Konstantin.
Al día siguiente, después de haber pasado parte de la madrugada con mis padres saltando en un pie porque finalmente he despertado de mi profundo sueño, me entró la curiosidad de saber que había ocurrido, mi madre me ha estado poniendo trapos que a mojado en agua caliente alrededor de mi cuello para desinflamar mis cuerdas vocales.
«Ha Sido de gran ayuda».
ya finalmente puedo pedir respuestas.
—¿Es que no te acuerdas lo que dijo el doctor?— Dijo mi padre extrañado.
—¿Yo he hablado con el doctor?— Pregunté confundido.
—Claro hijo, si él te ha explicado tu situación— Respondió él cruzándose de brazos.
—Calma cariño, él doctor también nos advirtió que esto podría pasar— Intervino mi madre agarrando con cariño el brazo de mi padre.
—¿Qué cosa les advirtió?— Pregunté aún más confundido que en el principio.
—Pues, que habían muchas posibilidades de que no te acordarás de nada, el accidente fue muy grave, afectó un parte de tu cerebro— Explicó con cuidado mi madre para no asustarme de mas.
«¿Cuál accidente?».
Intenté recordar algo respecto a eso pero nada venía a mi cabeza.
—¿Qué es lo último que recuerdas hijo?— Preguntó mi padre viéndome fijamente.
Yo bajé la mirada, colocando mis ojos en la madera de la mesa.
«Lo último que recuerdo»...
—Un poco después de comenzar el año— Contesté aún pensativo para ver si me acordaba de algo más—¿En qué fecha estamos?— Pregunté exaltado.
Mi padre volteó la cabeza a otro lado colocando en su rostro una mirada de culpa, se ve triste.
Mi madre por su parte, cerró los ojos, apretándolos para no dejar caer más lágrimas.
—Cariño, eso fue hace ya seis meses atrás— Contestó mi madre con la voz quebrada.
«¡¿Seis meses?!».
—¿Y cuánto tiempo llevó en el hospital inconsciente?— pregunté sintiéndome inquieto.
—En el hospital has estado un mes— Dio una pequeña pausa mi madre para respirar profundo y seguir hablando— En coma estuviste dos semanas— Terminó por decir.
«Joder, eso significa que de los seis meses debo agregar un mes más porque soy tan idiota que no solo pase dos semanas inconsciente, si no también las otras dos semanas las olvide por completó».
Me quedé quieto por un largo momento, intentado procesar lo que ocurre, me levanté del asiento y me dirigí a la cocina, en la puerta de la nevera, tenemos colgado un calendario, me acerque para ver la fecha, al verla, deje caer mi cabeza sobre el calendario.
—Siete meses— Dije aturdido.
Mis padres se levantaron de la mesa para ir a darme apoyó, intentando reconfortarme.
«Al menos aún lo recuerdo a él».
—Háblenme sobre el accidentes— Pregunté aún en shock.
—Solo fue un accidente y ya— Respondió mi padre mostrándose serio ante el asunto.
—Eso no basta, quiero saber que clase de accidente fue— Exclamé.
Mi respiración se agitó, sentí que en cualquier momento podría llegar a salir de control.
—Fue automovilístico, hasta donde sabemos ibas en los asientos de adelante, el auto chocó contra un camión— Contestó dejando caer por sus ojos varias lágrimas— Si la ambulancia no hubiera llegado a tiempo estarías en este momento muerto— Agregó.
Mi madre se derrumbó en el suelo, permitiéndose llorar, mi padre se agachó para consolarla.
«Esto no es su culpa».
—¿Quién conducía?— Pregunté sabiendo que yo no tengo licencia.
Han pasado siete meses ¿Qué me asegura que ya no la tengo? Pensé en buscar mi cartera pero no tengo idea de dónde la abre dejado.
—El otro chico se salvó al igual que tú, se llamaba Alberto— Contestó mi padre sonando molestó.
«Seguro odia a ese chico».
—¿Qué les ha dicho el doctor sobre mi situación? ¿Algún día recuperaré mis recuerdos?— Pregunté impotente.
—Sabes como son estas cosas, se basan en porcentajes, puede que mañana lo recuerdes todo, también puede ser que jamás sepas nada de estos seis meses perdidos— Explicó mi padre— Aún así te mando unas pastillas, ha dicho que hay posibilidades que te ayuden a recordar— Contestó poniéndose de pie con mi madre en sus brazos.
Ella me miró afligida, se despegó de mi padre y se lanzó encima de mí, lloraba como si enserio me hubiera muerto.
—Calma madre, estoy bien— dije abrazándola también para consolarla un poco.
Está situación es difícil para todos, ellos tienen a un extraño como hijo y yo… yo ahora soy un Konstantin distinto.
«Te envidió tanto Konstantin».
Luego de un rato, todo se calmó nuevamente, mi madre se puso a hacer las galletas que tanto amo.
«Su masa queda tan suave que hasta podría comérmela cruda».
Mientras tanto mi padre ojeaba el periódico, noté que era viejo.
—¿Qué a pasado en estos últimos siete meses?— Murmuré para que mi madre no se preocupara aún más.
—Eso te corresponde a ti descubrirlo— Respondió mi padre con la cabeza metida en el periódico.
Esto era como un rompecabezas el cual me han entregado con muchas piezas faltantes que ni siquiera tengo la seguridad que encontraré.
«¿Acaso estoy destinado a sufrir?».
Un pequeño recuerdo se me vino a la cabeza, no era nada referente al pasado que quería descubrir, si no al pasado que ya conocía.
Cuando era niño, hubo una vez que esto me pasó, tuve un colapso en primaria, borrándome un año completo de la cabeza de niño no me importo tanto, en realidad no puse atención, aún así con el paso del tiempo, habían días en que mi memoria me daba recorridos por esos recuerdos bloqueados, así estuve por dos meses, hasta que un día desperté sabiendo todo lo que ocurrió en ese año que había olvidado, así que, si una vez de niño logré superar esto, puedo volver a hacerlo, además está vez no estoy solo.
—¡Lo haré!— Exclamé con emoción.
Mi padre bajo el periódico un momento para fijarse en mí, sonrió levemente y luego volvió a sumergirse en el área de deportes.
«¡Deportes!».
Eso era, debía empezar a reunir mis herramientas que me ayudarán en este misterio.
Me levanté de la mesa y me dirigí nuevamente a la cocina.
—¡madre!— Exclamé.
—No es necesario que te inquietes cariño, las galletas ya van a estar listas— Respondió sonriéndome.
—No es eso madre, quiero preguntarte si sabes dónde está mi teléfono— Pregunté.
Ella quedó pensativa en mi pregunta, olvidándose de las galletas.
—¡Las galletas!— Exclamó volviendo en si.
Las sacó del fue y las sirvió en una bandeja, defraudada porque se le han quemado un poco.
—Madre— Dije una vez más.
—Cierto— Contestó colocando su mano en la cara para cubrirse los ojos tomando mucho aire— Si no mal recuerdo, tú celular se encuentra en los gabinetes de tu cuarto, donde guardas tu ropa interior— Contestó.
—Gracias madre— Respondí alegre dándole una sonrisa de agradecimiento.
Voltee para subir inmediatamente a mi cuarto, antes de poder marcharme, ella me tomo del brazo, deteniéndome.
—¿Pasa algo?— Pregunté volteando a verla.
Ella solo se negó, moviendo la cabeza a los lados, soltando mi brazo.
—Te amo cariño— Dijo levantando la mirada del suelo mostrándose feliz.
Yo respondí que también la amaba, cogí una galleta y me dirigí corriendo hacia mi cuarto.
—No se corre en la casa— Dijo en voz alta mi padre.
—Perdón— Contesté ya entrando a mi cuarto.
Ver mi cuarto por dentro de día me da una paz fuera de lo normal, al menos aquí me sentía bien siendo yo, aunque no fuera él yo verdadero.
Me dirigí a los gabinetes del closet, revise todos, no estaba allí ni mi teléfono ni mi ropa interior, me aleje de ahí para pensar en dónde más pude haber guardado todo eso, luego de pensarlo un rato me acerqué a los gabinetes elevados, los que se encuentran encima de la mesita de noche, tuve suerte, allí si se encontraba todo.
«Que bueno que me conozco».
No pude evitar sonreír al pensar eso, todo es un lío pero mejor reír que morir.
Cogí el celular y intenté encenderlo, estaba apagado por completó, así que tomé el cargador (que para mí suerte también se encontraba ahí) y lo puse a cargar, conectándolo en el enchufé que hay alado de mi cama, esperé un rato para encenderlo, mientras tanto comí mi galleta.
«Hay cosas que nunca cambian».
El sabor de estás galletas son justo como lo recuerdo, mamá no ha perdido el don.
Cuándo finalmente encendió el teléfono, empezó a vibrar como loco, ahora me tocaba resolver un acertijo muy difícil, debía descubrir la clave de mi celular.
«Vamos no puede ser tan difícil».
Pensé en cualquier cosa que me pudiera gustar, intentando varias veces, equivocándome una infinidad de veces, deje el teléfono a un lado, sobre la cama, respire profundamente y me puse a pensar seriamente en si fuera yo que clave pondría.
«Obviamente colocaría como contraseña algo muy importante para mí».
Mi cabeza se iluminó, intenté con su nombre, crucé los dedos por un momento, cerrando los ojos para desear que esa fuera la clavé, cuan abrí los ojos, salte de emoción.
—Lo he logrado— Dije orgulloso.
Al desbloquearlo mire las notificaciones que tengo, todas eran de Alisa.
«Alisa».