5.

878 Words
Ana pasó varias horas en la soledad de la celda, de vez en cuando sacaba uno de los recortes y lo leía, le parecía extraño e incomprensible como un capitán de un crucero tan importante tenía unos antecedentes tan oscuros, y aun así podía ser el capitán. Aquello la asustó, las diez mil personas que estaban ahí no sabían que corrían riesgo, no sabían que el hombre podría volverse loco en cualquier momento y ahogarlos a todos como intentó hacerlo en el barco anterior, Ana más que nadie sabía que el dinero podía comprar muchas cosas, el hombre que la crió como su hija se lo demostró, así que no era extraño para ella que el capitán hubiese podido comprar a todos los jueces para que lo dejaran salir impune. — Me quiero ir — murmuró — me quiero ir de aquí — solo tenía que esperar dos semanas mientras llegaban a la siguiente isla, luego estando allá de alguna forma podría regresar a Ciudad Costera fuese como fuese. Pasó mucho tiempo hasta que Ana sintió unas pisadas que bajaban por las escaleras, se puso de pie y se aseguró que en sus bolsillos no se notaran los recortes de periódico que tenía guardados y cuando el capitán apareció Ana retrocedió lo más que pudo. El hombre se detuvo frente a las rejas y luego le tendió su celular. Ana avanzó hacia él y cuando lo agarró accidentalmente tocó uno de los cálidos dedos del hombre y sintió un escalofrío. — Pensé que lo había perdido — el hombre solo negó. — De todas formas, no hay señal, no podrás llamar a nadie. Tengo un teléfono satelital, mañana llamaré a tierra para ver si tu historia es real —sacó las llaves y abrió la celda—. Y averiguaré quién envió la amenaza —abrió la puerta y dio un paso atrás para que Ana saliera, pero ella no salió. — ¿Quién fue la mujer que me amenazó con tirarme al mar? — No te importa… es mi ex novia, está en el manicomio así que no debe ser ella, pero si lo es, yo que tú me preocuparía, ella cumplirá su promesa de lanzarte al agua —cuando el hombre vio la expresión de terror en la cara de Ana sonrió, tenía una sonrisa muy sexy—, es medio en broma, te prometo que vamos a buscar quién fue, el crucero es muy grande, pero ya veremos. —Me imagino cómo tendrás que ser de novio para que una de sus novias termine en un manicomio —el hombre se encogió de hombros. — Igual nunca lo vas a comprobar — esta vez fue Ana la que soltó una carcajada. — Por supuesto que no, ¿cómo se le ocurre decir una ridiculez como esas? prefiero ponerme de monja que estar con un hombre como usted. —¿Te parezco tan desagradable? —Completamente. — Pues bueno, te voy a parecer aún más desagradable antes de que lleguemos a la isla en dos semanas. Eso sí el clima nos lo permite, no voy a mentir. Los pasajeros pagaron miles de dólares para estar aquí, mi tripulación es capacitada, aquí nadie le regala nada a nadie. Si quieres que te alimente y te dé un techo donde dormir estas dos semanas tienes que trabajar —Ana se encogió de hombros. —¿Crees que le tengo miedo a trabajar? — él la sintió —Eso creo… —Ana Leticia —dijo ella con firmeza, porque sabía que él intentaba conocer su nombre. —Gabriel —el hombre le tendió la mano pero ella no la tomó — bien, acompáñame, te entregaré un uniforme, una trapera y una escoba, para que te pongas a trabajar mañana. —¡Claro que no¡ —le gritó ella con rabia—, fui capacitada como azafata para Aeromaya, tengo conocimientos en varios idiomas, sé sobre navegación, comunicaciones aeronáuticas, manejo de personal, trabajo en equipo y un sinfín de cosas más que podrían ayudar aquí, ¿y usted me va a poner a barrer y trapear los pisos? —Sí, eso es justo lo que vas a hacer, barrer y trapear los pisos… ¿Por qué ya no eres azafata? —Ana ignoró la pregunta y salió de la celda con furia y cuando pasó golpeó con su hombro el hombro del capitán, pero el hombre era muy fuerte y casi termina cayéndose ella. —¿Y dónde voy a dormir? —El capitán se metió las manos en los bolsillos y puso una cara de hastío. —Pues eso es otra mala noticia, las habitaciones de huéspedes están llenas, las de tripulación también, cada uno tiene su propio camarote y son pequeños, dos personas ahí sería hacinamiento, solo queda un camarote con el suficiente espacio como para que dos personas estén por lo menos dos semanas, tendrás que compartir —por la expresión amargada del hombre y los labios apretados, Ana imaginó que no le gustaría mucho su respuesta, así que se aclaró la garganta y lo miró levantando el mentón. — Ajá, ¿y con quien tendré que compartir? —El capitán se puso nuevamente su sombrero y le señaló las escaleras para que salieran. —Conmigo.
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