Capítulo 35 La pequeña Mina caminaba por el bosque cabizbaja, sus cabellos plateados hacían contacto con el frió viendo y parecían volar, cuando encontraba una piedra en su camino la pateaba con fuerza, cuando se topaba con una rosa la tomaba para llevársela a una de sus madres, la única que la entendía y siempre tenía algo bonito por decirle, la que nunca le había puesto una mano encima y la intentaba proteger a capa y espada, era ella, esa hermosa mujer que la esperaba en la puerta de la casa con una sonrisa, Sanema, la mejor madre del mundo. –¿De dónde vienes, mi amor? – le preguntó, tomándola en un abrazo. –Solo fui a dar una vuelta, estaba aburrida. –¿Crees que somos estúpidas? – se escuchó una

