Había pasado un semana desde la gran noticia, y podría estar rumbo a una hermosa playa, a un lugar en el que las cosas no fueran tan complicadas pero no, en el ultimo momento a todos se les ocurrió que era mejor idea irse a New York, me vinieron contando que era una ciudad más tranquila para trabajar, claro porque una ciudad llena de moda o una de actores que importa, cada una es diferente. Lo que pasa es que quería ir a New York porque fue el lugar donde se enamoraron de nuevo, que dejen de tocarme las narices.
Baje de mi habitación con mis maletas para mirar a mi madre.
—¿Llevas todo?—me pregunto.
Mire a mi madre, ese todo al que se refería era mi maquina y mis medicaciones, las que hacían que siguiera con vida aunque en estos momentos la idea de que se me olvidaran y me tuviera que quedar o morir me parecía una gran idea.
—Si—dije sin darle importancia al asunto.
No me mal entendías, me preocupa mi enfermedad, me puedo morir pero es que no es algo que me apetezca tener que estar recordando cada dos segundos.
—Mejor lo compruebo yo—me dijo mi madre para agarrar mi bolsa y comprobarlo ella misma, me senté en el sofá algo cansada.
Mi padre apareció por aquí y se sentó a mi lado mientras mi madre revisaba mi maleta de mano con todo lo que necesitaba para estar sana.
Mi padre me miro.
—¿Que hace?—me pregunto sorprendido.
Le mire.
—Esta loca—dije.
Mi padre río.
—Eso siempre lo ha estado—comentó.
Mi madre nos miro seria haciendo que los dos nos callaramos, mi madre no dominaba el mundo solo porque ella no quería esa mujer era capaz de que la gente hiciera lo que quisieran con solo una mirada, sobre todo mi padre y yo, que le teníamos un respeto muy mano a la mujer.
—Estoy comprobando que a tu hija no se le olvide nada como en el viaje a Bali—comento mi madre.
La mire sorprendida.
—Tenía diez años—me queje.
Cuando tenía diez años nos fuimos a Bali, y digamos que se me olvido calcular bien las medicaciones y se me olvidó meter las medicaciones de varios días, me di cuenta en Bali, me daba tanto apuro decirlo que no dije nada y me gestionaba, sola la medicación ¡Spoiler! Termine en el hospital, casi en coma, mi madre me recuerda eso siempre que puede.
—Esta vez no es un viaje, vamos a un sitio donde hay farmacias y médicos que hablan nuestro idioma—comentó mi madre intercediendo por mi.
—Pero no hay playa—me queje.
Estaba demasiado acostumbrada a ir a la playa cuando me diera la gana y no poder hacerlo ahora, me molestaba demasiado.
—Pero habrá nieve en invierno—me dijo mi padre.
Le mire.
—¿Me estas comparando la playa todo el año con nieve dos meses?—le pregunte sorprendida.
Mi padre se calló.
Obviamente no tenía ni punto de comparación, no es que odiara el frío o la nieve, me gustaban pero era una cosa de la que iba disfrutar poco o nada mientras que la playa estaba siempre, no se movía por lo que era algo constante a donde ir, no como la nieve.
—Calla—me dijo mi madre y la mire—Esto es la única cosa que no se hace por ti, se amable y apoya a tus primos—me dijo mi madre.
—Madison es una huérfana malhumorada y Evan solo es el idiota hijo de vuestros mejores amigos, no son mi familia—le dije a mi madre.
Mis dos padres me miraron, creo que se estaban armando de paciencia por mis palabras pero no era algo que debía ocultar, ni Madison ni Evan me caían bien, les veía como dos idiotas sin cerebro que solo sabían seguir lo que hacían sus padres sin personalidad.
—La familia no siempre viene atada a la sangre—me aclaró mi madre y le mire.
Para ella, Jennifer era su hermana, la mejor amiga que siempre estuvo con ella y no es que no quisiera a mi tío Jason pero es que no era lo mismo, ella eligió estar con Jennifer, quien al mismo tiempo decidió quedarse con ella, y eso supuestamente las ataba más.
—La familia es una mierda—le dije bastante molesta a mi madre.
SIn dudarlo mi madre me pego un tortazo, me quede impresionada, mi madre jamás me había pegado, podíamos a ver discutido de la forma más fea del mundo pero ninguno de los dos se había atrevido a levantarme la mano.
—Cariño—me llamo mi madre pero me aleje de ella.
Necesitaba llorar, me sentía demasiado mal, como si mi mundo entero se hubiera destruido, no veía el sentido a que mi madre me hiciera eso, porque me haría eso, porque mi madre me pegaría, ella no era así, ella era una buena mujer, ella no me pegaba por más mal que hiciera peor hoy lo había hecho.
—Ya—dijo mi padre intentando apaciguar las cosas—Vamos a calmarnos—comento y le mire mientras me acariciaba la mejilla.
—Connor, sabes que ha sido un impulso—comento mi madre.
Mi padre se acercó a ella y la abrazo.
—¿Por que la consuelas a ella?—les grite llorando, ya no aguantaba más—Soy yo a la que han pegado, soy yo a la que le destrozáis la vida por un idiota—me queje.
Mi padre me miró.
—Edla—me llamo mi padre y se acerco a mi, me intente alejar de él pero mi padre se sabía todos mis trucos y me agarro para abrazarme.
Lloré mientras intentaba luchar con que me soltara.
No soy una niña de papa, no es que él me de todo lo que quiera pero es con el que tengo una conexión especial, amo a mi madre, es lo que más amo en este mundo y daría mi vida entera por ella, es con quien puedo hablar de todo pero con ella no puedo llorar, es raro pero solo me gusta llorar con mi padre, puede que sea por la fuerza de mi madre, creo que en mi vida he visto llorar a mi madre, ella se mantiene fuerte, como si pudiera con todo, como si nada le hiciera daño mientras que mi padre si parecía que le afectarán las cosas, creo que esa era la razón.
El timbre sonó.
Me separé de mi padre y me sequé las lagrimas.
Mi madre no me dijo nada, creo que las cosas ya eran demasiado incómodas como para tener que ponerlas mucho más incómodas.
Mi madre abrió la puerta dejando entrar a mi casa a mis tíos Ethan y Ryder con Madison.
Sin dudarlo mi tío Ethan me abrazo, le abrace con fuerza.
—Se que estas haciendo un enorme esfuerzo al venir por lo que en New York te espera una sorpresa—comentó mi tío Ethan.
Le mire.
—¿No me la puedes dar ahora?—pregunté sorprendida.
Mis tíos se miraron.
—No—dijo mi tío Ryder antes de abrazarme—Merecerá la pena—me dijo y beso mi mejilla.
Dudaba que mereciera la pena cualquier cosa que me dieran, el dejar mi casa por algo que seguramente podría tener aquí no es que me convenciera, pero no voy a quejarme, no tengo ganas de ganarme otro golpe o castigo por mi cabezonería, mejor me quedo callada.
—¿Y Jenny?—preguntó mi madre acercándose a los adultos.
—Llega tarde como siempre—comento mi tío Ryder, era verdad que esa familia tenía un problema con la puntualidad pero es que no me importaba, por mi podíamos perder el avión y no ir nunca jamás.
Estos se alejaron un poco dejándonos a mi y Madison solas.
—Podríamos aprovechar este viaje para acercarnos más cercanas, somos familia de todas formas—comento Madison la mire.
—Si piensas que voy a perder mi tiempo contigo, estás loca—le dije.
Me miro sorprendida pero es que no deseaba acercarme a ellos, no quería nada que ver con ellos o el mundo de ser famoso, odiaba las cámaras, odiaba los focos, la música, odiaba todo lo que tuviera que ver con eso, no odiaba a mis padres casi de milagro pero es que en si ellos eran el mayor de mis problemas, no podían ser profesores o investigadores, famosos, y de esos que la gente persigue y se tatua sus caras, demasiado para mi.
—Como siempre, agradable—me dijo Madison.
La ignoré, no me servía de nada malgastar mi voz con gente como ella con tonterías como esas.
El timbre sonó.
—Venga, todos fuera—grito mi padre, agarrando la maleta de mi madre para que saliéramos fuera.
Mi padre había insistido en que dejaramos las cosas aquí, que ya nos las compraría ahí lo que necesitáramos, pero aún así me lleve mis cosas favoritas, me puse mi mochila y agarré mi maleta especial con mis tratamientos para luego arrastrar la otra, mi madre agarro la maleta de mi padre que este rápidamente se la quito.
No le dí tiempo a nadie a que me ayudara cuando salí de la casa, donde en una especie de mini furgoneta esperaban Jennifer, Dylan y el engendro del demonio, Evan.
Este último se acercó a mi para agarrar mis dos maletas.
—Puedo sola—le dije.
Él me miró impresionado.
—Solo quería ayudar—me dijo él
Siempre intentaba ser mister encantador pero no era más que un idiota que solo sabía cansarme, me daba dolor de cabeza el hecho de tener que aguantarle.
—Pues metete tu ayuda por el culo—le dije.
Creo que le deje impresionado pero es que no me importaba, todo esto era por él, por lo que era quien se iba llevar todo mi odio. Evan se alejo de mi para ayudar a mis tíos y Madison con sus cosas, mi padre se coloco a mi lado para quitarme la maleta.
—Recuerda que debes comer—me dijo mi padre, suspire y le mire.
Estaba enferma, tenía una enfermedad rara de esas nuevas que salieron tras las dos pandemias mundiales de los años veinte y treinta, todo una maldita locura. Mi madre sufrió la primera parte, y yo evolucione en la enfermedad, afectaba a muy poca gente y solucionar algo que afecta a tan poca gente no es algo que importe a los políticos, son todos unos interesados eso no a cambiado, aunque seguramente una guerra mundial lo cambiase, Bueno, pero el tema es la enfermedad, es una rara hasta decir basta, naces sin tiroides, por lo que no tienes regulación de hormonas, tu cuerpo no las identifica y no sabe crearlas, por mucho que las metas de forma artificial tu cuerpo no sabe que son y las quema. Es decir que tu cuerpo no procesa las vitaminas por lo que se los demás dar de forma constante para que no te de un bajón de algo, y analiticas de sangre casi semanales, aunque eso es lo menos malo.
—Recuerdo perfectamente lo que tengo que hacer, papá—le dije, deja las maletas en el maletero y me subí a la furgoneta.
Dylan condujo en silencio por la ciudad, cerré mis ojos para apoyarme en el cristal y no escuchar su tonta conversación sobre lo que íbamos a hacer en estados unidos, solo quería dejar de sentirme mal porque tuviera que hacer ese viaje, todos sabíamos que nos estábamos subiendo a un avión en la otra punta del mundo, porque Evan y Madison querían hacer música, por mucho que la cosa no fueran las personas ni el equipo sino el talento del cantante todos sabemos que un buen equipo y un mejor equipo de grabación ayudaba bastante, y me arrastraban a mi con ellos.
—Dime que estás descansando y no te has muerto—me dijo mi padre.
Me senté bien y le mire.
—Papa—le regañe, mi padre me dio un batido energético y le mire.
—Prefiero asegurarme—me aclaro.
Le mire molesta, no estaba segura si este sufrimiento merecía la pena en algunas ocasiones.
Bebí el batido poco a poco para la tranquilidad de mi padre, una cosa muy mala de la enfermedad es las muchas veces que voy al baño, o vomitó, muchos cuando me ven piensan que tengo un trastorno alimenticio.
Esa gente es idiota.
Por mucho que se haya avanzado en la salud mental la gente aún sigue tomándoselo como un maldito juego cuando es todo menos un juego, la gente no elige la enfermedad en ocasiones es más a la contra que la enfermedad nos elige, sería como si una mala varita nos eligiera y nos quisiera controlar, pero claro la gente eso no lo entiende,
Idiotas.
Llegamos al aeropuerto para bajar de la furgoneta, mi abuelo Lucas esperaba ahí para llevarse la furgoneta.
Me acerque a él y le abrace con fuerza.
—Ojala me pudiera quedar contigo—le dije.
Mi abuelo rió y beso mi mejilla.
—No es que no quiera, pero debes estar con tus padres—me dijo.
Le mire.
—¿Vendrás a verme?—le pregunté resentida.
Mi abuelo toco mi nariz.
—No podré estar mucho alejado de mi princesa—me dijo.
Le abracé con fuerza mientras los demás bajaban las maletas, mi abuelo era mi mejor amigo, el si que era la persona sin la que no podía vivir, me dolía imaginar el día en el que no estuviera porque todo se me haría más difícil, era un abuelo moderno, de esos con los que podías hablar de todo y aunque no comprendieran las cosas, te quería y te apoyaban, aunque pocas cosas no entendía mi abuelo.
—Papa, no seas muy pesado con las llamadas—le aviso mi madre.
Mi abuelo la miró.
—Si a ti no te voy a llamar ni una sola vez, voy a llamar a mi princesa—me dijo mi abuelo abrazándome.
Le saque la lengua a mi madre.
—Tener mucha suerte en esta nueva etapa y no me traigas más nietos—les dijo mi abuelo.
La cara de mi madre era un poema.
—No van a tener más hijos, tranquilo—le dije a mi abuelo.
Mi abuelo beso mi mejilla antes de subirse a la furgoneta e irse.
—¿Es normal que me siga dando miedo?—le pregunto mi padre a Dylan.
Les mire de reojo.
—No se, pero yo tendría más miedo a tu mujer e hija—le dijo.
Le miré sorprendida ¿Miedo a mi? Si aún no había empezado ha hacer nada que les destruyera, cosa que podía hacer tranquilamente pero el hecho de al menos estar unos días en la ciudad como unas mini vacaciones no me resultaba inconveniente.
—Vamos a facturar—dijo mi madre.
Ella era la jefa de todos estos idiotas, eso sin duda.
Todos entramos al aeropuerto para acercarnos a la zona de entregar billetes y esas cosas, había cola por lo que tuvimos que esperar como el resto.
—No se porque no hacéis como los otros famosos y os coláis u os compráis un avión privado—me queje a mi padre que me miro.
—Eres tú la que se queja de los beneficios que se les da a los famosos—me dijo.
Era verdad que me quejaba mucho del trato de favor que se les daba a algunos famosos, no voy a mentir, quejarme es mi pasión.
—Ya, pero es que ahora me conviene a mi—le dije molesta.
Mi padre me miro, si, era un poco doble morar pero odiaba esperar, odiaba con todo mi ser tener que estar aquí porque si, cuando podía estar en una sala vip comiendo tortitas.
Avanzamos lento pero seguro, avanzamos hasta llegar al mostrador.
—Solo una maleta de mano por pasajero—comentó la mujer del mostrador.
Mire a mi madre y luego a mi padre.
—Estos son los problemas de que no tengáis avión privado—me queje.
La mujer del mostrador me miro sorprendida pero no me importaba.
—Mire, tengo aquí un papel médico que indica que mi hija necesita subir sus medicaciones al avión, eso no puede contar como una bolsa de mano—comentó mi madre.
Estaba hablando demasiado tranquila, yo ya la hubiera cogido de los pelos.
—No lo hace—dijo la mujer.
—Pues yo no voy a facturar mi ordenador—avise,
Todos me miraron.
—Edla, que te importa—me dijo Jenny.
La mire.
—Estate tu doce horas muriéndote del asco, necesito mis psicofonías para no morir—me queje.
Estaba siendo exagerada y dramática, pero es que no me importaba, era imposible que la maleta de la medicación contara como maleta de mano y encima mi mochila contara como otra maleta, eran bolso y maleta.
—Mire es como dos maletas, no me importa, esa maleta es enorme—dijo la mujer señalando la maleta con mis medicaciones pero es que tenía que ser así de grande y la maquina debía venir conmigo por si dormía o porque estoy segura de que la iban a dormir.
—¿Si alguien de nosotros factura la suya cuenta?—preguntó Evan.
Le mire mal.
—Si, la cuestión es que no haya mucho peso—comentó la mujer.
—Pero si es el mismo—me queje—Que mierdas importa donde este—.
Mi padre me tapo la boca con su mano, para que dejara de hablar.
Evan se quito la mochila para envolverla en un plástico especial y dársela a la mujer.
—¿Con eso sirve?—pregunto Evan.
La mujer miro mi maleta,
—No—dijo la mujer y Evan le dio su guitarra.
—¿Y así?—le preguntó Evan.
Todos le miraron sorprendidos.
—Si—dijo la mujer.
Tras terminar todo el jaleo, Evan se acerco a mi y me quito la maleta de las manos.
—¿Que haces?—le pregunte molesta.
—He facturado mi maleta para que te lleves esto, así que tengo el derecho a llevarlo—comento.
Le mire molesta.
—No voy a tenerte menos asco por mucho que hagas—le avise.
Evan me miro,
—No hago esto por ti, sino por quitar dolores de cabeza a la gente—me dijo.
Evan comenzó a caminar más rápido para irse con Madison en ir hablando, camine detrás de todos molesta, me molestaba que Evan actuará como un salvador cuando solo era un maldito imbecil sin cerebro, no tenía nada de interesante es que nada.
Pasamos el detector de metales donde también mi madre tuvo que explicar que tenía unas cosas metálicas en el cuerpo para no morirme pero que podía volar sin problemas. Por estas cosas decía yo que era mejor quedarme y no ir, soy un retraso, uno hermoso y muy inteligente pero alguien que les hace ir más lento, tras discutir un rato con los hombres de seguridad nos dejaron pasar, enserio solo daban problemas esta gente, y llegamos a una zona vip para esperar el avión porque esta vez si, teníamos una zona para nosotros y pasajes en primera clase, pero eso de tratarnos de forma vip hasta ahora nada.
—Qué manía os voy a coger—le avise a mis padres.
Mi madre me estaba inyectando vitaminas mientras mi padre preparaba un batido, no es que no pudiera comer solido, pero me tuvieron que quitar las cuatro muelas del juicio hace dos días y me costaba masticar.
—No se como te cuesta masticar y hablar no—se quejo mi madre.
La mire.
—Y yo no se como no cogéis un avión privado y que le den a todo el mundo—me queje.
No me respondieron, creo que estaban decididos a volverme loca, mi padre me dio el batido cuando este ya estaba hecho y me lo tome mientras mi madre me seguía dando las medicaciones por vía sanguínea que era al final la forma más rápida y directa.
—La siguiente estudia medicina—le dije a mi madre cuando termino.
Mi madre me miro sorprendida.
—¿Te crees que esto es un chiste?—me pregunto.
La mire,
—No—le dije queriendo evitar discusiones, creo que ya les estaba empezando a cansar pero es que era su culpa por hacerme venir a este maldito viaje, era un secuestro porque estaba saliendo del país a la fuerza pero claro como eran mis padres no podía quejarme.
Mi madre me miro y no dije nada, me senté en silencio para ver mi teléfono, para ver a mis amigas en la playa, no esperaba que pararán toda su vida, ayer me hicieron una hermosa fiesta de despedida pero ellas no veían el mal que yo veía en este viaje, suspire.
—Pueden ir entrando—nos dijo una azafata.
Respire hondo para guardar mi móvil y agarrar mis cosas. Fuimos a uno de esos largos pasillos que comunican aeropuerto con los aviones y me dieron ganas de salir huyendo a casa pero no podía, mi padre iba detrás mío y a cualquier movimiento raro me iba a agarrar sin dudarlo.
Suspire.
—Venga, será una gran aventura—me dijo mi padre.
Le mire.
—Lo sería si el avión estalla—le dije.
Mi padre me miro impresionado pero no dijo nada pero estaba segura de que lo que le había dicho no le gusto, no es que me quisiera morir, quería vivir pero no aquí ni como me estaban obligando a hacerlo. El pasillo se me hizo eterno pero estoy segura que era corto, llegamos al avión y nos sentamos, por desgracia las cabinas eran en pareja, aunque ¿Quién iba querer venir conmigo? Nadie, las parejas iban a querer estar juntas y Madison seguro quería hablar de algo con Evan por lo que todo para mi.
Me senté en mi asiento acomodandome y cerré la ventana.
—Hola compi—me saludo Evan.
Le mire, para ver como se sentaba alado mío y cerraba la cabina.
—¿Que haces aquí?—le pregunte molesta.
—Nos toca juntos—me dijo.
Me levanté buscando a alguien a quien quejarme pero una azafata me aviso que me sentara, las alarmas de ponerse el cinturón comenzaron a sonar.
Iba ser un viaje demasiado largo.