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1045 Words
— ¡¿Qué está pasando?! — gritó el capitán hacia su tripulación, uno de los hombres le señaló un tablero. — Es una fuga en la refrigeración de uno de los motores, no es muy grave, ya mismo enviaré para que la reparen, capitán — Gabriel agarró el sombrero, lucía bastante estresado. — Apaguen esa alarma — las luces se detuvieron al igual que el sonido ensordecedor. Ana Leticia se había quedado petrificada en el lugar, parpadeó un par de veces sin entender aún lo que el hombre le había dicho. Quería que la llevaran presa. Uno de los hombres se puso de pie, era el mismo que había hablado antes, el que ella creyó era amigo del capitán. — No me toque — dijo ella dando Un paso atrás Cuando el hombre se acercó — usted no puede hacer esto — le gritó, El capitán asintió. — Pues de hecho ya lo estoy haciendo, usted es una desconocida que se quedó en mi barco en razones muy extrañas con un paquete que contenía una amenaza de muerte, Lo siento si dudo de la veracidad de sus palabras. Quiero que la metan allá — le ordenó al otro hombre — y ahí se quedará hasta que averigüe quién es y si su historia es real. Ana se sintió perdida, significaba que el hombre sabía que era de la asociación, o por lo menos lo sospechaba. El hombre se acercó a Ana y la tomó por la muñeca, pero ella le dio una tremenda bofetada tan grande que el hombre retrocedió dos pasos tambaleante. — Le dije que si me tocaba lo golpeaba — luego dio la vuelta y salió de la cabina — yo puedo caminar sola hacia la maldita celda — el hombre la siguió solo un metro detrás, como si Ana quisiera huir, pero ¿a dónde podría huir? Estaba sobre un crucero en el océano caribe, no tenía a dónde más ir. El hombre la guió por unas escaleras y bajó con ella, el barco era muy grande y les tomó unos 15 minutos llegar hasta el lugar, las celdas eran extrañamente amplias y cómodas, había una cama grande con una almohada y una cobija, también una pequeñísimo ventana que daba al mar, el hombre la metió dentro y cerró la puerta. — Siento esto, pero el capitán tiene razón, es muy sospechoso todo lo que está pasando. — Mire, pueden llamar a mi jefe y comprobar que es verdad que trabajo allá — esperó que el hombre le dijera que no, o algo así, Ana no tenía su teléfono, si llamaban a alguien la descubrirían como la auditora en jefe de la asociación y su razón de estar en el Invictus… la mataría. El hombre asintió, pero cuando se iba a ir, Ana lo detuvo — Saúl, ¿verdad? — él asintió — ¿es amigo del capitán? — Sí, soy el primer oficial, o sea el segundo a cargo de esta nave — ese debía ser el aliado de Ana, si el capitán era un asesino, Saul era el indicado para seguir liderando… a menos de que sea cómplice, debía averiguarlo — Entonces, por favor, convence al capitán de que yo no soy una amenaza — el hombre se acercó a los barrotes. — ¿Sí? ¿Y quién me convence a mí? Ana Leticia se sentó en la cama y se abrazó a sí misma, no podía creer que eso le estuviera pasando. No solo se había quedado atrapada, sino que debía ocultar su identidad por miedo a que fuera “silenciada” y ahora estaba presa. Entre sus cavilaciones pensó que si llamaban a tierra y averiguaban quién era estaría metida en problemas, al menos de que el capitán no fuera un asesino, pero ¿Quién podría saber si era verdad? Mientras pensaba en estas cosas un sonido que venía desde la reja la hizo saltar, abrió los ojos y miró, pero no había nadie, solo en el suelo una carpeta. Caminó hacia los barrotes y trató de mirar a los pasillos, pero no logró sacar la cabeza, así que no vio a nadie. Tomó la carpeta que habían dejado en el suelo y se sentó en la cama, cuando la abrió lo primero que se encontró fue una imagen del capitán Gabriel Morales, luego un artículo. «¿Víctima o terrorista?» Era el título que llenaba el artículo. Ana entrecerró los ojos y comenzó a leer. El capitán había sido juzgado hacía unos dos años por terrorismo, se le acusó de intentar asesinar a más de 500 pasajeros en uno de sus barcos. — O sea que la denuncia anónima era verdad. Entre más leía Ana, más se asustaba, el hombre tenía antecedentes por violencia, había sido capturado dos veces bajo demanda de asesinato, pero nunca había sido comprobado. Se rumoreaba la compra de varios jueces. Había páginas y páginas de artículos, recortes de periódico e incluso comentarios en las r************* que lo tachaban de abusador, vi0lador, asesino y terrorista, era la palabra que más resonaba en todos los artículos: terrorista, terrorista. Nada tenía sentido realmente, eran artículos al azar sin ningún contexto, demasiado ambiguos, pero eran reales, Ana conocía a varios de esos periódicos, incluso uno era de In Premiere, el periódico donde una amiga suya trabajaba, donde se sometía a tela de juicio la moralidad del capitán. Ana Leticia cerró la carpeta y se quedó contemplando los barrotes asustada, ¿Y si el capitán era un asesino de verdad? ¿Y si la idea de que el crucero tocara tierra únicamente en 6 meses era porque planeaba terminar su genocidio? — ¿Quién anda ahí? — preguntó — quién… ¿Quién me trajo esto? — pero nadie contestó, así que Ana tomó todos los reportes, los dobló en trozos muy pequeños y los guardó en sus bolsillos, luego abrió la pequeña ventana por donde apenas cabía su mano y lanzó la carpeta hacia el océano. El capitán no podía darse cuenta de que ella tenía esa información, entonces se preocupó realmente, ahora sí estaba metida en un lío de verdad, no solo perdería seis meses de su vida en un barco, sino que su capitán era un, cada vez más, un presunto homicida.
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