Konstantin.
Tenía una pieza del rompecabezas, mejor dicho, una ayuda para poder armar esté, me he puesto en contacto con alisa, si hay alguna persona que me puede aclarar los pensamientos, es ella, alisa es mi mejor amiga, casi una hermana, nos conocemos desde el jardín de infancias, desde entonces por casualidad del destinó, hemos estudiado juntos en el mismo colegió, al crecer nos volvimos más inseparables de lo que ya somos, así que estoy seguro de que si hay cosas que no pueda recordar, ella al menos podrá contármelas, tal vez conozca a ese chico con él que andaba en el coche el día del accidente, posiblemente sea una amigó del cuál por desgracia me he olvidado de su existencia.
Al contarles a mis padres que tenía planeado salir, se han vuelto unos incoherentes.
—No— Dijeron ambos en el momento en que pedí permiso.
Entendí el motivó de sus miedos de dejarme volver a salir por mi cuenta pero no era justo para mí encerrarme en una burbuja.
«También tengo miedo pero no puedo permitir que la vida me coma».
—Los comprendo— Respondí— Pero necesito esto, quiero saber quién fui porque en estos momentos cuando me veo en el espejo me aterró al no reconocerme.
Ellos se miraron, dudando de su decisión, saben que esto está mal porque la solución no es negación.
Mi padre intento hablar pero mi madre se adelantó.
—No me hagas esto— Dijo lastimada.
—No creó estar haciendo algo mal— Respondí decidido.
—Ya te perdí una vez ¿Por qué te quieres volver a ir?— Preguntó con la voz rasposa.
No he tenido suficiente tiempo para arreglar mi error pero este momento es un buen momento.
—Perdóname madre— Dije tomando las consecuencias del viejo Konstantin.
Mi madre se vino en llanto como acostumbra hacer últimamente cuándo pasa mucho tiempo conmigo, mi padre la agarró entre sus brazos intentando calmarla, intentando sanar su alma.
Intenté no llorar porque no quise mortificarla más pero en el fondo me encontraba igual que ella, deshidratando mi cuerpo.
Mi padre me indicó con la mano que podía irme de allí, sonreír levemente, salí de su habitación y me dirigí a la salida, al pasar por mi cuarto mire nuevamente el baúl que se encuentra en el suelo de madera.
«¿Dónde estará la llave?».
pasé algunos días intentando recordar su ubicación pero solo hay una persona que sabe sobre la llave.
«Tal vez luego le recordaré».
Al salir de casa, yendo a la cafetería donde acordé con alisa verme, revisé nuevamente mi celular, deseando que tuviese más que solo los mensajes de alisa, ni siquiera comprendí porqué tengo solo los mensajes recientes.
«¿Qué pasó con todo los otros mensajes de ella?».
«Un celular en blanco es como un cuadro sin terminar, cuando lo olvidas por mucho tiempo jamás volverá a funcionar porque no podrás recordar lo que querías demostrar».
«Tal vez mi ejemplo no es muy acertado pero me gusta porque suena delicado y en la actualidad se tiene permitido ser un poco desordenado».
Eso último estuvo mucho mejor, debería considerar ser escritor, aunque sería un lío si olvidó la trama.
Mientras caminaba, para llegar más rápido empecé a parafrasear en mi mente, es algo que suelo o mejor dicho solía hacer, es agobiante dudar sobre mis gustos aunque un poco tonto enserio pensar en que cambié tanto, no ha sido mucho, aunque ahora tengo dieciocho, de todas formas cuando desesperó miro las marcas en mis manos porque esas siguen viéndose igual.
Pasó el tiempo y llegué a mi destino, la cafetería se ve igual, al entrar sonó ese espantoso ruido que tiene la puerta al abrirse o al cerrar, todos me miraron, intenté no llorar pero me sentí avergonzado al saber que posiblemente ahora solo soy alimento de cuervos.
Baje un poco la mirada, empecé a caminar, me senté en una mesa vacía olvidando a quien venía a buscar, respiré un poco antes de continuar, al sentirme mejor voltee para ver si encontraba a alisa.
«Lo logré».
pensé mientras la veía tomarse un batido y verme con un poco de frialdad.
Levanté mi mano para llamar su atención, ella dejo el batido aun lado sobre el mesón y se acercó a mí mesa, tomó asiento y lo único que pronunció fue un melancólico.
“Hola”.
Yo inmediatamente la saludé con mucha empatía, hasta sonreí para demostrar alegría pero ella no cambió su expresión, pasamos un rato en un incómodo silenció tan silencioso que redundar se me hizo ruidoso.
—¿Cómo has estado?— Pregunté para dar fin a nuestro raro momento.
—Estoy bien, gracias— Respondió sin ánimo.
—¿Pasa algo?— Pregunté ya preocupado por su actitud.
—¿En serio no te acuerdas de nada?— Preguntó compadeciéndose de mi.
—De muy poco pero aún recuerdo cómo cepillarme— Contesté intentado hacerla reír.
Ella siguió con la misma expresión, de la nada me pidió perdón, se levantó y se acercó a mí para abrazarme, no entendí nada pero es mejor irme acostumbrado.
Cuándo volvió a tomar asiento, la note más tranquila.
—¿Para que me has llamado?— Preguntó sacudiéndose la nariz.
—Eres mi mejor amiga, quería pasar rato contigo— Respondí.
Ella finalmente sonrió.
—Sin duda lo soy por eso sé que hay algo más de por medio— Replicó.
—Quiero que me ayudes a jugar a los detectives— Contesté riendo torpemente.
Ella volvió a sonreír pero esta vez de una manera dolorosa.
—¿Por qué quieres recordar?— Preguntó.
—Quiero ser yo de nuevo— Respondí sin pensar mucho en mi respuesta.
—Hay cosas que es mejor no recordar— Contestó.
—Creo que es mi derecho decidir eso— Repliqué— No te estoy obligado a ayudarme ni te pido que me digas mi historia, en realidad al verte comprendí que mi verdadera razón de estar aquí es porqué eres lo único que tengo en este momento para sentir que soy yo, así qué, lo que pido es que seas mi amiga— Expliqué— como en los viejos tiempos, de esos de los que vengo yo— Agregué riendo.
Ella no soporto más y su cara se volvió un arrolló dónde las aguas son turbulentas.
—Te extrañe mucho— Dijo entre lágrimas.
—He vuelto— Contesté sonriendo tenuemente.
Sostuve su mano mientras ella aceptaba sus heridas, preferí no preguntar la razón de su dolor.
«Sé que no está preparada para dar explicación a un recuerdo».
Cuándo todo seso, ella se empezó a ver mucho más contenta, eso sin duda me animó.
—¿Por dónde empezamos?— Preguntó tomando una servilleta para limpiarse la cara.
Mi sonrisa creció, tanto que hasta los dientes deje al descubierto.
—¿Segura?— Pregunté.
—Si— Afirmó— Ya creó estar lista.
Solté su mano para tomar un poco de aire y estirar mis brazos en el proceso, mientras intentaba ordenar mis ideas.
—Pues, no sé— Dije volviendo a fijarme en ella— Por ahora tengo un baúl que no puedo abrir porque no encuentro la llave, tengo pastillas que se supone me ayudarán a recordar, te tengo a ti y tengo dos as bajo la manga que aún no usó— terminé por explicar.
Ella se miró extrañada, como un poco asustada.
—¿Cuáles son esas dos as?— Preguntó mirándome fijamente.
—Emm— Empecé a titubear— Necesito al equipo completo.
—¿Eso que significa?— Siguió preguntando para llegar al final.
«Tengo que decirlo».
—Necesito la ayuda de Bruno y Luka— Murmuré.
Alisa no respondió, sólo me seguía mirando de forma juzgona.
—Esta bien— Respondió dando fin a mi curiosidad— Pero por desgracia no podrá ser hoy— Agregó de repente.
—¿Por qué?— Pregunté inmediato.
—Es mejor que lo veas con tus ojos, no quiero darte spoiler— Respondió.
Ahora tengo esperar un día más, esto se ha vuelto un reto difícil de cumplir.
—Esta bien— Contesté desanimado.
De la nada apareció la mesera para tomar nuestra orden.
«Ha tardado un poco».
Alisa pidió un batido de moras, sonreí al escucharla.
—¿Pasa algo?— Preguntó mientras aún hablaba con la mesera.
Moví mi cabeza para indicarle que todo estaba bien.
«Me alegra saber que hay cosas que aún no han cambiado».
Por mi parte pedí un capuchino.
«Soy amante del café y de cualquiera de sus variantes».
—En un momento vengo con sus órdenes— Dijo la mesera para luego retirarse.
—¿Cómo te va en el futbol?— Pregunté.
—Bien— Respondió sin más Alisa.
Es cierto que esto pasaría constantemente, los momentos incómodos o muy silenciosos.
Cuando la mesera volvió con las bebidas me sorprendió pensar en que en verdad pasamos este largo tiempo sin decir nada, viendo a todos lados, disimulando lo que es más que obvio.
—Gracias— Dije a la mesera por su buen servicio.
Ella asintió y luego se esfumó.
«Y allí estábamos tomando unas bebidas que ni siquiera nos unían, pensé en qué tortuoso momento era este en el que vivía y así disimular mi agonía».
Ella a veces subía la mirada para observarme detalladamente, como si un espectro estuviese presente.
Bebí con velocidad mi bebida, al terminar me levanté del asiento, ella me veo un poco sorprendida.
—Discúlpame que no sea como antes— Dijo de la nada.
—No te preocupes, lo entiendo— Respondí aunque en verdad no podía entenderla.
Ella se levantó y me dio un fuerte abrazo.
—No te pierdas— Murmuró.
—No te preocupes, está vez tengo ideado quedarme— contesté sonriendo.
Al salir mire al cielo, a las irreales pero reales nubes.
«Que hermoso este día».