Note un enorme peso en mi pecho.
Estaba claro que no estaba muerta, tenía claro que si me hubiera muerto, no estaría sintiendo nada, no creo que las cosas cuando mueres duelan tanto, pero eso no importa, no me importaba vivir o morir, solo quería saber que la gente que sabía bien que quería vivir, estuviera viva y sin estar en peligro.
Moví un dedo para intentar abrir mis ojos y decir algo pero notaba tanto dolor al hacerlo que no sabía que podía hacer nada, no me podía mover, me sentaba demasiado mal todo, me dolía demasiado cada parte de mi pelo, me dolía demasiado cada cosa que estaba viviendo.
—Edla, despierta por dios—dijo mi madre, pero no lo escuchaba como una voz cercana sino que era una voz demasiado lejana, me dolía demasiado todo lo que mi cuerpo estaba lidiando.
Apreté mis ojos con demasiada frustración, no me sentía bien, me sentía mal, tan mal como para no poder ni levantar un dedo, me molestaba demasiado no poder hacer nada, me molestaba demasiado no poder hacer nada.
Necesitaba gritar, necesitaba abrir mis ojos y gritar con fuerza, decir que estaba aquí y preguntar por cómo estaban las cosas, pero me daba demasiado miedo no poder moverme, no poder hacer nada más nunca más, quedarme así para siempre y eso me daba demasiado miedo.
Note una mano acariciando mi pelo, pero aunque pudiera hacer algo, nadie me escuchaba, intentaba gritar pero nada funcionaba, nadie me escuchaba, estaba solo yo con mi voz, mis pensamientos y una voz interna que me mataba.
Cada pensamiento y movimiento era un enorme esfuerzo para mi, como una batalla que sabía que no podía ganar, odiaba con todo mi ser cada cosa que estaba viviendo solo por estar enferma, no me gustaba para nada, las cosas, las emociones eran demasiado superiores a mí, como si todo lo que había hecho durante todos estos años no mereciera la pena.
Siempre me sentí la rara, la oveja negra de la familia, la persona que no encajaba en este mundo, al menos en el que rodeaba de mi familia, ellos eran todos unos amantes de la música, vivían de ello pero yo tenía una mala relación con la música, me hicieron odiar la música de una forma que no puedo entender, no es algo malo pero es algo demasiado complicado, no tenía que entender nada, solo vivir con ello.
Abrí mis ojos como pude para ver un techo blanco, una luz blanca demasiado molesta me daba en la cara, y los sonidos de la máquina me molestaban demasiado en los oídos.
Respire hondo.
—Mamá—la llamé con gran dificultad.
Mi madre se acercó corriendo.
—Connor—grito mi madre a mi padre.
Mis dos padres se acercaron a mi, uno por cada lado, les podía ver pero me molestaba demasiado las luces, los sonidos de las máquinas eran molestos, moví mi mano para intentar tapar mis oídos pero no sentía que pudiera moverla, me dolía todo demasiado y no estaba demasiado segura de que pudiera mover mi cuerpo.
—No hagas esfuerzos, tienes el cuerpo dormido—me dijo mi padre.
Sabía que movía los ojos, pero para mi tenía la sensación de que movía mi cabeza, aunque según eso no lo hacía y era algo demasiado frustrante, me dolía demasiado todo, no me gustaba no poder tener el control, estaba claro que era una persona demasiado controladora, era una persona que con toda su alma necesita controlar todo, y no poder controlar mi cuerpo, es lo peor que me puede pasar en el mundo, no me gusta para nada lo que estaba sintiendo.
—¿Sabes quién era?—me preguntó mi madre.
La mire sin entender nada.
—Mamá—la llamé frustrada, cerré mis ojos con demasiado dolor—Edla Olivia White, se quien soy—le deje claro.
Mi madre pasó su mano por mi pelo, lo note pero me dolía demasiado.
—Voy a buscar al médico—dijo mi padre.
Mi padre salió de la habitación y mire a mi madre.
—¿Que ha pasado?—pregunté.
Mi madre me miro en silencio, acaricio mi pelo, sabía que no estaba moviendo la cabeza pero si los ojos.
—Has estado en coma—me dijo mi madre y la mire sin entender nada—Inducido, te han metido en coma para que tu cuerpo se recupere—me contó mi madre.
El pánico se llenó de mi, coma, había perdido parte de mi vida pero encima no fue por decisión mía sino que me metieron aquí sin yo poder decidir o decir algo para evitarlo, era normal que no pudiera decir nada, estaba medio muerta, me molestaba demasiado haber perdido parte de mi como si hubiera muerto y no haberlo hecho de verdad, se que era una dramática, pero deseaba ahora más que nunca morirme.
—Necesito hacerte una pregunta—me dijo mi madre.
—Pregunta—le dije no muy convencida, estaba segura que yo tenía muchas más preguntas de las que ella jamás me podía hacer, no comprendía porque me habían castigado de esta forma, que había hecho para ganar este castigo, no entendía que tan mal podía haber jugado en una vida pasada para tener que ganar todos los males en esta.
—Evan nos dijo que te querías morir—me dijo mi madre.
No la mire.
—¿Quieres saber si es verdad?—le pregunté.
—Si—dijo sin dudarlo, no la mire, no podía hacerlo.
—No quieres saber la respuesta—le dije y cerré mis ojos—Pero has preguntado—añadí y mire al techo—No me gusta estar enferma, no me gusta ser débil, así que si, quiero morir porque vivir como vivo, sin poder hacer nada, sin querer dejar a nadie entrar a mi vida por miedo a hacerle daño cuando me vaya, porque se que llegará un día, que ya no viva, en el que mi cuerpo no funcione—.
Hubo silencio, no era fácil responder a eso, a que una hija no quisiera vivir, se me hacía complicado luchar, no es algo que pueda negar, luchaba por mis padres en muchas ocasiones, y es algo que si Evan les había dicho, si me había vendido por lo que estaba sintiendo, yo ya no podía mentir más ni ocultarlo, debía ser sincera.
—Todo saldrá bien—dijo mi madre tras unos minutos en silencio, la miré sin saber qué quería decir pero sabía que ella sabía muchas más cosas de las que yo sabía o de las que me querían contar, no sabía lo que pasaba pero me daba demasiado miedo lo que no sabía.