Capitulo 14

1894 Words
En el capítulo anterior... Erick atrapó sus muñecas, deteniendo sus golpes. Deivis luchó contra su agarre, olfateando ruidosamente. —¡Déjame ir! Déjame. —Gritó con desesperación. —Se que soy un bastardo egoísta, pero no lo haré, no te dejaré ir, —jadeó Erick, —¡¿Lo entiendes?! —Oh, claro, lo entiendo perfectamente bien, Erick... Erick no le permitió continuar con su sermón por lo que lo besó, profunda y bruscamente, como si Deivis significara algo para él, algo más que un asunto secreto y vergonzoso. Tomó la mandíbula de Deivis y enredó sus dedos en su cabello, los labios del moreno eran tan suaves como el terciopelo, sus manos grandes lo manejaban como si fuese una simple marioneta, sabía cómo tocar y donde acariciar para que él rubio se derritiera entre sus brazos. Capitulo 14 Siempre era lo mismo con Erick, cada puta vez era de la misma manera y él, no lograba reunir la fuerza suficiente para cortar con todo eso. Cada vez que la culpa se volvía demasiado difícil de soportar, Erick, lo alejaba violentamente, lo sacaba de su vida como quien se quita un moco. Luego, después de semanas tras semanas sin tener noticia alguna de él, regresaba arrastrándose hacia Deivis, acercándolo y murmurando disculpas sin sentido. Por que había que ser honesto, Erick no se arrepentía, solo era una de sus manipulaciones para tener al rubio a sus pies. Siempre era igual, llegaba, abrazaba a Deivis con fuerza y lo consolaba con palabras vacías, pero tan dulces como la miel, y Deivis lo aceptaba, entendiendo completamente lo idiota que estaba siendo al pedir más de lo que podían ofrecerle. Pero ya estaba cansado, sentía que tomaba contra la corriente y se sentía demasiado mal e inmoral ser el amante de alguien. Amaba a Erick, lo amaba con locura, por él estaba dispuesto a todo, pero ya no soportaba más seguir de este modo. —No, no lo haces, Deivis, —susurró Erick, retrocediendo sin aliento. —No entiendes absolutamente nada, no te has puesto en mi lugar ni por un maldito instante... —Sí, lo hago, —respiró Deivis entrecortadamente. —Sé perfectamente que soy para ti, Erick. —Se burló con saña y las lágrimas rodaron por sus mejillas. —Vienes aquí cuando les has dado todo a esa mujer y cuando no te queda nada para dar, entonces recuerdas mi existencia y vienes a mí, buscando comprensión y consuelo. Cuando estás enojado, molesto o frustrado me buscas. Entonces ahí te acuerdas de mí y me utilizas, confiando en que siempre estaré disponible... —Se le quebró la voz. —Me haces consolarte, me haces calmar tu dolor, pero ¿qué pasa con mi dolor? ¿Acaso a ti te importa como me siento? ¿Te has puesto a pensar en mí en algún momento de tu ocupada y perfecta vida? ¡Cada vez que te necesito no estás a mi lado! ¡Para ti, solo soy un agujero donde meterla! Erick, apretó la mandíbula con fuerza. —Deivis... —Entonces, cuando te sientes consolado, cuando te sientes bien y tranquilo otra vez, me dejas aquí y te olvidas de mí existencia por semanas, —añadió con un resoplido. —Me dejas sintiéndome avergonzado, inútil y más solo de lo que me he sentido jamás en mi vida. Tus actitudes me están matando y lo sabes, te das cuenta de que estoy perdidamente enamorado de ti y te abusas de lo que siento, por que aunque me duela admitirlo, no te importo. Erick tragó y tembló visiblemente, sus ojos verdes se llenaron de lágrimas. Las venas de su cuello palpitaban, como si se estuviera conteniendo. —No, eso no es... —¿No es así, Erick? —Preguntó Deivis desafiante. —¿No es para eso que me buscas? ¿ Para hacerte sentir mejor? —Se burló irónicamente. —Y creo que lo disfrutas. Disfrutas tener este... Este poder sobre mí... Erick apretó los dientes y sin poder contenerse más dejó escapar las lágrimas contenidas. —Deivis, lo entendiste todo mal. Era... —Y no te molesta cómo me siento, por que no es tu problema, —continuó Deivis, sin tener en cuenta a Erick, ni el intento de excusas baratas. —No te molesta si me lastimo, te da igual que después de nuestros encuentros me sienta roto y sucio, humillado y utilizado. Ni siquiera valgo la pena para hacerte sentir culpable, ¿verdad? Un tipo como yo, en el ojo del huracán de manera constante, con un padre corrupto y una madre sin carácter que se dejó arrastrar por las perversiones de su esposo; puedes ser quien quieras frente a mí; puedes ser cruel y egoísta; y no importa en lo absoluto, ¿no es así? Está bien que reveles toda tu fealdad delante de mí. Está bien que me lastimes y me uses, porque a los ojos del mundo soy un villano, me consideran igual a mi padre a pesar de que jamás hice nada malo, ¿verdad? Probablemente no siento ningún dolor y probablemente incluso lo merezco, por que las personas de mi clase lo merecen. Puedes justificarlo tanto como desees. —Miró a Erick, jadeando. —¿Pero adivina que? Yo también tengo sentimientos, Erick. No soy una maldita máquina. Yo también soy una persona. Erick, le devolvió la mirada y algo crujió en el aire entre ellos. Deivis controló su impulso de sollozar y apretó los puños con rabia. —Solo vete, Erick, —susurró finalmente con un suspiro de derrota. —No es posible que me hagas más daño del que ya me has hecho. No te molestes en intentar consolarme. Sé que no eres bueno en eso y probablemente ni siquiera quieras hacerlo. —Su voz se quebró al decir aquello, pero continuó de todos modos. —Vete como siempre lo haces y vuelve cuando quieras volver a follarme. Deivis, no estaba seguro de lo que vio (su visión estaba demasiado borrosa por las lágrimas) pero parecía que Erick se estremeció cuando dijo eso. Con la mandíbula apretada, Erick, lo miró fijamente durante un largo rato, y luego se levantó silenciosamente y se alejó sin decir una palabra más, cerrando la puerta detrás de él. El silencio en el que dejó a Deivis fue tan profundo y asfixiante que durante varios minutos, no pudo hacer nada más que dejar que lo envolviera y se asentara profundamente en sus huesos. Se miró las rodillas, se sentía vacío y aturdido, cansado de incluso respirar. Ingenuamente, había esperado que tal vez, solo por esta vez, Erick se quedara. Pero como siempre, Erick había escupido sobre sus sentimientos una vez más. Con un sollozo entrecortado, los sentimientos de Deivis se desbordaron, y pellizcó y frotó dolorosamente sus muñecas mientras lloraba sin control. Si tan solo tuviera el coraje de mandar todo a la mierda. Pero era demasiado cobarde para si quiera pensar en quitarse la vida. ¿Cómo podría hacer algo así? Su madre lo necesitaba, él tenía que sacarla de ahí, tenía que conseguir pagar un maldito abogado y apelar en la corte. Tenía que hacer algo con su vida, pero el mundo era demasiado hostil y no le daban una maldita oportunidad. ••• Se prometió no volver a ese lugar, sin embargo, ahí estaba. De pie, en una extensa fila para que el personal de gendarmería lo revisara y revisara lo que llevaba en su bolso. Necesitaba hablar con su madre, poder verla, abrazarla. Había tomado una importante desición, no estaba seguro de que fuera la más acertada, pero al menos, le ayudaría a conseguir su objetivo. Después de pasar por la exhaustiva y humillante revisión de gendarmería, se le guío hasta el ala de visitas. Caminó entre las mesas, donde varias reclusas estaban ya reunidas con sus familiares o amigos, otras tantas se abrazaban con sus seres queridos, mientras que otras esperaban impacientes por su visita. Su madre desencajaba de aquel cuadro tan emotivo, la mujer estaba sola en un rincón, con la mirada perdida y su largo cabello rubio atado en una desprolija coleta. Deivis, la recorrió con la mirada, la mujer estaba extremadamente delgada y demacrada, su postura encorvada la hacía ver pequeña y frágil, en ese momento su corazón se estrujó y deseo fundirse entre los brazos de la mujer y llorar hasta quedarse dormido. —Mamá... —Dijo con voz suave al momento que se acercaba a ella. —Deivis, ¿qué haces aquí? Este sitio no es bueno para ti. —Dijo la mujer con voz monótona, sin siquiera dignarse a mirarlo. —Quería verte, además te traje algunas cosas. —Se inclinó hacia adelante y dejó un beso sobre la frente de su madre. —Te extraño demasiado, mamá... —¿Hablaste con el abogado? ¿Me van a sacar de este infierno? —La mujer alzó el rostro y fijó su mirada en la de su hijo. —Si mamá, ya concerte una cita con un excelente abogado. Esta semana hablaremos de los detalles y quizás, cuando venga nuevamente te traiga noticias. —Odiaba mentir, pero no podía decirle a su madre la cruel verdad. Esbozó una sonrisa melancólica y sacó una bonita caja color rosa de dentro de la bolsa que llevaba. —Traje tus pasteles favoritos, se cuánto te gustan. —¡Qué delicia! —La mujer observó la caja por largos minutos, debatiéndose entre si comerlos o guardarlos. Finalmente se decidió por atesorar la caja entre sus brazos y comerlos en otro momento. —Gracias por todo Deivis, pero es mejor que te vayas, este sitio es deprimente y no es un lugar adecuado para ti... —La mujer se puso de pie y abrazó a su hijo por la espalda, dejando un suave beso sobre la coronilla de su cabeza. —Te amo Deivis, te amo demasiado. —Apretó el cuerpo del rubio con fuerza entre sus brazos, —No importa lo que pase en el futuro hijo, solo quiero que sepas que te adoro y que me duele no poder estar a tu lado en este momento, estás lidiando con todo tu solo y no es justo. —La voz de la mujer se quebró —con tu padre cometimos tantos errores, pensábamos que nos comíamos el mundo y nos olvidamos de ti... Pero eres fuerte mi amor, no quiero que te rindas, sal adelante y lucha por una vida feliz. —Mamá... —Se giró entre sus brazos para verla a los ojos, notando la mirada angustiadas y las lágrimas bañando sus partidas mejillas. —Ahora ve, Deivis. —Se separó de él y retrocedió un par de pasos. —Solo te pido que nos perdones... —No tengo nada que perdonar, mamá. Sin importar lo que haya pasado, son mis padres y los amo. —Se puso de pie rápidamente —vendré pronto y juro que te sacaré de aquí. —Su madre le sonrió y él abandonó la prisión con prisa. Una vez fuera, sacó su teléfono celular y escribió un rápido mensaje. "Tenemos que hablar, Erick. Apenas puedas ponte en contacto conmigo." Una vez envió el mensaje guardó el teléfono celular en su bolsillo y emprendió su regreso a casa. Había tomado una desición y sin importar las consecuencias de esta, seguiría adelante. Sacaría a su madre de ese infierno.
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