Quinto capítulo. Una pintura del pasado

1387 Words
Konstantin. «Es él, es Bruno» Cinco meses atrás. —¡Lo has roto Bruno!— Exclamé furioso. —No te preocupes Konstan te compraré otra pintura si es lo que quieres— Dijo intentando salvar su pellejo. —Esa era mi pintura y la has roto— Contesté desanimado. —Igual me la ibas a regalar— Respondió él avergonzado. —Eso no te da el derecho de haberla roto— Murmuré un poco triste. —¿Qué te parece si la pegó?— Preguntó agachándose para dar con mis ojos. —No quedará igual— Respondí. —¿Y? Es un regalo tuyo para mí y sin importar como esté o de qué este hecho, para mí su valor siempre equivaldrá a mil girasoles— Dijo Con mucha fuerza. Sonreí a tal ocurrencia, es cierto que el cuadro ya no podrá verse igual pero eso no quita su importancia, aún cuando lo veo, ahí todo destrozado, sigo pensando en nosotros, porque no es perfecto pero sigue siendo hermoso. —¿Entonces me vuelves a amar?— Preguntó pellizcando delicadamente  mis mejillas. —Que tonto eres— Respondí haciendo un puchero. Bruno no paraba de verme, siempre se ha visto tranquilo estando cerca de mí. «Amo ver el brillo en sus ojos con el que me detalla». —Mis padres llegarán pronto— Mencioné mientras a recostaba mi cabeza en su pecho. —¿Me despachas?— Preguntó enredando sus dedos en mi cabello. —No seas tonto— Contesté desanimado. Bruno alzó mi cara para poder verme a los ojos. —No llores— Comentó viéndome con sus grandes ojos color verde— piensa que en alguna otra vida cuando nos encontramos, tú serás hombre y yo mujer— Dijo sonriendo levemente. —Quiero que te quedes— Murmuré colocando mi frente contra su pecho. —Aunque este al otro lado del mundo, seguiré de alguna forma, estando contigo— Respondió apartándome para levantar su dedo meñique— Te lo prometo. Levanté mi meñique para sellar nuestra promesa, aunque eso no quitaba la tristeza en mi corazón. Bruno fue por el cuadro, sacó de mis gabinetes cinta adhesiva y pego ambas partes para luego colgarlo en mi pared. —¡Es hermoso!— Exclamó fijó en la pintura. Miré por un rato a Bruno quien enserio contemplaba el cuadro, me acerque a él abrazándolo por la espalda. —Te amo Bruno— Susurré hundiendo mi cabeza en su espalda. Bruno sonrió al escuchar mis palabras para luego derramar unas cuantas lágrimas. —Te amo Konstantin. Presente. «Nuevamente estoy aturdido y extraviado debajo de este blanco techo pero al menos he soñado contigo» Me he puesto de pie, mi cabeza al igual que el bombillo sobre ella, tambalea. Intentando ordenar mis pensamientos me he fijado en la pared de al frente donde está el gran espejo. «¿Dónde está el cuadro?». Me acerque al espejo para moverlo con fé de que la pintura estaría detrás de el pero no fue así, solo estaba la pared desnuda, la tristeza rodio mi corazón. «Creo que he roto nuestra promesa». Salí de mi habitación, llamando a gritos a mis padres. —Estamos abajo campeón— Contestó mi padre. Bajé hasta la cocina donde solo lo encontré a él. —¿Y mi madre?— Pregunté. —Ha salido a comprar algunas cosas que necesita— Respondió mi padre con la mirada fija en el televisor. Un televisor que me sorprendía que aún funcionará pues mi padre es tan tacaño que sigue usando un televisor de antaño. —¿Cómo te encuentras?— Preguntó él sin siquiera voltear. —Pues, estoy bien— Contesté confundido— ¿Qué ha pasado?— Pregunté. Mi padre no respondió estaba esperando que su equipo favorito de fútbol ganará el partido que se encontraba deleitando. Suspiré ante su poca atención. «Supongo ya estoy repuesto». —¡Padre!— Exclamé. —Perdona campeón— Respondió finalmente volteando a verme— ¿Qué me preguntaste?. —¿Qué ha pasado?— Volví a preguntar— De un momento estaba en la entrada y al otro despierto en mi cuarto— Dije exaltado. —Te has desmayado— Respondió siendo directo— Tú madre ha llamado al doctor y dice que es normal, tú cuerpo aún no está adaptando al medicamento— Contestó. —Supongo que mi madre no permitirá que vuelva a salir— Comenté un poco desanimado. —Debes darle tiempo hijo, está situación no es fácil para ninguno de nosotros— Contestó volviendo a mirar la pantalla del televisor. «Es verdad, esto no es fácil para ninguno». —¿Alguien ha venido por mí?— Pregunté exaltado. «cierto el ha venido a verme». —Cierto, un muchacho ha preguntado por ti pero en tu situación no podías atenderlo, se lo hemos explicado y él nos ha pedido el favor de que te digamos que si no logra contactarse contigo, entonces vendrá luego— Contestó mi padre. Me fui corriendo a mi cuarto, emocionado al escuchar tan buena noticia, por las escaleras mi curiosidad surgió y me devolví nuevamente a la sala ha hablar con mi padre. —Padre ¿Qué le ha ocurrido al cuadro que estaba en la pared de mi habitación?— Pregunté. Él me miró sorprendido un poco alegré de escucharme. —Tu madre lo ha sacado, no se que habrá hecho con el— Respondió. Que raro se me ha hecho la respuesta que me ha dado mi padre, con que intenciones sacaría mi madre el cuadro de allí. —Tendré que esperar que llegue para preguntárselo— Contesté dando la vuelta para subir a mi habitación. Ya en ella, mi dirigí nuevamente al espejo, lo he quitado de ahí y he a recostado la cabeza sobre la pared. —Aunque no estés aquí conmigo, te siento a mi lado— Dije en voz baja. Me quedé un rato allí intentando recordarte aún más pero la cabeza me dolió y mis piernas se durmieron. Me aparte para sentarme sobre la cama, bajo la luz del bombillo que se encuentra encima de mí. A los minutos escuché la puerta de abajo. «Mi madre ha llegado». Me puse de pie y baje descalzo las escaleras, intrigado y un poco desesperado. Al no verla en la sala me metí en la cocina donde la encontré acomodando los alimentos que había comprado, ella me miró y dejo de hacer lo que hacía para venirse encima de mí en un gran abrazo. —Me alegro verte despierto— susurró ella. —También me alegró de a ver vuelto a la vida— Dije sonriendo. Ella se aparto para darme un pellizco en el brazo. —No te juegues con eso— Contestó muy seria. —Perdóname— Respondí apenado. —Ven cariños ayúdame a acomodar la comida— Dijo nuevamente poniéndose a ordenar los alimentos. Hice caso a su petición, mientras esperaba el momento adecuado para invadir con preguntas. —¿Pasa algo cariño?— Preguntó de la nada. —No madre ¿Por qué preguntas?— Pregunté nervioso. —Desde que has entrado a la cocina he notado tu inquietud, soy tu madre, te conozco muy bien— Contestó— Así que dime ¿Qué te tiene tan pensativo?— Preguntó muy tranquila mientras colocaba en los cajones de la cocina la comida comprada. —Pues— empecé a hablar titubeando un poco— Quería preguntarte si sabes dónde se encuentra el cuadro que estaba colgado en la pared de mi cuarto— Pregunté. Ella se detuvo para verme fijamente, intentando procesar mi pregunta. —Lo he botado— Contestó sin dar mucha importancia al tema. —¿Por qué has hecho eso?— Pregunté perplejo ante su respuesta. —Era un cuadro viejo, además de qué llevaba tiempo tirado en el suelo— Contestó levantado nuevamente la mirada para verme— No sé la razón de que lo lanzaras al suelo pero por tu pregunta deduzco que ya estás empezando a recordar— Agregó. Yo no respondí quedé sumergido en su respuesta. «¿Por qué haría algo así?». —Gracias madre— Dije volviendo en si. Terminé de ayudarla sin decir más nada, intentaba pensar los motivos para que yo hiciera algo así, nada se me ocurrió. «Es un acto muy cruel».            
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD