Escenas del capítulo anterior...
La expresión facial de Erick, era todo un poema, el asombro era totalmente visible a través de sus expresiones. Sus ojos se abrieron de sobremanera y su boca se torció en una mueca hostil y desagradable. Deivis, claramente vio como el pelinegro apretaba el encendedor entre sus gruesos dedos. Al parecer, no esperaba oír sus palabras.
—¿Hablas en serio? —Erick, quiso saber.
—Si, conoces mi situación financiera, necesito costear un abogado y apelar por el caso de mi madre... También, necesito subsistir, sin un impulso, no lograré alcanzar mis objetivos. —Dió una profunda calada a su cigarrillo.
—Esta bien, me parece perfecto. —Una risa sin ganas escapó de sus labios, sonando ronca y seca. —Te daré el dinero suficiente para que puedas costear mes a mes todos tus gastos, incluso para que retomes tus estudios o hagas lo que te venga en ganas. El único requisito, es que sigas viviendo en este sitio ya que es bastante discreto para nuestros encuentros.
—Me parece perfecto, no tengo objeción alguna. —Intenta sonreír, pero por más que lo intenta no lo logra.
—Mañana envíame los datos de tu cuenta bancaria y si no tienes una, entonces deberías hacerte una. —Se pone de pie y abandona el balcón.
Deivis, se queda sentado, sin mover ni un solo dedo. La pesadez se acentúa en su pecho y el primer sollozo escapa la sentir el golpe brusco de la puerta. Erick se ha ido...
Capitulo 16
—Hey. —Los brazos fuertes de Erick se deslizaron perezosamente alrededor de la cintura de Deivis, y él apoyó la cabeza sobre sus hombros, colocando lentos y húmedos besos en su cuello mientras bostezaba cansado. El rubio se estremeció entre sus brazos y por un instante pensó en lo maravilloso que sería despertar de esta manera a diario. —Regresa a la cama. Aún es temprano.
—Estoy preparando el desayuno, — murmuró Deivis, con la mano quieta sobre un huevo, mientras el aceite chisporrotea en el sarten. —Tengo que reunirme con el abogado, no puedo quedarme en la cama hasta tarde.
—Mmm... —tarareó Erick con voz ronca. Su desordenado cabello n***o parecía un nido de pájaros y sobresalía en todas direcciones. Había arrugas en su rostro por haber dormido en una posición incómoda, y la barba incipiente de su rostro pinchaba el hombro desnudo de Deivis, haciéndole cosquillas ligeramente.
A pesar del tono desdeñoso de Deivis, lo acercó más y le dio besos con la boca ligeramente abierta, besos cálidos y húmedos en su hombro repetidamente, con su cuerpo presionado contra la espalda del rubio, haciéndole sentir su erección matutina. No quería ponerse a pensar por qué solo Deivis lograba hacerlo sentir excitado de esa manera.
—No te vayas, —murmuró Erick, y sonó casi como un gemido. Su cálido aliento rozó el cuello del rubio, haciéndolo temblar. —Llama para decir que tienes un problema y cambien tu cita para otro día.
Era una de esas mañanas, dedujo Deivis rápidamente. Mañanas en las que Erick estaba de buen humor, un poco más cariñoso y mucho más amable de lo habitual. Durante esos momentos de suerte, Deivis casi podía fingir que era real, que Erick lo amaba. Casi podía convencerse a sí mismo de creerlo también. Las mañanas dulces y cálidas como ésta siempre fueron las favoritas del rubio: mañanas que comenzaban con suaves y amorosos besos en su hombro y terminaban con un dolor desesperado y anhelante en su pecho y lágrimas solitarias en sus ojos. Por que como dicen, todo lo bueno acaba rápido.
"
—No puedo, —murmuró Deivis de mala gana. —Esto es demasiado importante para mí, necesito ayudar a mi madre, necesito hacerlo rápido, esto es algo que no puedo posponer.
—Por favor —Erick susurró con voz sincera y seria, acariciando su nariz contra el cuello de Deivis, sus manos apretando alrededor de su cintura, como si tuviera miedo de soltarlo. Por un segundo, Deivis se preguntó como un tonto si... ¡Maldición, no podía ser tan jodidamente ingenuo! Erick, solo quería follar, como siempre, después de todo para eso le pagaba una considerable suma de dinero cada mes.
Erick se presionó más contra la espalda del rubio y su erección golpeó el trasero duro y bien formado de Deivis.
Así era. Por supuesto. Siempre fue solo sexo. Un buen polvo que no significó nada. Eso fue todo, ¿no? Deivis existía para satisfacer, no para ser amado o apreciado. Después de todo, ¿quién lo amaría? Nadie querría tener nada que ver con alguien con su pasado. ¿Cómo podría alguien amarlo si ni siquiera se amaba así mismo?
Sabía que no podía quejarse, tampoco lamentarse de su situación. Él había aceptado este retorcido juego y a cambio recibía dinero. Erick, le estaba pagando por sexo y contención. No debería de negarse a ninguna de sus peticiones.
Tragó bruscamente y permaneció en silencio, con los labios sellados. Los momentos transcurrieron angustiosamente y el silencio era ensordecedor. Su corazón se retorció, sus entrañas se revolvieron y la vergüenza se arrastró hasta lo más profundo de su ser. El horrible hedor del humo del cigarrillo se deslizó y se enroscó a su alrededor como una cuerda para atar y era extraño, por que Erick se acababa de levantar y no había fumado. Una abrumadora oleada de náuseas lo golpeó y ya no pudo soportar que lo abrazaran. Nunca se había sentido tan repugnante y sucio.
—Deberías irte, Erick —se atragantó, jadeando en silencio mientras se agarraba la garganta. Estúpido ... estúpido, maldito tonto.
Los labios de Erick se detuvieron e inmediatamente el rubio sintió frío en aquellas zonas de su piel donde segundos antes el moreno besó. —¿Qué?
—Deberías irte, —repitió, con los ojos llenos de lágrimas y la garganta ahogada, bajando la mirada y tratando desesperadamente de inhalar el olor del café recién hecho hasta lo más profundo de sus pulmones. Necesitaba deshacerse de ese olor repulsivo que lo rodeaba. Necesitaba deshacerse de Erick. —Lizzy, probablemente se esté preguntando dónde estás, —dijo en voz baja.
Reuniendo hasta la última gota de sus fuerzas y reprimiendo sus emociones, se giró para enfrentar a Erick.
Erick, lo miró fijamente, un sentimiento indescriptible se reflejaba en sus ojos verdes. —Bien, me iré... Por esta vez lo dejaré pasar, pero no te olvides que tengo todo el puto derecho de follarte cuando me plazca la puta gana, te estoy pagando por eso.
—Deberías irte a casa y follarla a ella. —Gruñó, sintiéndose herido y enojado.
Y luego hubo una pausa: un silencio espantoso y ondulante que se prolongó, se prolongó y se prolongó.
Finalmente, Erick dio un paso atrás y las rodillas de Deivis se sintieron tan débiles que apenas podía mantenerse en pie. Esperó... esperó desesperadamente por el grito de indignación y los pies pisando fuerte, pero Erick simplemente apretó la mandíbula y se giró, alejándose sin decir una palabra más.
Deivis miró fijamente al suelo, sin levantar la vista, cuando escuchó a Erick agarrar sus cosas y cerrar la puerta de golpe. Luego, respiró entrecortadamente, las lágrimas amenazaban con derramarse por sus mejillas mientras permanecía allí, sin ser amado, solo y completamente vacío por dentro. Permaneció bastante quieto en su limpia y vacía cocina, dejando que el silencio se instalara en lo más profundo de sus huesos, arañando con las uñas sus antebrazos con la finalidad de calmarse. Y aún así, y aún así, no culpó a Erick por el desastre en que se había convertido su vida. Se culpó a sí mismo y a su falta de amor propio.
•••
La reunión con el abogado fue lo suficientemente buena como para hacerlo sonreír. El hombre le dió una esperanza y comenzaría a aferrarse a ella, por que necesitaba creer en algo, una motivación o la desesperanza terminaría devorando todo a su paso. El abogado aceptó el caso, era un hombre experimentado y lleno de éxitos, pediría que se realizara una vez más el juicio de su madre y lucharía por sacarla de prisión y por recuperar las propiedades y cuentas que la mujer tenía y que adquirió fuera del matrimonio.
A estas alturas el dinero no le importaba, solo deseaba recuperar a su madre, estar con ella y juntos intentar remendar las heridas del otro. Quizás, cuando su madre estuviera en casa, Erick dejaría de ser el centro de su universo. Quizás, lo superaría y podría desprenderse de ese insano sentimiento que lo consumía día tras día. Era una probabilidad, pero debía aferrarse a ella también, por que necesitaba hacerlo para sentirse un poco menos roto, un poco menos sucio.
—¿Deivis Müller? —Se sobresaltó al oír su nombre y rápidamente volteó a ver a la persona que lo llamaba.
—Disculpa, ¿quién eres? —Recorrió con la mirada al hombre que estaba parado frente a él. Era alto y atlético, piel tan blanca como la nieve, cabello n***o bien peinado y unos penetrantes ojos verdes. De pronto, pensó en Erick.
—Alejandro Norte, ¿ahora me recuerdas? —Una risa seca afloró en sus labios, resaltando aún más sus masculinas facciones.
—¡Por Dios, hombre. Como has cambiado! —Exclamó al recordar a Alejandro, su primer amor y su primer beso. Pensar que solo tenían 12 años en aquel entonces, pero Alejandro le hizo tocar el cielo con solo un beso. Una vez más pensó en Erick, y una punzada de culpabilidad le atravesó el pecho.
—En cambio tú sigues igual —Alejandro cortó la distancia entre ambos y le dió un abrazo apretado. —Es un placer volver a verte.
—Lo mismo digo, —Quiso corresponder al abrazo, pero sus extremidades se sentían pesadas y apenas pudo rodearlo, en un abrazo débil, tan débil como su voluntad.
—¿Tienes algo que hacer? Podríamos ir a tomar un café y hablar de nuestras vidas, la última vez que te ví tenías apenas catorce años. —Se separa del rubio al notar lo rígido que está.
—No tengo nada que hacer ahora, pero preferiría que fuéramos a mi departamento. —Frota sus manos intentando entrar en calor. El día está frío y el viento helado le cala los huesos.
—¡Claro! Vamos en mi auto, lo dejé estacionado a media cuadra.
—Esta bien, vamos. —Un poco de compañía le vendría bien, al menos, no pensaría en Erick durante el tiempo que Alejandro lo acompañará. Necesitaba compartir con otras personas, desintoxicarse un poco.