendo pareja o amigos si al final estaremos juntos. — Creeme, si hay diferencia Pierre. ¿Y cuando el regrese? Es mejor parar esto ahora y no más adelante cuando todo se complique. — Y si ¿El no regresa? Dame la oportunidad a mi de estar contigo, de ayudarte, apoyarte, cuidar de tí ahora que lo necesitas más que nada. — Es que eso podemos hacerlo. — Pero no como quisiera. — respondió abatido. Que respuesta darle... — Es demasiado pronto. — claudique yo — Cuando el regrese no esperará que nosotros estemos juntos. — Pero es que el no va a regresar Ámbar. — dijo exasperado. Cuidaba de no levantarme la voz, de no herirme de alguna manera. Demostraba tanto cuidado al hablarme que se hacía difícil decir palabras. — ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que no va a regresar? ¿Que tan solo está buscando la manera de volver aquí? — le decía demasiado dolida de su poca esperanza. — Perdido en batalla Ámbar, eso solo es otra manera de decir que ha muerto. Todos lo sabemos. Creeme, ya he intentado todo. — al final le salió una lágrima de su ojo izquierdo. — ¿Cómo has dicho? — estaba incrédula. — He intentado de todo en el mes que ha desaparecido. Moví algunas fichas con muchos de sus conocidos, las personas de más confianza en su círculo lo buscaron y nada. — E-eso no es posible. — salía mi voz entrecortada. — Lo hemos buscado, durante este tiempo con cautela y bajo mucho cuidado. Todos han arriesgado su cargo para buscarlo y todavía no tenemos nada. — No puede ser posible. ¿Ha muerto? — dije para mí en un susurro. Lágrimas llenaron mi cara, Pierre me rodeo en sus brazos, compartiendo mi dolor por su mejor amigo. Para mí, es mi primer amor, el que solo pude disfrutar un mes pero que dejó una huella irremplazable en mi corazón. Para Pierre, seguramente el mejor amigo de toda su vida. Y allí estábamos, abrazados en su cocina compartiendo el dolor de perderlo. Mis fuerzas fueron perdiendo agarre. Las lágrimas cegaron mi vista y los sollozos no me dejaban pronunciar palabra. Me limpie las lágrimas de los ojos, más el cansancio invadió mi cuerpo entero, ya no tenía ganas de nada. Solo recostarme y llorar, llorar por el, llorar por un futuro juntos que nunca llegaría, llorar porque ni el y muy posible yo no veríamos a nuestro hijo crecer. Pierre me levanto y me llevó en sus brazos por el pasillo, subimos la escalera y entramos en su habitación. Me colocó con cuidado en la cama y se fue dejándome sola allí, dándome el espacio que no le pedí pero que entendió perfectamente. No sé cuanto tiempo lloré y menos cuanto tiempo estuve dormida. Desperté cuando mi estómago se quejó por la falta de comida que sufría. Pobrecito mi bebé lo único que hago es hacerlo pasar penurias. Llorando a cada rato y dejándolo pasar hambre. Eso debe mejorar, si antes estaba dispuesta a tener a mi bebé así fuera sola ahora mas que nunca estoy decidida a tenerlo por él, por nuestro amor, por lo que concebimos aquella noche bajo la luz de la luna y las estrellas. Me levanto, estabilizó mis sentidos y voy directa al baño, nada más verme me espanto. Tengo la cara hinchada y los ojos rojos como el fuego, mi cabello enmarañado y la camisa pues es otro cantar, de tanto que la utilicé para limpiarme la cara está toda sucia del pecho para arriba. Menos mal que estoy sola, me limpio la cara con agua así refresco mis ojos, me veo un poco, solo un poquito mejor... Con la camisa no hay manera, me la quito, no puedo dejar que Pierre me vea así. El problema es que las maletas se quedaron en la camioneta para ponerme otra y aquí en el baño solo hay un pañito para manos. ¿Dónde estarán las toallas? Reviso el estante y crema dental, cepillo de dientes, perfume, algunas pastillas más que todo vitaminas es lo que aparece ante mis ojos bastante ordenado debo decir. Nada, pues ya me había quitado la camisa, veo una especie de manguera cerca y no dudo en aplicarla en mi cabello, tratar de arreglarlo así como está es misión imposible, el muy rebelde siempre se sale, así que voy a la regadera para humedecerlo un poco y poder peinarme. Pero como si el destino, Dios, o quién sea que maneje las malas jugadas le cayera mal, cuando le di a la manilla salió agua pero de la regadera dejándome completamente mojada, desde mis cómodas zapatillas, hasta mi brassier blanco de corte bajo. ¡MALVADA SEA! Estoy toda mojada. Mis leggins que antes eran bombachos ahora se me pegan a las piernas... Mi brassier está como el algodón cuando se moja, empapado... Y para terminar de completar, aquí no hay una toalla decente que me cubra el cuerpo. ¿Y ahora? Bueno, seguro que Pierre tendrá una camisa que me cubra aunque sea hasta la mitad de las piernas. No hay de otra. Decido salir del baño, pero primero me quito todo, el brassier, las zapatillas, mi leggins y por último la Panti, lo último que quiero hacer es un desastre afuera regando todo de agua y menos resfriarme con el frío del aire acondicionado de la habitación. Aunque eso me deja completamente desnuda el frío podría ser peor con la ropa mojada... Sin más tiempo que perder saco mi cabeza y veo a los lados, cuando compruebo que no hay nadie salgo completa, cubriendo con el pañito mi zona V y la camisa «la única que no se mojo» me la puse por encima para taparme mis pechos, aunque da igual pues se me marcan como si no tuviera nada encima. Vas de mal en peor Ámbar... Un desastre. Voy como si fuera una espía por la habitación, con paso lento pero seguro. El closet queda al otro lado pasando la cama en la pared del fondo, cuando voy a mitad de camino decido correr la otra mitad. — ¡Llegué! — digo en voz alta, un resoplido sale de mi boca. Suelto el pañito y utilizo mis dos manos para abrir las gavetas. La primera, puras corbatas. La segunda, Bóxer por aquí y por allá. ¡Rayos! Señor que la siguiente sea de camisas por favoooor... Abro la siguiente y... Medias de varios colores es lo que obtengo. DIOSSSS... Bueno pero ¿Que tendrá este hombre con el orden? Nada que ver, aprovecho para sacar un par de medias gruesas y empiezo a colocarme la primera, no había terminado de subir la segunda cuando la puerta de la habitación empezó a abrirse.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD