2. Nueva familia

1238 Words
*Narra Katrina* Llegamos a Los Ángeles en la madrugada, estaba muerta del cansancio. Después de coger las maletas salimos. Seguí a Milagros. Se acercó a un hombre y le estrechó la mano, me quedé detrás de ella. ── hola señor Jorge. ── hola milagros -aceptó su mano. Me miró por encima del hombro de la directora, lo miré mal.- ── vamos, la dejaré en su hotel -lo seguimos. Subí la maleta en el coche y subimos. Después de mucho rato conduciendo, se paró en una calle- es aquí. ── gracias -me miró- ¿bajas un momento conmigo? -asentí.- Me bajé y le dí la vuelta al coche, me acerqué rápido y la abracé. ── no me dejes con este señor -dije llorando-. ── no quiero dejarte con él, pero aún eres menor de edad y no puedo hacer nada. ── ¿cuándo sea mayor de edad, podré volver contigo? -sonrió.- ── cuando seas mayor de edad, si quieres venirte a vivir conmigo, yo misma vendré a buscarte, ¿vale? ── vale -limpió mis mejillas.- ── te llamaré cada cierto tiempo para saber cómo estás. Me iré mañana en la tarde, por si quieres volver a verme. ── está bien. Nos abrazamos. Al separarnos caminó hacia el hotel, me fijé en el nombre, saqué mi móvil y lo apunté para que no se me olvidara. Entré nuevamente al coche y él empezó a conducir. ── ¿tienes hambre? ── ¿desde cuándo se preocupa por mí? ── hija -lo interrumpí-. ── no vuelva a llamarme así -hablé enojada, suspiró.- ── de acuerdo. ¿Tienes hambre Katrina? -no le respondí.- está bien, cuando tengas hambre ya hablarás. Al llegar a su casa, estaban las luces apagadas. Saqué la maleta y lo seguí. Cuando entramos encendió las luces y nos acercamos a una escalera, intentó coger la maleta pero no le dejé. ── puedo yo sola. ── está bien. Tú habitación es la tercera puerta. Cogí la maleta y subí. Mientras me acercaba a mi puerta, me fijé en las demás. ¿Tendrá más familia? Era lo más seguro, probablemente tenía niños pequeños y una esposa. Abrí mi puerta y encendí la luz. La habitación era bastante grande, de hecho creía que era tres veces más grande que la habitación que compartía con Elsa. Entré y cerré la puerta. Me gustaba porque era amplia y tenía una televisión para mí sola, por primera vez. En el internado teníamos una sola televisión en la sala de estar, y aún encima teníamos horarios para verla. Justo en frente de la televisión, estaba la cama. Había un escritorio blanco con una silla a juego. El armario era enorme con un espejo del mismo tamaño en una de las puertas. Abrí la maleta encima de la cama mientras seguía mirando todo embelesada. Saqué mi pijama. Me desvestí quedando en ropa interior y entré a mi baño, porque la habitación también tenía baño propio. Recogí mi pelo en un moño mal hecho y abrí el grifo. Mientras el agua caía me quité la ropa interior. Me metí a la ducha y dejé que el agua cayera por mi rostro, suspiré, sabía que me costaría acostumbrarme a esa nueva vida. Después de un rato salí, me sequé con una toalla que estaba colgada de un gancho. Me envolví en esta y metí la ropa interior en un cesto que había al lado del lavamanos. Me acerqué a la cama. Saqué ropa interior y me la puse para luego ponerme el pijama. Después de meterme en la cama no tardé en quedarme dormida por culpa del sueño. Desperté a las 09:00 por la alarma que había puesto antes de acostarme. Me di una ducha y me vestí con un pantalón de chándal n***o y una sudadera de cremallera de color azul. No tenía mejor ropa porque no tenía dinero para comprar. Cuando mi estómago rugió por el hambre, miré el reloj, las 10:16, se me había ido el tiempo duchándome, arreglando la cama y colocando parte de mis cosas. Salí de la habitación y cerré la puerta. Escuché voces abajo. Caminé a paso lento y bajé. Seguí las voces hasta la cocina, cuando me paré en la puerta, tenía los ojos de tres personas puestos en mí, incluyendo los de Jorge. ── buenos días Katrina, te presento a María y a Mike, tu nueva familia -la señora sonrió. Miré al tal Mike, estaba serio mientras me miraba, no pude evitar mirar sus brazos, su cuello y sus perforaciones. Estaba lleno de tatuajes y de piercings. Y por su camiseta de tirantes anchos, pude deducir que también tenía el pecho lleno de tatuajes. ── encantada preciosa -dijo la señora mientras se acercaba a mí, retrocedí y me giré. Subí corriendo las escaleras y entré a mi habitación.- Me encontraba tirada en la cama con los ojos llenos de lágrimas. Nos abandonó para formar una nueva familia. Y pensándolo bien, ese chico no podía ser su hijo, parecía ser mayor edad, a no ser, que estuviera engañando a mi madre cuando estaban juntos. Cuando tocaron mi puerta me senté y limpié mis mejillas. ── ¿sí? ── soy María. ── adelante. Entró con una bandeja en las manos. Cerró la puerta con una de sus manos y se acercó al escritorio, dejó la bandeja ahí y me miró. ── ¿puedo sentarme a tu lado? -asentí. Se sentó a mi lado y suspiró.- ── Mike y yo tampoco sabíamos de tu existencia hasta hace una semana, así que también es nuevo para nosotros, porque sé que tú tampoco sabías de nosotros. Por ello, estoy enojada con tu padre -la interrumpí.- ── Jorge. ── de acuerdo, por ello estoy enojada con Jorge. A mi hijo y a mí se nos quedó la misma cara que pusiste cuando nos habló de ti. ── ¿es hijo de Jorge? ── no. Cuando nos juntamos, Mike tenía 8 años. Pero ha sido cómo un padre para él. Créeme que si hubiese sabido de tu existencia, yo misma hubiera ido a verte, imagino que debes haberlo pasado mal sin tu madre -agaché la cabeza. Me la levantó con una sonrisa.- quiero que sepas que puedes contar conmigo cómo si fuera tu amiga, sé que nunca serás capaz de llamarme mamá, y es entendible, pero al menos quiero que nos llevemos bien. ¿Te parece? ── sí. ── tenemos que ir a comprarte ropa. ── no quiero el dinero de Jorge. ── no necesito el dinero de Jorge para comprarte ropa, te la compraré con mi dinero. ── pero -me interrumpió-. ── ningún pero. En la tarde iremos a comprarte ropa. ── en la tarde quiero ir a despedirme de la directora. ── de acuerdo, entonces después de que te despidas vamos. ¿Tienes dinero para el taxi? ── no. ── en un rato te doy. Cuando te despidas de la directora me llamas e iré a buscarte. ¿Tienes móvil? -me paré y lo busqué- por lo visto también tendremos que comprarte un móvil -sonreí.- ── este me lo regaló la directora, no tenía mucho dinero para comprarme uno mejor -apunté su número.- ── te dejo para que desayunes. ── gracias.
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