—¡Cómo que soy tuya! Pero tú que te piensas que soy un objeto que puedes poseer o que.
Pero antes de que él pueda contraatacar los dos imbéciles aparecen.
—Black, ya han pasado 10 minutos, o eso creemos.
Puff, que imbéciles son.
—Luego nos vemos Lucy.
Yo me voy de ahí sin pensarlo dos veces cabreadísima.
—¿Que te ha dicho Lucy? —se acerca hacia mí Pablo algo preocupado.
—Que soy propiedad suya y que no va a dejar que me vaya. —estoy a punto de llorar.
—Lo mismo que le dice a Aurora.
—¿A quién?
—A Aurora, fue la primera chica que llegó a esta isla.
—¿Y está aquí?
—Que va, Black la dejó marchar porque ella se lo pidió.
—A mira que bien, a ella sí que le deja irse y a mí no. —cruzo mis brazos aún más cabreada.
—Bueno, pero le costó convencerle de que le dejara marcharse a su casa, intentó escaparse y todo, pero Black sabe dónde estamos todos en cada momento, siempre.
Esas palabras me han dado miedo, significa eso que no puedo ni siquiera escaparme, bueno por intentarlo tampoco voy a perder nada.
—Pero podría intentar escaparme, con tu ayuda claro.
—¿Qué? ¡No, ni lo intentes, no va a funcionar! Además, ¿por qué te quieres ir ya? Si acabas de llegar.
—¡Pablo hablas como Black! Pues me quiero ir porque echo de menos a mi familia, por eso me quiero ir.
—Si no llevas aquí ni un día como puedes echarlos de menos.
—¡Pues porque si! —dicho esto me alejo de él muy enfadada.
Ni siquiera él me va a ayudar, pues nada, lo tendré que intentar yo sola.
Me dirijo hacia la playa, sea como sea tengo que salir de aquí, aunque sea nadando.
Pero al llegar a la orilla algo me interrumpe, un sonido, ese sonido es... ¡Pétalo!
—Pétalo, ¿dónde estabas y porque te has escapado? —ella no hace nada—. Bueno Pétalo, escúchame, tienes que ayudarme, tienes que sacarme de esta isla por favor, sé que puedes, al menos ayúdame a intentarlo.
Me mira algo triste, coge uno de mis dedos con sus pequeñas manos y comienza a volar rápidamente, yo le sigo corriendo, creo que me va a ayudar.
—¡Pétalo! ¿dónde vamos? Estoy cansada de correr.
Ella sigue volando sin mirar atrás.
Cuando paramos cojo aire y respiro profundamente.
—Pétalo si seguimos en la isla, pensaba que me voys a llevar hasta un barco o algo así para ayudarme y sacarme de aquí. —le miro muy desanimada.
Miro a mi alrededor, hay muchas plantas con fresas, tienen muy buena pinta, estoy muerta de hambre desde hace un buen rato.
Pétalo se acerca a mí, tiene en sus pequeñas manos una fresa, coge una de mis manos y me la entrega, hace un gesto con sus manos para que coma lo que me ha entregado, le miro un poco insegura, pero sin dudarlo le doy un bocado a la fresa, está deliciosa.
Echo mi vista hacia arriba, algo pasa, noto mi cuerpo menos pesado, como si poco a poco fuera levitando, y así es, ¡estoy volando! ¡Estas fresas deben de ser mágicas!
—Pétalo, gracias, gracias, gracias y mil gracias, ¡eres la mejor! —exclamo muy emocionada y feliz—. Por fin podré salir de esta isla.
Empiezo a flotar moviéndome con las manos, la verdad no sé muy bien cómo llegar a mi casa, pero lo importante es que me estoy alejando de esta isla poco a poco y no voy a volver nunca más.
Vale, ahora sí que me ha perdido, estoy sola rodeada de nubes, en mitad del cielo. ¡Madre mía y ahora que hago!
Me empiezan a temblar las piernas y comienzo a sentirme mareada, pienso que voy a caer al vacío, y así hubiera sido si unas manos no me hubieran cogido por la cintura impidiendo caer. Solo noto eso, después todo se hace oscuro y pierdo el conocimiento.
—¿Dónde estoy? —toco mi cabeza muy confundida, al levantarme me choco con unos ojos verdes hipnotizadores.
¡Oh no, Lucy recapacita! Este loco me ha vuelto a traer a la isla.
—Mira que te avisé. —dice él dando vueltas sobre la habitación sin despegar su mirada de la mía—. Te dije que no podías escapar de esta isla, hasta mis chicos te avisaron, has sido una chica mala Lucy, y las chicas malas reciben su castigo. —se me ha acercado tanto que puedo incluso sentir su aliento junto al mío.
—¿Qué me vas a hacer…? —casi lo digo en susurro, ya que me tiembla todo, hasta la voz del miedo que le tengo.
¿Qué sería capaz de hacerme? ¿Matarme? No creo, o eso espero.
Peter solo se ríe a carcajadas.
—¿De qué te ríes? —no sé de dónde saco la valentía para hablar.
—Me río porque tendrías que verte, estás temblando.
Mierda, lo ha notado.
—Oye tranquilízate, solo quiero que te lo pases bien conmigo y con los chicos, nada más.
—¿Y qué pasa con mi castigo?
—Tranquila, tiempo al tiempo, ya se me ocurrirá algo. —sonríe de lado mirándome fijamente.
Miedo me da esa sonrisa, a saber de lo que puede ser capaz de hacer…