Prólogo.
Prólogo.
Dicen que todos morimos más de una vez.
Primero cuando el corazón deja de latir, y después… cuando dejamos de sentir.
Él no murió en el accidente. El cuerpo resistió, aunque su alma se apagó lentamente entre los escombros de lo que alguna vez fue su vida.
El hombre que dominaba el mundo ahora observaba desde una silla el lento deterioro de sus días. La mansión que antes vibraba con reuniones, pasos y risas, se convirtió en un mausoleo. El silencio era su única compañía, y la oscuridad, su refugio.
Había olvidado cómo se respiraba sin odio, cómo se pensaba sin rencor.
A veces imaginaba que el viento que rozaba las cortinas era la voz del pasado, recordándole que todavía existía. Pero él no quería existir. No así. No con las piernas inmóviles, con la mirada perdida y el alma rota por una traición que nunca terminó de entender.
Y mientras él se desmoronaba lentamente dentro de su jaula de mármol, en alguna calle húmeda y sin nombre, una mujer dormía bajo la lluvia, abrazando la vida con los dientes.
No tenía techo, ni familia, ni certezas. Pero sí tenía algo que él había perdido: el impulso terco de seguir adelante.
El destino, a veces cruel y otras veces compasivo, ya había trazado el punto donde sus caminos se cruzarían.
Él, que olvidó vivir.
Ella, que nunca tuvo nada que perder.
Y cuando la oscuridad de uno chocara con la luz precaria del otro, la historia no hablaría de amor a primera vista…
sino de dos almas aprendiendo a respirar, por fin, al mismo tiempo.
Perfil del Protagonista Masculino
Nombre: Nicholas Alexander Sterling
Edad: 35 años
Lugar de origen: Londres, Reino Unido
Posición: Empresario, inversionista privado, figura de influencia en el sector financiero británico
Apariencia:
Altura: 1.89 m
Complexión: Atlética, ahora ligeramente más delgada tras el accidente
Ojos: Verdes, fríos, analíticos
Cabello: Castaño oscuro, peinado pulcro incluso en la decadencia
Estilo: impecable, trajes hechos a medida, sobriedad absoluta
Personalidad: Reservado, altamente inteligente, observador. Voz baja, precisa, letal cuando decide hablar.
Inspiraba respeto sin esfuerzo; ahora inspira temor por lo que se vuelve en silencio. Orgullo monumental, pero no arrogante sin razón — sabe quién es y lo que vale.
No tolera lástima
Historia:
Nacido en una familia noble moderna, nunca vivió privilegio vacío — lo transformó en poder real.
Educación élite, conexiones, un imperio construido con disciplina y frialdad quirúrgica.
Un “accidente” — provocado por alguien cercano — lo deja en silla de ruedas.
No solo pierde movimiento… pierde propósito.
Ahora vive recluido en su mansión en Kensington, casi sin luz, casi sin voz hacia el mundo.
No está acostumbrado a ser débil.
Y eso lo está consumiendo.
Motivación interna: Recuperar control, probar que no está vencido y castigar la traición (aunque aún no sabe de quién vino)
Miedo oculto: Ser irrelevante.
Volverse un nombre sin fuerza.
Ser olvidado.
***
Perfil de la Protagonista Femenina
Nombre: Mara
Edad: 23 años
Lugar de origen: Desconocido, se mueve desde pequeña por hogares temporales y calles.
Situación actual: Sin hogar, trabajos ocasionales, busca comida y refugio diario.
Apariencia.
Altura: 1.65 m
Complexión: Delgada por necesidad, no por genétic
Cabello: Oscuro, largo, sin cuidados constantes.
Ojos: Marrones, cansados pero con una chispa que se niega a morir.
Vestimenta: Ropa vieja, abrigos donados, botas gastadas, mochila pequeña con lo único que posee.
Personaje: Fuerte por obligación, no por elección. Inteligente sin saberlo; su intuición es su arma. No pide ayuda, no confía, no debe nada a nadie. Reconoce la bondad porque la ha necesitado. Tiene un corazón de acero… cubierto por cicatrices que aún duelen.
Historia: Criada entre abandono y sistemas que nunca la salvaron.
Aprendió rápido que llorar no sirve, pero caminar sí.
Sobrevive. No vive — aún.
Nunca tuvo un futuro… solo el siguiente día.
Motivación interna: Encontrar estabilidad.
Sentirse “en casa” algún día. No ser invisible.
Miedo oculto: Aceptar ayuda y perderlo todo otra vez. Ser lastimada por confiar.
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El reloj marcaba las 6:04 a.m.
Nicholas ya estaba despierto.
Nunca permitió que una alarma dictara su comienzo; él era el tipo de hombre que despertaba porque su mente nunca dormía del todo.
La mansión estaba en absoluto silencio, como si incluso las paredes supieran que hablar alto en su presencia era una falta imperdonable.
El sol se filtraba apenas entre las cortinas, iluminando el brillo discreto del mármol blanco, las líneas perfectas, la pulcritud que lo rodeaba:
todo en ese lugar tenía orden
y ese orden tenía su nombre.
Nicholas estaba en el estudio, camisa blanca, puños remangados, reloj elegante que nunca había sido muestra de estatus sino de disciplina.
Miraba un informe financiero en la pantalla, la luz azul reflejándose en sus ojos verdes, inmutables.
Ni un parpadeo desperdiciado.
Sus dedos tocaban la superficie del escritorio con precisión rítmica, no impaciencia -cálculo puro.
Elijah apareció en la puerta, traje oscuro, expresión neutral.
No hacía falta anunciarlo. Nicholas ya sabía que estaba allí.
— Subieron las acciones en Tokio. — Informó Elijah con su tono medido, como si estuviera reportando el clima. Nicholas asintió una sola vez, sin girar la cabeza.
— Era lo esperado. — Su voz era baja, templada, sin emoción visible. Una sentencia más que una opinión. Elijah dejó un documento sobre la mesa.
— La junta quiere ver resultados esta tarde.
— Verán resultados. — Respondió Nicholas. — Como siempre. — Había algo afilado en su calma, una seguridad que no necesitaba demostración.
El mundo siempre respondía a su orden; el caos nunca se había atrevido a tocarlo.
Su celular vibró.
Un nombre en pantalla.
Un apellido. Familiar.
Lo ignoró.
Elijah arqueó una ceja apenas.
— ¿La familia? — Nicholas cerró el documento.
— La familia llama cuando quiere algo. No cuando importa. — Esa era su filosofía:
los afectos eran asuntos que distraían, debilitaban, desgastaban.
Y él no se podía permitir nada de eso.
No cuando tenía un imperio en sus manos.
No cuando Londres esperaba obedecerlo.
Se puso de pie, erguido, impecable, dueño del espacio sin tener que proclamarlo. — Prepárate. — Dijo sin mirar atrás mientras caminaba hacia la salida. — Hoy será un día largo. — Elijah lo siguió, como siempre.
Porque en ese momento -antes de que el destino se ensañara- Nicholas Sterling aún era intocable. Aún era rey.
Aún creía que el mundo jamás podría arrodillarlo.
Y el mundo estaba a horas de demostrarle lo contrario.