Puede parecerlo, pero por mucho que parezca la persona más borde y más cruel del mundo, en muchas ocasiones soy demasiado complicada, no es algo que vaya en mi ser, no soy una borde, soy sincera y es algo que a la gente no le gusta. Si siento algo, no lo oculto, lo dijo tal cual es por mucho que duela, si en ocasiones eso es muy malo, me paso de sincera, soy demasiado franca, es algo que siempre he tenido, mi madre siempre me enseño cosas buenas, y una de ellas era la importancia de la sinceridad, ella siempre me decía que en ocasiones por muy complicado que pareciera todo debía ser sincera, debía ser comprensiva y cuidadosa con los demás, es decir cuidar mis palabras pero no es algo que me haga mucha gracia, odio con todo mi ser el tener que medir mis palabras, no sentía que fuera ni sincera ni que la conversación estuviera bien, creo que por eso tenía tan pocos amigos, no es que fuera alguien fácil de llevar.
Pero eso no importa, la gente debe estar conmigo o debe quererme por una razón, quizás tengo algo especial que no veo, o simplemente me tienen pena.
Al día siguiente de llegar a nuestra nueva casa, me desperté sola en mi habitación, me senté en la cama y pase mi mano por mi pelo, me sentía demasiado mal, tenía una enorme impotencia pro todo, no solo era la enorme frustración de haber tenido que dejar todo, un hogar que amaba, una familia y unos amigos que eran lo mejor de mi vida, no solo es me hubieran arrancado de mi lugar seguro para traerme a uno peligros y desconocido solo por los deseos imposibles de dos idiotas ¿Por que era la única que veía los problemas y lo malo en el mundo de la música? No puedo comprender como los demás no ven lo mismo que yo, dudo que sea tan complicado ver que hoy en día los nuevos artistas humanos, no sirven de nada, no son algo que se siga, son cosa que nadie quiere ver, solo se engañan a ellos mismos pero no es algo en lo que me vaya a meter, dejémosle que hagan lo que quieran, luego lloraran.
Me levante de la cama y me hice una coleta alta, estaba sola en la habitación por suerte, bueno sola completamente no, bolita estaba conmigo en su cajita, debía comprarle una cama con gran urgencia, agarre a mi pequeño gatito y camine a la cocina con el para darle un poco de leche.
—Buenos días—me saludo Evan nada más llegar.
Le puse mi mano en medio de los dos, haciéndole la señal de que esperara.
Parpadee varias veces demasiado sorprendida y me di cuenta de que Evan y Madison estaban en la cocina, preparando el desayuno. No les dije nada, me serví un vaso de agua para tomarme mis pastillas, Madison se acerco a mi para coger al gato.
—Voy a darle leche—me aviso y asentí.
Al igual que hay personas que hasta que se toman su café no son personas a mi me pasa pero con mis medicinas, hasta que me las tomo no soy una persona con la que se pueda hablar.
Me tome con tranquilidad y lentitud, todas mis medicaciones.
—Buenos días—dije al terminar.
Me gire y mire a los dos idiotas.
—Buenos días—repitió Evan con gran tranquilidad antes de tomarse una medicación que supongo que sería la de la alergia.
—¿No se te puede hablar hasta que te mediques?—me pregunto Madison.
La mire molesta.
No era un tema de que estuviera más o menos enfadada, sino que no funcionaba de forma normal, cuando estaba sin medicación mis pensamientos no solo eran malos sino que no coordinaba mi mente y cuerpo, en ocasiones no se ni como me levantaba, estaba demasiado débil en esos momentos por lo que era los mejores momentos para hacerme daño o para que sea más sincera.
—Hemos hecho tortillas—comento Evan, cambiando de tema demasiado deprisa.
Le mire, me impresionaba la forma en la que me conocía de formas que ni yo misma me conocía, era demasiado impresionante como me sabía leer cuando nunca me había hecho su amigas, es más yo siempre he sido borde con él, en mi vida he sido buena con él, es todo lo contrarío a mi, todo lo que odio en una persona y si no fuera porque quiero a mi gato, le hubiera echado de mi vida ya, o le hubiera matado, seguro que nadie metería en la cárcel a una enferma.
—No tengo hambre—le avise.
—Siéntate—me ordeno la voz de mi madre por detrás mía.
Me gire para mirar a mi madre.
—Vas a desayunar—me dijo mi madre.
Le mire.
—No discutas—me ordeno.
Me senté en la barra y Evan me dio un plato de tortitas, lo mire en silencio y respire hondo.
Odio comer, es algo que siempre me ha pasado, tengo demasiada mala relación con la comida, no es algo que oculte, odio comer, odio comer sola pero sobre todo lo odio hacer delante de la gente de niña, cuando comía, todos los medios me sacaban fotos, era para ellos algo fascinante, verme comer. También era porque de niña tenía una relación bastante menos sana de lo que ahora la tengo, y no es que sea muy sana pero antes, estaba mucho más delgada que ahora, en ocasiones parecía más un fantasma que una persona, todo esto estaba atado a que mi cuerpo no funcionaba bien pero la gente no lo sabía y claro, se dedican a juzgarme sin problemas, mis médicos sabían cual era mi problema, y mis profesores, pero era demasiado duro que todos recibieran cartas diciendo que mis padres no me cuidaban o que demandaran a mis padres, las personas se toman libertades que no son suyas, que entiendo que se preocuparan por mi pero no era asunto suyo, y lo que más me dolió que por la presión mis padres tuvieran que dar declaraciones. Creo que voy a recordar ese fatídico día toda mi vida, millones de personas en todo el mundo viendo un programa en el que mis padres tuvieron que explicar mis problemas y como me tenían que cuidar, me dejaron como un bebe indefenso y desnudo ante todo el mundo. Y claro, después de eso, como abrieron esa puerta, el acoso hacía mi persona era peor y una maldita tortura en la que sacarme los ojos era la mejor idea.
—Mama, tengo que ir a comprar cosas para el gato—le avise a mi madre mientras cortaba la tortita en trozos.
Mi madre me miro.
—No voy a darte ni un céntimo hasta que comas—me aviso mi madre.
Le mire.
—Estoy comiendo—le dije.
Mi madre me miro seria.
—Haces eso cuando no quieres comer, hablas mucho y tortas mucho para que la gente no se fije en tu plato—me recordó mi madre.
Cerré mis ojos por un segundo y la mire, mientras ella bebía su café.
—No se como puedes no querer comer, es lo mejor del mundo—comento Madison.
Me dieron muchas ganas de mandarle a la mierda y recordarle que le importaba demasiado poco mi vida pero si quería conservar a mi gato, lo mejor era que fuera amable.
—A causa de la medicación, la mayoría de la comida me sabe mal, por lo que no es un placer para mi—explique.
Los dos idiotas me miraron sorprendidos, pero más lo estaba yo por aún no haberles mandado a la mierda, todo valiera por mi querido gato.
—¿Qué comida no te sabe mal?—me pregunto Evan y le mire sorprendida.
—No se, las que no tienen muchos productos, las cosas naturales—comente.
No comprendía la razón de eso pero era lo que me pasaba.
Evan echo fresas y chocolate a mi plato, le mire algo molesta porque hubiera echado más comida, quería matarle.
—Prueba ahora—me dijo.
—Me has echado más comida—me queje.
—Edla—me aviso mi madre.
Suspire, estaba demasiado enfadada pero respire y probé la mezcla rara que hizo Evan.
Wow, estaba demasiado sorprendida por los sabores, estaba rico, si es verdad que tenía un regusto raro como siempre me pasaba pero eso era casi al final, en su mayoría tenía unos sabores claros y demasiado intensos entre dulce y agrio, era demasiado raro.
—Come y luego te llevo yo a comprar cosas para el gato—me dijo Evan.
Le mire impresionada.
—Os acompaño—grito Madison todo emocionada.
No dije nada, quería mi gato, si compraba cosas puede que a mi madre le diera más pena echarlo.
Espero porque la forma de ser de Madison me va volver loca.