Desde el instante en que pusimos un pie fuera de la clínica, todo lo sucedido quedó guardado en un cajón en el fondo de mi cerebro, con cadenas y un enorme candado del cual boté la llave. Olvidé el instante en que llegó la policía para tomar mi declaración e informarme que Samuel estaba en la cárcel y que probablemente saldría libre, pero con una prohibición de acercamiento a nosotras, hasta que demostrara estar rehabilitado de su adicción al alcohol y las drogas, creo incluso que mencionaron la clase de estupefacientes que había consumido. Me dijeron que, si necesitaba algo de la casa, uno de ellos podía acompañarme a retirar el resto de mis pertenencias; deseché la idea por completo. La fisura que provocó en mi mandíbula sanaría en unos días, sólo debía ser cuidadosa con los movimient

