Capitulo 3

2245 Words
Mi habitación, como lo era en Australia, era un lugar seguro para mi, tenía mi propio baño completo, cosa que era importante, la higiene en mi era muy importante, sin hablar de que vomitaba demasiado por lo que tener acceso a un lugar solo para mi estaba bien, puede que parezca muy dura pero mi color favorito es el rosa y mi habitación era todo rosa y blanco, tenía una cama enorme, creo que entrarían cinco personas o más en ella, tenía mesitas de noche, era demasiado interesante, para meter mierdas, era para lo que servían, una a cada lado, tenía muchas ventanas eso si, tenía una zona con una mini nevera, tes, calentadora de agua y microondas, con sus armarios, una pequeña cocina para mis alimentos proteicos que sabían peor que comer arena pero era lo que me tocaba, tener siempre cerca comida o medicación, también tenía una zona de escritorio enorme con bastante material escolar, me gustaba demasiado el material escolar, por lo que mis padres me lo daban cuando lo pedía, no es que gastara mucho el dinero en cosas tontas. Deje la maleta con mis medicamentos en mi cama para ver una caja encima de esta, sabía que mis tíos me tenían una sorpresa pero creo que no me podía imaginar cual era la gran sorpresa que me esperaba en mi habitación, me esperaba un enorme cuadro de ellos, una foto gigante familiar pero no, las paredes de mi habitación estaban vacías para que yo las decorara como quisiera, es decir, cuadros de plantas o cosas sin importancia, no me gustaba implicarme en cosas que me pudieran hacer sufrir por lo que prefería ser una insensible sin emociones. Mi padre entro en mi habitación para dejar mis maletas en esta, le mire. Muchas de nuestras cosas habían sido enviadas con antelación y una diseñadora de la confianza de los adultos se encargo de poner todo a gusto de cada uno, no es que me quejara pero era demasiado curioso que aún así tuviéramos que traer cosas nosotros y organizarlas, me daba demasiada pereza. Cerré mis ojos para dejar de distraerme y mire la caja. —¿Sabes lo que es?—le pregunte. Mi padre negó. —No me han querido ni preguntar—me comento. Me acerque a la caja, para mirarla, era una caja marrón de mudanzas, las de cartón, normal y corriente pero eso no me quitaba el miedo a que de esta saliera cualquier cosa, mis tíos me amaban, y no me harían nada, pero seguían siendo unos enormes niños grandes que amaban hacer bromas, conocieron a mi madre y mi tía Jenny, haciendo bromas, no estoy segura como es la historia, nunca presto atención a esas cosas, me parecen tan cansado que me cuenten sus problemas, no es que no me importen, me importa pero era demasiado complicado el hecho de que te contaran una historia demasiado larga, no me parecía que los detalles fueran importantes, creo que lo importante era como termino la historia. Mire a mi padre. —Abre la caja—me dijo. Le mire con bastante temor. —Como sea una broma, les pienso dejar sin cuerdas bocales—avise. Mi padre rio,  —Tranquila, que si de ahí sale algo que no me guste, las que les mato soy yo—me dijo mi madre. Cerré mis ojos para respirar hondo y abrí la caja, para encontrarme en ella una cría de un gato, un pequeño gato blanco jugando con una bolita de lana. —Oh por díos—dije emocionada. Agarré el gato que no lucho para estar en mis brazos, no intento arañarme ni nada de eso, simplemente se dejo coger y me miro. —Es la cosa más bonita del mundo—dije abrazando al gato. Mire a mi madre. Tenía los ojos aguados, ella toda la vida tuvo a un pequeño blanco, bigotes que era demasiado bueno, era su amigo y aliado, quien estaba con ella en todos los momentos, fueran malos o buenos, ese gato era como mi madre, atacaba a la gente que no fuera mi madre, a la única persona que nunca ataco fue a mi padre, era como si el gato supiera que ellos iban a terminar juntos, el gato estuvo mucho con mi madre, no neguemos que le daba todos los cuidados que necesitara, si hacía falta pagar dos mil dólares mi madre los pagaba, ese gato era su vida entera, era uno terapéutico que le regalaron con ocho años y le duro unos veinte, es mucho para un gato, pero mi madre no quiso más animales en casa por el dolor de perder a su amigo. —¿Me lo puedo quedar?—pregunte. Mi madre me miro, mire a mi padre para que ayudara pero no dijo nada, todos sabíamos lo mal que paso mi madre cuando perdió a su amigo, no es algo bonito pasar por eso, no era algo que todos pudiéramos sobre llevar, mi madre lo hizo de una forma demasiado buena, no se si estaba preparada para tener en su vida otro animal, otro ser tan puro pero que se parecía tanto al animal que tanto amo mi madre. —Mama—la llame. Mi madre se acerco a mi, para mirar al animal, lo acaricio con suavidad. —Es adorable—le dije, cualquier cosa me iba servir para que me dejaran quedármelo, sabía que por parte de mi padre me iba decir que si, además a él era demasiado fácil hacerle chantaje, solo debía comenzar a decir que me dejo tirada muchos cumpleaños por sus giras y ya estaba, era una baza que no solía usar pero que estaba dispuesta a ello sino me dejaban quedarme con el gato. — Si es adorable—comento mi madre. —He pensado llamarle bola de nieve, bolita para la familia—comente. Mi madre me miro. —¿Me estás intentando manipular?—me pregunto mi madre. La mire. Puede que darle nombre era mi forma de manipulación, no lo niego pero es que era un animal tan bonito que no podían quitármelo. —Es de mala educación rechazar un regalo—comente. Antes no la estaba manipulando, pero ahora si, aunque si quisiera hacerlo de mejor manera me agarraría al hecho de que pasaba muchas horas sola por mi enfermedad, ya que había épocas en las que tenía que aislarme y un gato sería la mejor compañía, pero no iba a comenzar a usar esa baza antes de saber que opinaban mis padres, si soy algo manipuladora pero no demasiado. —¿Tú sabías algo?—le pregunto mi madre a mi padre. El tono de mi madre era serio pero no autoritario, era uno de esos tonos que daban miedo pero que no pretendían darlo, mi madre era así, una mujer demasiado imponente que aterraba a la gente que la rodeaba, no porque ella quisiera, sino porque era una maravillosa y perfecta señora del mal, pero no porque quisiera sino porque tuvo que aprender a serlo para no sufrir por lo que sus padres eran. —No—dijo mi padre tranquilo, le mire, iba tener razón mi tía Jenny que era la única persona que conseguía no tener miedo a mi madre, creo que no le tenía miedo, la relación de mis padres se basaba en el respeto y la admiración, no en el miedo, ellos no se tenían miedo, creo que si se lo tuvieran no hubieran dudado todo el tiempo que llevan juntos. No creo en el amor, pero sea lo que sea mis padres lo tienen, y vivir algo así sería un gran honor, respeto y admiración por el otro, eso tiene pinta de ser una cosa demasiado maravillosa pero imposible hoy en día. —Si hubiera sabido algo te lo hubiera dicho pero mi hermano no me conto nada, me dijo que le iba dar algo para que estuviera feliz aquí y ya—explico mi padre. Mi tío Ethan era de las personas que primero actuaba y luego preguntaba, para asegurarse de que le dejaran hacer las cosas por lo que esto no era sorpresa. —Hola—saludo mi tío entrando en la habitación, justo en el momento indicado, hablamos de él y antes aparece, es demasiado oportuno sobre todo para la bronca que le va echar mi madre. Mi madre miro a mi tío que nada más ver al gato en mis manos puso cara de corderito. —¿A que es precioso?—pregunto mi tío. —¿Vas a pagar tu los gastos médicos de ese gato?—le pregunto mi madre en respuesta Mire a mi padre, estaba casi tan sorprendido como yo, creo que nadie nos esperábamos que mi madre preguntara eso, de momento estaba calmada por lo que aún podían pasar muchas cosas, desde que mi tío se llevara un golpe demasiado fuerte hasta que mi madre se pusiera a llorar. —Si es necesario si—comento mi tío. Le mire impresionada. —Luego cuando el gato este mal, lo va pasar mal ¿Vas a consolarla tú?—le pregunto mi madre. Mire a mi madre. —Mama—la llame. Mi madre me miro. —Es una cría queda mucho para que se ponga enfermo, se que las cosas deben morir, lo tengo asumido pero no por eso debo dejar de hacer cosas, tu me lo dices a diario—le dije. Mi madre analizo mi cara y mis palabras. —Bien, te quedas con el gato—dijo mi madre haciendo que sonriera—Con la condición de que intentes ser amiga de Madison y Evan—añadió mi madre. La mire. —No—dije sin dudarlo. —Pues dame el gato—ordeno mi madre. Mire a mi gato, ya era mío, ya era mi pequeño bolita por lo que renunciar a él no era una opción, mire a mi padre para que me ayudara pero no me miro, eso significaba que estaba del lado de mi madre pero que se negaba a ser manipulado por lo que no me miraba. Mire a mi madre. —¿Solo debo intentarlo?—pregunte. Mi madre me miro. Las dos teníamos esa misma personalidad, demasiado fuerte y demasiado competitiva, éramos mujeres demasiado cabezotas como para salir de nuestros treces por lo que las negociaciones entre nosotras eran demasiado complicadas. —Con intentarlo no me sirve que no les hables y te sientes con ellos,  debes interactuar y ser amable—comento. La mire. —¿Ser amable?—le pregunte demasiado sorprendida—No puedo ser amable con personas que no me caen bien, es antimoral—me queje. Lo del tema de la moral es algo relativo pero yo veía el ser amable con gente que no soportaba algo malo, no creo que hacerlo sea algo bueno, estoy engañando a todo el mundo, a una parte porque les hago creer que me caen bien, a los que nos miran porque les doy falsas esperanzas y a mi misma, porque en realidad les quiero matar, no es algo bueno, creo que es insano hacerlo, seguro que hay alguna ley que prohíbe esto. —No te caen bien porque no les has dado oportunidades—me recordó mi madre, era como si me estuviera recriminando que no les di una oportunidad, y vale, es verdad, jamás les di la oportunidad de ser parte de mi vida, desde muy pequeña comprendí lo que era ser seguida y perseguida, lo que mi nombre y mi apellido significaba, todos querían saber sobre mi, no les importaba el momento, todos querían estar cerca de mi por una razón y otra, era algo demasiado frustrante  doloroso, sabía que Evan y Madison pasaban por lo mismo que yo pero ellos no tenían los mismos problemas que yo, ellos eran niños felices y normales, creo que les odiaba por eso, me molestaba demasiado que se tomaran las cosas a broma, por ello no me gustaba, no me iba llevar bien con gente que no pensara lo mismo que yo, perdón pero soy así. Mire a mi madre. —Es eso o que te quedes sin gato—me aviso. La mire. —Que les de una oportunidad, no implica que tenga que ir a las grabaciones de música—avise. Todos me miraron. —No lo hace—me dijo mi madre. La mire. —Vale, lo haré—dije. Todos me miraron sorprendidos. Creo que nadie se esperaba que aceptara esta maldita locura, este chantaje mal hecho pero quería el gato por lo que iba a aceptar lo que fuera por estar con él, por temerlo a mi lado. —Ahora todos largo—les dije. Deje al pobre gato en mi cama para quitar la caja de encima de la cama, se la di a mi tío, todos me miraron bastante sorprendidos, pero no dijeron nada, simplemente se fueron dejándome sola. Me senté en la cama. —Tengo que estar con ellos pero eso no significa nada—me recordé a mi misma. Las amistades, el amor eran debilidades, me negaba a ser débil por lo que iba a protegerme de la forma que pudiera, bolita se acerco a mi y apoyo su cabeza en mis piernas, cerré los ojos para acariciar mi nuevo amigo, iba ha hacer lo que pudiera para que las cosas salieran como yo quería, lo tenía demasiado claro.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD