Convencida de que todo con Léa marcha bien y que la preocupación que sintió con ella no fue más que una falsa alarma, al día siguiente Adere regresó a Mykonos, pues por el trabajo no podía permanecer más tiempo como quisiera con Léa. Esa misma mañana Léa si bien volvió a sentirse mal, por una llamada que recibió de la contratista a la que le viene haciendo el trabajo, le tocó olvidarse del malestar y enfocarse en sacar la corrección del proyecto que le había sido solicitada. En eso se llevó toda esa semana y parte de la otra. Salió de casa solo a hacer compras para llenar la despensa; de resto, no tuvo tiempo más que para satisfacer las necesidades básicas y procurar cumplir en el tiempo que le solicitaron la entrega final. A media que fueron transcurriendo los días el vértigo se hizo má

